sábado, 29 de marzo de 2014

Otros economistas para otra Economía

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El corresponsal en Londres del diario El Mundo nos ofrece un reportaje sobre el movimiento desatado en la Universidad de Manchester —y su extensión a otras partes del mundo— como reacción al estatismo de la enseñanza universitaria de la Economía. En un mundo en el que predominan los discursos sobre el dinamismo y la adaptación al entorno, la innovación, etc., es la Economía misma, como materia, la que no cambia ante los ojos de los que la reciben.
Escribe Carlos Fresneda en el inicio del reportaje:

"El mundo ha cambiado, pero el programa de Económicas no ¿Ha llegado el momento de hacer algo?".
La chispa prendió en la Universidad de Manchester. Los estudiantes estaban hartos de tener que "aprender" más de lo mismo, como si no hubiera ninguna lección que extraer de la debacle financiera del 2008. Mentar a Keynes en las aulas (y no digamos a Marx) sigue siendo tabú. La única teoría válida es la economía neoclásica, aderezada con el neoliberalismo económico y con el libre mercado. Todo lo demás es anatema.*


Es comprensible la reacción de los estudiantes porque tienen razón. La cuestión va más allá de la Economía, aunque aquí pueda ser más evidente, y alcanza a casi todas las Ciencias Sociales. Su conversión en "discurso académico" aísla a la Economía en la medida en que es algo que se ofrece distanciado de lo que se pide desde fuera. Curiosamente, es un desajuste en lo teórico entre la "oferta académica" y la "demanda social". Es difícil estar recibiendo de forma canónica un discurso oficial cuyas limitaciones o desajustes se demuestran unos metros más allá del aula.
No se trata aquí de una cuestión de más o menos prácticas, como pudiera ocurrir en otros campos, sino de desajuste de la Teoría respecto a la realidad observable. Sencillamente, la Teoría ha fallado. Lo que solicitan los alumnos de Económicas es lo que el historiador de la Ciencia Thomas S. Kuhn llamaría un cambio en el "paradigma" por insuficiencia o debilidad de la teoría central para explicar la realidad y su evolución. La teoría "oficial" o "normal" falla; es necesario recurrir a otras que lo hagan mejor o la complementen.
Las teorías son formas de expresar los fenómenos reales. Pueden describirlos, explicarlos, predecirlos... según los campos y tipos de teorías. La "economía neoclásica", como teoría central, no ha funcionado como debiera y los estudiantes reclaman alternativas a esa teoría central que les permita comprender y expresar mejor lo que tienen ante los ojos y actuar con otras recetas.


Parece que todo tiene su lógica y que si algo no funciona se debe cambiar por algo que funcione mejor. Sin embargo, no es así y es lo que los estudiantes denuncian. No solo se quejan de que las teorías no funcionen, sino de que lo que tampoco funciona es una universidad desconectada de la realidad, cuyos discursos van por otros caminos.

Los estudiantes denuncian la existencia de una "burbuja académica" donde se perpetúa la enseñanza de la economía "neoclásica" por los siglos de los siglos, con la exclusión de todas las teorías que vinieron antes y después en la historia... "Y aunque es cierto que la Universidad se ha mostrado receptiva ante nuestras demandas, no vemos al final indicios de un cambio real, ni una voluntad de poner al día el currículo".*


Puede parecer una paradoja que un campo tan conectado con la realidad como es la Economía pueda ser acusado de vivir en una "burbuja". Sin embargo no hay paradoja y sí una consecuencia lógica del propio funcionamiento académico cuyos objetivos no son solo la "comprensión de la realidad" a través de la ciencia económica, sino su propia organización y promoción interna. El dinamismo que se reclama fuera se niega dentro. La adaptabilidad que se teoriza para la supervivencia en los mercados, se contradice con acciones limitadoras en las especialidades, fuera de las cuales no es posible navegar, bajo pena de sanción, y un sinfín de constricciones que evitan los cambios. 

La sociedad académica está prisionera de su propia rigidez y es eso con lo que los alumnos de Manchester y de otras universidades se encuentran. Los profesores pueden tener buenas intenciones en el plano personal, pero en el institucional son celosas víctimas de su propio currículo. A diferencia de lo que puede ocurrir fuera, en el mundo de la actividad económica, el académico se encuentra rigurosamente acotado, parcelado, por lo que es difícil salir de su propia rigidez. Es el propio sistema el que ha generado este anquilosamiento, pues actúa como una sutil forma de dirección externa a través del control de los méritos, decidiendo en cada momento lo que es aceptable (evaluable) y lo que no. Esto acaba generando una falta de sentido del riesgo (otra virtud empresarial) y de la creatividad (otra más) realmente notable y, por supuesto, suicida para el propio conocimiento y la universidad misma.
En el reportaje se señala:

"El reloj de la historia está marcado las horas, y se espera que haya una respuesta por parte de los académicos de Económicas", advierte Diana [García López] a título personal (insiste). "Muchos profesores reconocen también que se sienten también atrapados por las limitaciones que les impone el currículo... Creo que ha llegado el momento de mirar más allá de la burbuja académica, bajar del torreón y reconectar la disciplina económica con sus raíces: la sociedad a la que se supone que tiene que servir".*

La cuestión es que esa "burbuja" no es una frágil membrana sino una sólida cárcel que el académico se construye con sus propios ladrillos siguiendo los planos de la cárcel que se le facilitan. Que muchos entonen desde el fondo de su celda cantos lúgubres no es consuelo ni solución. Hoy por hoy, salirse del camino marcado en el ámbito académico es una azarosa aventura en los márgenes que puede reportar grandes satisfacciones personales e intelectuales, pero que quedan fuera de la ley del reconocimiento en un mundo celoso de las décimas o centésimas de los demás. Es así, simplemente. Resulta más rentable no salir del sendero, seguir la propia inercia.


Tiene razón los alumnos de Manchester al reclamar algo muy importante, la apertura de la Economía a otros campos:

"Lo que pretendemos es ni más ni menos que ensanchar el horizonte", apunta Henri Sorotos, estudiante de 21 años, con familia en Grecia que ha sufrido muy directamente los efectos de la crisis. "Y no nos basta con traer economistas, queremos también enriquecer el currículo con otras ciencias. Ya está bien de poner el énfasis casi exclusivo en las matemáticas. Unas cuantas horas de Filosofía en tres años no son suficientes. Creemos que la Economía tiene que estar arraigada en la sociedad y tiene que ser ante todo una ciencia interdisciplinar".*

Esta reclamación tiene gran importancia pues se parte del principio "técnico" de la enseñanza. Los hemos señalado en ocasiones y es algo que se comenzó a plantear en el siglo XIX: las limitaciones de la especialización provocan limitaciones en la comprensión. Puede haber sectores en los que la mayor especialización produzca un mejor resultado, pero en la Ciencias Sociales y en las Humanidades, la especialización provoca una ceguera ante la realidad. Es reconfortante escuchar a unos estudiantes de Economía decir que "unas cuantas horas de Filosofía en tres años no son suficientes". ¡Ojalá que se produjera la misma reacción en otros muchos campos! Desde el mundo académico esto se ve como una especie de colonialismo de créditos dentro de las luchas por la expansión de las materias en los currículos. Se pierde de vista lo importante, que no son los intereses académicos sino la formación de las mentes en una mejor comprensión de un universo que es cultural.


Es cierto que la pelea entre "matemáticos" y "culturales" dentro de la Economía no es nueva, pero lo que los alumnos reclaman es el aumento de su capacidad de comprensión, máxime cuando los modelos matemáticos no han sido suficientes ni para prever ni para explicar una crisis.

Hay demasiada rigidez en el mundo académico, demasiado interés propio. La vocación educativa es el complemento de la intelectual. Ambas se funden en el deseo de conocimiento para poder transmitirlo. Ese es el sentido de la universidad. Sin embargo, la propias universidades e instituciones supervisoras de la educación no suelen pasar de la retórica en este ámbito.
Los estudiantes que han creado la Post Crash Economic Society se han buscado una alternativa al estudio de la Economía para tener un conocimiento mejor de la sociedad y su funcionamiento, en busca de un currículo "crítico y pluralista". Todo lo que sea abrir posibilidades e ideas es positivo, es universitario.
En la página creada por la PCES de Manchester se buscan apoyos estudiantiles, se ofrece ayuda o otros que quieran emprender la aventura y se intenta negociar con el departamento de Economía para que amplíen sus enfoques. Desean ser otro tipo de economistas, con preocupaciones distintas y objetivos diferentes a los que creen que se han dado hasta el momento. Puede que los departamento de Economía no sean los responsables directos de las crisis económicas, pero sí de haber puesto en circulación a los economistas que no la supieron ver o predecir o que no saben encontrar recetas que no sean peores que las crisis mismas. Reclaman otros análisis y otras soluciones a las que el modelo clásico ofrece.
Su manifiesto termina con cuatro objetivos:

1) The Post-Crash Economics Society has been set up to try and broaden the range of perspectives and the teaching methods used by the Manchester Economics Department.
2) We will run a campaign to build student support and engage in dialogue with the economics department.
3) We will run events, workshops and other activities.
4) We aim to be a society that is accessible to all students and staff with an interest in economics whatever their economic and political beliefs.**


Algunos les acusan de "políticos", pero, como bien señala una de las entrevistadas, "enseñar Económicas es un acto fundamentalmente político"*. Y de eso se trata, de abrir posibilidades más allá del canon. Especialmente si el canon no ha dado la talla. Lo que es rigurosamente cierto es que dentro del sistema económico los economistas actúan con sus decisiones e interpretaciones. No se limitan a estudiarlo sino que tienen una papel activo en él. Por tanto, su formación, es decir, lo que tenga en la cabeza, su visión del mundo, es relevante. Para bien y para mal, claro.
La queja es de los futuros economistas, pero podría extenderse a muchas otras Ciencias Sociales.

* "Rebelión en las aulas de Económicas" El Mundo 29/0372014 http://www.elmundo.es/economia/2014/03/29/53341d6bca47413b388b4574.html

** http://www.post-crasheconomics.com/





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