sábado, 30 de agosto de 2014

La vía pragmática

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Las relaciones internacionales necesitan en ocasiones de personalidades múltiples para poder concebir los distintos raseros, posiciones o actuaciones que se dan. Si se quiere comprobar, basta con leer las declaraciones del ministro ruso de Exteriores, Serguéi Lavrov al referirse a la posibilidad de una intervención occidental en Siria en contra del Estado Islámico, esa amenaza común, sin consentimiento gubernamental.
Lo leemos en Ahram Online:

Russia's Foreign Minister Sergei Lavrov put it clearer. "The west will have to choose what is more important: to change the regime and satisfy personal antipathies with the risk that the situation will crumble, or find pragmatic ways to join efforts against the common threat, which is the same for all of us - terrorism," Lavrov was quoted as saying in Moscow.
The US rebuffed the offer. US State Department spokeswoman Jen Psaki pointed out on Tuesday that "we're not going to ask for permission from the Syrian regime." That statement came a day after the White House revealed that Obama has not made a decision to launch military operations against IS militants in Syria.*


Lavrov suele hablar claro, aunque no siempre eso signifique que lo que dice sea verdad, por paradójico que parezca. En ocasiones es preferible ser claro. Siempre será mejor que no serlo porque en estas situaciones, la confusión no ayuda a nada. Por eso Lavrov ha sido claro, mientras que la rotundidad del representante del Departamento de Estado no ha sido "clara" en absoluto. Obama —y sus portavoces— tienen más interés en ser rotundos que en ser claros. Algunos lo han comprendido ya y le han tomado la medida proponiéndole dilemas que le fuercen a esa rotundidad que luego se ve desmentida por los hechos. Eso confirma los desastres internacionales durante su administración. Sobra rotundidad y hace falta más pragmatismo en la claridad.
No se puede afirmar que no van a pedir permiso a Damasco para bombardear posiciones en su territorio cuando se está diciendo por otro que están intentando establecer otra coalición internacional en la "zona". No será fácil lograr una coalición si Siria no autoriza. No es lo mismo enfrentarse a los yihadista que a Siria (y los yihadistas). Esto es evidente. Y eso sin contar a Rusia, claro, que también juega en la zona.


La pregunta esencial es cómo se ha dejado crecer este cáncer terrible, esta monstruosidad bárbara y cómo no se han frenado antes sus apoyos. Las explicaciones son muchas, pero, por resumir, podemos concretarlas: los errores de comprensión occidentales el fenómeno y la necesidad de asegurarse las fuentes de energía, para la que sigue una estrategia de mantenimiento de gobiernos y monarquías, despreocupándose de los efectos sociales. El yihadismo ha crecido de la manipulación islamista del abandono de los estados y del rencor hacia los que se hacía responsables de ello, tanto a los gobiernos que no eran afines —a los que se les consideraba usurpadores y apóstatas— como a los extranjeros que los sostenían. Ha sido posible canalizar el odio de las poblaciones y dirigirlo hacia los focos determinados. La creación de Al Qaeda sirvió de ejemplo de acción y articulación y condenados permanentemente a una división sectaria, pronto surgen grupos de los que se escinden otros grupos de forma interminable. Las tecnologías de las comunicaciones les dan un soporte suficiente para el funcionamiento coordinado y aumentan el reclutamiento y la eficacia de sus ataques.
La perspectiva de atraer ahora la atención sobre ellos mediante una intervención en Siria es complicada porque causaría un movimiento de desestabilización desde las bases. Los países árabes que intervengan correrían un gran riesgo, el de producir un movimiento de protesta que les causaría problemas locales. ¿Están dispuestos a arriesgarse, a intervenir en Siria? ¿Están preparados para esto?


La administración Obama sigue entendiendo el problema mal, sin ver cuál es su profundidad, sus raíces y su extensión. La intervención occidental será vendida como una agresión contra los musulmanes si lo hace sin acuerdo con Siria. Pero si lo hace con la coordinación con Al-Asad, sería acusado igualmente de colaborar con el tirano Al-Asad y habrá conseguido reclutar más yihadistas para ir a Siria y, además, habrá abierto nuevos escenarios.
A los riesgos naturales de la intervención occidental, se suman los advertidos por Rusia, cuya postura es clara. Si Estados Unidos interviene si el consentimiento de Al-Asad, como ha dicho Lavrov, se considerará una "agresión". La cuestión es de una ironía increíble viniendo de los que dicen mandar soldados de vacaciones a Ucrania. Me imagino que más de uno se habrá hecho la siguiente pregunta: ¿por qué no interviene Rusia, si es aliada de Al-Asad? La pregunta es interesante y forma parte de la peculiar estrategia rusa que Putin dijo en un momento a un grupo de militares —lo recogimos aquí— "que se cansen ellos".
La estrategia rusa es ganar avanzando el doble gracias a los errores americanos. Los diputados ingleses se dieron cuenta con bastante sentido común cuando frenaron a Cameron y, consecuentemente, a Obama en su intervención contra la Siria de Al-Asad. Visto desde hoy, el Estado Islámico probablemente se habría hecho con el poder en Siria y la metedura de pata de Washington habría tenido consecuencias terribles sobre la zona, incluida la propia población siria. Acaban de decapitar a 160 soldados sirios hechos prisioneros. Es solo una muestra.


La diplomacia de Putin es conseguir beneficios de las malas relaciones de los Estados Unidos con zonas enteras. Es lo que ha hecho con media Latinoamérica, aprovechando el antinorteamericanismo de los bolivarianos y demás afines de la zona; lo está haciendo con Egipto, atrayéndolo a su órbita de dependencia en cuanto que presionan a su gobierno; y compite con China por hacerse con contratos por el resto de África.

Siguiendo el modelo de los "intereses estadounidenses", esgrimidos constantemente por Obama y su administración para justificar ante su población la intervenciones exteriores, Putin entiende que su beneficio está en acoger a los demás mientras que circunscribe los intereses rusos a la defensa de sus aliados y socios. Le basta con decir que Rusia está detrás y poner vetos en el Consejo de Seguridad. No hemos visto a Rusia montando "coaliciones internacionales" cada quince días. Cuando ha tenido que intervenir, lo ha hecho y ha sido clara y contundente. Ayer Lavrov recordaba Osetia, como una advertencia. Es también claridad. Cuando quiere ser confuso, lo es, pero siempre en su favor, que es la gran diferencia. Rusia confunde, mientras que la administración Obama, lo demuestra continuamente, se confunde.
¿Cómo se ha llegado a esta extraña situación, con dos guerras en paralelo, Siria y Ucrania, teniendo Rusia en ambas un papel diferente pero esencial? Es lo que los historiadores y analistas deberían explicarnos. Obama y Putin son prisioneros de sus personajes y personalidades. Por ahora, quien está consiguiendo lo que quiere es Putin, mientras que quien sufre mayor desgaste es Barack Obama, que se ve obligado a demostrar firmeza retórica y no actuar después (borrando sus propias líneas rojas). Putin, en cambio, no tiene inconveniente en afirmar una cosa y la contraria porque sus apoyos son distintos, su poder es diferente y su forma de relacionarse con sus socios es opuesta a la americana.


Lo que ha hecho Rusia es multiplicar los frentes de problemas de Obama. Si interviene en Siria sin permiso, Rusia se considerará autorizada para hacerlo en Ucrania de forma clara y procederá a la creación de esa Novarrusia cuyos mapas va definiendo como amenaza. Si Obama llega a un acuerdo con Al-Assad, le habrán ayudado a liberar a un amigo sin gasto alguno por su parte.
Una solución pragmática es intentar llegar a una paz en Siria que dé libertad para solucionar el problema más amplio, el del yihadismo. Pero a eso es precisamente a lo que se oponer Estados Unidos, que lo vería como una pérdida de "prestigio". El prestigio, desde luego, es algo que no tiene nada que ver con una "victoria" en Siria. En realidad el principal obstáculo es la autoestima norteamericana eso que se llama liderazgo y que Estados Unidos se empeña en no entender cómo funciona hoy en día, tirando constantemente piedras a su tejado.


La vía pragmática que Seguéi Lavrov reclama es que Estados Unidos piense en otros términos. Está por ver si Obama está dispuesto a solucionar problemas o solo a demostrar que los Estados Unidos es una superpotencia. Mientras tanto Rusia sigue con su labor constante de erosión y descrédito. Simplemente le pone otro problema delante y le dice desafiante: "¡demuéstralo!".
 El artículo que John Kerry publica hoy en The New York Times se titula de forma reveladora "To Defeat Terror, We Need the World’s Help". Ayer Puti,m hablaba a un foro de jóvenes con total tranquilidad del armamento nuclear ruso, del poderío que nadie debería desafiar. Mientras Kerry pide apoyo al mundo para hacer lo que quiere hacer y va de puerta en puerta pidiendo unas bases, ambulancias o cualquier otra limosna solo para decir que no está solo, Putin hace lo contrario: dice con claridad lo que supone enfrentarse a Rusia.


Son dos estilos y dos estrategias. Estados Unidos es rotundo, pero después va de puerta en puerta. Putin no va a ningún sitio a pedir; se limita a abrir la puerta y enseñar los dientes. Ayer pusieron medallas a los soldados que "no estuvieron" en Ucrania. Putin no dice la verdad, pero y eso ¿a quién le importa? Lo importante es la claridad.



* "Superpowers must act: The puzzle of US action in Syria " Ahram Online 30/08/2014 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/2/8/109499/World/Region/Superpowers-must-act-The-puzzle-of-US-action-in-Sy.aspx




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