viernes, 16 de mayo de 2014

Erdogan y el asesor justiciero patean la realidad

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
No sé hasta qué punto Recept Tayyip Erdogan es responsable de las muertes de los mineros en Turquía; no sé si las patadas a su coche, zarandeos y los insultos son justos o no. No lo sé. Pero sí sé que si hace unas semanas su gobierno se negó a entrar en las causas de la alta tasa de siniestrabilidad (es un eufemismo indecente) en la minería turca rechazando que se realizara un informe que le pedían desde la oposición. Ahora se produce el mayor accidente minero de la historia del país y no puedes salir en la televisión recitando la lista de los accidentes mortales ocurridos en la minería mundial y acogiéndote a la fatalidad. No, no puedes. Y si lo haces, atente a las consecuencias. El País habla de la "actitud arrogante"* de Erdogan.
Y las consecuencias son tener otra vez a Turquía sublevada, indignada. Si encima, tus asesores —unos profesionales que cuidan tu imagen para que quedes bien— se dedican a patear cobardemente a los manifestantes mientras las fuerzas del orden los sujetan para que no falle el golpe, el enfado es todavía mayor. Y también con razón. Lo que está por saber es si es el asesor que Erdogan se merece, si va con su estilo; si es la persona capaz de dar los consejos adecuados o para acompañarle a dar el pésame a las víctimas. Algunos medios hablan de él como de "asesor del gobierno", pero no es así. Es asesor oficial directo del primer ministro y como tal se define en su página de Twitter.


Algunos dirán que Erdogan no tiene nada que ver con que se hundan las minas o con que a sus asesores, bien trajeados, les dé por dar patadas a los manifestantes mineros indignados por las muertes de sus compañeros. Se cumple con Erdogan el principio que hemos enunciado en algunas ocasiones: cuando un país está polarizado y dividido por una brecha cultural profunda (islamistas y no islamistas), lo que puedan hacer los políticos, sus pifias, queda amortiguado por la ideología, que acaba perdonándolo todo, justificándolo todo, racionalizándolo todo. Así de injusta es la razón humana cuando se encuentra al amparo de los límites del prejuicio, auténtica coraza contra la realidad, ceguera pura.
No es fácil no caer en la demagogia cuando se trata de hablar de la demagogia. Y eso es lo que hace Recept Tayyip Erdogan en cuanto tiene ocasión. Pero le funciona, porque la beatería islamista funciona y ante lo que Dios quiere que ocurra, ¿quién es el hombre que osa oponerse? "Los accidente ocurren", les ha dicho por todo consuelo. Pasa en los países grandes y más avanzados, ¿por qué no iba a ocurrir en Turquía, que gracias a él lo es?


Como en los casos anteriores de YouTube o Twitter, el presidente Abdullah Gül —poli bueno, poli malo— ha tenido que ir a intentar arreglar los estropicios del arrogante Erdogan. Nos cuentan en Euronews:

Ante la prensa, Gül ha rebajado el tono del primer ministro Recep Tayyip Erdogan, quien dijo el miércoles que las medidas de seguridad tomadas habían sido suficientes y que “los accidente ocurren”.
“Al igual que los países desarrollados, que logran minimizar las consecuencias de este tipo de desastres, nosotros también deberíamos revisar todas nuestras leyes y normativas, deberíamos tomar todas las precauciones necesarias”, ha declarado.
Las voces que culpan directamente al gobierno turco, y en particular a Erdogan de lo ocurrido, van en aumento. El primer ministro fue abucheado y su coche zarandeado, durante su visita a Soma al grito de “asesino”.**


Caso aparte merece el asesor de Erdogan, Yusuf Yerkel, el justiciero del puntapié, un intelectual responsable. Oficialmente, nos dicen, es asesor del primero ministro y como tal aparece en su página de Twitter, una concesión al diablo para mayor gloria de su asesorado Erdogan, que transige con estas tecnologías cuando son para causas nobles como las loas que le dedica y mostrar las fotos de sus multitudinarios actos electorales. Yerkel ha creado una nueva categoría a la ya existente de la "brutalidad policial", la de la "brutalidad asesora", pues como tal hay que considerar su cobarde acción de patear manifestantes.


Ya tiene Erdogan servida de nuevo la ocasión de censurar las redes sociales para acallar las difamaciones y bulos. Oficialmente el "incidente asesor" no ha tenido lugar, aunque como los accidente mineros, puedan pasar en Turquía. Para los manifestantes, según rezan ya pancartas y pegatinas no se trata de un "accidente" sino de un "crimen".
El diario El Mundo nos ofrece las valoraciones de los líderes de los sindicatos mineros, que no dejan demasiado bien al gobierno islamista y neoliberal de Erdogan y los suyos. El énfasis puesto en la cuestión "islamista" por los medios de comunicación (aunque tampoco se explica demasiado) deja de lado las posiciones económicas de los partidos de este corte, que han conseguido encajar la fatalidad musulmana con la mano invisible del mercado, dejando la pobreza en manos de la obligación de la caridad y la riqueza como anticipo del paraíso. Dios reparte la riqueza y la pobreza; los ricos se ganan el cielo dejando las migajas por el mandato de la caridad. Señalan los sindicatos:

"La causa de las muertes es la ambición descontrolada de los patronos. Los ingenieros que deben hacer los controles regulares reciben su salario de la misma empresa", acusó Sagtekin.
"Esto no es un accidente. Es un crimen", dijo a la prensa Tayfun Görgün, presidente del sindicato minero Dev-Maden Sen.
"No había muertos cuando estas minas pertenecían a TKI, la empresa estatal del carbón; las muertes empezaron con la privatización. No son accidentes, son asesinatos", remachó.
Turquía tiene la peor tasa de seguridad laboral de Europa, con una media de tres obreros muertos al día, y los accidentes mineros son un problema crónico.
Un estudio de la Universidad de Kirikkale muestra que el sector minero es el más peligroso del país, por delante del metalúrgico y la construcción. Como media, al año mueren 80 obreros en accidentes mineros en Turquía, según el mismo estudio, lo que equivale a uno de cada mil trabajadores.***


Y con esos datos, Erdogan ha ido a decirles a los familiares y amigos de las víctimas que "los accidentes ocurren", que no se les ocurra responsabilizarle a él, que Dios lo ha querido. Demasiados muertos, demasiadas palabras.
Una vez más, el islamismo juega con el colchón electoral religioso para superar sus propias pifias y carencias. Votarles es ser piadoso, hagan lo que hagan. Los enemigos de Erdogan, sus críticos, son los enemigos de Dios. Las patadas del asesor presidencial son patadas justas, castigo a los impíos. Las críticas al estado de las minas, infructuosos intentos de desacreditar al todo poderoso partido. El diario El País cierra así su información:

Unos 20 días antes de la tragedia de Soma, según se ha hecho público, diputados del principal partido de la oposición (CHP) presentaron una moción ante el Parlamento en la que denunciaban la pésima gestión de las minas de Soma. Los diputados del partido gobernante la rechazaron alegando que “el único objetivo era el de desacreditar al AKP ante los trabajadores”. 
En un editorial del influyente diario Hürriyet, se cuestiona además la negativa del Gobierno de Erdogan a ratificar la Convención Internacional de Salud y Seguridad en Minas, de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), aprobada por 28 países con grandes explotaciones mineras. Para colmo, el Ministerio de Energía ha tenido que reconocer que no sabe cuánta gente estaba trabajando en Soma, lo que ha disparado la especulación sobre que la mina empleaba a trabajadores de forma ilegal, entre ellos menores.*


Cuando en la política cualquier denuncia o aviso se considera un intento de perjudicar al partido gobernante, se ha llegado a un grado de ineficacia y deterioro del sistema muy grande. Solo existe el informe oficial u oficialista, solo el canto al partido gobernante, dechado de perfecciones. La realidad queda al margen y entonces los asesores presidenciales tienen que, en su rabia, intentar acallarla a patadas. Son patadas de impotencia, de fastidio por haber sido superado por la realidad que intentas manipular a golpe de tuit o de censura, según convenga. Quizá la culpa de esto también la tenga algún "oscuro clérigo" refugiado en los Estados Unidos o la prensa canallesca.
La soberbia de Erdogan ha hecho que esa fatalidad que tanto invoca le convierta en la punta visible de una desvergüenza política verdaderamente infame. Todas sus palabras se vuelven ahora contra él. Las cosas suceden, sí, pero por desidia, por codicia y por soberbia.


* "Una huelga general encona la protesta en Turquía por la tragedia minera" El País 15/05/2014 http://internacional.elpais.com/internacional/2014/05/15/actualidad/1400147748_296934.html
** "Turquía: la mano tendida del presidente Gül no aplaca las protestas" Euronews 15/05/2014 http://es.euronews.com/2014/05/15/turquia-la-mano-tendida-del-presidente-gul-no-aplaca-las-protestas/

*** "Indignación en Turquía por una imagen de un asesor del Gobierno agrediendo a un manifestante" El Mundo 15/05/2014 http://www.elmundo.es/internacional/2014/05/15/537496a922601d88508b456c.html








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