martes, 26 de agosto de 2014

Una guerra tapa otra guerra

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El ofrecimiento de Siria para coordinarse con Estados Unidos y demás países occidentales que vayan a intervenir sobre terreno sirio tiene diversas lecturas. La primera y más evidente es la inversa: no dejará a nadie a intervenir en su territorio sin su consentimiento, aunque sea para bombardear a sus enemigos. Puede parecer paradójico, pero quizá no lo sea tanto en una guerra tan extraña como la siria, con derivas complicadas en el tiempo. Hace tiempo que dejó de ser una guerra civil para convertirse en otra cosa.
Hace un año, Estados Unidos e Inglaterra —más precisamente, David Cameron— estaban dispuestos a bombardear Siria y una jugada diplomática rusa hizo que se frenara al desmantelar las armas químicas, cuyo uso habría sido la justificación de la intervención, una de esas sencillitas que el presidente Obama califica de "ida y vuelta". Hoy estamos ante otra rápida jugada siria, probablemente asesorada desde los mismos lugares que en que surgió la otra para colaborar en el desmantelamiento del arsenal químico.
El diario El Mundo da las siguientes informaciones:

A las pocas horas de perder contra el Estado Islámico (en siglas inglesas IS) la base aérea de Tabqa -en la provincia de Raqqa, norte de Siria -, Damasco se mostró dispuesta a cooperar con "cualquier esfuerzo internacional" para combatir a los "terroristas". El gobierno de Bashar Asad, advirtió, además, de que cualquier incursión aérea sin su autorización sería contemplada como un "acto de hostilidad".
346 yihadistas y 170 soldados oficialistas asesinados en los últimos días, según el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos. Fue el saldo de la ofensiva sobre Tabqa, culminada el domingo pasado por la tarde. La caída de ese fortín deja toda la provincia a merced del IS. Según testigos, los islamistas celebraron el triunfo cercenando varias cabezas de soldados de Asad en la plaza central de Raqqa.
La televisión nacional siria confirmó la debacle, y añadió que las tropas están lanzando "bombardeos de precisión", contra los "grupos terroristas en el área, infligiendo grandes pérdidas". A esta información se sumó la de Walid Mualem, ministro de Exteriores de la administración Asad, en una alocución televisada: "Siria, geográfica y operacionalmente, es el centro de una coalición internacional para luchar contra el Estado Islámico".
Mualem aceptó toda incursión aérea para golpear al IS, como la sugerida el viernes pasado por Washington, "si [los EEUU] son serios combatiendo el terrorismo". Esto implica, para Damasco, hacerlos partícipes de la acción: "Cualquier ataque al margen de un acuerdo sería considerado una agresión". Las palabras del político suponen un giro a la política, que desde meses había conducido el gabinete árabe, en una guerra que ya acumula más 190.000 muertos.*


Una guerra tapa otra guerra. La situación de la guerra siria, la concentración yihadista que se ha producido allí y la división de las fuerzas que aprovechan, como el agua, para extenderse por los lugares de más debilidad, ¿podría hacer que se produjera un cambio tan bruco? ¿Podría ocurrir que los que amenazaban con bombardear Siria hace un año lo hicieran ahora, pero con objetivos distintos?

Los moderados sirios, los que pedían democracia, fueron desbordados por los islamistas desembocando en la llamada a la yihad desde Siria, un enclave esencial para todo Oriente Medio y desde el que se puede desestabilizar, como base de operaciones, toda la región. Oriente Medio es ahora la loncha de queso entre dos rebanadas de locura: Iraq y Siria, en el este, y Libia en el Oeste. En medio, la explosión de la franja de Gaza. Los tres focos son islamistas, incluidos los de Hamás en la Franja. Tres focos abiertos al que se pueden añadir las fronteras egipcias, al este y al oeste, con las entradas de "terroristas" o "yihadistas" (es solo una cuestión semántica) desde Libia o desde el Sinaí. El panorama es bastante claro. Y dejamos fuera el "califato" proclamado por Boko Haram en el territorio que controla por estar alejado, pero pertenece al mismo escenario.
Un analista futbolístico diría que se ha abierto el juego para crear espacios y así debilitar la defensa contraria. Si se contemplan como guerras distintas, son muchas; si se consideran una sola, siembran el desconcierto. Son los sospechosos focos múltiples de los incendios forestales. No hace falta pensar siquiera en una cabeza organizativa común; como partes de un sistema, funcionan dividiendo los recursos del enemigo común.


Los yihadistas se desplazan allí donde se les necesita, donde la debilidad es mayor. Siria e Iraq son los puntos de concentración, donde se diversifican los objetivos. Puedes matar varios pájaros del mismo tiro. Basar Al-Asad no es el objetivo, es el obstáculo. Las fuerzas laicas y democráticas que se le oponen quieren un cambio en el poder. Los islamistas, por el contrario, quieren un cambio del país. Y ese cambio es el califato que ya han fundado y que ahora extienden. Si llegan a tenerlo, el objetivo será el siguiente espacio por el que poder extenderse. Y así hasta el hipotético momento en que su locura se vea satisfecha, es decir, nunca.

Si Estados Unidos bombardea al EI en terreno sirio sin el consentimiento de Damasco, ¿será considerado como una "agresión" de la misma forma que si bombardeara a las tropas del Al-Asad? ¿Sigue siendo "Siria" un territorio que los que lo controlan consideran que ya no lo es? Según se mire. Oficialmente Siria es Siria, pero no es eso lo que piensan los islamistas, que tienen respuestas para todo. Para ellos el califato es su nueva patria que se extiende a golpe de Sharia y espada, de rezos y decapitaciones.
La guerra siria se mantiene por varios factores, el primero y más evidente la negativa a salir del poder por parte de Bachar Al-Asad y de todo lo que hay tras él. Se ha convertido en una interminable sangría que está destruyendo el país y diezmando a la población. En perspectiva, se ve cómo la resistencia de Al-Asad a los cambios que se le pedían —el aferrarse al poder de la familia Asad y de su grupo— ha marcado trágicamente el destino de Siria. Ha sorteado hasta el momento gracias al apoyo de Rusia las amenazas de intervención lanzadas por Occidente. Lo que empezó como revolución, se convirtió en guerra civil; y esta derivó en guerra internacional, que es lo que es en estos momentos. Una extraña guerra internacional en la que en teoría solo hay un país, pero combatientes llegados de todo el mundo, incluida España. Una muestra más de que los parámetros habituales no sirven para calibrar lo que ocurre.


Entiendo que el ofrecimiento de Al-Asad de una acción "coordinada" contra el Estado Islámico tiene implicaciones graves para la fuerzas que se le oponen y que le siguen combatiendo. La coordinación implica una cierta y necesaria alianza que solo sería posible con un alto el fuego con las demás fuerzas, algo difícil de sostener cuando los opositores están trufados de yihadistas. Los del Estado Islámico son solo una parte. Digamos que todos luchan contra Al-Asad, pero por distintas razones. No sería fácil separar el trigo de la paja. Y eso tampoco interesa al gobierno de Damasco, que prefiere meterlos a todos en el mismo saco como prevención.
El otro día analizábamos el argumento de un portavoz de los sirios opositores señalando que muchos yihadistas luchan a favor del EI porque no les dan armas para luchar contra Al-Asad, razón por la que estarían en Irak. Patético razonamiento, pero que da cuenta de las confusiones y amalgamas que se viven en los conflictos de este tipo.


El ofrecimiento de Al-Asad es político más que otra cosa. Es una estrategia en la que reivindica su moderación frente a la amenaza del Estado islámico y aprovecha para ganar posiciones en una guerra que llevada demasiado tiempo en tablas, causando mucho dolor. Pero no deja de ser un ofrecimiento. ¿Qué ocurriría si Occidente acepta el ofrecimiento de Al-Asad y coordina con ellos los ataques en suelo sirio al Estado Islámico?

Podrían ocurrir dos cosas. La primera de ellas es la división definitiva de las fuerzas que se oponen a Al-Asad, separando a "islamistas" y "moderados laicos", lo que tendría a su vez como consecuencia el debilitamiento de los opositores. Al-Asad lo aprovecharía, obteniendo una superioridad sobre el terreno. Los bombardeos eliminarían a una parte de sus enemigos y la otra parte quedaría débil para seguir combatiendo con probabilidades. La otra posibilidad es que se estableciera algún tipo de acuerdo entre los moderados y el régimen de Al-Asad que pudiera desembocar en algún compromiso futuro de reforma y que justificara la fractura con los hasta hace muy poco radicales compañeros de trinchera, hoy convertidos en decapitadores piadosos. Las dos posibilidades pueden parecer remotas, pero si se llega a una dificultosa colaboración, coordinación o simple autorización, el escenario debería cambiar. Por esos todos han hablado de "giro" en la situación.

Podemos entender que el ofrecimiento de coordinación es la respuesta lógica de cualquier país soberano ante la posibilidad de intervención militar en un territorio, aunque no lo controle de facto. Al-Asad tiene que negarse a ello o exigir que le pidan autorización. La coordinación es una forma de intentar avanzar en la situación, una salida astuta —digna de la diplomacia rusa— para dar la vuelta a una situación con dos frentes. Coordinarse implica, políticamente, muchas cosas. Es, no lo olvidemos, un país al que se amenazaba hace un año con intervenir militarmente. ¿Qué ha cambiado? Muchas cosas; solo el sufrimiento del pueblo sirio permanece constante. Y eso debe ser lo que prime en cualquier decisión.


¿Qué ocurriría —por otra parte— si los Estados Unidos bombardean posiciones en Siria sin "coordinarse"? ¿Lo consideraría una agresión? ¿Qué diría Rusia? Partimos de un principio: Al-Asad no toma esa iniciativa sin el consentimiento u orientación de Rusia.  ¿Formaría Rusia, aliado de Siria, parte de esa colaboración contra el EI?¿Sería una guerra oficial contra el Estado Islámico una forma de acabar con otra guerra, la interminable y falsamente civil en Siria? ¿Se unirían los sirios, pactarían para acabar con el Estado Islámico, una cruel y monstruosa aberración que puede destruirlos a todos?
Una guerra, ¿tapa otra guerra? Nada une más que un enemigo común.


* "Bashar Asad pide a Occidente "colaboración" contra el IS" El Mundo 25/08/2014 http://www.elmundo.es/internacional/2014/08/25/53fb7832ca4741a8368b459f.html





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