jueves, 6 de marzo de 2014

La mitad de las preguntas

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El diario El Mundo entrevista a la escritora nacida en Estados Unidos, de padres hindúes, Jhumpa Lahiri. La autora indaga en la diferencia con sus padres, que siempre se sintieron culpables, nos dice, por no haber podido cuidar de sus mayores, frente a su situación, en la que heredo, a pesar de todo, algunos de conflictos interiores. Cuando es preguntada por los motivos por los que su obra, con raíces definidas puede ser acogida por gente muy distinta, contesta:

Cuando yo leo a García Márquez o a Chejov también me emociono y me siento muy cerca de lo que cuentan, y sin embargo no hay nada aparente que me una a ellos. Cuánto más específico es un texto más universal es su fuerza, y con los mitos ocurre exactamente lo mismo. Los seres humanos somos muy distintos, procedemos de culturas diferentes y hablamos muchas lenguas, pero por encima de todo nos unen condiciones comunes como el misterio de la vida, por el que todos nos preguntamos. Y ahí reside el poder del arte.*


En realidad puede que lo que diferencia a los seres humanos no sean las culturas o las lenguas, reflejos de ellas, sino la capacidad de hacerse preguntas. Nos empeñamos en construir diferencias cuando quizá debiéramos ahondar en nuestras inquietudes irresolubles, que son las propias de la naturaleza humana. No es otra cosa la llamada "universalidad del arte".
No hay ningún turismo comparable a lo que podemos comprender a través de la expresión artística de otros. Al final de nuestro recorrido descubrimos que tras esa "especificidad", como dice Jhumpa Lahiri, nos encontramos con seres con preocupaciones similares. Lo "universal" es lo que queda tras deshojar los elementos que nos perturban y distraen. Por encima de diferencias de tiempo y espacio, hay unas preguntas por resolver. Cuando la obra logra llegar hasta lo humano a través del realismo interior, la obra ser convierte en universal por encima de las diferencias. Hay un realismo de lo exterior, pero creo que hay también ese otro realismo interior que es el que nos trae el sentimiento de autenticidad.

La autenticidad no proviene ni del detalle ni del dato, sino de encontrar el justo recorrido que hacemos humanamente ante lo que la vida nos pone delante. No hay una forma específica de llegar a lo justo y en eso se representa el arte verdadero, el que surge de las preguntas del que las hace y no de las demandas triviales de mercados o mercaderes.
La conversión del arte en entretenimiento insustancial es una de las tragedias contemporáneas porque es, en muchas ocasiones, un arte que no compensa en nada el tiempo que le arrancamos a la vida (o la vida que él nos arranca). Solo compensa cuando nos deja situados en el centro del "misterio de la vida", aislados, desvalidos, enfrentados a fuerzas que surgen de nosotros durante la exposición que hacemos a las formas que nos ofrecen. En el arte verdadero el ser humano se encuentra frente así mismo, despojado del autoengaño. Es el misterio del arte que para conocernos tengamos que hacerlo a través de los ojos del otro, de su mirada. Por eso la universalidad de lo concreto y no de lo abstracto, como señala Lahiri. Cuanto más real es el otro, mejor más me encuentro en él.
No todos conectamos con el misterio de la vida de la misma manera; ese sería el misterio mismo del arte. Podemos tratar y reconocer la belleza, pero hay una experiencia profunda que nos provocan palabras y sonidos, colores y formas, que son la llave que nos abre el camino a ese misterio de lo humano. Llaves distintas, puertas diferentes, pero tras ellas se encuentra lo mismo: el ser cuestionado.


Nuestras sociedades, soberbias de conocimiento, han perdido, en cambio, la experiencia del misterio, que rechazan u olvidan. Se trata precisamente de un "no pensar" bajo la apariencia de hacerlo, contentarse con los conocimientos fragmentarios que nuestros estudios programados nos dan. Pero el conocimiento de la vida tiene poco que ver con carreras y doctorados. Tiene que ver, más bien, con el tiempo dado —siempre poco, siempre incógnita— que solo se valora cuando se ha perdido. El arte, por el contrario, densifica nuestra experiencia del tiempo, pues nos saca de él mientras dura nuestra experiencia estética. Lo que perdemos en horas o minutos lo ganamos en exposición a la vida.

Hoy se lee por novedad o por obligación, por aburrimiento o por estar al día. Constantemente me preguntan si he leído libros prescindibles, frutos de campañas publicitarias y promociones personales. Es la obsesión con lo que acaba de salir. Hay un momento en que descubres que eso no te convierte en un buen lector. Unos lo descubren antes y otros después; algunos nunca. Comienzas a tener, incluso, la sospecha de que puede haberte pasado desapercibido algo, entre las lecturas realizadas, que necesitas ahora que has madurado, y vuelves a ellas.
En algún sitio, en alguna parte, existe un verso, unas palabras, una canción, una imagen que te esperan, que te abren el alma confusa. Lo sientes. Es esa obra de arte que te permite conocerte, reconocerte. Puede que exista también nuestra "mitad poema", nuestra "mitad canción", nuestra "media novela", simplemente la otra mitad de nuestras preguntas, con la que nos completemos.
Puede que nos vayamos de este mundo sin respuestas, pero no debemos irnos sin preguntas.


* Jhumpa Lahiri "Cuanto más específico es un texto, más universal es su fuerza" El Cultural - El Mundo 5/03/2014 http://www.elcultural.es/noticias/LETRAS/5983/Jhumpa_Lahiri




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