lunes, 24 de marzo de 2014

Desafecto y populismo

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Si aceptamos la radiografía que nos va saliendo de la política europea (Francia, Holanda, Inglaterra, Grecia...), los rasgos parecen estar bastante marcados:
1) A la gente le interesa cada vez menos la "política", aunque es mejor no preguntarle qué entiende por "política". Se suele traducir en abstención.
2) Los que votan lo hacen cada vez más enfadados o más avergonzados, según los casos.
3) Una parte de los que deciden votar, lo hacen a partidos cada vez más radicales que hacen "política" al grito de "¡basta de políticos!", algo paradójico, pero real.
4) La causa de que la gente se radicalice en su voto es que tiene la constancia de que su voto no ha servido para casi nada de aquello para lo que se lo habían pedido.
5) Cada vez que surge un político que crea esperanzas y se le vota, parece condenado a provocar frustraciones al mostrarse igual que los demás. Desengaño y desafecto.
El fenómeno político, a resultas de lo anterior, parece centrarse en un aburrimiento que se combate con el surgimiento del radicalismo populista por ambos lados del espectro. La gente ha perdido la confianza y la ilusión en los grandes partidos y surgen formaciones con mensajes más contundentes y promesas de cumplimiento. Su estrategia es sencilla: ellos son diferentes; ellos cumplen con lo que prometen.


Lo peor de todo es que la gente está empezando a sentir atracción por los que, ante el descrédito de los grandes partidos, se presentan como "no políticos", hombres y mujeres "de acción" que tienen respuestas simples a los problemas complejos. Esos son capaces, con sus simplezas directas, de encandilar a los votantes deseosos de hechos y hartos de palabrería. Hasta el momento su discurso es antieuropeo, pero se va ampliando porque el poder no se desaprovecha.
Lo que empieza a aburrir a los electores es la división entre el discurso político y la acción política. La parte comunicativa de la política radica en la capacidad de mantener a los electorados "ilusionados" intensificando los mensajes identitarios y de diferencia respecto a otros grupos. Ha perdido su verdadero sentido enterrada por campañas de control de imagen constante. La gente tiene la impresión de que se trata de conseguir los votos y que lo que ocurre después tiene poco que ver.
Esta es la explicación que nos daban anoche del traspiés socialista en Francia:

La victoria parcial y global de los conservadores ofrece una lectura en clave nacional: se trata de un evidente revés político para François Hollande, que tras pasar 22 meses en el Elíseo es el presidente más impopular de la V República. La última torpeza cometida por su Gobierno, al negar primero y admitir después que estaba al corriente de las escuchas judiciales realizadas a Nicolas Sarkozy, ha sido el colofón a dos años de desconcierto, errores y vaivenes. En enero, Hollande abandonó el discurso y la estrategia que le llevaron a ganar las presidenciales y abrazó sin rubor las recetas neoliberales ofreciendo un pacto por el empleo a la patronal y un recorte del gasto público de 50.000 millones en tres años.*


Es el en "sin rubor" donde se centra la clave del asunto y la debacle resultante. Aunque se trate de Francia, una lectura similar se podría hacer en otros países. Es este desengaño lo que aleja de la política. Una de las palabras más usadas estos días en Francia es "desafecto", término con el que se quiere reflejar esa distancia progresiva de lo político hasta llegar a la indiferencia o a la búsqueda de un voto radical.
El radicalismo juega con ese desafecto, con la pérdida de confianza en los mensajes y el desengaño ante las acciones. Frente a la pérdida de votantes, el radicalismo populista está ahí para captar esa frustración, para crecer ocupando espacios.


Hace unos meses, en noviembre de 2013, ya se barajaban los resultados del "desafecto" en dos países como Holanda y Francia, pronósticos que se han cumplido. Lo hacía Dominique Moisi en un artículo titulado "Los antieuropeos de Europa", en el que señalaba:

Los dos países están inmersos en una crisis de identidad que está convirtiéndose en desdén a Europa, los extranjeros, los inmigrantes y todo lo que representa al "otro", y los dos están experimentando un aumento de la sospecha popular respecto de las élites políticas tradicionales.
En ese ambiente, las próximas elecciones al Parlamento Europeo parecen pintiparadas para partidos extremistas, a tenor de encuestas recientes que indican que el Frente Nacional será el partido más votado en Francia. Las elecciones europeas dejan indiferentes a la mayoría de los ciudadanos, lo que se plasma en una escasa participación... excepto entre los que se definen por aquello a lo que se oponen y desean expresar su ira y su frustración ante el statu quo.**


El problema que se pensaba que llegaría con la elecciones europeas se ha planteado antes, en las municipales. Si la explicación teórica hablaba de estos grupos como "antieuropeos", ahora han mostrado que no se trata solo de la "cuestión europea". Ahora forman parte de la "cuestión nacional". Ya no se benefician solo del abstencionismo de los ciudadanos en las cuestiones de Europa. A lo que asistimos es a un avance importante que es el reverso de la pérdida de confianza en los partidos grandes en el poder.
Este es el panorama que nos daban anoche de las elecciones municipales francesas:

Resultados históricos del Frente Nacional. Abstención récord, rozando el 40%. Severo voto de castigo a François Hollande y a los socialistas. Y victoria global, sin grandes conquistas, del centro-derecha. Esos son los principales mensajes que deja la primera vuelta de las elecciones municipales francesas celebradas este domingo. El hartazgo del electorado con el Ejecutivo socialista y la desafección con el sistema político se manifestaron desde los primeros resultados. El paso de las horas dibujó un castigo a los socialistas más duro de lo previsto por los sondeos, con hundimiento en Marsella e inesperada derrota parcial en París, y un nítido avance del Frente Nacional (FN), que sitúa a sus candidatos en cabeza en una decena de ciudades –Perpiñán, Aviñón, Forbach, Béziers, Fréjus-, y sobre todo en Hénin-Beaumont, el feudo de su líder, Marine Le Pen, donde el FN ganó la alcaldía en el primer turno al superar el 50% de los votos.
El renovado mensaje populista y antisistema de Le Pen, que en las últimas presidenciales ya logró el 18% de los sufragios, sigue convenciendo a un número cada vez mayor de franceses; además de alcanzar porcentajes inéditos en docenas de ciudades grandes y medianas, la extrema derecha logra forzar numerosas batallas triangulares con el Partido Socialista (PS) y la Unión por un Movimiento Popular (UMP) en el segundo turno, obligando así a los grandes partidos a decidir si llaman o no a votar por su rival para frenar a la extrema derecha, que en las municipales de 2008 no había logrado una sola alcaldía.*


Lo que necesita el mundo con urgencia son verdaderos políticos. Sin embargo, escasean por no decir que son difíciles de encontrar. Y lo son porque se buscan en los viveros menos adecuados, que están resultando a la vista de todos "escuelas de malas costumbres". Nuestro drama ciudadano es que cuando más necesitamos de la política y de los políticos, más complicado se ha puesto encontrarlos.

Los políticos se nos han estropeado de tanta teoría del liderazgo, tanta teoría de la gobernanza y demás zarandajas. En realidad de lo que se han dotado es de una artillería retórica con la que tapar lo esencial: son personas de partido, que hacen su carrera dentro del partido y forman una casta. Como toda casta, se mantiene distante y cerrada. Los populistas juegan con lo contrario con su pertenencia a la sociedad, a los grupos que padecen los problemas y su interés específico por solucionar los problemas.
La pregunta directa del xenófobo holandés Geert Wilders sobre si quieren "más o menos marroquíes" fue contestada de forma directa por los presentes: "¡menos!". Puede tomarse como una forma paradigmática de populismo. La pregunta no puede ser más simple y la respuesta más directa. Hasta ha asustado a sus propios correligionarios; algunos de ellos han dimitido.

* "Las municipales en Francia confirman el avance de Le Pen y de la abstención" El País 24/04/2014 http://internacional.elpais.com/internacional/2014/03/23/actualidad/1395569582_897962.html

** "Los antieuropeos de Europa" El País 25/11/2013 http://elpais.com/elpais/2013/11/25/opinion/1385405271_247726.html






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