sábado, 23 de agosto de 2014

Los monstruos y la muralla ilusoria

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
BBC se pregunta desde el titular que encabeza su página web "¿Cómo llega un joven occidental a convertirse en yihadista?"*. La pregunta ha saltado a ese lugar de privilegio después de descubrir que el verdugo decapitador del periodista James Foley hablaba con un correcto acento británico, del sur, para más señas, según habrán determinado los profesores Higgins del caso. La nacionalidad de la víctima y el acento del verdugo han hecho escuchar las alarmas que llevaban tiempo sonando en el aire de Occidente ante la indiferencia general. La misma pregunta recoge el desconcierto.
El caso del maratón de Boston sembró algunas alarmas, pero la eficacia con la que los dos terroristas fueron reducidos rápidamente, ayudó a racionalizar los miedos. La comunidad se sintió más unida y segura. Ya entonces se descubrió la cadena de errores que habían llevado a que el atentado se produjera, pero como ocurre con los extintores, solo se descubre que no funcionaban bien cuando la casa está reducida a cenizas.
Llevamos poco más de un año escuchando avisos del peligro de que haya gente que regrese de estas guerras a las que se va uno a entrenar su obediencia, su fe y su odio. En los últimos meses, desde que la guerra de Siria se convirtió en un rompecabezas inexplicable o solo demasiado complicado de explicar a gente tan ocupada, han aparecido avisos de que salían yihadistas. España ha detenido a dos muchachas jóvenes, una de ellas menor, que se iban a hacer la Yihad. Ahora se nos dice que hay 30 luchando allí. Una cifra bonita y redonda, muy por debajo de las cifras que se dan de otros países europeos.
La idea de que nos preocupe que se vayan porque nos preocupa que regresen, me parece de un profundo cinismo y una muestra más del ejercicio de pseudolimpieza que consiste en trasladar el polvo de un lugar a otro. Más de uno habrá pensado que "el enemigo, cuanto más lejos mejor" y que se trata de tener cuidado cuando vuelvan, si es que vuelven. Esta postura nos ha llevado a la situación actual y ha abierto las puertas a un futuro oscuro e impredecible. Todavía se está pagando la ceguera de alimentar o permitir a grupos crecer fuera de sus zonas con la esperanza de que así se tienen "controlados". Todo ello revela un profundo desconocimiento del funcionamiento del mundo, una relativización de los crímenes —aquí y allí— y una prepotencia al considerar que no hay nada que no se pueda controlar. Estos planteamientos provienen de una mentalidad política que contempla el mundo como un escenario con puntos favorables o desfavorables a los intereses de las potencias.
La información de la BBC señala:

El caso de James Foley, reportero estadounidense secuestrado en Siria y asesinado por un combatiente supuestamente británico de la organización islamista Estado Islámico (EI, previamente conocido como ISIS), no sólo dejó perplejo al gobierno de Barack Obama.
También al gobierno británico encabezado por David Cameron, que tiene a sus servicios secretos tratando de determinar la identidad del asesino, su relación y contactos con Reino Unido.
El tema puso en la agenda mediática una realidad en la que las policías europeas llevan trabajando años, pero que hasta ahora no había tenido la exposición pública y trascendencia diplomática que adquirió tras la decapitación de Foley: miles de los combatientes de la yihad –guerra santa- en Medio Oriente son ciudadanos europeos.
Dada la dificultad de rastrear, no hay cifras oficiales. Sin embargo, a diciembre de 2013 habían entre 3.300 y 11.000 yihadistas extranjeros peleando en Siria, según datos del Centro Internacional de Estudios de la Radicalización (ICSR, según sus siglas en inglés) vinculado a King´s College London.
Se estima que entre un 30% y un 40% de los actuales combatientes extranjeros que pelean hoy por establecer un califato islámico en Siria e Irak proceden de países occidentales, como Francia, Bélgica, Reino Unido, Alemania y los países nórdicos.*


No entendemos bien la cuestión de la perplejidad de Obama ni la de Cameron, a menos que sea un simple gesto hacia la galería. El primer degollamiento británico se produjo a la luz del día, en las calles de Londres, al grito de "¡Alá es grande!" y "¡Nunca dejaremos de matar!". Esto lo explicaba el verdugo del soldado al que mató todavía con el cuchillo de carnicero en las manos, embadurnadas con la sangre de su víctima. Ocurrió en el barrio de Woolrich y es interesante recordar cómo se nos contó entonces. El Mundo lo hacía así:

Es posible que el altercado se iniciase después de que los dos hombres atropellasen al soldado con el coche estrellado que ha podido verse en algunas imágenes.
A continuación se bajaron del automóvil y, según testigos oculares, se aproximaron a él, que yacía tendido el suelo tras la colisión, y lo golpearon con un machete, según 'The Telegraph'. Un testigo, en declaraciones a LBC radio, llegó a pensar que sus atacantes "pretendían sacarle los órganos".
Fue atacado con cuchillos como si fuera "un pedazo de carne". "Estos dos hombres estaban trastornados", contó. "Eran como animales. Lo arrastraron desde la acera y tiraron su cuerpo en el medio de la calle y lo dejaron ahí".
Luego, los atacantes permanecieron en el lugar, agitando cuchillos y una pistola, y pidiéndole a los transeúntes que sacaran su foto, "como si quisieran estar en televisión o algo así", relató James.
En unas imágenes emitidas por ITV News (aunque se desconoce quién ha podido grabarlas), uno de los agresores se dirige directamente a la cámara para explicar sus motivaciones. "Juramos por el todopoderoso Alá que nunca dejaremos de luchar contra vosotros. La única razón por la que hemos hecho esto es porque los musulmanes mueren todos los días. Este soldado británico es un ojo por ojo y diente por diente", aduce.**


Lo primero que choca es la causalidad explicativa: se cree que el ataque es causa del atropello y no que el ataque comenzó atropellando al solado para darle muerte después con el cuchillo degollándolo. De esta forma se prefiere reducirlo a un incidente de tráfico que acaba mal, una casualidad. Tampoco los testigos ayudan mucho: la idea de que iban a "sacarle los órganos" conecta con una leyenda urbana antes que con la realidad más evidente que se tiene ante los ojos Pero como sabemos, es el cerebro el que guía la visión y la interpreta desde sus miedos, en este caso a la extracción de órganos —¡en plena calle, a la vista de todos!—, que se ve como más probable que el hecho del crimen yihadista. En tercer lugar: el hecho de que pidan a la gente que los fotografíen o graben con los teléfonos se entiende más como un deseo de protagonismo televisivo que como un acto criminal que se reivindica a los ojos de todos con un mensaje tan claro y contundente. "Posible ataque terrorista" etiquetaba El Mundo la noticia. Las "categorías" nos pierden.
Las reacciones de las autoridades tampoco son demasiado lúcidas:

El comandante de la policía señaló que el "incidente puede causar preocupación en la comunidad" y pidió evitar "especulaciones innecesarias" sobre la naturaleza del ataque.**

No sé lo que quiere decir "preocupación" y menos "especulaciones innecesarias" porque la preocupación es natural y las especulaciones son todas innecesarias ante la evidencia de lo sucedido. ¿Qué significa estar "preocupados"? ¿No hay que estar preocupados? Con esto solo intento señalar lo poco adecuadas que son las explicaciones de lo que ocurre, más destinadas a "tranquilizar", que se considera un estado natural que no debe ser alterado,  que a explicar los fenómenos que ocurren y, lo que es más importante, tratar de evitarlo.

Pero evitarlos no solo es evitarlos aquí. Por dolorosa y cruel que sea la muerte de John Foley, la "perplejidad" del presidente de los Estados Unidos y del Primer Ministro británico no es de recibo. Es cínico e hipócrita medir la importancia de los conflictos y crímenes por los occidentales implicados en ellos. Quizá esto sea parte del problema, que solo nos preocupamos de forma espectacular cuando nos afecta directamente, sin comprender que eso ya no es posible en un mundo pequeño. Todavía no se han asimilado las enseñanzas acumuladas desde el 11-S ni cómo se llegó a ello.

En un artículo titulado "El espejismo del Estado Islámico", publicado hace dos días en el diario El País, Ignacio Álvarez-Ossorio, profesor de Estudios Árabes de la Universidad de Alicante, después de un prolijo repaso por las causas y circunstancias de la formación del grupo yihadista—ya un auténtico ejército del que ayer se daban cifras de 80.000 miembros—, cierra su texto así:

A estas alturas parece probado que el Estado Islámico se ha convertido en una amenaza no sólo para Irak y Siria, sino para el conjunto de Oriente Próximo. Los garrafales errores cometidos por Estados Unidos desde el derrocamiento de Sadam Husein, la nada soterrada guerra fría que mantienen Arabia Saudí e Irán y el creciente sectarismo de los Gobiernos iraquí y sirio han creado un monstruo incontrolable que no será fácil de domeñar mientras todos estos actores sigan atrincherados en sus posiciones maximalistas y utilicen al Estado Islámico como cortina de humo para ocultar sus respectivos fracasos.***


Concordamos con él, pero la idea de "amenaza" es la que hay que establecer señalando primero que no es una cuestión exclusiva de Oriente Medio, sino que nos afecta a todos. Ellos lo explican claramente, pero nosotros seguimos empeñados en considerar, como los testigos ingleses del degollamiento del soldado británico, que es algo distinto de lo tenemos delante de las narices.
Los que Álvarez-Ossorio llama "garrafales errores" de los Estados Unidos son una parte importante del problema. El hecho de que se haya dejado pasar la oportunidad de modernización que reclamaban los países árabes mediante las revoluciones de la "primavera" contra dictadores respaldados por Occidente como "barreras" —inútiles, como se ha visto— contra el integrismo yihadista, es de una trascendencia histórica incalculable. De golpe van cayendo los edificios de papel construidos por Occidente en unos países que parecían distantes, amparando clases corruptas y dejando que se pudriera la situación hasta su estallido. Hoy todo Oriente Medio responsabiliza a los Estados Unidos de lo que ocurre allí. Lo hacen unos y otros, ambos bandos. Por algo será. La diplomacia tras el 11-S no ha traído paz alguna sino ejércitos de yihadistas desde marruecos hasta Irak, circulando armados, atacando los lugares que estratégicamente interesa en cada momento debilitar. Todo esto bajo el control inútil de un país que dice tener controladas las comunicaciones de todo el globo y, sin decirlo, tiene pinchados los teléfonos de los dirigentes occidentales.
Entonces, ¿por qué todo lo que ocurre siempre causa "perplejidad"? Los que han frenado finalmente a los yihadistas del Estado Islámico han sido los kurdos, limitados por su reclamación de un estado independiente,  a los que ahora ha habido que armar apresuradamente por la retirada vergonzosa del ejército iraquí, al que se llevaba años formando y dando armamento.


Mientras no se piensen cuáles son los errores que se cometen, no se indague en cómo ha podido fallar tan estrepitosamente una estrategia cuyo fin no era modificar el medievalismo profundo sobre el que se sustenta el terror de los piadosos, al que se puede regresar sin problemas desde las cuidadas escuelas británicas o de Boston sin demasiados problemas, no se habrá avanzado nada.

El temor a que los yihadistas regresen a nuestras ciudades no debe ser el único miedo. El primer miedo es lo que hace allí, las víctimas de sus matanzas, tras las cuales regresan a las tierras en las que desarrollaron el odio —las nuestras— a preparar el acto final de su venganza. El yihadismo no tiene nada que ver con el terrorismo tradicional más que en las muertes y la destrucción que causa. Pero tiene motivos sociales, culturales y psicológicos muy diferentes a los que han tenido otros movimientos que se disolvían y pedían perdón. Si alguien espera que Al Qaeda o el Estado Islámico se disuelva o pida perdón a alguien, que se pueda llegar a crear un "estado" real con el que se pueda pactar, como tantas veces se ha hecho erróneamente, está muy equivocado. Habrá costado miles o cientos de miles de muertos. No hay un solo gobierno fiable de los que se han dejado tras las acciones militares; son focos de corrupción y sectarismo, como ha ocurrido ahora en Irak, donde han tenido que quitarle el poder de las manos para evitar que el país saltara por los aires.


No es casual que el avance del yihadismo se haya producido tras las "primaveras árabes". Pero no son su resultado, sino precisamente lo contrario, su estrangulamiento. Para los "halcones", las primaveras son las causantes porque había que haber seguido apoyando dictadores. ¿Cómo va a haber democracias en los países árabes?, preguntan irónicamente. Pero son los dictadores protegidos y aceptados —de Mubarak a Gadafi— los que crearon sus propios monstruos, por usar el término de Álvarez-Ossorio, para seguir teniendo el apoyo occidental. Nacieron al amparo de una política suicida de equilibrios en la zona, en la que se ha jugado con fuego y se ha mimado a dictadores y a reyes medievales para asegurar que la crisis del petróleo no se vuelve a repetir. ¿Cómo es posible que se nos diga que los yihadistas se financian con el petróleo de las zonas conquistadas? ¿Quién se lo compra? Lo mismo ocurrió en Libia.
No es casual tampoco que el Estado Islámico se haya desatado en el momento de máxima tensión entre Rusia y Occidente. La única forma de frenar algo que afecta a Rusia, a Occidente e incluso a China, que tiene su extremismo islámico separatista, necesita de grandes acuerdos que no es solo concentrarlo en una zona donde moleste localmente y ponerlo en cuarentena. En el mundo ya no es posible esa cuarentena porque la infección está en muchos lugares sin que se perciba. Hay que detectar sus focos y crear anticuerpos sociales para evitar que crezca con la ayuda de los falsos amigos y aliados, que saben que les protegerán y no les importa lo que les pase a otros. El yihadismo ha crecido con la teoría de "si están allí, no están aquí", por eso la preocupación surge por el regreso.  por el asesinato inesperado del "loco" en plena calle, como en Londres, o la bomba en el maratón bostoniano. ¿Cómo es posible?, se pregunta entonces.


Todas y cada una de las muertes que se producen son muertes, allí o aquí. Insistimos en que no tiene sentido seguir haciendo distinciones ni estratégicas ni humanitarias. El Estado Islámico es una aberración, una monstruosidad. Sin duda, pero si no se comprende por qué ha surgido, dónde ha nacido, cómo es posible que tenga acceso a las fuentes de financiación en países "amigos", no deberían extrañarnos ni las víctimas ni el acento de los verdugos. Ha surgido por lo mismo que han arruinado las revoluciones, para evitar un proceso de modernización y democratización que haga imposible su existencia anacrónica. Pero esas demandas de modernidad no salen de los dictadores o grupos políticos existentes, sino de las poblaciones dispersas, de los grupos civiles débiles, que solo pueden lanzarse a la calle mientras que otros recogen los frutos de las revueltas. Es el drama de las "primaveras". Las nueces se las llevan otros.
Lo preocupante es la perplejidad de los que no deberían estarlo tanto. Con ello demuestran que siguen sin entender la naturaleza del problema, lo que impide actuar adecuadamente. Hay millones de personas atrapadas entre la ceguera de los gobiernos occidentales y la brutalidad de los que los masacran. Es allí donde hay que dirigir las miradas; la solución estará siempre allí.
El Mundo nos ofrece la noticia de que en China se han exhibido públicamente las imágenes de la decapitación del periodista James Foley como ejemplo de los males que ocurren fuera de allí: 

En una pantalla gigante adosada a la estación de autobuses de Dongzhimen, la más grande de la ciudad, se han mostrado algunos fotogramas del asesinato y de los disturbios de Ferguson por la muerte de un joven negro desarmado. En el caso de Foley, se escoge la parte en que el yihadista da inicio a la decapitación y en que se observa el cuerpo desmembrado de Foley, las más duras de un montaje que excluye los momentos del degüello.
Las imágenes fueron descubiertas inicialmente por Steve George, director del medio 'That's Beijing Magazine', quien en declaraciones a la web estadounidense 'Quartz' ha indicado que formaban parte de un vídeo propagandístico de 4 minutos de duración, salpicado de escenas de "familias saltando felizmente en lugares emblemáticos de la capital" y "de niños de escuelas locales mostrando manualidades y ayudando a personas mayores".
El periodista ha añadido que "este tipo de yuxtaposición es bastante común en el país". Las imágenes de paz y prosperidad en China se contraponen a otras de violencia alrededor del mundo, fomentando la idea de que "el caos se extiende más allá de nuestras seguras y agradables fronteras".****

Al menos, nos dicen en otras fuentes, los ciudadanos chinos se han sentido tan horrorizados como los demás personas de buena voluntad de cualquier parte del mundo. Esperemos que no le toque pronto a China ofrecer al mundo imágenes de muerte que contrasten con la felicidad intramuros que pregonan sus dirigentes, que no tengan que pagar en sus propias carnes precios similares por pensar que las cosas ocurren más allá de las murallas que protegen el Albergue de la Felicidad. Occidente también lo hace y no ha servido de nada. Hoy todos los muros son de cartón piedra. Mera ilusión.


* "¿Cómo llega un joven occidental a convertirse en yihadista?" BBC 23/08/2014 http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2014/08/140822_yihadistas_occidente_europa_como_llegan_ch.shtml
** "Asesinan a un soldado en plena calle de Londres al grito de 'Alá es grande'" El Mundo 23/05/2013 http://www.elmundo.es/elmundo/2013/05/22/internacional/1369241591.html
*** Ignacio Álvarez-Ossorio "El espejismo del Estado Islámico" El País 21/08/2014 http://elpais.com/elpais/2014/08/19/opinion/1408474102_265082.html

**** "China proyecta en público la decapitación del periodista James Foley" El Mundo 22/08/2014 http://www.elmundo.es/internacional/2014/08/22/53f7677ce2704e231e8b458c.html


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