lunes, 28 de abril de 2014

El juego ilusionista

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Hay dos cosas que podemos no percibir: las que son demasiado rápidas y las que son demasiado lentas. Eso ocurre en varios niveles de la vida. Percibimos cambios y diferencias, pero la velocidad de esos cambios es determinante para que lo podamos procesar. En la entrevista que le realizan en el diario El Mundo a la psicóloga neurocientífica, especializada en la magia ilusionista, Susana Martínez-Conde, se resalta esta característica de la percepción:

Es curioso porque se dice que Picasso cambiaba frecuentemente los objetos de su casa para poder verlos.
—No conocía esa anécdota. El sistema nervioso se habitúa a lo que no cambia. Y Picasso es otro ejemplo de la intuición que tienen los artistas que, aunque no cuenten con formación en neurociencia, son grandes estudiosos de la percepción y del comportamiento humano. Picasso es un gran ejemplo porque sus obras demuestran lo bien que conocía el sistema visual, quizás de forma intuitiva.*


Lo que es la base del "ilusionismo" es la creación del ritmo del cambio para dirigir la percepción hacia lo que debe y lo que no debe ver. En eso consiste su secreto, en dirigir la mirada, en hacernos ver lo que no hay y en ocultarnos lo que tenemos delante volviéndonos ciegos.
La anécdota que le refieren a Susana Martínez-Conde Picasso sobre Picasso es muy reveladora y está bien traída por la periodista Ángeles López: la rutina produce ceguera. Lo que tenemos delante debe cambiar lo suficiente como para que podamos evitar que desaparezca tragado por el efecto destructor de lo rutinario. Si, como decían, el que se mueve no sale en la foto, el que no se mueve también desaparece devorado por el vacío de lo repetido, como el tic-tac que dejamos de escuchar porque nuestro cerebro lo da por inevitable y se dedica a atender otros estímulos. Y lo que es válido para la magia lo es para muchas otras circunstancias de la vida: la rutina se traga todo; es la atención la que reclama cambios.


Nuestro mundo tiene mucho de ilusionismo más allá de las pistas y escenarios. El descubrimiento del hecho rutinario hace que estemos bombardeados por pseudocambios cuya función es que nuestro cerebro, aburrido, no los ignore. Aquellos cambios que sean demasiado rápidos también quedan también ocultos al cerebro, que no los procesa. La mano, decimos, es más rápida que la vista.

El principio ilusionista hace, por ejemplo, que Crimea desaparezca de nuestra vista antes de que se pueda reaccionar y donde veíamos "Ucrania" ahora veamos "Rusia", en un acto de escamoteo clásico. El mundo está lleno de ilusionistas, desde lo que se aprovechan de la velocidad de los mercados para especular antes de que los demás se den cuenta hasta los que sacan alumnos de la nada para estafas en cursos de formación. Están los que te hacen ver fortunas en las preferentes o te hacen ver grandes palacios en las euforias de las burbujas. No todo el ilusionismo acaba en aplausos; muchos terminan en llanto cuando ves la realidad y al mago le ha fallado el truco y el cuerpo del voluntario queda en dos mitades o el billete que hemos dado para el juego no reaparece. Entre malos aficionados y verdaderos maestros hay que tener cuidado con cierto ilusionismo.


Nos dice Susana Martínez-Conde que están trabajando también sobre otro gran aliado del mago:

Además de la atención, ¿el humor es un aliado de la magia?
—El humor es muy importante para el mago, tanto como herramienta de vínculo para el público como de manipulación de la atención. En nuestro laboratorio estamos desarrollando investigaciones inspiradas por los magos para desentrañar cómo las emociones afectan a nuestros procesos atencionales. Uno de los magos con el que colaboramos, John Thompson (el Gran Tomsoni), nos dice que cuando el público se ríe el tiempo se para, y entonces el mago puede hacer lo que quiera. Desde el punto de vista de la empatía, al mago le interesa tener una personalidad simpática para que la gente se alíe con él y su trabajo sea mucho más fácil porque el público querrá que el mago triunfe. Lo mismo pasa en otras ámbitos, como en la educación o en la empresa.*


Interesante y verificable esa idea de la detención del tiempo atencional en la risa. Si la base de la atención es la percepción de peligros y amenazas, la risa es la liberación del instinto de defensa aunque sea momentáneamente. La atención entonces se relaja y se percibe con menos detalle lo que ocurre ante nosotros. Los chistes del mago son bombas de humo y cerramos los ojos y nos relajamos placenteramente en la risa, momento en el que se aprovecha para lograr los objetivos buscados.
Hoy los magos son aliados de los científicos y lo podemos apreciar a través de programas como "Brian Games" (National Geographic) en el que se recurre a la magia para explicar el funcionamiento del cerebro y las ilusiones de la mente. Cumplen así la teoría y la práctica, ya que el asombro es otra forma de captar la atención. Nos enseñan con humor. Nacemos curiosos y se nos van los ojos detrás de lo que se mueve, para bien y para mal.


Magos ilusionistas son también los políticos que tratan de hacernos ver el mundo guiando nuestra percepción. Si el mundo es construcción interna con lo que percibimos filtrado de fuera, la lucha por controlar nuestra atención, por usar nuestros modos naturales de percepción sin forzar la voluntad, es constante. Ilusionismo es lo que practican los medios de comunicación al reconstruir para nosotros lo que nos ponen ante los ojos. Son la voz del mago que nos hace percibir el mundo a través del filtro de imágenes o palabras.
Picasso tenía el control de los cambios para mantener viva su atención. Cambiaba su espacio para no perderlo de vista. La mayor parte, por el contrario, deja de percibir lo que tiene delante por efectos de esa rutina y es seducido por los llamativos trompeteos que nos distraen y nos reclaman. Quizá el recurso final para sobrevivir entre olvidos y estridencias sea, como hacía Picasso, hacer el esfuerzo de ser conscientes de lo que es importante para evitar que nos lo escamoteen en el juego cotidiano del secuestro de la atención. Las cosas más relevantes corren el riesgo de dejar de ser valoradas cuando se convierten en rutina, del amor a las libertades.
  

* ENTREVISTA Susana Martínez-Conde 'El cerebro es el gran compinche del mago' El Mundo 28/04/2014 http://www.elmundo.es/salud/2014/04/28/533efa7022601d961b8b4582.html?a=2a42c35f2973d0fcabad3af57a421ade&t=1398662147




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