jueves, 7 de agosto de 2014

Los problemas que sí se repiten o la otra complejidad de las ciencias

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Ayer leía un artículo de Véronique Kiermer, directora del departamento de autores del Nature Publishing Group en el actual número de la revista Investigación y Ciencia (455, agosto 2014), titulado "La reproducibilidad en biología" en el que se planteaba el problema que supone para la Ciencia —y para las publicaciones científicas— en hecho de que vaya en aumento el problema de la reproducibilidad de los resultados expuestos. Este hecho no admite más que dos posibilidades: el fraude y la reserva de información. Kiermer, en cambio, apunta otro, la propia complejidad de la ciencia, en especial de la Biología.
Kiermer dice añorar los tiempos "sencillos":

El mundo parecía más sencillo en los años setenta, cuando la biología molecular nos brindó conceptos como «el gen A codifica a la proteína B, que desempeña la función C». A partir de este esquema, los científicos elucidaron mecanismos asombrosos y, en ocasiones diseñaron medicamentos eficaces (como el anticanceroso Gilvec, ejemplo modelo de este enfoque reduccionista). ¿No sería maravilloso que la investigación farmacológica siguiera así siempre?*


Cualquier tiempo pasado fue más sencillo en cuestiones de conocimiento, pues de eso se trata. Lo que hoy nos parece sencillo del pasado nos lo parece porque los hemos superado con nuevos conocimientos. Para los que llegaron a esas "sencillas" conclusiones, la tarea fue tan grande como para los que se enfrentan hoy a lo desconocido. El canto a lo complejo de Véronique Kiermer viene más desde los problemas del funcionamiento interno de la Ciencia y, en especial, de los problemas que se les plantean a los editores, dado el papel central que han alcanzado dentro de la vida del sistema científico, ya que son los que controlan la circulación y, por tanto, la visibilidad de las investigaciones. La visibilidad a su vez controla el prestigio y el prestigio la financiación y los ingresos. Solo se evalúa lo publicado y específicamente lo publicado en unos medios que luchan por mantener el prestigio del que se benefician quienes publican en ellos, invirtiéndose en muchos campos el sentido de la relevancia: no es tan relevante lo que dices sino dónde lo dices. De hecho, los sistemas de evaluación priorizan la publicación como indicador de la relevancia de lo publicado, que arrastra los demás indicadores, ya que esas revistas son las que tienen mayor "impacto", aumentando su valor de mercado y su papel determinante en el destino de los investigadores. Un círculo bien establecido del que se beneficia quien controla el sistema de publicaciones que acaba controlando el conjunto. La intensidad de esto varía según los campos académicos, pero se cumple en general. Evidentemente, la cuestión de la reproducibilidad es esencial en las ciencias experimentales mientras que en otros campos académicos las cuestiones son otras y muy diversas, con su propia complejidad evaluadora. Pero el problema de fondo se mantiene precisamente por la estandarización del sistema.

El sentido del artículo de Kiermer no es una cuestión de Filosofía de la Ciencia. En aquellos campos en que es posible, la repetición de los experimentos para comprobar los resultados publicados es esencial. ¿Qué otra forma hay de verificar que es cierto lo dicho? La tesis general de Véronique Kiermer es que eso ocurría antes, pero que la "complejidad" de las investigaciones actuales hace que esto nos siempre sea así. Al principio le echa la culpa a la naturaleza misma: "Los biólogos experimentales se enfrentan a la complejidad cada día. Ratones criados con un ADN idéntico se comportan de forma diferente. Dos células cultivadas en una misma placa de Petri no pueden considerarse idénticas." Pero una cosa son las diferencias y otras las regularidades, que son las que determinan los patrones sobre los que la Ciencia trabaja. El argumento no nos parece demasiado consistente. En todos los procesos hay variaciones y no creo que sean una novedad para nadie. Sin embargo, aquí estamos hablando de la "irreproducibilidad" de unos resultados, no en las ligeras variaciones que sería lógico que se produjeran porque, efectivamente, existen diferencias.
Sin embargo, después de hablar de lo distinto y sus problemas, Kiermer señala:

En esos sistemas complejos, es fácil dejar escapar la presencia de un efecto sistemático y de interés biológico. Por ello, los biólogos deben llevar a cabo amplios estudios que garanticen los la significación estadística de las observaciones y realizar análisis autocríticos para evitar sesgos involuntarios. Además, deben ser extremadamente cautelosos para no caer en la trampa de su propio entusiasmo.*

Es difícil encontrar mayor cantidad de eufemismos en un mismo párrafo. De la complejidad de la Naturaleza a las complicaciones de los sistemas de investigación en los que los experimentos son insuficientes para dar validez a las observaciones, "dejar escapar" cosas relevantes, "evitar sesgos involuntarios" y, finalmente, (¡quién lo hubiera dicho!) "no caer en la trampa de su propio entusiasmo". Prescindiendo de la retórica eufemística expresada, se presenta un panorama bastante diferente al de que a dos células les dé por ser diferentes en la misma placa de Petri o que los ratones salga independientes pasando del ADN.
Tras lo señalado por Kiermer, las medidas propuestas para evitarlo son más claras:

A este respecto, necesitan el apoyo de las instituciones científicas y las revistas que publican sus hallazgos. Algunas revistas (como Nature) han introducido listas de control con objeto de asegurarse de que los científicos consideran e indican la información clave de sus experimentos. Los centros de investigación deberían ofrecer más formación y supervisión a los jóvenes científicos. Es importante que los responsables de estos centros y sus financiadores controlen sus sistemas de incentivación para reducir el exceso de presión ejercido sobre los investigadores y promover las buenas prácticas.*

Habría que decirle a Véronique Kiermer lo mismo con lo que ella comenzaba, que se añoran los tiempos en que todo era más sencillo. El párrafo anterior es un descripción indirecta del monstruo que se ha creado para gestionar y organizar el mundo de la Ciencia. Lo que los "jóvenes científicos" aprender es que para dejar de ser tratados así deben obtener resultado relevantes publicados por revistas prestigiosas, que como es el caso de Kiermer (editora de Nature) se ven bombardeados por artículos que son el resultado de una presión, a vida o muerte, por parte de sus instituciones, universidades y centros de investigación. Las "listas de control" de las que habla Kiermer son formas defensivas para asegurarse que no se les "cuela" nada que pueda arruinar su "prestigio" objetivo último que determina su valor de mercado y de todos los que publiquen en ella, que se verán resentidos por la pérdida de nombre de quien les acoge entre sus páginas. Esta forma de organizar el sistema científico tiene estos riesgos. Pedir después que los centros y financiadores "controlen sus sistemas de incentivación" es casi un chiste.
He traído hoy este tema por los titulares que nos saltan hoy desde la prensa, no de Nature, sino de la habitual. Nos traen la noticia del suicidio del científico japonés Yoshiki Sasai, cuyo estudio sobre las células madre —publicado precisamente en Nature— dio lugar a un gran escándalo por eso que Véronique Kiermer llamaría "irrepetibilidad". A nadie le salían los mismos resultados que a Sasai. El diario El Mundo lo recoge así:

Sasai, vicedirector del prestigioso Centro de Biología del Desarrollo (CBD) del instituto de investigación Riken, fue coautor del polémico estudio junto a Masatoshi Takeichi, director del centro, y varios investigadores más liderados por Haruko Obokata, empleada del centro a la que se acusó de falsear materiales.

El artículo, publicado en la revista Nature el pasado enero, describía un método revolucionario para producir células adultas pluripotentes (capaces de convertirse en cualquier tipo de tejido y consideradas el futuro de la medicina regenerativa), que consistía en someter células adultas a varios tipos de estrés.
Sin embargo, después de que muchos miembros de la comunidad científica denunciaran la imposibilidad de replicar los resultados y el uso irregular de imágenes en los estudios, un comité de Riken, que se vio envuelto en una gran polémica, determinó que la doctora Obokata falsificó y manipuló varias de esas imágenes.**


Creo que no se deben dejar de leer los dos textos en paralelo. La editora de Nature responsabiliza a "la complejidad" por un lado y a las presiones y faltas de control, a los "sesgos involuntarios" y al "exceso de entusiasmo". Y pide a los centros de investigación que moderen la presión pero que no bajen la guardia porque finalmente —eso no lo dice ella— quienes se verán perjudicados serán las publicaciones que los difunden.
Para que el sistema funcione, todas las piezas deben encajar. Sin embargo, el sistema se ha diseñado para convertir la Ciencia en un sistema de méritos que sirvan para recaudar fondos en función de las repercusiones. Las universidades presionan a sus investigadores para que recauden fondos a través de sus proyectos. El dinero se concentra en grupos que luchan por mantener su estatus de prestigio e ingresos. Se establecen líneas divisorias profundas entre unos y otros, lo que hace que se acaben cayendo en tentaciones que van más allá de ratones díscolos.

El suicido de Sasai es una muestra de la tensión, como lo fueron las lágrimas públicas de su compañera cuando notificaron la retirada. Algunos argumentarán que Sasai se ha suicidado más por japonés que por científico, pero eso es ignorar el fondo de la cuestión. Lo que más valía, en el plano personal y científico, su prestigio estaba arruinado. No sabemos si fue un fraude deliberado, un "sesgo involuntario" o un exceso de entusiasmo. La nota que ha dejado lo explicará; solo sabemos que había manifestado sentirse "profundamente avergonzado". Se había planteado la remodelación del Centro de Biología del Desarrollo en Kobe e incluso su desaparición. Eso tuvo también que afectarle.
Pueden darse muchas vueltas a todos estos asuntos, pero lo cierto es que el sistema no funciona como debiera y eso lo saben todos los que están el él. A los que les va bien, lo defienden. Y como les va bien, son las voces relevantes. Ser crítico puede hacer que quedes fuera y eso, según los campos, puede ser el ostracismo y el silencio.
En el mismo número de la revista tenemos una interesante entrevista con Álvaro de Rújula, físico español del CERN, experto en neutrinos y con trabajos en Astrofísica. El titular de la entrevista es "Hemos caído en la tentación de vender descubrimientos", que surge de la parte final de la entrevista. La Física no es una máquina de producir descubrimientos. Es una máquina de producir conocimiento"***, dice. La diferencia es esencial y marca el funcionamiento del conjunto del sistema científico, no solo la Física.

¿A qué atribuye esa inclinación a prometer descubrimientos?
—Tiene que ver con la cultura general de la sociedad. Ya nos se lucha por ideas básicas, sino solo por objetivos económicos. Se ha rebajado catastróficamente el nivel intelectual y ético de aquello que mueve la sociedad. Y esa rebaja general de los valores humanos quizá salven la artes, pero no tanto la ciencia.***

No le falta razón. Puede que la irreproducibilidad de ciertos resultados en Biología sea un problema, como señala Véronique Kiermer, pero existen problemas mayores que sí se reproducen. Y cada vez más.


* Véronique Kiermer "La reproducibilidad en biología". Investigación y Ciencia nº 445 agosto 2014 p. 40.
** "Se suicida el coautor de un polémico estudio sobre células madre" El Mundo 5/08/2014 http://www.elmundo.es/salud/2014/08/05/53e086a2ca4741c17a8b456d.html
*** Álvaro de Rújula (entrevista) "Hemos caído en la tentación de vender descubrimientos" Entrevista. Investigación y Ciencia nº 445 agosto 2014 pp. 50-56.





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