miércoles, 23 de julio de 2014

El espejo y la pantalla o el crítico patriota

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El diario Ahram Online acaba de publicar un artículo del reputado académico egipcio, Dr. Abdel Moneim El-Mashat —economista y experto en cuestiones de defensa y relaciones internacionales, miembro de varias universidades y asesor y ex asesor de diversos consejos—, sobre un tema siempre controvertido en Egipto: las series televisivas del Ramadán. Las quejas cada año sobre el tono, los hechos reflejados, argumentos, lenguaje, etc., en las series se repiten. Hay de todo tipo y para todos los gustos, tanto quejas como series.
Para el mes de ayuno se reservan series capaces de mantener atención y discusión que hagan pasar el día hasta el esperado momento de la ruptura del ayuno con la llegada de  la noche. Sin embargo, la cuestión planteada por el articulista no se refiere solo a las intrigas y sus resoluciones, que no le gustan, sino a la vieja cuestión especular de los medios artísticos, qué deben reflejar. Pero también hay algo más que una simple cuestión de opinión estética.
El artículo comienza fuerte desde el título, que no puede ser más claro "Ramadan TV offers only rampant degradation and a false image of Egypt":

Thinking about the multitude of drama television series aired during Ramadan, one question comes to mind. Which genius, may God never forgive him, made a correlation between the holy month of Ramadan on one hand and the flood of shoddy series on the other?
Every Ramadan, I take a look at the dozens of series being broadcast to see whether they express the national spirit, and whether they are connected to the Egyptian and Arab reality.
This year, I am concerned by the appearance of artistic degradation on the Egyptian and Arab screen, a year after the most important modern revolution by the Egyptian people -- on 30 June 2013. This revolution uprooted theocratic authoritarian regimes from Egypt and the Arab world once and for all.*


Para el Dr. Abdel Moneim El-Mashat las infames series que se ofrecen por Ramadán pierden la ocasión de reflejar la situación creada por la "más importante revolución moderna" del pueblo egipcio, la del 30 de junio (en segundo lugar estará la del 25 de enero que tuvo la desgracia de acabar trayendo el islamismo, algo que se remedió después, "once and for all"). Se desespera porque no ve reflejados en las series ni a la "nueva mujer egipcia" ni al "nuevo hombre egipcio" (les dedica párrafos separados). ¿Dónde están? ¿Qué les pasa a los creadores de series?
Sus expectativas de lo que deberían ser las series de esta nueva época se han visto frustradas:

I thought, like many others, that the authors and scriptwriters would direct their efforts towards studying the Muslim Brotherhood mindset, and its relation with the forces of political Islam.
On the contrary, degradation was rampant in this year’s series in their entirety. The really frustrating thing is that a limited number of marginalised authors and some minor directors and producers control the taste of Egyptians and shape their false awareness through characters and stories which encapsulated an illegitimate blend of narcotics, cheap sex, domestic violence, deceit, lying and conspiracies.*


Allí donde se esperaba la radiografía analítica del islamismo y la Hermandad, el escalpelo flaubertiano diseccionando la realidad dejada atrás, se encuentran lo de siempre: sexo, violencia doméstica, etc. Lo de siempre, claro.
La ira académica se vuelve contra estos manipuladores del gusto nacional, que son incapaces de dar la imagen adecuada de los "nuevos egipcios" y siguen insistiendo, machacona y comercialmente, en lo que ya oficialmente no existe y no debería ser mostrado. Lo que hay que mostrar es la lucha, codo con codo, nos dice, del hombre y la mujer egipcios en las revoluciones, 25 de enero y 30 de junio, para la creación del nuevo país.


Pero todo esto, creo yo, ya lo inventó el arte soviético, empeñado en convertirlo todo en didáctico e ideal. Al final, esos buenos revolucionarios que luchan codo con codo y tienen hijos revolucionarios (a veces contra ellos) no suelen aparecer por ninguna parte porque se convierten en seres perfectos sin presencia real en ningún sitio. Son los riesgos de intentar reflejar la perfección, que nunca es suficiente.

Los medios egipcios, a través de algunos articulistas, la necesidad de "consolidar" una situación extraña, convirtiendo el "nacionalismo" en el eje del discurso frente al "islamismo". Esto es entendible como estrategia, pero pretender hacerlo a base de serie televisiva o de cualquier otro tipo de discursos "normalizadores" es ingenuo. La repetición de que el mundo es perfecto no lo convierte en tal.
La condena de las series de Ramadán es, por un lado, la de una imagen que no gusta y, por otro, la queja por la ausencia de la que gustaría ver, que está por escribir, pero que ya tiene sus musas inspiradoras de sobre qué y cómo escribir para el pueblo.
Se señala en el artículo:

With the beginning of forging a new way of governing that reflects a future vision for Egypt and Egyptians, we definitely don't demand a ban on broadcasting, but we need a committee of intellectuals and independent specialists who revise such writing and decide whether it fits the purpose of building a national consciousness among Egyptians or not.
Undoubtedly, this basic intellectual process, which forms the soft power of Egypt and is one of manifestations of the Egyptian state's influence, rests on the shoulders of President Abdel-Fattah El-Sisi, who cannot possibly look with favour on this artistic absurdity which demeans Egyptians.
Such distorted images directly affect the audience. There is nobody in these series, bar a few characters, who represents a respectable role model for Egyptian children or young people to emulate. What their minds store is too negative and needs revision and verification. Moreover, the mental image which these series create among foreigners about Egyptians is also extremely disagreeable.*


No sé dónde ve el Dr. Abdel Moneim El-Mashat la "novedad" de esto. Se llama "adoctrinamiento" y la protección del pueblo o la infancia, como en este caso, es la excusa más vieja del mundo. La formación "liberal" del articulista evita, al menos, que se exija la prohibición, pero sí la creación de ese "comité" que se dedique a la construcción de la "conciencia nacional" y decida qué o quién cumple. Es necesidad de revisar y verificar las mentes de los demás es una aventura que se empieza con alegría y termina siempre en el mismo sitio.
El final del artículo hace un llamamiento a todos para que la imagen del Egipto real —o ideal, según se mire— prevalezca en las pantallas y mentes que las reflejan:

Isn't it high time to totally separate the holy month of Ramadan from this serial degradation? Could it be possibly done in a legal or realistic way? Can't all of us, artists and audience -- and we are all patriotic Egyptians -- join forces in order to enhance public taste and participate in creating a national awareness of the graveness of the current stage in building contemporary Egypt?
Can we join forces in producing a realistic image of Egypt that reflects its potentialities and capabilities, through which we anticipate that Egypt's regional and international role will develop? Can the artists demonstrate their creations which they used before to energise the spirits of Egyptians, as was the case during the building of the High Dam, 1967 defeat and 1973 victory and other decisive events in Egypt's history?*


La mejor manera de velar por los patriotas egipcios, incluido el Dr. Abdel Moneim El-Mashat, que puedan salvar los escollos que tienen por delante, que no son pocos, es intentar reducir el nivel de conflicto para que se puedan recuperar la calma y la paz, que son dos cosas distintas.
La preocupación por las series televisivas de Ramadán muestra, una vez más, la pérdida de sentido de la realidad, de dónde se encuentran los verdaderos problemas del pueblo egipcio —económicos, políticos, etc.—. Pensar que esto se trata de una cuestión de "poder blando" es realmente irónico si no revelara el fondo trágico de una situación penosa que padecen todos y que no se clarifica. Es probable que los egipcios puedan agradecer más su esfuerzos como economista para salvar el desastre económico, que como crítico televisivo o ideólogo esteta. Una vez demostradas sus fidelidades y preocupaciones, debería ponerse a solucionar problemas reales, que falta hace.


Y si el Dr. Abdel Moneim El-Mashat quiere algunas buenas historias "revolucionarias" —ejemplares, didácticas— para el próximo Ramadán, podría interesarse por las de los revolucionarios del 25 de enero que se encuentran en la cárcel por protestar contra la ley anti protesta, versión moderna de la "ley de excepción" de la época de Mubarak y que estuvo en activo durante treinta años. Saldrían unas historias muy interesantes, con jóvenes idealistas luchando codo con codo, hombres y mujeres, contra las dictaduras y a favor de un régimen que no les diga cómo tienen que pensar desde ningún comité o mezquita. Las "recomendaciones" a las mezquitas para los sermones de Ramadán ya se hicieron para evitar "separaciones", que es un eufemismo. Las de las series también. Algunas se perdieron por el camino porque no eran gratas y no precisamente por motivos religiosos. No necesitan una pantalla idealizada, sino una realidad satisfactoria. Veremos si hay cambio en las series del próximo año, si hay nueva inspiración y ese consejo de sabios espectadores patrióticos sale adelante para cuidar de ojos y mentes durante el mes de ayuno.  



* Abdel Moneim El-Mashat "Ramadan TV offers only rampant degradation and a false image of Egypt" Ahram Online 19/07/2014 http://english.ahram.org.eg/NewsContentP/4/106602/Opinion/Ramadan-TV-offers-only-rampant-degradation-and-a-f.aspx








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