miércoles, 6 de agosto de 2014

La fórmula

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Me sorprende, una vez más, un titular veraniego de la BBC: "La ecuación matemática que predice la felicidad"*. Uno sabe del alto poder de las matemáticas para describir el funcionamiento del mundo, pero no sabemos nunca hasta dónde se puede llegar. El comienzo de la noticia es este:

Según los investigadores de una universidad británica, su trabajo muestra que la felicidad no sólo depende de la satisfacción sino de las expectativas: no se trata sólo de los logros, el gozo aumenta si nos va mejor de lo que esperábamos.
Para su estudio, el equipo de la Universidad del Colegio de Londres hizo varias pruebas con un grupo de 26 personas, a las que además les realizó resonancias magnéticas cerebrales.
Luego, los científicos pusieron a prueba su ecuación para predecir felicidad con 18.000 personas que respondieron a una encuesta a través de una aplicación para teléfonos inteligentes llamada The Great Brain Experiment (el gran experimento del cerebro).
"Podemos tomar en cuenta decisiones pasadas y resultados y predecir exactamente qué tan feliz una persona dirá que se siente en cualquier momento", dijo Robb Rutledge, autor principal del estudio que publica la revista especializada PNAS.*


La potencia conjunta de las matemáticas, la resonancia magnética, las encuestas y los teléfonos móviles es grande. Hay un matiz interesante en la noticia que no debe pasarse por alto. Es el "qué tan feliz dirá una persona que se siente". "Decir" y "sentir" son dos aspectos que introducen la relatividad del asunto. Una de los pasos necesarios para poder afirmar algo de algo es definirlo, en este caso, la "felicidad". Si se pregunta a las personas qué es para ellos la "felicidad", todos acabarán teniendo respuestas más o menos distintas, pues es algo personal y circunstancial, determinado por experiencias, idealizaciones y creencias. La felicidad es un concepto de realidades distintas porque describe un estado de ánimo o una aspiración a él conforme al modelo de cada uno. Es una palabra baúl, en la que cabe de todo. No hace feliz lo mismo a un masoquista que a un amante de los buenos vinos, pongamos por caso. Por eso lo que ha ce la fórmula no es entrar en estas cosas sino saber nuestro estado en una escala que vamos definiendo con nuestras informaciones. 


Decir que la felicidad proviene no solo de la satisfacción sino de las expectativas no es decir demasiado. La inversa es la frustración, que es la insatisfacción por incumplimiento de las expectativas. La idea de que su cerebro tiene reacciones específicas cuando es usted feliz (logra más de lo que esperaba) o cuando es desgraciado (consigue menos) o cualquier otro estado intermedio que definamos tiene su lógica, pero no ayuda a saber más que es la "felicidad", sino por dónde cae en el mapa cerebral, es decir, localizar los indicadores de cuándo usted se siente satisfecho por los motivos que sea. 
La BBC nos adentra en el sistema seguido:

"El cerebro está tratando de averiguar qué deberías estar haciendo para obtener satisfacciones, así que todas las decisiones, expectativas y resultados son información que utiliza para asegurarse de que tomes buenas decisiones en el futuro. Todas las expectativas y satisfacciones recientes se combinan para determinar tu actual estado de felicidad", explicó Rutledge a la BBC.
Pensemos, por ejemplo, en un buen restaurante: tener bajas expectativas puede hacer que la experiencia sea mejor si la comida es superior a lo que se esperaba.
Pero tener expectativas positivas puede también aumentar la sensación de felicidad antes incluso de comer, porque uno anticipa el evento.*

El modelo desarrollado trata de combinar lo que he pasado, lo que espero y lo que me encuentro finalmente. ¿Soy más feliz en el restaurante porque la comida es mejor de lo que esperaba; porque, por ejemplo, se han equivocado en la cuenta y me ha salido más barato o porque paga un amigo? Creo que le hemos perdido un poco el respeto a las palabras. No sé si a todo esto se le puede llamar "felicidad" o simplemente "satisfacción".
Que podamos evaluar el estado de nuestro cerebro ante ciertas cosas y después predecir con ello cómo se encontrará nuestro cerebro en una ocasión similar o por encima o por debajo de esa situación no es un gran descubrimiento. Solo es reducir la "felicidad" a algo manejable y luego aplicarle el lenguaje de las matemáticas. Es esa "combinación" de expectativas y satisfacciones recientes de la que nos hablan. Le dirán, por ejemplo, que usted es feliz porque la película que esperaba que fuera una porquería no es tan mala como esperaba. Como anteriormente usted marcó en la encuesta que cuando eso ocurre se siente mejor que cuando es un bodrio, se espera que sea feliz en la próxima. Su cerebro, un ávido coleccionista de experiencias placenteras, liberará sustancias que le harán sentirse "feliz".
La vieja idea de no desear nada para no sufrir se nos ha convertido en nuestra actual cultura consumista y hedonista en buscar la maximización entre lo que esperamos y lo que nos dan, es decir, una felicidad de mercado, de oferta y demanda.


Usted pensará que se invierte dinero en estas cosas porque hay gente que sufre porque usted no sea feliz. Es como creer que la industria farmacéutica odia las enfermedades. No se equivoque, aunque el pensar que la gente es buena por naturaleza le traiga más felicidad. La noticia nos aclarara algo al respecto:

"El estudio también sugiere que la sensación inmediata de felicidad depende de la distancia entre lo que puedes conseguir y lo que esperas", le dijo Oswald a la BBC.
"También encaja con una gran cantidad de trabajo estadístico de los economistas que muestra que felicidad y satisfacción laboral está influenciada por el salario relativo de una persona".
"Si quieres saber qué tan feliz soy, no me preguntes por mi salario. Pregúntame cómo se compara mi salario al de otros profesores o al mío propio en el pasado", explicó Oswald.
"Es la diferencia, positiva o negativa, la que realmente importa. Somos criaturas de comparaciones y somos por lo tanto prisioneros de expectativas implícitas".*

De lo que se trata en última instancia no es de mejorar su felicidad, sino de saber qué considera aceptable y satisfactorio, hasta dónde hay que subirle el sueldo o bajar los precios. Ya hemos reducido la idea de "felicidad" a la de "sensación inmediata de felicidad", una bonita expresión que ajusta más las cosas a lo que se pretende. Lo de cómo se debe usted sentir respecto a su sueldo, tampoco es demasiado tranquilizador. Es la satisfacción relativa del "no me puedo quejar". Y es especialmente egoísta o falto de solidaridad. Pensar que para ser feliz debo mirar cuánto lo son los otros es ignorar que también puedo sentirme infeliz porque los otros lo sean. Pero no sé si la fórmula da para tanto.
Lo que pueda ser "felicidad y satisfacción laboral" para los economistas es algo muy diferente a lo que puedan ser para los demás. Los codiciosos especuladores siempre querrán más y vivirán —justo castigo— infelices, aunque no lo parezcan en sus yates y mansiones. En cambio —ironías de la vida— nosotros somos infelices porque los envidiamos por aquello de que somos "criaturas de comparaciones", aunque nos advirtieran que son odiosas.

Al ser consultado, Tom Stafford, otro científico cognitivo de la Universidad de Sheffield, en Reino Unido, comentó que es asombroso que la ecuación pueda predecir la felicidad con tal precisión, "especialmente teniendo en cuenta lo impredecibles que son los humanos".
"La importancia de este estudio está en la forma en que combina la actividad cerebral, el recuento computacional de satisfacción y la información a gran escala obtenida por crowdsourcing sobre cómo se siente la gente", añadió Stafford.
Sin embargo, el experto advirtió que no está claro que la ecuación pueda ofrecer respuestas las grandes preguntas sobre la felicidad en la vida real, como por ejemplo qué pareja elegir.*

Pero, ¿a quién le importan las grandes preguntas? Las grandes preguntas, por ser "grandes" y ser "preguntas", implican precisamente que no tienen solución fácil (o no tienen ninguna) y eso genera infelicidad. Hoy la gente no quiere grandes preguntas, sino grandes respuestas, que provocan mucha más felicidad. Asertividad ante todo.
Encuentro en una publicación del sector la idea de "marketing de la felicidad":

Si nunca habías escuchado hablar sobre el marketing de la felicidad, debes saber que es una estrategia que se usa hace mucho tiempo, y se basa en una serie de estudios realizados a grupos de personas y sus sensaciones ante determinados productos o servicios.
¿Qué es el marketing de la felicidad? Toda persona busca ser feliz, es lo que necesita para vivir plenamente. Por ello, los marketeros y cualquier persona que tenga un negocio o empresa deben encontrar la forma de “producir felicidad” a través de sus productos o servicios.**


Menos mal que alguien habla claro.
La palabra "felicidad" merece cierto respeto, tanto individual como colectivamente. Es algo más que esa gente dando saltos en el campo con un puñado de globos (¿por qué tanto globo?). Quizá su fácil inclusión en los folletos publicitarios la haya deteriorado un poco hasta reducirla al tamaño de caber en una fórmula, un titular periodístico o de un libro de autoayuda. El paso de la filosofía al marketing no es siempre fácil.
Al final le dirán que la mejor manera de ser "feliz" es que rebaje sus expectativas, que es lo que le dicen cuando le van contratar, en su caso. Así, por poco que tenga, siempre estará contento. Y otros estarán peor. Compare.



* "La ecuación matemática que predice la felicidad" BBC Mundo 5/08/2014 http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2014/08/140805_ciencia_ecuacion_predice_felicidad_np.shtml
** "El marketing de la felicidad" Plus Empresarial 28/04/2014 http://plusempresarial.com/Marketing-detail/el-marketing-de-la-felicidad/







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