domingo, 5 de enero de 2014

Inexorable

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Abandoné a la mitad dos dramas en los que psicópatas asesinos se dedican a acosar familias. Por alguna extraña casualidad, la segunda de las películas derivó por la misma senda que la primera. Puedo pensar que es alguna fatalidad o que el género se ha ido extendiendo más de la cuenta. Para no tener que aguantar más amenazantes llamadas nocturnas, pasos junto a las ventanas, parejas asustadas y estallidos de tensión final, me fui a lo seguro y decidí terminar la noche con Pistoleros de agua dulce (Monkey Businnes 1931). Entre tanto pistolero, me quedo por supuesto con los Marx.
Esperaba sobre todo la llegada de la secuencia del desembarco del barco que siempre me ha resultado divertida: aquella en la que aparecen con un pasaporte robado supuestamente a Maurice Chevalier e intentan salir del barco haciéndose pasar por él con el simple disfraz de un canotier. Uno a uno van realizando sus imitaciones, interpretando la canción "You braught a new kind of love to me" ("If the nightingales could sing like you / They'd sing much sweeter than they do / For you brought a new kind of love to me..."), un gran éxito del cantante francés, entonces en su apojeo, compuesto por Sammy Fain. Sigue siendo una secuencia delirante —junto a otras, como la del guiñol de Harpo—, por la que merece la pena verla de nuevo.



Terminada la película, me fui a los extras que acompañan al DVD compuestos por tres fragmentos de las intervenciones televisivas, dos de comienzos de los 60, en el programa Today, y otra posterior. La primera, de 1961, es una actuación de Harpo promocionando su reciente biografía, "Harpo Speaks!", gracioso título que hace tanto referencia a su personaje "mudo" como a la promoción de Greta Garbo cuando pasó al sonoro (Garbo Speaks!). La segunda entrevista es a Groucho en el mismo programa, en 1963. La tercera es de 1983, con el hijo mayor de Harpo con motivo de la reedición, veinte años después, de la biografía que su padre había presentado anteriormente en Today.
En este tercer fragmento se incluyen algunas escenas de películas caseras que nos muestran a Harpo, y ocasionalmente a Groucho, en su vida familiar. Son solo unos segundos, apenas unos fotogramas, pero son documentos valiosos para recordar de una forma distinta a unos cómicos que lucieron siempre, incluso en las entrevistas que podemos ver ahora, las máscaras de sus personajes. Harpo, por ejemplo, no dice una sola palabra durante su intervención en el programa y va adornado con una peluca rizada. Sus palabras, no la voz, se introducen en la entrevista a través de la lectura de fragmentos del libro. Harpo fue el "mudo" hasta el final.


Durante el programa de 1983 le preguntaron a su hijo William cómo sonaba la voz de su padre. Explicó cómo su hablar era suave y prolongando las vocales. No le escuchamos, sino a su hijo mostrando como diría él palabras como "oil". El presentador manifestará en otro momento su sorpresa por verle aparecer sin su peluca característica. No se debían haber visto con anterioridad esas películas que el hijo de Harpo llevó al programa dentro de la promoción de la reedición de su biografía. Cuando es preguntado por cómo les llamaban a sus tíos, si "Julius" o "Groucho", el hijo responde "Tío Groucho".
En el corte del programa del Today de 1963 con Groucho, no se percibe distancia alguna con su personaje. Al igual que ocurría con Harpo, Groucho actúa como se esperaría de Groucho, mostrando ese tránsito a la vida del personaje que creó y viceversa. No sabemos muy bien si Julius creó a Groucho o si Groucho se apoderó de Julius, como ocurre con Harpo. Lo estable de sus personajes cinematográficos y teatrales —lo definido y constante de sus caracteres— hizo que los pudieran mantener en la vida pública fuera de las pantallas.


En la entrevista a Groucho —dirigida por John Charles Daly, como la anterior—, después de hacerle realizar el "paso del pato" tras la periodista a la que se le hace caminar delante de él, explicar el título de su libro autobiográfico "Memorias de un amante sarnoso", y hablar sobre cómo contrataron a Marilyn Monroe —"...la habitación se movía a su paso"— para la primera película en la que apareció, el tercer entrevistador en la mesa le pregunta: "¿No cree que difamó a sus hermanos al decir que Harpo y Chico eran unos tahúres con las cartas?". A lo que Groucho le contesta:

—¡Pero es que lo eran! Le puedo contar una historia que no está en el libro...
—¿En serio?
—¡Es muy buena! Vivíamos en Chicago... ¿Nos queda tiempo? —pregunta Groucho,

Y entonces comienza ese momento temido en las televisiones y radios:

            —¿Cuántos segundos nos quedan?
            —¡Oh, no! —se oye exclamar a Pat, la entrevistadora.
            —Aquí cortamos mucho las cosas —dice el presentador.
—¡Como en los restaurantes chinos! —replica, sin inmutarse demasiado, Groucho.
—Nos gustaría seguir con tus historias, pero tenemos que pasar a los anuncios. El reloj es "inexorable"... Buscaré qué significa después de la pausa —dice el presentador, contagiado por Groucho.
—[Jack] Benny lo utilizó y no sabía lo que significaba —apostilla Groucho muy serio dándole la razón.

Después las imágenes grises de aquel programa de Today Show de 1963 se convierten en negro y se pierden en el vacío. Esperas que regresen y no lo hacen.


Pasados cincuenta años nos quedamos con las ganas de conocer aquella "buena historia" sobre lo tramposos que eran Harpo y Chico Marx, aquella historia que no podremos leer en las memorias de Groucho y que la conjunción de los anuncios y lo "inexorable" del reloj —las dos caras de la misma moneda— nos han impedido conocer.
¿Cuántas historias interesantes se han quedado fuera por lo inexorable del reloj? ¿Cuántas veces se ha quedado lo más interesante en la punta de la lengua porque esa guillotina ha caído inexorablemente?
Ese "aquí cortamos mucho las cosas" debería, como en el infierno de Dante, ponerse en la entrada de los edificios de todas las televisiones del mundo.

 

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