sábado, 28 de junio de 2014

Bolígrafos o siete meses después

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Con cierto gusto stendhaliano por el detalle, la periodista Lucía Abellán recoge la firma de ayer de los acuerdos entre Ucrania, Georgia y Moldavia mencionando el bolígrafo con el que se firmaron:

Con el mismo bolígrafo que se preparó en noviembre al depuesto Víctor Yanukóvich para que rubricara el pacto de apertura a Europa, un satisfecho Petro Poroshenko, el nuevo presidente ucranio, estampó su firma en el documento. “Este es el día más importante para la historia ucrania después de la independencia”, proclamó. También el presidente del Consejo Europeo —aglutina a los Estados miembros—, Herman Van Rompuy, y el de la Comisión Europea, José Manuel Durão Barroso, hablaron de la trascendencia de esos pactos, “los más ambiciosos que ha firmado nunca la UE”.*

El gusto por el detalle o, para ser más preciso, la percepción de los objetos o situaciones como elementos que transcienden su propia materialidad reflejando el sentido de la Historia se agradece. Podríamos decir sencillamente que "se firmaron" y es lo que se hizo, pero el detalle del "bolígrafo" nos recuerda lo que ha ocurrido en este tiempo en que el objeto se ha mantenido pero no así el firmante. Los bolígrafos quedan; las personas pasan. Parece que fue ayer, pero entre ese instante en el que Yanukóvich se negó a coger el bolígrafo dispuesto sobre la mesa y firmar con él los acuerdos, y el momento en el que el bolígrafo ha servido para firmarlos existen miles de extrañas unidades históricas que nosotros —extrañamente obsesionados con la regularidad del tiempo— no llegamos a percibir. Siete meses muestra el calendario, pero sabemos que esos siete meses no son los mismos que los "siete meses" de otros sitios. Por eso puede decir el presidente Poroshenko que la firma es el día más importante para Ucrania desde el día de su independencia.


Hoy nos limitamos a reflejar el valor simbólico de los objetos, de ese bolígrafo. Mañana un novelista, sin temor a violar las leyes del Periodismo —que impiden meterse demasiado en la mente de las personas—, dedicará unos párrafos a lo que pasó en esos momentos ante los ojos únicos de Poroshenko y podrá, incluso, iniciar desde allí una retrospección narrativa que dé cuenta de todo lo ocurrido, de la tragedia ucraniana, hasta reencontrarse de nuevo firmando en aquel espacio. Pero eso son licencias de novelista.
Señala la periodista de El País:

Movidos por la emoción de Poroshenko y por el relato que el líder ucranio les ofrecía de las trabas rusas para alcanzar la paz en el este de Ucrania, los jefes de Estado y de Gobierno dieron un paso inesperado. Tras un mes de perfil bajo en la amenaza de nuevas sanciones a Rusia, los mandatarios europeos endurecieron el tono y lanzaron el ultimátum más contundente otorgado hasta ahora a Moscú. Si para el 30 de junio Rusia no ha cumplido cuatro condiciones, el Consejo Europeo evaluará la situación y “adoptará las decisiones necesarias si fuera preciso”, explica el comunicado de conclusiones, que añade “el compromiso de acordar en cualquier momento más medidas restrictivas de calado”.*


Y es que la emoción es contagiosa y seguro que pudieron percibirla en toda su intensidad en aquel momento los demás signatarios de los acuerdos. Esta vez no era un simple acto protocolario, una adhesión más. Por dentro, estaban los siete meses de muertes y tensiones. No se han acabado, por supuesto, pero la firma representa el cierre simbólico de una etapa que comenzó, precisamente, por la negativa a firmarlos por parte de Yanukóvich.
Una vez dentro tendemos a olvidar lo que significa para los países que están fuera comenzar su proceso para incorporarse a la Unión. Cada día me parece más evidente que los ciudadanos europeos, con nuestras disputas de patio de vecindad y nuestras mezquindades economicistas, hemos perdido de vista lo que significa realmente para los pueblos integrarse en Europa. A todo se acostumbra uno, ¡es cierto! y lo que era el sueño de una generación, como ocurrió en España, de alcanzar la normalización imposible con unos vecinos que nos dejaban fuera —"África empieza en los Pirineos", se decía y nos decían— ha ocurrido con los que en el otro extremo reivindicaban también ser Europa como despertar de una pesadilla que con la excusa de una guerra contra el fascismo se convirtió posteriormente en un infierno hasta la caída del Muro de Berlín.


Ayer, mientras esperaba a que un compañero terminara de hacer sus tareas en el ordenador, me paré un momento ante el mapa de Europa que tiene clavado en su pared. Me trajo el recuerdo de la aventura veraniega de un viaje en tren hasta Viena, que en aquellos momentos, mediados de los ochenta, era los confines de Europa. Más allá estaba el mundo tras el Telón, la "no-Europa" y la "casi-Rusia". ¡La mitad de Europa, incluida la mitad de Alemania! Europa se nos ha ensanchado para poder volver a ser "Europa". Y eso es emocionante para muchos, que han soñado con ese momento durante décadas. Nosotros también soñamos en nuestro momento y Europa significaba muchas coas y hay que tratar de que lo sigan significando. Para ello debemos darle sentido desde dentro, para que no perdamos la ilusión de mejorar como proyecto, como obra histórica en marcha bajo el signo de las libertades y la solidaridad entre los pueblos que la integran convertidos en ciudadanos iguales de un espacio comunitario. La perversión mercantil de nuestras mentes nos lleva a enfocar todo como fenómeno económico, pero Europa es ante todo un proyecto político, la definición de un espacio de libertades desde esa ciudadanía. Quitaremos barreras, sí, pero sobre todo reconocemos como nuestro un conjunto de derechos, que no son exclusivos, pero que nos comprometemos a compartir, profundizar y velar por su mantenimiento en beneficio de todos los ciudadanos.


Europa no debe olvidar lo que ha supuesto para Ucrania su deseo de ser Europa: "“En Kiev y en otras partes, hay gente que ha dado su vida para que haya una relación más estrecha con la UE”**, ha dicho Herman Van Rompuy en el acto de la firma. No es cuestión solo de Economía.
El presidente ucraniano ha señalado:

“En los últimos meses Ucrania ha pagado el precio más alto que podía pagar para que sus sueños europeos se convirtiera en realidad. Y eso tiene que valer la pena. La Unión Europea podría comprometerse y decir que cuando Ucrania esté lista, formará parte del bloque. Esto es muy sencillo para la Unión Europea y para nosotros significaría mucho”, ha explicado Petró Poroshenko, presidente de Ucrania.**


La petición humilde de Poroshenko es sobre todo política y concentra la importancia de lo que para ellos significa una Europa que ven como garantía de mejora y regeneración para su país. Más allá de la economía, serán signo de ciudadanía, de derechos de sus habitantes.
No pide mucho Petró Poroshenko, solo que le digan que serán parte de la Unión Europea cuando estén preparados para serlo.
Seguro que ese será el tercer día más importante en la historia de Ucrania. Y también será un día grande en la construcción de Europa porque significará que se va completando el espacio del continente, con la extensión de los derechos de todos. Ese día, otro bolígrafo habrá hecho historia.


En febrero de este año, Euronews nos contaba otro detalle stendhaliano con un bolígrafo, esta vez en manos del expresidente ucraniano Yanukóvich, el hombre que se negó a firmar los acuerdos:

El presidente depuesto Víktor Yanukovich ha roto un bolígrafo en un ataque de rabia cuando se dirigía a los reporteros durante una rueda de prensa la localidad rusa de Rostov del Don.
“Al mismo tiempo permítanme dirigirme a los ucranianos”, comenzaba Yanukóvich. Después ha hecho una pausa durante unos segundo, ha mirado hacia el suelo y ha partido su bolígrafo.
“Primero quiero pedir disculpas…”, ha continuado diciendo tras recuperarse.***


La novela nos ha enseñado a interpretar esos signos externos para comprender los estados internos. El orgullo de Petró Poroshenko mostrando el bolígrafo con el que ha firmado finalmente los acuerdos con la Unión Europa y el bolígrafo roto en las manos del que se negó a firmarlos en su momento guardan un extraño paralelismo simbólico. Cuando otro —o el mismo— novelista cuenten estos momentos de la historia, otro bolígrafo aparecerá en sus páginas estableciendo una perfecta simetría, un cierto equilibrio estructural. Un bolígrafo abandonado, un bolígrafo roto, un bolígrafo que comienza una andadura. Son ventajas de la Literatura.

* "Ucrania y la UE firman el pacto de libre comercio que desató la crisis con Rusia" El País 27=6/2014 http://internacional.elpais.com/internacional/2014/06/27/actualidad/1403853122_102740.html
** "Ucrania, Georgia y Moldavia fortalecen lazos con la UE" Euronews 27/06/2014 http://es.euronews.com/2014/06/27/ucrania-georgia-y-moldavia-fortalecen-lazos-con-la-ue/
*** "Víktor Yanukóvich se desahoga con un bolígrafo" Euronews 28/02/2014 http://es.euronews.com/2014/02/28/viktor-yanukovich-se-desahoga-con-un-boligrafo/


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