jueves, 10 de julio de 2014

El nuevo PIB realista o por qué lo llamáis riqueza

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Hay cosas que no acabas de entender. No es porque sean más complejas, sino porque buscan una claridad que te resulta extraña. Algo así ocurre con la cuestión de la nueva contabilidad europea y el querer introducir en ella las actividades ilegales. En general, uno sabe qué es legal con meridiana claridad. Hay zonas de sombras y países con más o menos horas de sol que otros; eso lo podemos entender.
Europa quiere tener un PIB realista y quiere meter en él todo aquello que se realiza entre sus fronteras. El motivo —entiendo— no es otro que la contabilidad real de los países. Uno recibe de Europa en función de sus cuentas y si esas cuentas solo recogen lo "legal", los que están llenos de ilegalidades juegan con ventaja. El caso ha estallado con la cuestión de la prostitución. Si el PIB estaba ya cuestionado como indicador fiel de la riqueza de un país, ahora lo estará también como indicador moral.
El diario El País recoge la cuestión que se plantea:

"Es una cuestión de armonización para poder comparar mejor los PIB. Algunos países lo integran, otros no, así se armoniza. No se trata en ningún caso de legalizar actividades que son ilegales, simplemente de medirlas como hacemos por ejemplo con el trabajo en negro", explica Ronan Mahieu, del INSEE. El caso más claro es Holanda, donde la prostitución es legal y está regulada, cosa que no ocurre con muchos otros países europeos lo que dificulta la comparación entre los PIB de los 28. La armonización es esencial porque los países contribuyen al presupuesto comunitario según su PIB y la Comisión lleva a cabo controles periódicos.*


Comprenderán rápidamente que la clave está en las palabras "armonización" y "contribución". La primera se refiere a que es injusto que unos tengan una economía más transparente incluyendo en el PIB elementos que otros no incluyen. Eso es fácil de entender a la luz de la segunda de las palabras: el PIB real determinará qué se recibe o cuánto habrá que pagar con la nueva realidad económica descrita. Todavía más fácil es entender que habrá países a los que afecte relativamente poco —los que tengan poca actividad ilegal o la tengan ya reconocida en su PIB, como ya ocurre con países como Austria, Estonia, Finlandia y algunos más— y otros en los que este tipo de actividades estén muy presentes en su vida económica.


La cuestión de la prostitución pasa a ser importante por dos motivos: el montante económico en que se pueda valorar y el aspecto moral que suponga en términos relativos de unos países respecto a otros. Claramente: puede que haya PIB que hagan sonrojarse por el peso de este tipo de actividades económicas. En estos tiempos de "marcas" nacionales, poner junto a fábricas y comercios legales los prostíbulos, camellos, matuteros y otros negocios que no son precisamente respetables en igualdad de condiciones sobre el papel, levantará ampollas. Ya lo veremos.
Y el debate, como no podía ser de otra forma, ha derivado hacia la semántica. Esta deriva proviene del propio carácter economicista de lo que se debe considerar. Señala El País sobre el debate planteado:

Pero el límite está claro: la voluntariedad de los actores. El documento ESA 2010 lo explica: “Las acciones ilegales que cumplan con las características del resto de las transacciones (que exista acuerdo mutuo entre las partes) deben ser tratadas igual que las acciones legales. Muchas acciones ilegales son crímenes contra las personas o propiedades y en ningún caso pueden ser contabilizadas como transacciones. Por ejemplo, el robo difícilmente puede ser descrito como una acción en la que dos partes participen basándose en un acuerdo mutuo”. En el documento en el que explica la metodología para medir las actividades ilegales, Eurostat lo escribe negro sobre blanco: “Los servicios de prostitución que no cumplan las características de una transacción económica deben ser excluidas”.*


La cuestión semántica implica si —por mucho que se ponga "negro sobre blanco"— la prostitución se puede considerar como una "actividad libre" —el acuerdo mutuo entre las partes, como se señala— o es , por el contrario, una actividad obligada en la que quienes la ejercen lo hacen contra su voluntad. Y aquí las divergencias son notables. Señala el diario que mientras que los expertos indican que 9 de cada 10 lo hacen contra su voluntad, dependientes de mafias y chulos, los interesados —como la asociación Hetaira— dicen que solo 1 de cada 7 lo hace forzado*.

La clamorosa divergencia de estas cifras es explicable desde los intereses. Mientras a unos les interesa la cuestión de la explotación y la lacra social que supone, a muchos de los participantes, en cambio, les interesa la legalización de su negocio por sus efectos de cotización y futuro. Ya es bastante malo lo que tienen que aguantar, como para encima no tener beneficios sociales como otros "trabajadores".
Las cuestiones morales y sociales de la prostitución quedan al margen en la contabilidad que solo se plantea las económicas, conocer su tamaño. Aunque se señale que contabilizarlas no es legalizarlas, sí implica reconocer su existencia y, especialmente, su volumen, su peso real en la economía de cada país. Los que lo han hecho no pasarán por la vergüenza de la primera vez; los que están obligados a hacerlo ahora tendrán que sacar a la luz esa contabilidad B del país, la que refleja la parte oscura de las ilegalidades. Y eso, como decíamos, tiene un coste económico y otro importante en imagen internacional. El reflejo en el PIB del tráfico de drogas y la prostitución puede ser un elemento explosivo para la imagen de los países. Todo eso ha quedado fuera hasta el momento.
Los argumentos morales y semánticos en contra de la inclusión se acumulan por el momento en la prostitución, que es más fácil de plantear:

La ministra francesa de la Mujer, Najat Vallaud-Belkacem, y la ministra belga de Interior, Joëlle Miquet, enviaron una carta rotunda a la Comisión: "La prostitución no es una actividad comercial libremente consentida. Creer que puede serlo es una decisión ideológica, es un espejismo y una ofensa a las millones de víctimas de la explotación sexual en todo el mundo". Bélgica, sin embargo, va a incluir esta cifra en el cálculo.*

Ante un problema tan serio sorprende que el debate se centre en algo tan complejo como es la "libertad" de quienes lo ejercen. Es un argumento, por lo demás, peligroso porque esa libertad consentida no se da siempre en muchos otros campos, que no son exclusivamente los de la prostitución. Tampoco sé si se puede considerar que un adicto, por ejemplo, esté realizando una actividad libre cuando compra su dosis, como el que se compra un bañador. Sí, en cambio, los sobornos entrarían dentro de esa consideración y no sé si se incluirán como parte de la economía real. Habría que estimarlos. No es fácil para los países encarar estas estimaciones. Por ejemplo, México ha incluido en el PIB la prostitución, pero no el narcotráfico, un retrato a medias.
Me imagino que las cifras resultantes levantarán ampollas y serán motivo de discusiones futuras en diferentes ámbitos. incluidos lo sociales y políticos. Lo que no es cierto, desde luego, es que la mera contabilidad de estas acciones no tenga trascendencia. La tendrá. En otra información del diario El País se señala que el PIB crecerá un 4'5% con la inclusión de la prostitución, el narcotráfico y el contrabando. Se nos dice que en Galicia, por ejemplo, la inclusión del narcotráfico lo hará subir en un 6%, por encima de la media. ¡Triste crecimiento!
El diario ABC repasaba en junio los posibles efectos de la inclusión de las actividades ilegales, que una serie de países ya recogen, pasando a ser más ricos de lo que parecían. Una de las ventajas —la realista, podríamos decir— es la descripción más ajustada a lo que somos:

El nuevo sistema de computar la riqueza de un país se acercará más a la realidad ya que, aunque las actividades ilegales son por su naturaleza difíciles de contabilizar, sí contribuyen a que el dinero circule y, por tanto, generan riqueza y empleo. En cualquier caso, se trata de un mero apunte contable, ya que sería necesario legalizar estas actividades para que se regularizaran y pagaran impuestos, lo que no está previsto en nuestro país.**


Los debates que se abrirán cuando salgan estas cifras no tardarán y no nos gustará lo que veamos. Seremos algo más "ricos" a efectos contables, pero indecentemente ricos. Algo de lo que no se podrá presumir. Aunque seguro que habrá alguno que lo intente. El debate sobre la moralidad de la inclusión por la cuestión de la "libertad" de las personas al ejercer la prostitución es un debate que se vuelve contra las autoridades cuando lo utilizan, pues no se entiende entonces por qué lo consienten hasta los niveles que el PIB nos marcará. 
Al final se quedará en una cuestión "estética" en la que se consiente la actividad pero no nos gusta verla reflejada ante nosotros. Es el espejo stendhaliano a lo largo del camino, mucho barro y poco cielo. No hay pintor de la realidad más inmisericorde que los datos económicos.

* "El PIB de la esclavitud sexual" El País 8/07/2014 http://sociedad.elpais.com/sociedad/2014/07/04/actualidad/1404495394_132206.html

** "Claves y consecuencia de incluir las drogas y la prostitución en el cálculo del PIB" ABC 13/06/2014 http://www.abc.es/economia/20140613/abci-claves-consecuencias-incluir-drogas-201406122204.html







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