lunes, 19 de mayo de 2014

La escalada de los malos modos

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La preocupación, en medios de comunicación y partidos políticos, por la reacción parcial pero visible ante el asesinato de Isabel Carrasco en León, se está generalizando y tiene sus focos en artículos y editoriales, además de en declaraciones personales de afectados por esta inquina contra los políticos.
La carta semanal del director de El Mundo, Casimiro García-Abadillo ("Un fantasma recorre España: la revolución de los ángeles")*, se centra en esta cuestión y añade algunos casos referidos personalmente por políticos implicados en amenazas, acosos y agresiones, gente de todos los colores y rincones que se han visto obligados a replegar velas ante las caras de pocos amigos o las palabras subidas de tono que se les dirigen. El editorial del diario El País ("La red es suficiente")** de hoy trata de lo mismo, de lo preocupante que empieza a resultar el clima crispado y su expresión sin límites. En su conjunto preocupa, con fundamento, la escalada de los malos modos.
Son varios los medios que recogieron hace unos días la acelerada salida de Elena Valenciano del mercadillo de Torrejón de Ardoz donde tenía pensado dar uno de los llamados "mítines express". El acto tuvo que ser más "express" de lo pensado ante el cariz que comenzaba a tener el asunto. La Información nos lo contó así:

De los dos actos que tenía previsto realizar la candidata socialista a las elecciones europeas, Elena Valenciano, sólo ha celebrado uno en Coslada al ser recibida después con insultos en Torrejón (Madrid). Al grito de:"¡Ladrones, no vengáis aquí a haceros sólo la foto!" y "¡Aquí te quería ver yo trabajar!" ha sido recibida Valenciano acompañada por el secretario general del grupo socialista en el Congreso, Eduardo Madina.
Salir a la calle tiene esos riesgos, pero al igual que le sucedió con algunos ciudadanos cuando fue a repartir propaganda a Valencia, esta vez no ha corrido mejor suerte y al grito de "¡Fuera de aquí!", la han recibido algunas personas que se encontraban en el mercadillo.**





El clima está cada vez más enrarecido y no parece que una campaña electoral sea el escenario adecuado para practicar las buenas maneras. La necesidad de acercarse al ciudadano enfurecido en tiempo de elecciones, sin poder recurrir a la socorrida y controlada rueda de prensa en la sede del Partido o en el Parlamento —¡qué bien se está en casa!—, está haciendo que la profesión de político aumente su perspectiva de riesgo.
Los hay que justifican unas cosas y otros otras. Casi todos sonríen cuando les toca a los contrarios pasar por estos trances y se quejan cuando les toca a ellos. Se crea además una sensación de agravio comparativo. Si insultan a los míos, ya vendrán los tuyos y así sucesivamente. En cualquier caso, parece que lo de los míos y los tuyos está fallando porque se ha establecido más bien un nosotros y un ellos referido a la separación de la clase política, que es rechazada sin colores.
Más complicadas son las quejas de los que les toca la lidia en zonas nacionalistas, en donde el nivel de conflicto, como ya ha sido denunciado por muchos, se está elevando y no afecta solo a los políticos, sino al que no comparte las ideas o la falta de ellas. Pere Navarro fue insultado y agredido en un acto familiar. Mal camino sea donde sea.


Independientemente de los errores, chapuzas o delitos que los políticos puedan cometer en su cargo de forma paralela a ellos, se debería tratar de mantener otro clima en nuestro país. Es algo que deberíamos echar en falta y en el que son esenciales los propios políticos en su trato mutuo y los medios de comunicación en su forma de tratarlos y retratarlos. La política no es más real o auténtica porque se recurra a la descalificación personal o colectiva de los demás. 
Este clima viciado no se crea solo por los errores y delitos de los políticos corruptos o chapuceros. Se va creando en el tiempo ante la facilidad que supone para cualquier indocumentado reducir cualquier debate o comentario a alguna forma descalificadora del oponente. Los medios lo amplifican y tienen también su parte de culpa en ello. Ante la carencia general de ideas, siempre atrae el exabrupto, más fácil de colocar en titulares. Este mal clima también tiene su efecto en la selección de los políticos. Mucha gente valiosa para la política se mantiene al margen porque no comparten las maneras que se han vuelto habituales.

Las personas que piensan que parte de la actividad política consiste en insultar y en recibir insultos creo que se equivocan. La democracia implica también respeto y maneras si quiere avanzar en ella porque tiene que ver con la convivencia. La democracia es también un modelo de comportamiento, se diga lo que se diga. Recurrir a métodos característicos de los fascismos, como el insulto callejero, la intimidación, las llamadas amenazantes, etc., no debería formar parte de la democracia. No vivimos en una democracia ideal, por supuesto, pero no se avanza hacia ninguna parte fomentando un clima de convivencia cada vez más deteriorado. Una cosa son los errores, que se deben pagar en la urnas o en los tribunales y otra esta especie de vocación de algunos de tribunal callejero con patente de corso para hacer cualquier cosa. Por eso aplaudimos la rápida reacción de PSOE al pedir la dimisión de dos de sus cargos por los comentarios hechos públicos sobre el asesinato de la dirigente del PP leonés. No se pueden usar ciertas cosas; tiene que haber límites en el juego político y en las relaciones políticas.


Lo más importante de una democracia es que todos la respeten y que se respeten ellos mismos como miembros de esa democracia, que es sobre todo "convivencia" y "ejemplaridad". Los primeros que tienen que respetar a los ciudadanos y dar ejemplo respetándose entre ellos son los políticos. Si percibimos la política como una pelea de gallos, acabaremos peleando siguiendo el mal ejemplo que nos ofrecen. Por eso el político debe asumir su carácter ejemplar ante la ciudadanía.
El problema es que no son solo los "populistas" los que recurren a la "empatía" y a la exaltación de sus votantes lanzándolos contra sus oponentes, que son los responsables de todos los males sobre la tierra. Esta técnica del "calentamiento global" político es la que ya utilizan todos como forma habitual de comunicación. La escalada de los malos modos avanza imparable y, lo que es peor, de forma cotidiana, confundiéndose la política con la zafiedad y el argumento con el exabrupto. Es más fácil descalificar al contrario que explicar el programa propio o criticar con datos el de los demás, algo para lo que hay que tener algo más unas cuentas horas de cursillo de liderazgo y lengua viperina. Algunos han llegado a sus puestos al comprobar sus jefes qué bien se les daba lo de la mala baba ante los micrófonos. Se prefiere la puya a la idea.
El editorial de El País, antes mencionado, se cierra con la siguiente conclusión:

Aparte de la respuesta penal cuando esté justificada, existen otras formas de combatir los excesos. En primer lugar, mediante la concienciación cívica, vehiculada en forma de reproche moral. Pero también cabe y debe ejercerse el reproche político cuando el exceso es cometido por personas con responsabilidades públicas. Sería de agradecer que las fuerzas políticas adoptaran un código de autorregulación para erradicar insultos y amenazas a través de la Red, cuya vulneración obligara a dimitir a los infractores. No hay necesidad, pues, de cambiar la ley y debe evitarse un tratamiento del problema que tienda a criminalizar el uso de Internet o pueda suponer una amenaza para la libertad de expresión.**


Estamos de acuerdo, pero ¿por qué solo en la red? ¿Por qué no intentar erradicar el insulto? Suena un tanto raro rasgarse las vestiduras por lo que ocurre en el mundo virtual y dejar fuera el real y el mediático. ¿Por qué no pedir simplemente buenas maneras?  ¿Es sano vivir en un clima de permanente descalificación aunque no se llegue al delito? ¿Se gana algo? Yo creo que se pierde mucho y se deteriora el sistema en su conjunto, base de la convivencia. Efectivamente es la "concienciación cívica" lo que hace falta, pero difícilmente se alcanzará si se piensa que solo es cuestión de la red. Es cuestión de todos y además del "reproche moral" se trata de dar ejemplo, pues poca autoridad moral se puede tener si practicar el ejemplo.
El joven que pedía por las redes sociales "que se mataran más políticos" ha pedido "perdón por si alguien se ha ofendido" a través el mismo medio. ¿Alguien? ¡Vaya pregunta! Cada uno tiene su ideal de país y las buenas maneras pueden entrar en los programas de todos. A mí me gustaría que la clase política comenzara por respetarse para poder ser respetada.
Lo más sorprendente de esta campaña aburrida es la novedad de quejarse todos de que les insultan. Ironías de la vida.


* "Un fantasma recorre España: la revolución de los ángeles" El Mundo 18/05/2014 http://www.elmundo.es/opinion/2014/05/17/5377d3d5268e3e4a1c8b457c.html?a=c9f16830ed4a54c3910051d939f7e4fb&t=1400441053
** "La ley es suficiente" El País 19/05/2014 http://elpais.com/elpais/2014/05/18/opinion/1400437917_029620.html

*** "Los ciudadanos de Torrejón increpan a Valenciano: "¡No vengáis aquí sólo a haceros la foto!"" La Información 14/05/2014 http://noticias.lainformacion.com/politica/los-ciudadanos-de-torrejon-increpan-a-valenciano-no-vengais-aqui-solo-a-haceros-la-foto_UBb5YgxCw7883gPN4o4et6/






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