martes, 19 de agosto de 2014

Los falsos extremos

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La teoría es sencilla: nadie renuncia a la religión como forma de control si esta funciona. Recuerdo haberlo discutido con algunos amigos egipcios. Pronto se empezaron a apreciar gestos de que al arrinconar a los islamistas y sacarlos del campo de juego declarándolos terroristas se dejaba huérfanos a los sectores tradicionales y conservadores que apoyan al régimen como orden, pero que no renuncian a la religión,  un tipo de orden per se.
La declaración de los Hermanos Musulmanes como terroristas dejaba en el aire a los que gustan de sentirse más piadosos que el resto. En la mentalidad islámica, el gran desafío es lograr separar los dos ámbitos de la vida, el civil y el religioso, pues ambos son uno tal como lo entienden muchos. El islam no es solo una creencia; es una forma de vida traducida en reglas que afecta a quien las comparte y a quien vive en el mismo espacio. Lo estamos viendo en su forma más extrema en Irak. La gran lucha es el reconocimiento del derecho individual a la creencia. O a no creer en nada, que es también una parte de ese mismo derecho.

Por temor a ser acusados de impiadosos, los que expulsan a los más extremistas ocupan rápidamente el espacio religioso porque, como decíamos, es también control social. La prohibición de los partidos políticos religiosos que ha puesto en marcha el gobierno egipcio para controlar a los Hermanos Musulmanes no significa que no se controle la religión, sino de que está no será utilizada desde unas siglas específicas. Pero el Estado no es un partido y se puede conceder el privilegio de controlar las "buenas costumbres", la "moral pública", las "creencias comunes", la "forma egipcia", etc., es decir, cualquier fórmula que permita que aquellos que hacen de la religión su forma de vida (y de los demás) no se inquieten demasiado.
El arma tradicional contra el poder dentro de los países islámicos ha sido acusarlo de "impío", de no velar por la sociedad dejándola caer en el ateísmo, que es lo peor que en sus mentalidades cabe. Dentro de esta mentalidad islámica, existe una gradación en la que la religión propia es la verdadera, después están las variantes, con las que existe un problema de amor-odio; a continuación las otras dos religiones monoteístas que el Corán acepta, cristianismo y judaísmo, con las que también se mantienen relaciones complejas; después están las que no aceptan, que le parecen idolatría, que son todas las demás; y finalmente el ateísmo, que es lo que acaba con todo. Todos los anteriores ven al ateísmo como un enemigo porque, al no creer, no acepta ninguna de las reglas que emanan de la religión como flujo de poder. ¿De qué convencer a un ateo? ¿Cómo hacer que respete las normas que vienen de lo más alto si para él el mundo es solo humano, es decir, a ras de suelo? La cadena de mando se rompe desde el principio. Y los ateos —¡mala costumbre!— tienden a cuestionarlo todo y abogan por los derechos individuales y la libertad de pensamiento. Mal camino.


El diario Egypt Independent viene a confirmar la teoría que había planteado al inicio. La aportación viene del ministro de cultura y dotaciones religiosas:

Endowment Minister Mohamed Mokhtar Gomaa said the endowments ministry is working on confronting the two extremes.
He added that “confronting extremism cannot be done by fighting religiousness altogether”, and that “the best way to curb extremism and eliminate it is by spreading the tolerance of Islam”.
The minister said it is important to communicate the tolerant values of Islam which extremists have tried to distort in recent years, especially to the youth, whether it is in schools, youth and culture centres, fields or factories.
The agreement between the two ministries comes after the endowment ministry and Ministry of State for Youth Affairs agreed on a plan to confront atheism on 6 August.*


Los "dos extremos" son el islamismo, declarado "terrorista", con la Hermandad en el punto de mira —pero también los demás grupos que no se convierten en colaboradores, como los salafistas, que aprovecharon el vacío de la Hermandad acercándose al poder— y, en el otro polo, los "ateos". ¿Cabe mayor despropósito?
La simple mezcla de los dos conceptos es tal despropósito que solo se puede comprender en el marco antes citado, el del control social y la forma de liderazgo. En una sociedad islámica y piadosa, el líder es aceptado por la comunidad porque hace cumplir las normas religiosas. De no hacerlo será acusado de "faraón" que no es —como habitualmente creemos— el que tiene mucho poder, sino aquel que lo ejerce sin reconocer a Dios. Y el poder sin Dios es el abuso, pues no hay justificación alguna. Esto quiere decir que por muy progresista que se presente alguien, tratará de mantener esa imagen de defensor de la religión para mantener el poder y acrecentarlo. Todo lo que se diga que se hace en nombre de la religión será recibido de forma menos resistente.


El disparate se produce cuando se dice que el islam que hay que mantener es el de la tolerancia y después se pone en el mismo nivel el terrorismo islamista con el ateísmo, que es el ejercicio del derecho a no creer en nada. Pero el hecho mismo de que se pueda llegar a plantear un despropósito así es revelador de las mentalidades e intenciones. Por un lado se mantiene a los conservadores y tradicionalistas presentándose como defensores de la religión y el orden, mientras que por otro se elimina a los disidentes que no han aceptado un estado religioso. Cuantas más acciones se tomen contra los ateos, más méritos adquirirán a los ojos de los conservadores amantes del orden. Son dos pájaros de un tiro. Si sale bien, claro.
En el mismo artículo de Egypt Independent, ya le han salido contestadores al ministro:

Ishaq Ibrahim, a researcher at the Egyptian Initiative for Personal Rights, said “atheism is not a crime in the law”.
He added that openly atheist Egyptians have been arrested and tried for contempt of religion but said that this has no legal basis, asking: “Is it the role of the Ministry of Youth to fight atheism?”*


Sin embargo, el gobierno no parece tener las ideas igual de claras. La perversa idea salomónica que ha puesto en práctica es una clara estrategia justificativa de que los ataques contra los extremistas serán equilibrados con una mayor dedicación al control de ateísmo, la plaga a largo plazo. De esta manera, piensan ellos, podrán contener las acusaciones que los que se consideran puristas de la religión vierten contra ellos acusándoles de impiadosos. Esto no es trivial, pues funciona como un arma arrojadiza social muy eficaz. Vimos hace un par de días como las acusaciones de "traidor" contra Mohamed ElBaradei incluían también su sección obligada de "ateísmo", además de borracho y agente sionista.
En otro medio egipcio, Mada Masr, se recogen también las palabras del ministro salomónico añadiendo más detalles del plan:

The Ministry of Endowments is fighting the “two extremes,” Mokhtar said, trying to eradicate radicalism in the name of religion as well as atheism which is “aimed at shattering the society and threatening its security and stability.”
Last June, the Cabinet announced plans for a campaign to combat atheism that would include officials from the Youth and Endowments Ministry, as well as a team of psychiatrists to form a national strategy to eliminate atheism.
The Endowments Ministry has also taken several measures to tighten its control on mosques under the pretext of fighting extremist ideologies. The ministry has moved to bring all mosques under its umbrella as well as unify Friday sermons. It also closed small neighborhood mosques known as “zawyas.”
In his meeting with Asfour, Mokhtar affirmed that fighting extremism does not at all mean fighting religiosity, and that the best way to do camp down on radicalism is to spread the compassion and tolerance of Islam.
The endowments minister emphasized the need to address the youth in schools, clubs, youth and culture centers and teach them the ideals of Islam that “the extremists tried to hijack and distort over the past years.”**


A estas alturas de lo leído, me imagino que más de uno se habrá levantado a consultar en su diccionario más a mano la palabra "tolerancia". Que la tolerancia consista en campañas para encarcelar a la gente por lo que cree o deja de creer no deja de ser un ejercicio que sacude a Voltaire, autor de unas famosas "Cartas sobre la tolerancia", en la tumba.

El equipo ministerial de psiquiatras anti ateísmo —el Equipo A— tiene una dura tarea por delante. Lo peor es que se va desarrollando todo un programa de enemigos del pueblo —como dijimos de ElBaradei— de carácter orwelliano, dedicado al control social e individual. Muchos activistas de la revolución del 25 de enero salieron a la calle a reivindicar sus derecho individuales, entre ellos el de creer o no. La transformación de la revolución sigue su camino para volver a un punto intermedio, salomónico, entre lo religioso y lo aparentemente liberal. Todo es un sí pero no. Se es liberal porque se encarcela a los islamistas y se es religioso porque se encarcela a los ateos. Es decir, lo único que queda es el poder de encarcelar, que es el único que cuenta verdaderamente.
El estado controla todo el aparato religioso, pero no renuncia a él porque le interesa manejarlo para no ser acusado de impío, de irreligiosidad, como bien señaló el ministro —"fighting extremism does not at all mean fighting religiosity"—, algo que podría alentar el retorno de los islamistas al darles pie con sus actitudes y hechos. El control sobre los sermones en las mezquitas trata de evitar que se siembre el descontento sectario, pero los sermones adecuados están bien. ¿Por qué renunciar al púlpito?  El estado se ha hecho con el control religioso y quiere usarlo. La pugna con el Gran Mufti por el tema de la ratificación de las penas de muerte a los islamistas es una prueba más del pulso constante que se ha creado. El control sobre lo religioso debe ser total y eso no solo implica "vigilancia", sino asumir sus riendas.

Pero, por mucho que se repita e insista, no existen dos "extremos". Los terroristas son criminales por lo que hacen; los ateos personas que ejercen su derecho a creer o a no hacerlo. Cada ateo al que se encarcele o discrimine será una flagrante violación de los Derechos Humanos, un acto dictatorial, que no podrá ser camuflado más que por proclamas absurdas de propaganda institucional. Cada acción se volverá contra el estado y suscitará la repulsa de todos. La concepción psiquiátrica del ateísmo ofende a la inteligencia y mueve al sarcasmo. Recuerda la sovietización de la psiquiatría para declarar enfermos e internar a los que se oponían al totalitarismo. 
Es una versión nueva de la intransigencia disfrazada no se sabe muy bien de qué, porque no se engaña a nadie. Es lo que es: un atentado contra los Derechos Humanos. No hay excusa alguna. No hay dos extremos.

*"Ministry of Endowments vows to confront extremism, atheism" Egypt Independent 18/08/2014 http://www.dailynewsegypt.com/2014/08/18/ministry-endowments-vows-confront-extremism-atheism/

** "Ministries of Endowments, Culture to fight extremism" Mada Masr 18/98/2014 http://www.madamasr.com/content/ministries-endowments-culture-fight-extremism





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