viernes, 13 de junio de 2014

La marca (infame) de la casa

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Debatíamos el otro día durante una comida sobre la aparición del extremismo en Europa con motivo de las elecciones europeas. La cuestión que se planteaba  fue sobre si la gente se ha vuelto de repente racista y xenófoba. ¿Pueden unos sentimientos tan primarios surgir así, como una explosión, y transformar un país? ¿Cómo se explica que Francia pase del socialismo a la extrema derecha en unos pocos meses? La respuesta es muy compleja porque las motivaciones que llevan a algo tan elemental, en cambio, como "un voto", pueden ser muy diferentes. Salió, por supuesto, el comentario de que en España no se había planteado electoralmente la cuestión de la xenofobia y el racismo, algo de lo que nos debíamos alegrar. Pero hay que tener cuidado con las alegrías, que, como señala el dicho, "duran poco en la casa del pobre".
Recordé la información, de la que los comensales no tenían noticia, de las asociaciones y ONGs que estaban repartiendo ayudas a las personas necesitadas con el filtro del pasaporte o, sin tapujos, la piel, religión o cualquier otro factor discriminante. La idea de "primero a los nuestros" no es más que una estrategia de penetración para conseguir sus objetivos, el crecimiento social de grupos xenófobos que nunca han dejado de serlo, pero que crecen o menguan en función de la situación social.

Los partidos y grupos racistas están ahí, latentes, larvados. No han desaparecido, pero en la política las apariciones se dan por encima de ciertos umbrales que suelen estar marcados por el éxito electoral o por la violencia, ya sea física o verbal. En algunos países, como ocurrió ya en Grecia, se dan ambas circunstancias, crecimiento electoral y crecimiento de la violencia xenófoba.
Las épocas de crisis suelen ser las que favorecen la expansión de las ideas más radicales porque se tiende a "racionalizar" los problemas que se escapan a la comprensión —¿quién entiende el fondo de una crisis?— convirtiéndolos en paquetes de problemas asequibles a capas amplias de la población: si no tienes trabajo es porque otros vienen a quitártelo; si no te atienden en la Seguridad Social es porque otro se lleva los recursos, etc. En uno de los artículos de estos años recuerdo haber tratado el caso de la maestra expedientada por dirigir su ira contra un alumno extranjero. La causa era la muerte de su padre que, según ella, se debía a que los extranjeros copaban la atención médica. Todo tiene una explicación sencilla, con su propia lógica, que hace casar los hechos con las frustraciones. El dolor de la hija que pierde a su padre se dirige contra el primero que satisface su necesidad de "explicación".


Esas "explicaciones" son las que redirigen la frustración y la transforman en reacciones electorales. Marine Le Pen consigue canalizar la frustración francesa ante el fracaso sucesivo de los dos grandes partidos en sus políticas y hace ver que lo que comparten es precisamente "Europa". El razonamiento es sencillo entonces: Europa es la culpable. Bajo ese veredicto se aprovecha para colar toda la maldad que les define como partido racista y xenófobo, entre otros muchos defectos. Jean-Marie Le Pen no es un bocazas; dice lo que siempre ha dicho, pero ahora le tocaría estar callado, para desesperación de su estratégica hija que ve cómo el tronco del que salió la rama habla cuando hay que mantener la boca cerrada. Pero, ¿quién para a papá eufórico?
El diario El País nos trae otra nueva iniciativa xenófoba de otro grupo político con ganas de crecer. Es el segundo en poco tiempo, pues es un camino fácil usar la desesperación de la gente para torcer su ánimo y llevarlos a su perverso molino. Nos cuentan:

Ojiplático, con unas lonchas de jamón en la mano y escasa capacidad de reacción, se quedó el secretario general de Plataforma por Catalunya (PxC), Robert Hernando, el pasado sábado en Igualada cuando decenas de inmigrantes se acercaron a la carpa de recogida de alimentos que había puesto el partido, polémico por su discurso xenófobo, para repartir comida entre “la buena gente de casa”, es decir, exclusivamente para catalanes. A golpe de paquetes de pasta, arroz y otros productos no perecederos, los inmigrantes colaboraron con la compaña de donación de alimentos como protesta contra la iniciativa racista.
La Fundación Atlas de Igualada, que puso en marcha la contraofensiva pacífica colgó ayer un video en Youtube bajo el título Jo també sóc d'Igualada. Canvia El Xip! (Yo también soy de Igualada. ¡Cambia el chip!) en el que da cuenta de la iniciativa simbólica en la que participaron decenas de mujeres musulmanas y familias latinoamericanas, entre otros. En menos de 24 horas, el vídeo ya ha alcanzado las 10.000 visitas. “Trabajamos en proyectos de convivencia entre culturas. ¿Qué quiere decir ser de casa? Para nosotros todos son de casa”, explica Silvia Romeu, presidenta de Atlas. La Fundación reconoce que se ha sentido abrumados por los apoyos recibidos en las redes sociales. “Lo hicimos en plan inocente pero se ha disparado. Era como seguirle el juego y jugar más. Queríamos que fuese un acto cívico y pacífico de protesta”, concluye Romeu.*


Que se use la necesidad material para intensificar el odio de la gente ("la buena gente de la casa") es una desvergüenza repugnante, como lo fue el acto similar organizado por "Democracia 2000", otro partido ultra, sin matices, arqueología de la barbarie plana testimonial. Da intensa vergüenza ver cómo usan en su web las fotografías de las personas haciendo cola en la sede para recibir los 150 lotes de alimentos destinados al sustento de personas en crisis. Con el título "Solidaridad Nacional logra imponerse en Torrent" se muestran ufanos de defender "lo nuestro" y piden, en su margen, la afiliación "al único partido que defiende a los españoles":

A pesar de las presiones recibidas por parte del Ayuntamiento de Torrent, la ONG HSP Mª Luisa Navarro desarrolló con éxito el pasado sábado, un reparto de 1.500 kg de comida y productos de higiene personal a familias españolas que cumplían los requisitos exigidos por la organización.
Los 150 lotes de comida y productos de primera necesidad, paliarán las necesidades más urgentes de 150 familias abandonadas por las administraciones y las organizaciones benéficas subvencionadas, por el simple hecho de ser españoles y tener la posibilidad, real o ficticia, de acudir al amparo familiar.


La fuerza de estos grupos surge de las situaciones de crisis, de la misma manera que el nazismo surgió de la crisis económica de Alemania. Se presentan como heroicos salvadores frente a las administraciones, que los discriminan "por ser españoles". Lo único que hace es generar odio y pervertir cualquier principio de ayuda y solidaridad. Es pura xenofobia.
Los unos cuidándose de "sus españoles" (Democracia 2000) y los otros, los de PxC (Plataforma por Cataluña) por "sus catalanes" son una muestra de que los mecanismos xenófobos, cada uno en su nivel, funcionan de la misma manera: alentando la discriminación, que es una forma de alentar el odio para rentabilizarlo electoralmente. Son siempre los "otros" los favorecidos injustamente y "ellos", en cambio, son los que alimentan solidariamente a los "suyos". Nunca se da la ayuda por sí misma, como un fin social; no es más que una forma de fijación del mensaje del odio. La repugnancia que produce es grande. De ahí el salto —ya dado en Francia— es pedir que no se escolarice o se les atienda en los hospitales. Papá Le Pen pedirá el "Ebola" para acabar con la inmigración africana, en otra de sus jocosas y reveladoras manifestaciones.


En la pregunta que se hace la presidenta de la Fundación Atlas, Silvia Romeu, radica el eje de la vida social: ¿Qué quiere decir ser de casa? Y su respuesta —"para nosotros todos son de casa"— es la única realmente cívica y civilizada, dos palabras próximas. Aplaudimos la iniciativa, que es elocuente y elegante. Una buena lección, aunque no le saquen provecho los dejados en evidencia.
Una sociedad que sale de sus crisis con los estigmas de la injusticia queda marcada para el resto. Puede que salga de la crisis, pero el coste moral es alto. La discriminación, además, es una práctica que se puede multiplicar si se encuentra la justificación adecuada. Pronto deja de ser problema ser de "otro país" y es suficiente con ser del pueblo de al lado para ser discriminado.


No es suficiente con mantenerse satisfecho con que las elecciones europeas no hayan aupado la xenofobia, como ha ocurrido en la mayor parte de Europa —Francia, Holanda, Finlandia...—; hay que estar en permanente vigilancia y contrarrestar sus golpes de efectos alimentando colas de "nacionales" para mostrarse como generosos y heroicos salvadores para evitar que proliferen y se extiendan añadiendo un problema más. Por eso el ejemplo dado por los inmigrantes que fueron a hacer donaciones de alimentos a una organización que les discriminaba es bueno y digno de felicitación. Cuando ellos dejaban los alimentos en las cajas, los organizadores les ofrecían, como contrapartida, un plato con lonchas de jamón. ¿Quieres jamón?, les decían poniéndoles el plato delante de la cara. Sin comentarios.


Esta ayuda "marca de la casa" indigna a cualquiera que tenga un mínimo de sentido común y de vergüenza. No es motivo de orgullo alguno, al contrario. En última instancia, humanamente, "casa" no hay más que una. Discriminar en el sufrimiento y en la necesidad es sencillamente repugnante. Hacerlo para obtener un rendimiento político, vomitivo.


* "La mejor lección contra la xenofobia" El País 12/06/2014 http://ccaa.elpais.com/ccaa/2014/06/12/catalunya/1402592338_204487.html







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