martes, 11 de febrero de 2014

Rumor y anti rumor o las trincheras del prejuicio

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Al principio pensé que se trataba de una broma. Hablaban de unas visitas internacionales para estudiar el "plan anti rumores" que se había desarrollado en Barcelona. Sobre todo lo pensé por la observación de que uno de los "agentes anti rumores" se había especializado en "El Código da Vinci" que, en efecto, es propagador de todo tipo de tonterías. Tomándolo como referencia, hice un cálculo rápido de los agente anti rumores necesarios para evitar que las tonterías que escuchamos cada día se propagaran y me salían millones, casi la totalidad del planeta.
Como no te puedes fiar demasiado de la forma en que las televisiones informan de las cosas —son también propagadoras de "rumores"— busque y encontré la fuente de la información, el origen, que es el Proyecto "Estrategia anti rumores para prevenir el racismo", una iniciativa, según consta en sus documentos, de la Fundación ACSAR apoyada por la Open Society Foundation, con la colaboración de la Obra Social de La Caixa y del Consejo de Europa. Después se han puesto en marcha proyectos similares en otras ciudades españolas, del País Vasco a Canarias.
No es fácil definir el "rumor" porque el término gira sobre dos ejes, la ausencia de un origen claro de la información y la credibilidad que pueda merecer, partiendo del principio de que ambos mantienen una relación a través de la idea de "autoría". Un información que circula sin saber su fuente, se considera un "rumor"; también es "rumor", una información que no está verificada. "No está confirmado", decimos, "es solo un rumor". Algo que es confirmado deja de ser un rumor y se convierte en otra cosa, según el ámbito en el que se dé.

Tengo sobre la mesa un libro reciente que llevo tiempo intentando colar en la lista de lecturas, "Fama. Una historia del rumor" (2013), del alemán Hans-Joachim Neubauer y aprovecho para ver cómo nos define el "rumor". Nos dice:

Los rumores son paradójicos, crean la esfera de lo público al tiempo que lo representan. Mencionarlos supone apelar a la noticia y a su medio de transmisión, al mensaje y al mensajero. Mi noción del rumor parte de esta realidad y alude en primer lugar a todo aquello que ha recibido tal denominación, entendiendo el rumor como una convención histórica modificable que puede aludir a distintos fenómenos. Al mismo tiempo el «rumor» es la información actual que un grupo hace circular a través del medio de la habladuría o formas afines de comunicación. Lo que todos dicen no es aún un rumor; sí en cambio lo que se dice que todos dicen. Los rumores son citas o variantes de citas que presentan una importante omisión: no llegan a determinar la identidad de aquel a quien se cita, nadie sabe quién habla a través de ellos. (17)*

De todo ello me quedo con la idea de que es "lo que se dice que todos dicen" pero a lo que nadie podría señalar un origen cierto. Es precisamente esa la fuerza del "rumor", que se da como una evidencia aceptada por la comunidad y no llega a cuestionarse.


En el caso del Proyecto, la idea de "rumor" es algo más compleja porque en realidad no están combatiendo contra los rumores, sino contra los "estereotipos" que, eso sí, circulan como rumores. Los estereotipos y los prejuicios sociales, son estables y difíciles de erradicar. La función de los rumores, desde esta perspectiva, es reavivarlos confirmándolos. El rumor se acepta entonces porque sirve como confirmación del prejuicio o estereotipo asentado. El rumor se corta; el estereotipo se combate. Son dos acciones distintas que el lenguaje nos revela: el rumor circula, es dinámico, surge de un punto y se difunde. El estereotipo, por el contrario, no circula, está ahí, metido en las raíces, atrincherado; es algo profundamente arraigado que cuesta eliminar.

Si los rumores pueden afianzar los estereotipos, no está tan claro, en cambio, que cortarlos los erradique. Requieren, probablemente, de acciones más enérgicas con las que llegar al fondo, al origen que determina la aceptación acrítica del rumor. Los rumores son el aquí y el ahora; los estereotipos, el largo plazo.
En el documento inicial del Proyecto anti rumor, el objetivo son las cuestiones que surgen alrededor de la inmigración y de los prejuicios y rumores que se le vinculan. La idea es formar gente para rebatirlos, insertar infiltrados tras las líneas enemigas del estereotipo social y actuar a pie de calle. Bajo un cierta jerga de combate —algo que realmente es— la idea es simple: informar mejor a personas que estén en contacto con muchas otras. Antes se llamaba a esto "líderes de opinión".
El trabajo previo se centra en detectar los prejuicios y ver cómo se transforman en "mensajes", en informaciones definidas y constantes en el seno de la sociedad, y repartir después agentes dispuestos a cortarlos mediante la acción dialógica, podríamos decir. Esto implica desde una discusión en un mercado a un artículo en la prensa. Cada uno en su terreno actúa sobre las informaciones intentando anularlas con su contra información.
En el caso de Barcelona, estos fueron los doce puntos detectados y su traducción a "mensaje rumor":

1. Llegada de inmigrantes. "Nos están invadiendo"
2. Sistema de Bienestar. "Copan las ayudas sociales"
3. Impuestos. "No pagan impuestos"
4. Comercio. "Reciben ayudas para abrir comercios, no los inspeccionan"
5. Sistema sanitario. "Abusan de los servicios sanitarios y colapsan las urgencias"
6. Identidad. "Estamos perdiendo identidad"
7. Convivencia y civismo. "No conocen las normas, son incívicos"
8. Vivienda. "Viven apiñados y bajan el nivel de los pisos"
9. Sistema educativo. "Bajan el nivel de las escuelas"
10. Espacio público. "Sobre ocupan y hacen mal uso del espacio público"
11. Trabajo y formación. "No tienen formación. Nos quitan el trabajo"
12. Integración. "Son una carga y no se quieren integrar" (pp 7-8)**


Usted, como yo, los habrá escuchado en la barra de una cafetería, en la cola del cine o subiendo en un ascensor; habrá escuchado alguno de ellos en boca de un familiar, compañero del trabajo, taxista que le llevó al aeropuerto o pareja de tenis. Si hace memoria, recordará haber pensado alguno de ellos como reacción a alguna noticia. Los habrá leído ayer en las informaciones sobre el referéndum suizo. Es el compendio de lo que llevó a los votantes helvéticos a manifestarse en contra de los inmigrantes. Lo pongo en cursiva porque lo de la entrada "masiva" no es más que una forma eufemística de plantear el referéndum. La realidad comunicativa de los mensajes que poblaban los carteles y discursos eran, en cambio, muy claros y libres de eufemismos: los gigantescos pies amenazantes pisoteando la bandera suiza, devorando su territorio. Da igual que los partidarios de la opción contraria pusieran sobre la mesa los datos reales de los efectos, muy distintos, de la inmigración. Tres extranjeros en una cola de cincuenta personas te parecen una "invasión", un "colapso" y una pérdida de "identidad". Te lo parece si lo quieres ver así.


En realidad, esa lista de doce mensajes rumor está en los programas electorales de muchos otros partidos populistas que se centran precisamente en ese arraigo "popular" del rumor. Es su terreno y de él viven, de Austria a Inglaterra, o entre nosotros mismos sin ir más lejos.
La campaña trata de evitar que, mientras estés en la cola, alguien esté despotricando contra los extranjeros sin contestación alguna. Te dan información sobre cómo contrarrestar esa nefasta influencia con datos y estrategias comunicativas. A lo mejor no convences al que habla, pero puedes ejercer algún efecto sobre el que escucha.

Información ...y valor para discutir. Nada hay más cómplice de estas actitudes que el silencio, el dejarlas sin contestación en cada esfera de lo cotidiano, de la conversación informal al comentario racista o xenófobo con los que los agentes del prejuicio salpican las informaciones periodísticas a través de esa vía de reafirmación que son los comentarios en Internet, un filón para la investigación de los prejuicios.
En realidad, los agentes anti rumores son una forma de rearme activo ante el crecimiento de estas formas de refuerzo de los prejuicios debido a la amplificación informativa. Una sociedad como la actual es más sensible a los rumores de este tipo porque los medios de masas se han transformados en medios individuales masivos, cuyos efectos son más intensos y contra los que hay menos defensas. Estas formas de comunicación permiten los efectos de la comunicación personal pero multiplicada por millones en su alcance. Es un nuevo grado en la persuasión.
Los grupos más radicales en sus prejuicios, como ocurre con los xenófobos y racistas, son muy activos en las redes sociales y se convierten en agentes de rumor, en militantes informativos. Su función es precisamente la traducción del prejuicio profundo a la actualidad, transformando cada acción en una reafirmación de esos elementos básicos. Son actualizadores del prejuicio, abrillantadores del estereotipo, que reavivan transmitiendo los rumores.

Hace un par de años desarrollamos un curso precisamente para hacer conscientes a los futuros periodistas e informadores de la presencia constante de los estereotipos, clichés y prejuicios en la comunicación diaria, en su invisibilidad por lo habitual de las respuestas. La receta era mayor conocimiento, más y mejor información, sobre los temas en cuestión, y conciencia meta comunicativa, es decir, tener plena conciencia del proceso de la construcción de los discursos y los efectos de la comunicación sobre los públicos y audiencias. Se trataba de ser conscientes de que podemos ser vehículos de transmisión de elementos que se han vuelto socialmente habituales pero que tienen un carácter peligroso por sus consecuencias para la convivencia. Por eso me resultaba atractiva la definición de Neubauer —"lo que se dice que todos dicen"— porque expresa esa inercia social. Se convierten en "verdades" aceptadas, dadas por hecho, sin cuestionar. Nuestros centros de interés eran los estereotipos sexistas y los problemas derivados de la interculturalidad. Nuestra objetivo era que los futuros profesionales de los medios se dieran cuenta de la importancia de informar sin caer en los estereotipos, cuestionar los prejuicios, para evitar contribuir a su refuerzo social.

El curso fue muy satisfactorio y creo que las personas que por allí pasaron vieron con claridad el origen de los condicionantes sociales de la comunicación. No debemos ser maniqueos ni simplistas. Podemos pensar que hay una comunicación buena y otra mala y que esto es evidente porque todo el mundo quiere y prefiere saber la verdad. Pero no es fácil porque tras esa aceptación y comunicación de rumores hay una realidad social, un conjunto de intereses y cegueras difíciles de cambiar. Si tener más y mejor información nos hiciera cambiar de idea, el mundo sería un lugar más sencillo y acogedor, pero no lo es.
Hay que aplaudir la iniciativa, sobre todo porque nos revela que hay gente que todavía puede, desde su puesto, enfrentarse en solitario a los que le rodean y decirles que algo no es así, que eso no es verdad. Lo cómodo, lo más sencillo, como hace la mayoría —incluidos los líderes políticos y sociales— es asentir o callar.  Y es también lo más peligroso. 
También —no se le habrá escapado a nadie— se corre el riesgo de atacar rumores y dejar otros intactos, según nos interese en nuestra visión, siempre parcial, del mundo. Quitarse los prejuicios es quizá demasiado optimista, pues forman parte de la naturaleza humana. Lo que hay que tratar es de quitarnos de encima el mayor número posible y no añadir otros nuevos, a ser posible. Exige mucho examen de conciencia, algo que no es fácil ni cómodo.
El agente anti rumor tiene algo de Sísifo rodando su piedra por la ladera de la montaña, pero Camus nos enseñó, se puede ser feliz así. Se trata en última instancia de que cada uno coja su piedra y la haga subir hasta donde llegue una y otra vez. Quizá no se trate tanto de que la piedra llegue arriba, sino de que cada día haya más con su piedra intentándolo.
Todos podemos ser agentes anti rumor, infiltrados en medio de los prejuicios y la tontería seriada. Puede que no sea cómodo, pero es necesario.

* Hans-Joachim Neubauer (2013). Fama. Una historia del rumor. Siruela, Madrid.

** Estrategia anti rumores BCN (documento) http://www.antirumores.com/resources/estrategia_bcn_antirumores.pdf










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