domingo, 8 de junio de 2014

Macrocosmos y microcosmos con fanfarria de fondo

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Mientras en estos momentos se está celebrando con gran boato la ceremonia de toma de posesión de la presidencia de Egipto por parte de Abdel Fattah Al-Sisi y el país entra en una nueva etapa, leo dos artículos en la prensa egipcia, ambos escritos por mujeres. Resalto esto porque suelo encontrar en ellos mayores dosis de sensatez y sentido común, más valentía que en muchos otros que se limitan a cifras, datos y arriesgan menos. Muchos artículos masculinos tienden a la adulación o al maximalismo
El primero es de la periodista Rana Allam, editora jefe de Daily News Egypt, cuyos artículos suelen ser siempre interesantes. En "In search of alternatives"*, Allam plantea lo que es la gran pregunta egipcia y lo será por mucho tiempo: ¿cómo salir de la dinámica política circular en la que Egipto se encuentra? La toma de posesión de hoy es el cierre de una transición en la que aparentemente no ha cambiado mucho por su carácter pendular. Muchos tienen la sensación de hallarse en el mismo lugar que se encontraban hace tres años; pero en vez de criticando al poder, alabándolo.
La carencia de estructuras políticas democráticas condena a Egipto a depender de las dos únicas instituciones sólidas, capaces de coordinar algún tipo de acción y estrategia: el ejército y los islamistas. Allam señala:

There are theoretically three camps in Egypt: the military camp (Sisi supporters), the Islamist camp (Morsi supporters), and the secular camp (democracy advocates). The third camp, however, is hardly as cohesive as the other two, and represents a hodgepodge of political movements, philosophies, and plans.*

El tercer campo, aquel que podría dar el salto y romper la dinámica pendular, carece de visión y de posibilidades de acción. Es caótico, personalista y sin voces. Se limita a ser un elemento testimonial ante una sociedad que se ha ido acomodando a sobrevivir entre esas dos fuerzas reales, las que manejan Egipto realmente. Ambas son complejos entramados que recurren a su propia retórica de afirmación y condena. Ambas están interesadas en ofrecerse como alternativas únicas en la lucha que cada cierto tiempo aflora por las presiones sociales y las colaterales, es decir, las que convierten a cualquier país islámico en un tablero más amplio en el que juegan otros agentes de la zona.
Rana Allam termina su artículo advirtiendo de la falta de debate real sobre la política desde ambas plataformas:

If we put aside the nationalistic and religious rhetoric in our political life, then democratic groups can present alternatives for the people to choose from. So long as there is a candidate hiding behind religion or the barrel of a gun, there can no alternative, as they stamp out any competition. So long as the people are given no platforms but words of heroism or verses of Quran, there will be no proper political or economic debate, because what discussion can there be when there is no platform to discuss? A leader of a nation should be chosen based on what his programme can offer the people, not based on the group backing him or his personal appeal.
This is, after all, what a revolution does: it presents people with the opportunity to choose. The Muslim Brotherhood killed that opportunity and paved the way for the militarised nationalistic rhetoric to win. Until the day comes when no military man nor religious leader appears on the presidential candidates list, there will be neither alternatives nor a true democracy.*


Hace apenas unos días, la prensa daba noticia de los lamentos de los que habían puesto en marcha el "Sisimetro" (Sisi-meter) —al igual que se creó el "Morsi-metro"— porque difícilmente podrían comprobar el grado de cumplimiento de promesas de los primeros 100 días de mandato si no había más que promesas genéricas. La queja de Allam es fundada: difícilmente se puede hablar de política si no hay programas o ideas que debatir, solo un rival al que hay que vencer. Pero, hoy por hoy, no parece que sea el clima existente ante la inexistencia de unas verdaderas plataformas políticas que supongan alternativas de acción, más que de situación, que son las actuales. Actualmente no son elecciones de programas lo que se debate, sino de escenarios. Después, la inercia de lo cotidiano.

Y es lo cotidiano, lo real humano lo que encontramos en un magnífico artículo escrito desde la cárcel por la joven activista alejandrina Mahienour al-Massry, detenida en aplicación de la controvertida Ley de Protestas, cuando el 2 de diciembre de 2013 protestaba en el exterior del juzgado en donde se veía la causa contra los policías implicados en la muerte de Khaled Saied, el bloguero cuyas torturas y asesinato dieron comienzo a las protestas en 2010 y a la Revolución poco después**. Mahienour al-Massry es uno de los símbolos de la Revolución y su estancia en la cárcel una de las asignaturas pendientes, un recordatorio de que la apropiación de la retórica no es lo mismo que el cumplimiento de la Historia.
La carta de Mahienour al-Massry es un documento que ha sido reproducido por ayer por distintos medios dentro y fuera de Egipto, un testimonio desde detrás de los muros y que contiene un alto valor simbólico y político:

I don’t know a great deal about what is happening on the outside since I was sentenced to prison. However, I can imagine it is pretty much as we used to do when somebody we knew was imprisoned. The online world is flooded with slogans, like “Free this or that person,” or “We are all so and so.”
However, ever since I set foot in Damanhour women’s prison and was placed with my inmates in ‘Block One’ — The cluster of cells assigned to those accused or convicted of embezzlement — only one thing has been on my mind and I repeat it like a daily mantra: “Down with this classist system.”
Most of my inmates have been imprisoned for defaulting on the payment of instalments or small loans. They are loans taken out by a mother buying some direly needed items for her bride-to-be daughter, or by a wife who needed money to afford treatment for her sick husband, or a woman failing to pay back a LE2,000 loan on time, only to find herself slammed with a LE3 million fine in return.***

La parafernalia presidencial, la retórica grandilocuente que se escucha, se deshacen contra la realidad de la cárcel, de las injusticias patentes que Mahienour al-Massry observa entre sus compañeras de prisión. Ella está allí por protestar y se encuentra con los olvidados, con aquellos por los que nadie protesta, encarándose a una realidad alejada de su propia vida. Es la injusticia de las encarceladas por deudas para pagar esas dotes de las hijas o la operación de un marido. El grito, que se repetirá a lo largo del artículo, “Down with this classist system”, se convierte —como señala— en mantra.
Las luchas del día a día han dejado de lado el verdadero drama de una sociedad que ha dado la espalda a su problema real, el estado de su pueblo, de los millones de olvidados. La cárcel produce una auténtica epifanía en la activista, una revelación dónde está la bandera que hay que enarbolar:

While chanting against the Protest Law, we should be working on abolishing this classist system; on organizing ourselves and interacting with the underprivileged, on speaking out for their rights and building a vision for how to solve their problems. We should be chanting, “Freedom for the poor,” so that people don’t feel we are isolated from them and their problems.
And finally, if we have to hold up the slogan, “Free this or that person,” then let the slogan be, “Free Sayeda,” “Free Heba,” and “Free Fatima,” — the three girls I met at the Security Directorate accused of being members of the Muslim Brotherhood and of committing murder among other things. They were randomly arrested and have been incarcerated since January without trial.
Freedom for Umm Ahmed, who hasn’t seen her children for eight years. Freedom for Umm Dina, who is the sole provider of her family. Freedom for Niamah, who agreed to go to prison instead of someone else in return for money to feed her children. Freedom for Farhah, Wafaa, Kawthar, Sanaa, Dawlat, Samia, Iman, Amal and Mervat.**


Entre las mujeres encarceladas ya no hay colores ni banderías, son todas víctimas de un mismo sistema injusto, clasista, cuyo castigo es ese olvido. Aquella cuyo nombre es coreado por sus compañeros en las calles para que sea liberada, renuncia a ese protagonismo al descubrir los dramas injustos de aquellas con quienes comparte su encierro. No pidáis mi libertad, ¡pedid la de todas y cada una de las encerradas!
El documento es arrebatador. Lo es como testimonio político y personal. Es una quiebra de la retórica triunfalista y grandilocuente que se deshace ante el espectáculo del dolor y la injusticia. Las sociedades que viven de espaldas a sus realidades acaban convertidas en sonámbulas.

Mahienour al-Massry ha despertado de un sueño en mitad de la injusticia. Y ella ya tenía conciencia por la que luchar. La cárcel le ha mostrado que el problema tiene unas raíces más profundas, que la injusticia de lo que ha visto tras los muros en los que se encuentra encerrada es mayor de lo que pensaba.
Entre los problemas de la política en Egipto, reflejados por el artículo de Rana Allam, y las situaciones descritas por Mahienour al-Massry  hay relación, pues la ausencia de una política real lo que hace que el sistema siga llenando las cárceles con sus injusticias, incomprensiones e intolerancias.
En varios momentos de la carta artículo, Mahienour al-Massry se refiere a la cárcel como "microcosmos":

Prison is a microcosm of society. I feel I am amongst family. They are all giving me advice about focussing more on my career and my future once I’m out of here. In response, I say Egyptian people deserve much better, that justice hasn’t been served yet, and we will keep on trying to build a better future.***

Se ha completado la epifanía, la revelación del sentido del encierro. La lucha debe ser por todos en un sistema injusto. Mahienour al-Massry ha cambiado; el espectáculo de la cárcel, de ese microcosmos social, ha modificado los objetivos de su lucha. Ya no se trata solo de la protestar contra la "ley de Protestas", se trata de saber por quién se protesta.
¿Cómo se viven allí, en la cárcel, las discusiones exteriores? ¿Cómo sienten que les afectan debates y propuestas? cada uno lo interpreta en función de sus esperanzas entre los muros:

Prison is a microcosm of society. Prisoners discuss what is happening in the country. You can find the whole political spectrum here. Some of them support Sisi in the hope that on becoming president he will issue pardons to all those who have been imprisoned for defaulting on payments. Others want him to become president believing that he will take a strong stance against “terrorist protests” and rule with an iron fist, even though they sympathize with me and feel that I am probably innocent. Others are pro-Sabbahi, as they see him as one of them. “He promised to release prisoners,” they say, only to be bellowed at by other inmates who say he only promised to release prisoners of conscience. And there are those who see the elections as a farce, which they would have boycotted if they had been free.***


Lo descrito merecería una obra de teatro de Jean Genet, de ese microcosmos carcelario convertido en representación de otro escenario, el de la vida política con sus miserias. Lo exterior se vive aquí como ecos que llegan a medias y que las presas completan con sus esperanzas. El mundo visto tras las rejas; el gran teatro es una prisión.
Que se pida su libertad, le parece casi vergonzoso, porque supone olvidar a aquellas con quienes comparte las miserias de la cárcel por cosas ínfimas, como esas pequeñas deudas para casar a una hija o pagar una operación familiar. Le da vergüenza que se grite su nombre frente al olvido de los otros:

Our pains compared to theirs are nothing, as we know that there are those who will remember us, say our names from time to time, proudly mentioning how they know us. Instead, these women, who deserve to be proudly remembered, will only be mentioned at most in family gatherings.
Down with this classist society, something we will never accomplish if we forget those who have truly suffered injustice.
Block 1, Cell 8
Damanhour’s women's prison
May 22, 2014***


Creo que los dos textos, el artículo de Rana Allam y la carta de Mahienour al-Massry, contribuyen a la mejor comprensión de los procesos de transformación o de recurrencia (o de ambos) que Egipto vive. A muchos egipcios no les gusta escuchar las voces de fuera y tienden a considerarse mal interpretados, convirtiendo las críticas en conspiraciones. Rana Allam y Mahienour al-Masry son voces egipcias con pleno derecho a participar; no son conspiradoras ni están vendidas a ninguna potencia exterior u organización terrorista, algo de lo que se suele acusar con frecuencia a los discrepantes, casi una tradición. Están ahí, una entre muros y otra entre dogmas. Son egipcias. Y tienen voz, unas voces que deben seguir sonando en el futuro para indicar que las fanfarrias no acallan gritos ni lamentos.



* Rana Allam "In search of alternatives" Daily News Egypt 7/06/2014 http://www.dailynewsegypt.com/2014/06/07/search-alternatives/
** "Clashes break out as activists protest in solidarity with Mahienour al-Massry" Mada Masr 24/05/2014

*** Mahienour al-Massry "A letter from prison" Mada Masr 7/06/2014 http://www.madamasr.com/content/letter-prison


 



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