viernes, 4 de julio de 2014

Una llamada de atención o los medios controlados siempre por una buena causa

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Habitualmente es difícil poner de acuerdo, incluso en lo deportivo, a los diarios El País y El Mundo, y me encuentro que —una vez más— coinciden en recoger las declaraciones del señor Pablo Iglesias, esta vez respecto a lo señalado sobre los medios de comunicación, que ambos recogen en términos similares. El lector pensará que tras esa última frase se esconde una intención de hacer ver una "conspiración" del "biperiodismo", pero no —¡para nada!—, no es esa mi intención. Otros medios se han hecho eco también de lo mismo y tiene su sentido que lo hagan sin necesidad de recurrir a teorías conspiratorias. Simplemente es lo que se buscaba.
Los titulares de El País, "Iglesias: “Los medios de comunicación tienen que tener control público”"*, y los de El Mundo "Pablo Iglesias propone el control público de los medios"**, son casi un calco. Ambos recogen las palabras sobre los medios y su control publicadas en un "libro entrevista" en el que Iglesias lanza al mundo su mensaje, una vez más. Y su mensaje —al menos, en lo que se refiere, a los medios— es este:

El líder de Podemos, Pablo Iglesias, es partidario de una regulación de los medios de comunicación desde el poder público con el fin de "garantizar la libertad de prensa". "Los medios de comunicación, por lo menos una parte, tienen que tener mecanismos de control público", asegura el eurodiputado en el libro Conversación con Pablo Iglesias, del periodista Jacobo Rivero, elaborado después de las elecciones europeas y publicado ahora por la editorial Turpial.
"Si el derecho a la información es un derecho democrático, la concentración de la propiedad es incompatible con ese derecho", sostiene Iglesias, que cree que "no puede ser que algo tan importante, y de interés público, imprescindible para la democracia, como son los medios de comunicación, esté solo en manos de multimillonarios".*

Por su parte, el diario El Mundo coincide con lo expuesto por El País:

"¿Por qué no va a existir una regulación que garantice la libertad de prensa en el mejor sentido del término, sin condicionantes de empresas privadas o de la voluntad de partidos políticos? ¿La sociedad civil tiene que verse reflejada con independencia y veracidad en los medios de comunicación?", reflexiona Iglesias en el texto. Según el líder de Podemos, dicha regulación no significa que todos los medios deban estar bajo el control del Gobierno, sino que se garantice mediante la regulación del sector de la comunicación la independencia y la veracidad de los medios.
"¿Eso quiere decir que todos los medios tengan que estar bajo el control del Gobierno? Claro que no, eso quiere decir que los medios de comunicación, por lo menos una parte, tienen que tener mecanismos de control público. Y lo público no tiene que ser necesariamente institucional, en el sentido de ser corriente de transmisión de las estructuras que gestionan la Administración", argumenta.
En este sentido, al ser preguntado sobre la Ley Orgánica de Comunicación de Ecuador aprobada por el Gobierno de Rafael Correa y sobre si él sería partidario de una regulación de la comunicación desde los poderes públicos, Iglesias responde contundente: "Absolutamente... Si el derecho a la información es un derecho democrático, la concentración de la propiedad es incompatible con ese derecho", sentencia.**


El gran debate político existente en nuestro país en estos momentos es si estas tonterías le quitan votos o se los dan, si estos exabruptos totalitarios —con telarañas ya de puro gastadas, viejas arengas de asambleas de facultad de los años 70— le favorecen en las urnas o hacen huir espantada a la gente. Es un test para nuestra vida política. La cuestión es sesuda y está en los cenáculos políticos, mediáticos y hasta académicos. La cuestión es, en última instancia, si todas estas cosas que el señor Iglesias se encarga de distribuir con gran trompeteo no es una estrategia para que le ataquen de continuo y así lograr una repercusión mediática mayor que la que previsiblemente tendría.
Esto no es una cuestión trivial y tiene que ver con ese lío retórico que anunciábamos al principio y que tiene que ver con cosas tan complicadas como la intención, la estrategia y la sinceridad de lo que se propone.
El diario El París sintetiza la parte del libro entrevista dedicada a los medios de comunicación:

El libro contiene un capítulo dedicado a la comunicación —"La disputa de la comunicación", se titula—  y en él Pablo Iglesias desgrana parte de la estrategia comunicativa de Podemos, uno de los mayores éxitos de la marca electoral que logró en tiempo récord cinco escaños en el Parlamento Europeo. Empezando por la participación del profesor de Ciencias Políticas en las tertulias televisivas: "Lo que mucha gente no imaginaba es que nuestra intervención en los medios era una cosa muy reflexionada, no dependía de nosotros, pero llevábamos años preparándonos para eso", cuenta.
Iglesias opina que la gente "no milita en partidos políticos, la gente milita en los medios de comunicación. Una persona es de La Razón, de EL PAÍS, de la COPE o de la Cadena SER", arguye. Por eso, entre otras cosas, entiende que su presencia en los medios es más relevante que aparecer en otros foros. "Son mucho más importantes las tertulias en televisión que los debates en el Parlamento. Los debates en el Parlamento ya no los sigue nadie; además, son debates que son mentira, no debaten realmente, está todo pactado", defiende en el libro.*


Las opiniones expresadas sobre el papel de los medios en las democracias —por lo que hemos visto— se centran en dos polos: la negación y la utilidad. En la primera parte se les sataniza como alienadores de la voluntad popular y de las libertades, mientras que en la segunda se aprovecha estratégicamente la cretinización lograda por ellos para conseguir el "voto-audiencia". Entra aquí la doctrina del mal al servicio de una buena causa excluyente, es decir, la suya frente a las perversas de los demás.

Lo penoso de todo esto es que —camino ya de los cuarenta años de democracia— hayamos retrocedido retóricamente a las asambleas universitarias y fabriles del final del franquismo, a la misma retórica y hasta estética de entonces. Es una señal inequívoca de ese distanciamiento real de la vida política de una parte importante de este país. Esto ocurre en otros, pero nuestra diferencia es que la vida política se ha ido complicando por la inoperancia y los problemas creados por los mismos políticos. Esto no significa en absoluto, en mi opinión, que la gente comulgue con las cosas tan tremendas que dice el señor Iglesias y con las que no estoy en absoluto de acuerdo. Simplemente se aprovecha del malestar crítico de una gran parte de la población. Lo que hay al otro lado de la moneda es lo que está por decidir. Habrá que ver si los votos de Podemos son un voto de castigo (contra alguien) o son simplemente un voto de confianza (de apoyo a sus ideas). La premeditación comunicativa señalada por Iglesias, es decir, la estrategia perfectamente definida de actuación a través de los medios hace sospechar que las acciones futuras tratarán de pasar de uno a otro, del voto "en contra" al "voto de apoyo" y que se buscará la ampliación del efecto mediático a través de la captación de la atención, como ha hecho, con el libro entrevista.
La estrategia explica, además, el culto absoluto a la personalidad necesario para poder rentabilizar primero mediáticamente y electoralmente después la figura de Iglesias. Eso le da fuerza en el aspecto de la concentración mediática, pero genera también una serie de debilidades lógicas al ofrecer un flanco constante para el ataque. A esto se añade la estrategia de que cada vez que se ataca a Iglesias por lo que dice o hace, se utiliza el argumento de que es porque se le teme.


Cuando Pablo Iglesias dice que la gente ya no es de los partidos, sino de los medios y que los parlamentos son inutilidades a las que nadie hace caso, que son las tertulias las que reinan, ¿está ignorando que él es un hijo de tertulia, un producto de los mismos medios a los que ha favorecido en la lucha por las audiencias? ¿Le importa? En absoluto, por supuesto. Él tiene sus objetivos, que ha logrado con creces. Y si para eso tiene que favorecer a los mismos que denigra, da igual. Ya se resolverá en el "futuro": lo primero es el poder; después, ya se verá. La gente que reclama el "control público" de los medios de comunicación suele preferir esperar a estar ellos en el poder.
El artículo de El País se cierra con unas ilustrativas frases de Iglesias:

Su cargo de eurodiputado no le ha impedido seguir apareciendo en televisión, y se sorprende de que no se haya intentado limitar su presencia en algunos medios. "La atención mediática, además, es algo que adquiere vida propia, pero no me extrañaría que Rubalcaba o Rajoy hayan pensado en algún momento en un plan para quitarnos de las televisiones. Por eso no quieren discutir cara a cara conmigo, porque saben que pueden perder". "Tampoco hay que subestimar la necedad del adversario", concluye.*


Esa idea de que la atención mediática adquiere vida propia es parte de lo que venimos señalando. Iglesias es una combinación de la demagogia de toda la vida con la aplicación de las reflexiones sobre el papel de los medios, no en la política, sino en la sociedad. En una sociedad mediática, los líderes son mediáticos. Iglesias es hijo predilecto de lo que critica, un niño rollizo. Es el pragmatismo que usa las armas que denuncia porque la gente no maneja realidades sino representaciones que pueden ser presentadas de formas distintas, que tienen sus destinatarios naturales, es decir, personas que desean ser persuadidas con unos discursos y no con otros. La vida política es share.
Como una persona que vive en este país, no me gusta el modelo crítico ni el político de Pablo Iglesias. El modelo crítico se exhibe a través de los medios y dice a la gente lo que quiere escuchar, canaliza empáticamente la frustración causada por una crisis debida a la inoperancia política y a la falta de imaginación (y vergüenza) de muchos políticos, cuyas imputaciones por corrupción son la anti lista electoral. La incapacidad de los partidos políticos para regenerarse es el principal apoyo que tiene Iglesias y sus teóricos en la sombra. Los votos de Podemos surge de los "no podemos" y de los "no aguantamos" de la política tradicional. Las propuestas son demagógicas en su mayoría, totalitarias muchas de ellas, y no son consistentes más allá de charlas de café. Pero eso no importa porque no entra en sus objetivos, al menos en esta fase, lo posible, sino lo que pueda captar muchos clientes votantes en el mercado del descontento. Captar la "atención mediática", como señala, es lo esencial; sin ella no hay votantes que te den la fuerza y la atención para acceder el siguiente nivel. La política es un videojuego de plataformas; hay que ir pasando pantallas.

La estrategia de los opositores de Podemos será el ataque frontal. No hay que extrañarse, porque es la misma que él practica con "la casta". No siempre se juega con blancas; a veces te tocan las negras. Pero no debemos confundir a Iglesias y su Podemos, con el descontento que canaliza. Iglesias en un estratega político con sus planes para conseguir más poder del que tiene; es un profesional de la política, un académico del ramo, disfrazado de pastorcilla con coleta. No hay nada de amateur en él; el toque naif va en el guión. No hay nada reprochable en esto; es el papel que ha elegido en el escenario mediático, de la misma forma que otros escogen sus corbatas por sus asesores de imagen.
Pero el descontento social es real y justificado, tanto por lo que ocurre cada día como por la erosión provocada en las instituciones por la propia acción política, que ha metido en su lucha elementos que deberían ser respetados por todos más allá de la retórica. Es de ahí de donde sale el descontento que es fácil de captar y sumar a causas dudosas. El señor Iglesias no debe estar libre de crítica —¡faltaría más!—, sobre todo si le viene bien. Pero vendría bien unas mayores dosis de autocrítica por parte de los que le han puesto en bandeja el voto del descontento. Hagan que el país funcione y luego hablaremos.
Los votantes de cualquier partido me merecen el máximo respeto porque ejercen su derecho a escoger libremente sus opciones. Pero las acciones o discursos que llegan o salen de los dirigentes deben ser revisados y criticados por todos honesta y libremente, no sea que salgamos de Málaga para entrar en Malagón
La atención mediática implica que este diálogo inconcluso —como señalaba Blanchot— esté permanentemente abierto. Iglesias traslada el debate de un parlamento que desprecia y en el que no está, a los medios en donde sí está y desde los que ejerce su discurso crítico. Me parece muy bien. Es más: debería estar constantemente explicando sus ideas, opiniones y qué haría él en cada caso en España, Europa o cualquier otro continente que le reclame. Por eso está bien saber que:

[...] advierte a los principales partidos de que si siguen con su "estrategia" contra Podemos de "mantener el mantra sobre Venezuela, perroflauta o la Complutense como nido de antisistemas", la formación que lidera les pasará "por encima".**

Pues habrá que tener cuidado.

* "Iglesias: “Los medios de comunicación tienen que tener control público”" El País 3/07/2014 http://politica.elpais.com/politica/2014/07/03/actualidad/1404411245_142299.html
** "Pablo Iglesias propone el control público de los medios" El Mundo 3/07/2014 http://www.elmundo.es/espana/2014/07/03/53b5d1c022601d6e558b456b.html



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