miércoles, 16 de abril de 2014

Europa y la prueba de Ucrania

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
En ningún momento ha estado la "cuestión europea" sobre la mesa como ahora. La cuestión ucraniana es una prueba para Europa. Lo ha sido desde el principio. Si Europa no logra tener unos principios comunes —una moralidad compartida— será solo un conjunto de intereses, hacia el exterior y hacia el interior. Los que hacen cálculos sobre el "poder económico" de Europa solo evalúan su fortaleza, pero no lo hacen con las dependencias en que se basa. No eres fuerte si dependes de tus "enemigos". Y eso es lo que está aplicando Rusia a Europa: la elección entre principios o intereses. Los más cínicos analistas recurren siempre a resaltar los intereses como la causa principal de todo, pero en este caso la cuestión es mucho más compleja y con consecuencias futuras importantes.
Desde fuera, la Unión Europea se ve solo como una enjambre de intereses diversos, como un avispero en el que es imposible mantener una actitud común en función de los dobles juegos, los de los países individualmente y los del conjunto. La humillación a que Vladimir Putin está sometiendo a Ucrania tiene su trasfondo en la debilidad de la propia Unión Europea. Centrada en su concepción económica del espacio, Europa no llega a asumir su unidad (y responsabilidad) como agente mundial. Ante los conflictos se escinde en intereses individuales, porque las partes siguen teniendo sus propios intereses interiores y exteriores.


El editorial de ayer de The New York Times señalaba que las próximas horas serán decisivas para la situación de Ucrania y, aunque no lo diga, para la propia Unión Europea:

The Americans and Europeans must make clear that they will not acquiesce in any effort to partition Ukraine between East and West. For their position to carry any weight, the trans-Atlantic partners must come to Geneva prepared to be tough with Russia.
Washington and Brussels are aware that the time for symbolic sanctions is coming to an end, and Moscow will be watching them in Geneva to gauge their seriousness and solidarity. That does not mean the West needs to draw red lines in advance of the meeting.
It does mean that if Russia does not pull its forces back from the border and stop inciting secessionists in southeastern Ukraine, the trans-Atlantic partners — and in particular the Europeans, who have considerably deeper economic ties with Russia than the United States — must reach a clear and binding consensus on the next level of sanctions.
These must include far-reaching trade and financial penalties that will be painful and costly to both sides. It is imperative that Mr. Putin see a united front.*


Hay una gran diferencia en los "Americans" y los "Europeans", que intencionadamente se refuerza en el siguiente párrafo, "Washington" y "Brussels". El editorial es un aviso a Europa, más que a Putin, de que no puede actuar como un centro de "indecisión". Es un aviso de que debe ser "Europa", como un agente compacto, o quedar fuera de cualquier escenario de decisión por su incapacidad de mantener una postura "clara" y "firme" ante los acontecimientos. Putin sabe lo que hace cuando manda mensajes directamente a Merkel  y no a las "autoridades europeas", que se diluyen en casos extremos como este. Sabe que los intereses de Alemania son unos y los del resto otros, cada uno los suyos. Deja a Angela Merkel —Alemania tiene los mayores compromisos con Rusia— la tarea de convencer al resto. Como bien advierte el editorial, Europa es víctima de sus negocios con Rusia.

Putin ha podido hacer con Ucrania lo que ha estado haciendo porque entiende que Europa no reaccionará firmemente ante una actuación vergonzosa sostenida en una retórica cínica y descarada y en una política de hechos consumados. El origen de esto, no se puede olvidar, es la "prohibición" de Putin a Ucrania de acercarse a la Unión Europea. Los ucranianos se manifestaban para que se firmaran los acuerdos con Europa, algo que se negó a hacer Víctor Yanukóvich en el último momento y que lanzó a la calle a miles de personas con banderas ucranianas y europeas. La represión violenta y las muertes de manifestantes hizo el resto sumiendo al país en el caos que ahora vive gracias a la intervención directa de Rusia en Crimea y en las zonas prorrusas, que se llenan por sorpresa de milicias armadas y perfectamente entrenadas, llegadas de la nada en vehículos militares con las matrículas tapadas. No es fácil encontrar la aguja rusa en el pajar rusófono.
Euronews recoge los resultados del Comité de Derechos Humanos de la ONU sobre la situación de Crimea y otras zonas de influencia rusa:

La misión de derechos humanos de la ONU que investiga las causas de la crisis ucraniana ha publicado este martes sus conclusiones. En ellas pide a las autoridades de Kiev que respeten a las minorías e impidan las incitaciones al odio.
“El informe dice que no tenemos ninguna evidencia creíble que justifique las preocupaciones por parte de la población rusohablante en el este de Ucrania”, subraya un representante del Alto Comisionado para los Derechos Humanos.
Naciones Unidas considera que los partidarios de la anexión con Rusia manipularon la información para crear un clima de miedo e inseguridad en Crimea que justificara la intervención de Moscú. Esta desinformación se reflejó en un apoyo masivo a la integración de Crimea a Rusia en el referéndum del 16 de marzo pasado.
La misión de derechos humanos de la ONU también fija su atención en las personas desaparecidas tras las protestas en Kiev que llevaron a la caída de Víktor Yanukóvich. Hasta 150 personas estarían en paradero desconocido. Las desapariciones están siendo investigadas en la actualidad por la Fiscalía General de Ucrania.**


El despropósito es tan evidente, la intención tan descarada, que Rusia se ha quedado sola en su interpretación de los hechos. Sus diplomáticos son patéticas figuras repitiendo eslóganes sobre la "neutralidad" de Rusia en todo esto, su no participación o, incluso, sus buenas intenciones para arreglar la situación.
Vladimir Putin ha llevado a Rusia a un camino del que le va a ser difícil salir y que va a reducir sus posibilidades de actuación internacional. Él lo venderá como "autonomía", "grandeza" o cualquier otra palabra cargada de triunfalismo, pero lo que ha hecho realmente es aislar a Rusia y hacer retroceder las posibilidades de seguridad global.

La denuncia del informe de Naciones Unidas de que no había habido ningún tipo de presión sobre la población rusófona de Crimea, que todo ha sido una campaña orquestada desde Moscú, se confirma con los temores que manifiestan las personas entrevistadas en distintos canales televisivos que dicen sentirse al borde de una invasión fascista, imperialista o de un desembarco aliado occidental y corren a pedir el amparo de la "madre Rusia".


Es Rusia quien está llevando a Ucrania a algo que a ratos se llama "guerra civil" (ucranianos contra ucranianos) y en otros "conflicto internacional" (ucranianos contra prorrusos y rusos que les ayudan como compatriotas o que se llegue al absurdo de considerar la intervención de las fuerzas especiales ucranianas en Ucrania como una especie de "invasión" de su propio territorio). Rusia pudo hacer este tipo de jugadas en la época de la Unión Soviética con los países satélites que estaban en su "zona" (Hungría, Checoslovaquia). Por eso está recreando ahora un clima de "guerra fría", porque ese estado implicaba que en los espacios definidos como soviéticos no se le discutía su reinado. Sin embargo esa política es incompatible con las relaciones europeas establecidas con Rusia precisamente porque se había dado por terminada la "guerra fría", la política de bloques y la reivindicación de países enteros sacrificados como "fronteras seguras".


Europa tiene problemas más allá de la "unión bancaria". Son problemas de definición, actuación y responsabilidad. Si deja que sus fronteras y posibilidades de actuación se las defina Rusia, sus dependencias le pasarán factura. Rusia ve a Europa como un indeciso grupo de mercaderes, una reunión de calculadores e insolidarios agentes que se dedican a sacar beneficios unos de otros, y cuyas resistencias son fáciles de quebrar con un poco de ventaja económica. Los rusos y ucranianos afines se han reído públicamente de las tímidas sanciones europeas, como prohibirles la entrada en Europa o congelarles las cuentas. 
Es la oportunidad de demostrarles que no es así manteniendo la firmeza que no espera encontrarse, en cuyo caso tendrá que replantear sus estrategias y objetivos. Rusia moviliza el sentimiento nacionalista para lograr apoyos internos, el sentimiento de miedo de que ve en peligro por las decisiones de los demás, a los que niega la posibilidad de escoger. Las motivaciones de Europa no son ni el nacionalismo ni el imperialismo. Pero puede demostrar que posee principios y que es capaz de sacrificar sus negocios por la solidaridad con quien ahora la necesita.

* "Mr. Putin’s Power Play" The New York Times 15/04/2014 http://www.nytimes.com/2014/04/16/opinion/mr-putins-power-play.html?hp&rref=opinion

** "Un informe de la ONU asegura que la minoría rusófona de Crimea no sufría persecución" Euronews 15/04/2014 http://es.euronews.com/2014/04/15/un-informe-de-la-onu-asegura-que-la-minoria-rusofona-de-crimea-no-sufria-/







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