miércoles, 27 de agosto de 2014

La orquesta del presente

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Daniel Barenboim es una figura interesante por muchos motivos, por su amor a la música y por usar la música para demostrar más ampliamente su capacidad de amar. Hay un amor de profundidad y hay un amor de extensión. Del primero se ocupan los artistas y poetas, contándonos hasta dónde llegaron en sus sentimientos. Del segundo no se ocupa casi nadie, pero existe y es muy real: ¿hasta dónde podemos llegar con el amor? El prójimo es el próximo, a veces el más difícil de amar. También al lejano, si es desconocido. El amor universal, el más extenso no es fácil de ver. Hay demasiados obstáculos.
El crecimiento del sectarismo, los odios religiosos, la intransigencia... provocan esa incapacidad de amar, pero nos dicen que se ajusta a los parámetros de la evolución: amas a los tuyos, y dentro de los tuyos, a los más tuyos, en una escala milimetrada. Lo demás es ir contra la genética. La cultura es ir contra la genética, pese a lo que nos digan. Somos capaces de altruismo —el gran problema teórico— y da igual por los motivos que sean; da igual lo que opinen los empeñados en aplicar la Teoría de juegos a todo.
Barenboim usa la música para que la gente que vive rodeada de odio trate de dejar de hacerlo. Dirige una orquesta —la West-Eastern Divan— que reúne a músicos judíos, palestinos, árabes y españoles. La idea surgió junto al intelectual palestino Edward Said y les mereció el reconocimiento del Premio Principe de Asturias de la Concordia en 2002.
Es un intento de mostrar que el encuentro es posible y que el grupo que necesita de la  más perfecta unión, la orquesta, es posible entre personas que se olvidan momentánea y necesariamente de sus lenguas, sentimientos e ideas y se adentran en una lengua común a través de la que se expresan conjuntamente: la música. Por unos instantes, la música hará distanciarse de todo a quienes la escuchan e interpretan. Se fundirán en una comunidad de presente. Se olvidarán las diferencias y se centrarán en lo que les une.


Año tras año, sea cual sea la situación, los músicos de Barenboim se reúnen y realizan la terapia ejemplar de oponerse a lo que sus patrias, a través de sus dirigentes, les exigen. El propio director se asombra de esa recurrencia de la llegada.
Dice Daniel Barenboim en un momento de su entrevista con Jesús Ruiz Mantilla: "la nostalgia es parte de la vida. Yo siempre he dado importancia al pasado por el hecho de ser lo que nos planta en el presente y ambos me sirven como etapas para acabar en el futuro. De los tres tiempos, lo menos importante, filosóficamente, es el presente." Tiene razón Barenboim en señalar esa irrelevancia filosófica, pero no de la vida. Es lo único real. Solo en el presente existe el momento de la alegría real del encuentro. Lo mismo ocurre con el encuentro amoroso, que siempre es presente. En el caso de Barenboim, la música siempre es presente y el máximo placer se produce al escucharla. Recordarla es, precisamente, traerla a la vida, revivirla en el presente para que se manifiesta ese placer. Los músicos regresan con nostalgia, sí; pero con deseo de convertirla en presente.
Cuando se le pregunta por el objetivo de la orquesta, Barenboim señala:

[...] queríamos demostrar que si un israelí y un palestino, sentados frente a un atril, son capaces de tocar una sinfonía de Mahler, que luego vengan las autoridades y se atrevan a decirnos que no pueden vivir juntos. Ahora hay músicos que siguen en el Divan pese a haber pasado a grandes orquestas. Continúan viniendo al Divan, han superado esa psicosis, para ellos la convivencia es normal y pasan el tiempo hablando de otras cosas: de relaciones humanas. De amor… Debe ser extraordinario vivir una historia de amor con el enemigo.*


Para que esa extraordinaria historia se produzca hay que abrir un camino que relativice las causas del odio, que son las que se usan para manejarnos y hacernos más controlables. Barenboim lo ha encontrado en el amor a la música. Otros lo hacen a través de otras formas en las que el arte introduce la curiosidad por el otro.
La figura de la orquesta tiene mucho de universal porque integra instrumentos diferentes y pueden ser muy diversos sus sonidos formando una totalidad armoniosa. Otras formas de ejemplificar esa convivencia de lo diverso es la traducción, en la que en un mismo espacio mental conviven dos lenguas en diálogo para conseguir entenderse. También la traducción es un acto de amor profundo y no solo a las lenguas, sino a quienes las hablan y a quienes van a leerlas o escucharlas. Me emocioné en un tribunal cuando una alumna china, entre sus agradecimientos habituales a familia y profesores, daba las gracias a Cervantes. Me pareció muy real, sincero.


Una traductora del inglés, la egipcia Hala Salah Eldin Hussein Ali, que ama la lengua inglesa, ha hecho de su trabajo una forma de encuentro a través del mejor conocimiento que la literatura aporta de los otros. Ha creado una publicación Albawtaka Review y una editorial sin ánimo de lucro con el objetivo de hacer llegar traducciones de relatos que permitan descubrir al otro más allá de los tópicos y que nos permitan participar en los procesos de identificación que todo arte pone en marcha. Ha recibido el apoyo de instituciones para hacer llegar las antologías publicadas a los lectores de árabe. Acaba de ampliar su proyecto a la realización de 10.000 audio libros para poder llevar la palabra traducida a los ciegos de Egipto y Libia. Señalan en Daily News Egypt:

Her passion for translation arose from thinking that one of the main reasons for cultural clashes is the belief that the other is different, with unfamiliar and undecipherable behaviours, thus ominously unreachable. In her opinion, translating literature has revealed the falsehood of this conviction, exposing that what unites us is actually more than what keeps us apart.**


Hay una diferencia forzada, de límites para ser distinto. Y hay una diferencia que es riqueza, que no reniega de lo ajeno y lo busca sin miedo a perderse; por el contrario: hay un enriquecimiento en el encuentro. Es la magia del arte. Cada uno pone su grano de arena para intentar crear esos espacios en los que, durante un tiempo, el presente se paraliza con nuestra atención puesta en la música o en las historias leídas, momentos en los que se dispersan muchos sentimientos negativos que albergamos. Son momentos de unión, como lo es el arte verdadero. Es lo que consideramos su universalidad, su capacidad de hacernos sentir y comprender más allá de nosotros mismos.
Se asombra Barenboim de que los músicos regresen, que —con la que está cayendo— sean capaces de dejarlo todo y volver para poder tocar juntos. No hay nada de extraño. A la mayor parte de la gente no le gusta odiar ni verse arrastrado a ello.

Puede que el presente sea filosóficamente irrelevante, como dice Barenboim, que no haya merecido la atención reflexiva de los historiadores o de todos aquellos que prefieren vivir en lo abstracto, como el filósofo que se preocupa por el "ente" y no por su prójimo. Es solo en el presente en donde se experimentan las sensaciones viscerales que los neurocientíficos nos dicen hoy que manejan nuestras emociones. Hay una  añoranza, sí, pero de presente, de volver a experimentar la emoción genuina; sabemos que las personas que miran sus partituras y tocan concentrados han olvidado rencores y ven en el otro un compañero empeñado en sacar adelante una sinfonía común.
Hay mucha gente que vive del odio y con odio. Demasiada. Los primeros le sacan buen rendimiento; es la forma más fácil de manipularnos. Los segundos convierten su vida en monótona, pues el odio es el enemigo de la creación al convertirse en obsesivo; pronto no queda nada más pues todo se filtra por él. El odio es un dios cruel. Me acuerdo a menudo de la historia sufí de los dos hombres que pasan frente a una cárcel: «— Cuando veo esa prisión no puedo dejar recordar los años que pasé allí y sentir odio», dice uno de ellos. «—Pues entonces sigues dentro, atrapado», le replica el otro. No es fácil dejar de odiar, como no es fácil escapar de una prisión. Pero es imposible escapar de una prisión que confundes con tu hogar.



* "Barenboim: “En Oriente Próximo solo impera la terquedad”" El País Semanal - El País 25/08/2014 http://elpais.com/elpais/2014/08/22/eps/1408722038_548535.html

** "Bringing international literature to the blind" Daily News Egypt 20/08/2014 http://www.dailynewsegypt.com/2014/08/20/bringing-international-literature-blind/





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