miércoles, 12 de febrero de 2014

No molesten, somos suizos

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Las cifras de la inmigración en Suiza están resultando ser muy distintas de las que podrían suponerse. El tópico de la invasión tercermundista de Suiza se diluye ante los verdaderos invasores del país, los alemanes e italianos, vecinos de Suiza, y los portugueses. Con las cifras oficiales suizas en la mano, son esos tres países los que tienen una mayor presencia allí. Y no es nuevo. Alemanes e italianos son vecinos de Suiza. Según las cifras oficiales, entre 2011 y 2013, la población española se incrementó en unas tres mil ochocientas personas; pasó de 66.011 a 69.793. Son cifras muy alejadas de los 294.000 de Italia, los 285.000 de Alemania,  o los 238.000 de Portugal. La emigración francesa es también muy superior a la española 103.929, con un incremento del 4.5%.
Otro dato: de los tres países candidatos a la Unión Europea (Turquía, Croacia y Macedonia) los dos primeros perdieron población en Suiza, disminuyendo el número de residentes. Entre los tres suman 163.000 inmigrantes, con una pérdida global de -0'5%. La presencia de serbios (de 102.957 a 94.851, un -7'8%) y bosnios (33.505 a 32.912, un -5'8), también se redujo.


Localizo una información que me parece muy esclarecedora, del año 2007. A veces es mejor mirar de dónde salió la piedra para entender dónde cayó. La noticia se refiere a un documental realizado por la televisión suiza, con el título 'Los alemanes llegan y cómo los queremos' y nos lo explicaban en SwissInfo, servicio de de información sobre Suiza.

¿Cuál fue el origen de la decisión de hacer un documental al respecto?, preguntó swissinfo al autor del filme, Pino Aschwanden.
"En agosto pasado se dio a conocer que los alemanes estaban a la cabeza en la lista de la nueva corriente migratoria hacia Suiza. Buscamos entonces mostrar las razones del porqué Suiza es atractiva para los alemanes y abordar la vida en común con los suizos."
Cuando Aschwanden preguntó en la calle a varias decenas de suizos su opinión sobre sus vecinos al norte surgieron varias respuestas constantes: "arrogantes", "impertinentes", "poco amables"...
"Me sorprendió que los 50 suizos que en la calle abordamos para preguntarles su parecer sobre los alemanes -con excepción de uno- dijeran que hay algo que les molesta de ellos. Aunque también hicimos un sondeo representativo a 600.000 personas. Un cuarto de ellas dijo no tener un aprecio especial hacia los alemanes."**


Mencionaba yo hace dos días, cómo se había quedado granado en mi memoria el comentario de una ciudadana suiza, hace décadas, sobre cómo le molestaba el "olor a ajo" que se desprendía de los inmigrantes. Los suizos, pueblo que presume de realizar esta forma de "democracia directa", están acostumbrados a dar su opinión con franqueza impertinente sobre todos los demás. El documental podría haberse hecho probablemente sobre cualquier otra nacionalidad y los suizos habrían encontrado alguna molestia en los demás, algún defecto del que ellos carecen y que habrían resaltado desde la perspectiva que da la altura de sus cumbres.
El documentalista no deja de sorprenderse por las reacciones de unos y otros, ante lo que él pensaba que sería un acogedor encuentro entre vecinos que hablan la misma lengua, aunque con un dialecto diferente:

Justamente en el documental de Aschwanden aparece una chica germana en sus primeras clases de dialecto zuriqués, toda una exigencia en la que esa hermandad idiomática que une a ambas razas no resulta nada fácil de distinguir a la hora de repetir las conjugaciones verbales.
Pocos pensaron al respecto antes de llegar a Suiza: "Cuando recién llegada iba a los supermercados ¡no podía entender lo que me decían! ¡Eso me impactó de tal forma!"
El documentalista muestra otros desconciertos de los alemanes tras su arribo a Suiza. "Fue un choque cultural para mí", "Los suizos son un mundo cerrado', "Nunca pensé que Suiza fuera tan lejana... ", apuntan algunos.**

Como cierre, SwissInfo incluye un recuadro titulado "contexto" que termina con la siguiente aclaración:

En el aspecto social, cabe decir que si bien los alemanes resultan arrogantes para los suizos que hablan como lengua materna algún dilecto alemán, ocurre el mismo fenómeno en el caso de los suizos de habla francesa con relación a los vecinos de Francia.**


No sé si le servirá a alguien —a los alemanes— de consuelo saber que tienen los mismos recelos hacia los franceses. Creo que la historia nos muestra que a lo único que los suizos no le hacen ascos es al dinero, del que nunca les ha preocupado demasiado ni su acento ni su olor.
Podrían dar datos sobre los beneficios o perjuicios para su economía y desarrollo, pero las razones suizas se basan siempre en "olores", "acentos", "altiveces", etc. Es decir, Suiza acoge a otras personas porque no tiene más remedio y a regañadientes, con el meñique estirado, cara de asco y una ceja levantada, como diciendo a qué vendrá este. Son así, por lo menos en cantidad suficiente como para sacar adelante sus leyes restrictivas respecto a la Europa que les rodea.


En el año 2006, con motivo de la aprobación de más leyes restrictivas hacia la inmigración, con casi un 70% de los suizos a favor, Swissinfo entrevistó al historiador (calificado como de "izquierda" por la publicación) Hans-Ulrich Jost:

swissinfo: ¿Considera que Suiza tiene una herencia xenófoba?
H.-U. J.: Para decirlo llanamente, desde principios del siglo 20, Suiza tiene dos o tres parámetros constantes en su política. Y uno de ellos es la xenofobia.
Esto comenzó antes de la Primera Guerra Mundial con el asunto de los extranjeros pero, peor todavía, con la exclusión de ciertas poblaciones. Los gitanos, por ejemplo, a los que un documento de la administración federal de la época califica abiertamente de 'úlcera'.
A partir de allí, esta temática no nos ha dejado. Ha sido utilizada periódicamente por uno u otro partido de la derecha o de la extrema derecha, y de ahí llegamos ahora a este muy claro veredicto.
El velo humanitario detrás del cual nos escondimos siempre se ha desgarrado.
swissinfo: Sin embargo, todo el mundo habla de la tradición humanitaria de Suiza. Y los vencedores del domingo aseguran que no ha sido cuestionada. ¿Para usted eso sería sólo una ilusión? 
H.-U. J.: No es una ilusión, pero hay que relativizarla. Incluso un importante periódico de expresión alemana, más bien conservador, escribió claramente que, de hecho, nuestra tradición humanitaria es válida mientras interesa al país y no afecta demasiado a nuestro sagrado egoísmo.
Y esto ya era verdad en la época de los Hugonotes, esos refugiados protestantes venidos de Francia. Los aceptamos pero con muchas reticencias e invitándolos a partir lo más pronto posible.***


La conclusión de Jost es que el humanitarismo suizo (¡cómo engaña lo de la "cruz roja"!) no es más que una forma de interés camuflado para esconder eso que llama "nuestro sagrado egoísmo". Probablemente sean las suspicacias de todo país pequeño, las reticencias ante los temores del que se sabe débil numéricamente. A veces lo tienen también los países más grandes y casi nadie está libre de culpa en estas cosas, pero al someterlo a votación directa a los suizos no les quedan muchas excusas. No las necesitan; ellos son directos en sus desprecios y temores.  Veremos si ahora, la respuesta europea es lo suficientemente contundente como para hacer ver a los suizos que ese "sagrado egoísmo" les traerá consecuencias. No se puede establecer acuerdos que te benefician y luego retirar las contrapartidas. Está por ver la contundencia europea o la tibieza con la que aborda este problema real. 

Con todo, lo más preocupante serán los efectos sobre los "suizos de corazón" repartidos por toda Europa y que, como ellos, se sienten molestos ante fenómenos como la inmigración. La próxima campaña europea debe ser "europea". La obsesión por convertirlas en elecciones locales por parte de nuestros políticos no hará sino —una vez más— impedir que tengamos una mejor perspectiva del desarrollo común. Nuestros políticos quieren que nuestras mentes se paren en los Pirineos, que no dejemos de mirarles en su patético provincianismo, entre nacional y autonómico. Seguimos transmitiendo la idea que Europa es un lugar donde van los políticos y no un espacio al  que pertenecemos los ciudadanos, una identidad por construir.
Hay que hablar mucho de Europa; hay que tenerla en mente constantemente porque de no ser así se convertirá en un fantasma retórico. Hay que traer sus problemas al centro de discusión para poder mejorar el proyecto que es y la realidad que debe ser.


* Federal Office for Migration FOM, Statistical Services. Number of permanent foreign resident population by nationality / end of December 2011 and 2012 https://www.bfm.admin.ch/content/dam/data/migration/statistik/auslaenderstatistik/aktuelle/ausl-nach-staat/ts8-bevoelkerung-staat-2012-12-e.pdf
** 'Los alemanes llegan y cómo los queremos' Swissinfo 23/02/2007 http://www.swissinfo.ch/spa/actualidad/Los_alemanes_llegan_y_como_los_queremos.html?cid=5740612

*** "La vieja herencia xenófoba de Suiza" SwissInfo 26/09/2006 http://www.swissinfo.ch/spa/actualidad/La_vieja_herencia_xenofoba_de_Suiza.html?cid=5469092



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