sábado, 31 de mayo de 2014

Ironías de Europa

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El artículo publicado ayer en el diario El País por el economista jefe de La Caixa, Jordi Gual, titulado "El malestar de Europa", dentro de los análisis generales que se están realizando de las pasadas elecciones, se cierra con las siguientes conclusiones:

Es irónico. El voto favorable a la renacionalización de competencias crece en Europa, en parte como rechazo a los pobres resultados económicos del continente. Sin embargo, es precisamente la nacionalización de facto de muchas de las políticas clave de la Unión la que está conduciendo a la UE a una crónica e insostenible situación de bajo crecimiento y bajo empleo.
Serán necesarias dosis enormes de liderazgo y creatividad para dar la vuelta a esta situación. Se empieza a instalar en el imaginario colectivo la idea de que Europa no es tanto la solución, sino el problema. Va a ser difícil cambiar esta narrativa, pues, al fin y al cabo, son muchos los interesados, en todos los Estados miembros, en que la integración no avance, no fuera a poner en peligro su privilegiada situación.*


A la vista de su análisis, lo que se está produciendo es un desvío de las responsabilidades hacia Europa. Los gobiernos de los países, mediadores con sus propios electorados, realizan una explicación interesada de lo que supone Europa para cada uno. De hecho hay una cierta contradicción perceptiva entre lo expresado en el primer párrafo y lo que se recama en el segundo. La "renacionalización de competencias" la están realizando los propios "líderes", es decir, los gobiernos que las reclaman y aplican.
La instalación, como señala Gual, en el "imaginario colectivo" de la idea de que "Europa es el problema" no es un proceso causal. Es el resultado de la erosión producida por las luchas internas en los distintos países de la Unión Europa, las competencias locales por el poder.
Cada estado tiene una visión distinta de Europa. No son las mismas las de Inglaterra, Alemania, Francia, Polonia o cualquier de otro. Cada país ha llegado a la Unión con una idea de Europa y unas expectativas de futuro. Ningún país habría pedido el ingreso en la Unión si pensara que le iba a ir peor. Aquí el lenguaje nos traiciona, porque no son los "países" los que "piensan". Lo que hay es, vamos a llamarlo así, una "opinión pública", dinámica, cambiante, que reacciona en función de lo que se les explica y anima en sus propios contextos.

El sentimiento "euroescéptico" o "eurófobo" es algo más que desconfianza hacia una Europa que sea incapaz de resolver ciertos problemas que se le plantean. Ha sido recogido por grupos que van más allá y que animan descontentos de otro orden. Por la derecha y por la izquierda, populistas nacionalistas y radicales, han canalizado sus proyectos minoritarios para recoger el descontento provocado por la falta de soluciones. Han responsabilizado de los problemas a aquello contra lo que se dirigen, Europa. Al Frente Nacional francés de Marine Le Pen, por ejemplo, le da igual que Europa funcione o no; está contra ella porque considera que enajena a "Francia" en su soberanía. Le beneficia que funcione mal porque así su discurso puede calar más hondo, pero es el mismo cuando Europa funciona bien. Son dos armas distintas las que apuntan hacia el corazón de la idea de Europa: la nacionalista y la radical. Es lo que han mostrado las elecciones europeas con el crecimiento del antieuropeísmo tanto de izquierdas como de derechas.
El arma nacionalista apunta su odio hacia Europa porque entiende que disuelve su concepción orgánica y romántica de las naciones. Los antisistema lo apuntan a su estructura económica y social que consideran que está al servicio de los intereses del capital. Para unos es la Europa de los "burócratas" sin alma ni patria; para otros es la "Europa de los mercaderes".


Efectivamente, como señala Gual, se necesitarán "dosis enormes de liderazgo y creatividad" para convencer a muchos europeos de la necesidad de Europa. La Unión Europea está condenada a la eficacia constante para evitar la amenaza permanente de los antieuropeos, el peligro constante de retroceder a posiciones que la harían inviables. La renacionalización de competencias sería un factor que afectaría al conjunto. La tentación no es exclusiva de los dos enemigos de la idea de Europa, sino de los que se encuentran entre ambos, únicos responsables del estado, mejor o peor, de la Unión porque están en el poder. Son los verdaderos responsables de que avancen estas formas peligrosas de populismo que han sacado los colores a países como Francia.
Se debate ahora si estos resultados serán extrapolables a elecciones nacionales o son "simplemente" un voto de castigo a Europa o, pero, un voto de castigo a los gobiernos descargando el golpe en la cabeza europea. Sea por los motivos que sean, lo cierto es que el Parlamento europeo queda compuesto, para vergüenza de algunos, por grupos poco presentables y, sobre todo, obstruccionistas del propio progreso de la idea de Europa. A ellos lo único que les interesa  —y así lo han manifestado— es la desaparición europea. Difícilmente se podrá avanzar así.


La mejor forma que tiene Europa de progresar es la cooperación que haga que se reduzcan desequilibrios y avanzar en la cuestión identitaria, es decir, afrontar lo económico y lo cultural como dos caras de una misma realidad. Mientras Europa se vea como un entramado económico manejado por una burocracia al servicio de intereses oscuros o un elemento de disolución de las personalidades nacionales, se mantendrá el caldo de cultivo de los movimientos en contra.
La cuestión clave es ¿quién lidera en esa dirección? ¿Cómo se mantiene un planteamiento de competencia sin uno de rivalidad? ¿Cómo se aúnan países con distintos potenciales en un mismo escenario? ¿Cómo evitar que Europa se convierta en el chivo expiatorio de los problemas locales? La única forma de hacerlo es que Europa camine en una reducción de las diferencias, en mayores dosis de solidaridad. Para esto se tendrá que enfrentar a los intereses de los que prefieren una Europa desregulada en la que crezcan las diferencias y las oportunidades para que unos se beneficien de otros. No será fácil hacerlo. Por ese camino no hay mucho futuro. Será fácil que crezca esa sensación de que estar unidos nos perjudica.


¿Liderazgo y creatividad? Sí, pero también grandes dosis de solidaridad, ética y cultura que guíen el proceso de integración y consolidación. No caigamos en el error de que todo es cuestión de comunicación. Transmitamos ilusión europea y no ilusionismo. Ese "liderazgo" debe ser hacia un objetivo claro de resolución de problemas. Para eso hay que identificarlos con claridad y perspectiva de conjunto, no como cuestiones parciales. A la Europa "rica" se le vende que los demás son parásitos, los PIIGS; a la Europa "pobre" se le vende que los ricos no les dejan crecer. Esto también es "liderazgo" y "creatividad", pero usados contra Europa.
Europa, como ya dijimos hace tiempo, se demuestra andando en la buena dirección. La ironía señalada por Jordi Gual en su artículo es que los problemas del crecimiento de Europa se deben a las acciones nacionalistas más que a las europeístas, pero se lee al revés. La vida está llena de ironías de este tipo, sin duda. La cuestión está en quién saca provecho de ellas. 
Hay muchos interesados dentro y fuera de Europa en que la unión no avance por muy variados motivos, económicos y políticos. Hace falta, en efecto, más liderazgo verdaderamente europeo.




* Jordi Gual "El malestar de Europa" El País 30/05/2014 http://elpais.com/elpais/2014/05/29/opinion/1401365266_819918.html







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