jueves, 12 de junio de 2014

Las estrategias del pollo

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El actual número de la revista Investigación y ciencia (n 453 - junio 2014) trae un estupendo artículo titulado "Un ave ingeniosa". Entre textos dedicados a los problemas que se le plantean al "modelo estándar" en Física si no aparece pronto lo que tiene que aparecer y lo de la supersimetría sale adelante, otros dedicados a cuestiones moleculares o al calentamiento global, problemas para los que uno está ya mentalizado, me ha dejado a anonadado uno dedicado a los pollos, pues a ellos hace referencia el título del artículo. Pollos.
Las autoras del texto, Carolyn L. Smith y Sarah L. Zielinski (investigadora en cognición animal de la australiana Universidad de Macquarie y escritora científica, respectivamente), nos desarrollan un interesante panorama sobre el comportamiento de estas aves. Con la investigación animal suele ocurrir lo contrario que con la humana, es decir, que cuanto más profundizamos en el comportamiento de los animales descubrimos mayores grados de inteligencia. Partimos del principio de la estupidez animal y luego nos sorprende encontrarnos con muestras de lo contrario.
Como debe ser en un buen artículo de este tipo, las autoras comienzan haciendo un poco de historia sobre los descubrimientos paulatinos que nos han ido llevando a interesarnos por los pollos más allá de la gastronomía, guiados por descubrimientos interesantes sobre sus capacidades y comportamientos. Con un poco de observación, los investigadores pronto se dieron cuenta de que los pollos no eran unas aves estúpidas como habíamos pensado, sino que tenía comportamientos inteligentes. Diseñando formas de observación interesantes de sus relaciones en grupo, comenzaron a recoger sus reacciones y formas de comunicarse. Les crearon un entorno virtual controlado mediante el que podían hacerles ver en pantallas distintos elementos (compañeros, rivales, depredadores) y observaron sus reacciones en cada caso. Nos dicen:

La realidad virtual condujo a una revelación sorprendente: las vocalizaciones y los gestos del pollo transmiten información específica que sus semejantes entienden. Así pues un ave no necesita ver una rapaz con sus propios ojos para comportarse como si la estuviera viendo; le basta con oír la señal de alarma de un compañero. Según los etólogos, las llamadas de los pollos son "funcionalmente referenciales", esto es, se refieren a objetos y acontecimientos concretos, de modo muy similar a las palabras. Es como si el ave creara una imagen mental del objeto al oír la llamada que le incita a reaccionar, ya sea huir ante un depredador o acercarse a una fuente de alimento. (84-85)*


Hasta aquí las cosas se pueden explicar y comprender sin demasiados problemas. Los pollos, como otros animales, pueden traducir una situación u objeto a un tipo específico de señal. Esa señal provoca una respuesta también específica en los demás. No sabemos si el pollo se representa mentalmente una "imagen" de lo que la señal quiere transmitir, lo que sería un signo, o simplemente provoca una reacción asociada, conductista, como por ejemplo salir corriendo ante un peligro. Simplemente vemos cómo reaccionan unos ante el peligro (emitiendo una señal) y cómo reaccionan otros cuando la escuchan o ven (su reacción).
Pero las sorpresas llegaron con la observación detallada de los pollos:

El mundo virtual también reveló que los pollos adaptaban los mensajes a la audiencia del momento. De este modo, el gallo que descubre una amenaza sobre sus cabezas da la voz de alarma si sabe que hay una gallina cerca, pero guarda silencio si por allí merodea un macho rival. Las gallinas son igualmente selectivas, pues solo prorrumpen en gritos si tienen polluelos.
En conjunto, tales hallazgos indican que el ave no se limita a reflejar su estado de ánimo en las vocalizaciones, como cuando está asustada o hambrienta, sino que interpreta la trascendencia de los acontecimientos y, lejos de responder por simple reflejo, parece meditar sus acciones. Se diría que piensa antes de actuar, un rasgo más propio de los mamíferos de cerebro [más] desarrollado que las aves. (85)

¡Sorprendente! Y no es para menos, pues lo que nos cuentan convierte a los pollos y gallinas en estrategas maquiavélicos para conseguir poder dentro de su grupo. Los gallos más débiles (machos subordinados) se guardan la información para hacer que los depredadores les hagan el trabajo sucio eliminado al gallo dominante (macho alfa) y quedarse con las hembras. Las investigadoras, abandonado el distanciamiento científico, no pueden contenerse: "De hecho, cada vez existen más indicios de que los pollos pueden comportarse como unos perfectos canallas" (85)*


Una vez destapada la inteligencia de los pollos, las preguntas sobre su mente saltan en masa hacia cuestiones reservadas hasta el momento a esta especie perversa, casi en exclusiva, que es la humana:

Las llamadas referenciales demuestran que habíamos subestimado la inteligencia del pollo. Los estudios también han planteado una pregunta intrigante: si pueden transmitir información sobre acontecimientos que tienen lugar en su entorno, ¿podrían ocultar esas noticias o incluso difundir información falsa para obtener provecho de esa conducta engañosa? (85)

El salto del mundo del corral al de las finanzas ya está dado, como si de un "2001, odisea espacial" aviar se tratara. Las famosa metáfora visual del filme de Kubrick con el mono lanzando al aire la quijada que le ha servido de arma, se puede sustituir por un hueso de pollo o más correctamente por un cacareo enlazado con el chirriar de las naves espaciales, que no chirrían, pero da igual porque es una licencia poética.


La pregunta sobre la capacidad de guardarse información o usarla selectivamente para controlar el mundo en el que viven, sitúa a los pollos en el terreno de los actos de habla, algo impensable. Qué un animal pueda tener un lenguaje es admirable, un puntazo para la evolución; pero que ese animal se calle es un chupinazo evolutivo. Su silencio deja de ser mudez y pasa a ser pura estrategia, un "sin comentarios" a ver si se llevan por delante al gallo poderoso y se queda con el harén.
Descubrimos gracias al artículo, además que el mundo de los pollos, que llevamos siglos teniendo delante, ha sido muy mal interpretado o ignorado. Gracias a la tecnología, hemos podido saber algo más sobre el comportamiento de las bandadas de aves y su organización social, muy elaborada y conflictiva como hemos visto. Hoy, con nuevos métodos de observación y registro es posible tener una visión más amplia, sistémica, del conjunto. Nos dicen las autoras del artículo:

Con anterioridad no se había identificado esta conducta oculta porque las relaciones entre los miembros de la bandada son breves y con frecuencia reservadas; pollos y gallinas prefieren esconderse en herbazales altos y entre arbustos. Además una sola persona no puede observar todas las aves a la vez. Una de las autoras (Smith) encontró la solución para superar estas dificultades y la llamó "El Gran Hermano Pollo". (85)


Como era de imaginar, llenaron de cámaras todos los rincones del corral para no perder detalles de estos "concursantes" y de sus relaciones. Pero las cámaras no fueron suficientes: los gallos y gallinas disimulaban demasiado y emitían ruiditos o hacían gestos "solo para sus ojos", dentro de esas estrategias de ocultación y manejo de informaciones reservadas. Tuvieron que instalarles micros para poder percibir los matices que las cámaras y micrófonos generales no recogían. Los resultados son fascinantes.
Las investigadoras avanzan entre los logros que han detectado en los pollos y relatan los establecidos por otros trabajos sobre ellos: capacidad de empatía, "distinguir número y usas geometría" (87). Todo ello les lleva a una conclusión importante:

[...] nos lleva a reflexionar sobre el origen de la inteligencia. En lugar de tratarse de un rasgo poco frecuente y de difícil aparición en el reino animal, quizá resulte más común de lo que pensamos y surja siempre que concurren las condiciones sociales apropiadas. (87)


El texto se cierra, como no podía ser de otra manera, con un alegato en favor de la mejora de las condiciones industriales de los pollos, auténticamente canallescas para animales de su inteligencia (o menor, incluso).
Lo interesante, más allá de los hechos —que ya lo son—, es esa idea de las "condiciones sociales apropiadas" que se expresa en la cita anterior. La inteligencia es una habilidad que se desarrolla socialmente. Los humanos somos el ejemplo más claro de ello. Sus habilidades tienen que ver con la comunicación y las estrategias comunicativas, presuponen una intencionalidad que está tras los hechos semióticos: usan su lenguaje, incluido silencio y mentiras, para conseguir lo que quieren. Para ello desarrollan sus propias estrategias y evalúan sus efectos. Ya no viven en simples bandadas, sino en sociedades complejas en las que tienen que gestionar sus recursos, establecer sus objetivos y buscar la forma de cumplirlos.

Dicen las autoras que los machos subordinados, si están a cubierto y su rival está al descubierto, cantan más y más alto para atraer a los depredadores. Ellos están seguros y tratan de eliminar al otro. Puede que lo gallos inventaran la política y que sea su forma de hacer primarias para hacerse con el control del grupo, que tiene ventajas de poder, pero te convierte en objetivo. Al igual que los partidos políticos, tienen enemigos dentro y fuera y tratan de encontrar el equilibrio entre las luchas internas, la rivalidad, y la supervivencia frente a las amenazas exteriores. En el interior, nos contaban al principio del texto, existe lo que llaman la "jerarquía del picotazo", de nombre suficientemente explícito como para requerir más explicación. Ante ese poder del macho alfa, los aspirantes a quedarse con la bandada desarrollan sus estrategias para burlarle (por ejemplo, si encuentran comida atraen a las gallinas con gestos visuales disimulados para que el gallo alfa no acuda) y conseguir comida y gallinas (las gallinas también tienen las suyas, claro).
Como en cualquier grupo social, hay estrategias para conseguir el poder (internas) y de supervivencia (externas). Señalan las autoras refiriéndose al mundo de los pollos silvestres, antes de que los metiéramos en jaulas destinadas al engorde:

Estas condiciones les obligaron a idear tácticas inteligentes para lidiar con sus congéneres y con los peligros del entorno, así como maneras de comunicarse en tales circunstancias. (87)


El artículo, recomendable para cualquier curioso del comportamiento, humano o animal, es un ejemplo de buenas prácticas comunicativas dentro del campo científico. Después el lector podrá aplicar sus enseñanzas generales a los campos o corrales que le parezcan más adecuados, dando el salto de la ciencia a la fábula, si así le apetece. 

* Carolyn L. Smith y Sarah L. Zielinski "Un ave ingeniosa" Investigación y ciencia nº 453 - junio 2014, pp. 84-87.






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