sábado, 9 de agosto de 2014

Las sanciones de Putin

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Las consecuencias de imponer sanciones a la Rusia de Putin por su actuación en Ucrania van a mostrarnos el nivel de solidaridad y coherencia europeas. El ejemplo dado por los polacos de comerse las manzanas y enseñárselo Putin a través de las redes sociales está por verse en otros países, entre ellos el nuestro, en el que ya se están oyendo quejas de algunos porque tienen que volver las frutas desde las fronteras o las dejan que se pudran allí mismo.
Desde el principio Putin utilizó la baza de que la más perjudicada sería Europa por su apoyo a Ucrania y las sanciones que se le aplicaban. "No merece la pena enfadarse por Ucrania", vino a decir en un desprecio más al país que invadió. "Enfadarse" para Putin es dejar de hacer negocios con ellos. Mantiene la teoría de que los demás no deben inmiscuirse en su escandalosa violación de los derechos de un país al que ha invadido, desmembrado y absorbido con el mayor de los descaros y recibiendo la reprobación de la comunidad internacional (con la excepción de algunos que ahora se beneficiarán de su silencio o aplauso).

Rusia es un mercado para Europa y Europa es un mercado para Rusia. Lo impensable es suponer que lo que haga una de las partes no va a afectar a esos mercados. Putin creía que los intereses económicos de las empresas iban a ser suficientes para contener las acciones políticas y económicas europeas. Pero la gravedad de haber traído la guerra a Europa y, además,  una guerra por Europa, que es lo que se jugaba Ucrania con su levantamiento, no puede ser ignorada. Putin ha llevado a Europa a una situación que en otros tiempos habría tenido consecuencias extremas.
Es aquí donde se debe ver la solidaridad europea y, especialmente, la eficacia de los gobiernos, minimizando las consecuencias y estableciendo alternativas. Las sanciones a Rusia tienen un sentido y unas consecuencias no solo para Rusia. A las sanciones europeas y norteamericanas, Rusia ha contestado buscando nuevos contratos en nuevos mercados (China, Latinoamérica). Ahora le toca hacer lo mismo a los gobiernos occidentales, en especial a los europeos en la medida en que se vean afectadas sus exportaciones. Lo que no se puede hacer es no dar explicaciones ni ofrecer soluciones para abrir nuevos mercados.

El titular de El País “Tengo tres camioneros volviendo de Rusia y no sé qué hacer”, que podemos ver hoy mismo, es lo que hay que tratar de evitar que suceda. Hay que evitar que empiecen a surgir explicaciones como "son cosas de Europa", "a mí la política no me importa", "es cosa de Ucrania", etc. Y eso solo se consigue con los movimientos coordinados de las organizaciones empresariales y los ministerios correspondientes —que son varios— informando de las consecuencias y de las alternativas, las existentes o las que haya que encontrar, debajo de las piedras si es necesario.
Lo peor que se puede hacer es mantener esas faltas de previsión, información y acción ante los acontecimientos, una vez visto que Rusia no tiene intención de ceder y que Putin se juega su poder ante los ojos de Rusia y sus socios.
La gravedad de los acontecimientos ucranianos y lo que representan es difícil asumir por una mentalidad comercial que se basa en mirar siempre para otro lado cuando hay problemas que afecten a los negocios. Lo que hay que evitar es el vacío, porque eso no hará sino favorecer la estrategia de Putin que es crear el descontento y dejar que los países se vean presionados desde el interior por sus propias empresas y población. Eso solo se puede hacer con información sobre lo que ocurre y nuestra responsabilidad para que se solucione.

Los que han creado la impresión de que sancionar a Rusia no tendría contrapartida han hecho un flaco favor porque podrían haber empleado ese tiempo en mentalizar a los sectores implicados y buscar alternativas. El ministerio español de Exteriores se movilizó pronto en la cuestión del gas pensando que si había problemas por la vía rusa, se podría usar una vía del oeste, la española, que nos podría beneficiar. Siempre ocurre lo mismo: se mira lo que nos puede favorecer y se lanzar cantos de astucia. Pero además de ser cigarras de beneficios hay que ser hormigas de sacrificio. Hay que preparar la zona donde el contrario va a morder para evitar el daño en la medida de lo posible. Que los camiones se tengan que dar la vuelta al llegar a la frontera rusa solo significa que no se ha hecho lo que debía, que el sector está solo.
El País recoge las quejas de diversos empresarios y asociaciones de exportadores:

El empresario explica que la frontera con Rusia es un suplicio desde que comenzó el conflicto ucraniano: “Mis camioneros tienen que regresar y todavía no sé qué hacer con la mercancía”. La misma fuente sigue: “Desde que empezó esta guerra, los rusos están jugando con el pan de muchos de nosotros, nos bloquean los camiones, nos hacen esperar hasta cinco días, con una mercancía que es perecedera, excusándose en supuestos problemas burocráticos”.
Según la Asociación Empresarial de Fruta de Cataluña se producen 400.000 toneladas de melocotones y nectarinas en Cataluña. El 13% de estas toneladas, 50.000, se destinan directamente a Rusia. El consejero catalán de Agricultura, Josep María Pelegrí, advirtió este viernes que Pelegrí alertó que este porcentaje puede subir porque hay “muchísimas toneladas que se venden a Rumanía, Bélgica y a otros países que después le revenden a Rusia y que tampoco podremos vender”.*


Una de las cuestiones elementales en la política internacional es ir un par de jugadas por delante de lo que puede ocurrir. Y lo de Rusia era previsible, frente a muchas otras cosas que no lo son y también pueden afectarnos. "Alertar" de cuánto nos puede afectar no es suficiente, para eso bastan mirar los papeles. Pero hay que moverse en la realidad y actuar sobre ella encontrando soluciones. Eso es lo que se espera del político, alternativas, no datos.

La política internacional rusa, como la china, son unitarias frente al conglomerado europeo, en el que cada uno va por su cuenta en estos momentos en que se sigue esperando que cuadren las negociaciones para tener una Comisión que satisfaga a todos los que haya que satisfacer con los criterios de equilibrio. La debilidad europea en estas cuestiones es evidente, por eso es absolutamente necesaria una mayor previsión de los escenarios posibles y de los costes que suponen para todos. Mientras eso no se haga, unos actuarán por su cuenta mientras que otros se sentarán a esperar a ver si escampa.
Europa está diseñada para una paz apacible, para un mundo sin conflictos por el que transitan hombres de negocios que ganan siempre. Está poco preparada —o mentalizada— para escenarios de resistencia, sacrificio o agresión. En los próximos tiempos va a haber una serie de retos importantes que van a afectar a su seguridad y crecimiento. Más allá de los problemas del euro, también diseñado para la paz y el crecimiento regular, hay otros problemas en nuestra Europa y debemos darle soluciones coordinadas y sensatas.
Las sanciones a Rusia tienen su sentido. Pensar que esto es una cuestión " de los políticos" es un error de percepción en el que es fácil caer mientras no se entienda que no somos un grupo de gente que nos vendemos cosas los unos a los otros, que nos movemos a tostarnos o a esquiar de un lugar a otro, etc., sino que somos una comunidad solidaria con lo que nos ocurre a cada uno.


Los polacos, que también son europeos sancionados, se han puesto a comer manzanas como locos. No sé lo que nos tocará a nosotros, nos guste o no, comernos por efecto de las maniobras de Putin, pero mientras no se solucionen las cosas y vayamos todos juntos en el mismo barco habrá que ir pensando cómo lo haremos.
La tarea de Europa, una vez elegido el camino de no mirar para otra parte, es reorganizar sus escenarios para acomodarlos a las nuevas relaciones. Puede que vaya para largo. Si Europa no lo hace, se verá afectada tanto como Putin quiere y, peor que eso, habrá perdido otra gran oportunidad de forjar su identidad común en la adversidad, que suele ser un crisol más eficaz que el del Festival de Eurovisión para identificarse.
Dicen que el precio de la fruta se disparará en Rusia y que, en cambio, aquí, según los sindicatos agrarios, se producirá “una bajada de precios como nunca habremos vivido”*. Va ser un invierno de muchos zumos.


* “Tengo tres camioneros volviendo de Rusia y no sé qué hacer” El País 9/08/2014 http://economia.elpais.com/economia/2014/08/08/actualidad/1407528911_691232.html








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