domingo, 19 de enero de 2014

El racismo no se justifica con las crisis económicas

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Se hace eco el diario El País en su editorial de la indiferencia —incluso impunidad— con la que se están produciendo los insultos racistas contra la ministra italiana Cécile Kyenge, congolesa de nacimiento o contra la ministra de Justicia francesa Christiane Taubira. A cada una le toca soportar los insultos de los respectivos partidos racistas que hacen enrojecer a Italia y Francia, la Liga Norte y el Frente Nacional, respectivamente.
Cuando comenzaron los insultos y desprecios, reconocí como "mi ministra" a Cécile Kyenge en un gesto que considero que deberíamos hacer como "europeos". En cuestión de Derechos Humanos y de vergüenzas por su desprecio, deberíamos estar todos unidos. Más que la "moneda única", me interesa la "vergüenza única" que deberíamos sentir todos y el "desprecio único" con el que deberíamos tratar a los que nos insultan a todos al insultarlas a ellas.
Señala en su editorial El País:

Tratar estos asuntos como si fueran meras anécdotas es un gravísimo error. Trivializar las expresiones de racismo es contribuir a legitimar el discurso del odio al diferente. Fuerzas populistas y xenófobas están recurriendo de nuevo a la estrategia de crear enemigos interiores y exteriores contra los que dirigir el miedo de la gente al futuro, y la inseguridad que genera una sociedad cada vez más injusta y desigual. No se pueden aceptar como meras opiniones lo que son flagrantes delitos, ni tolerar como si fuera una inocua confrontación de ideas los embites [sic] del racismo y la xenofobia. Varios de los partidos que siguen esta estrategia están concertando un “asalto a las instituciones” en las próximas elecciones europeas, con el objetivo de combatir desde dentro el proyecto de avanzar en la integración. Defender el proyecto de la Unión Europea exige poner diques en cada país a un discurso que lo que en realidad quiere es destruir los valores de igualdad, justicia y solidaridad en los que se fundamenta el proyecto europeo.*


Mientras en el editorial se señala esto, en otra de sus páginas se viene a decir casi lo contrario. Con el titular "El extremismo crece en la Unión Europea pero no arrolla" se plantea la tesis de que en "Europa" —es decir, "Bruselas"— han pintado poco, pero la utilizan como "caja de resonancia", algo bastante contradictorio frente a la clara preocupación editorial. Se señala en el artículo:

Los números son preocupantes. Pero a veces las estadísticas provocan espejismos: a pesar del ascenso en las encuestas, ese cajón de sastre que forman populistas, euroescépticos, eurófobos y extremistas difícilmente va a cambiar su papel en el Parlamento. Y su papel consiste, básicamente, en usar la Eurocámara como megáfono. Vociferar, gesticular, salir en televisión. Poco más: esos partidos han tenido una incidencia mínima en la legislación en la última legislatura.**


Se olvida el articulista de que ese "vociferar, gesticular, salir en televisión" —dicho así queda casi como un deseo infantil de llamar la atención— tiene sus consecuencias en función de lo que se "vocifere", "gesticule" o de diga cuando se salga en la Televisión. Hitler también vociferaba y gesticulaba y hacía discursos radiofónicos. Hitler no inventó el antisemitismo ni el racismo; se limitó a canalizarlo, a sacar de los racistas lo que llevaban dentro presentándolo como un servicio a la nación alemana. Los que insultan y desprecian a las ministras se siente "patriotas"; son los "verdaderos" italianos o franceses, que se defiende de la "invasión extranjera" y quieren devolver a los "árboles" a las ministras, según sus chistes racistas.



Solo puede haber "Europa" si hay una actitud europea frente a ciertas cuestiones básicas, que son por las que los países deberían realmente adherirse. La distorsión económica de todo hace ver Europa como un "mercado" y los países que se adhieren como una ampliación de mercado. Pero ese mercado debe ser una consecuencia del ser europeo y no una finalidad, que debe ser esencialmente un tipo de ciudadanía, la europea. Ser ciudadanos de Europa debería conllevar esos valores que hoy son pisoteados con los insultos racistas y xenófobos de partidos con los que se pacta y a los que se recibe. No deja de ser curioso que se puedan cerrar estadios deportivos y aplicar sanciones por gritos racistas y que, sin embargo, no se puedan tomar medidas por acciones como las de la Liga Norte o el Frente Nacional.


El problema de todo esto es el clima que se crea y la fabricación de un tipo de fanatismo para el futuro. La curiosa calificación de "espejismos" que el corresponsal de El País emplea para definir el aumento del populismo racista es la contraria a la que reclama su editorial. Solo debemos preocuparnos por los números y su influencia en las eurocámaras. Aquí, en Bruselas —nos viene a decir— gritan mucho pero consiguen poco; solo quieren llamar la atención. Entiendo que es esta especie de complacencia europea la que debería alejarse y tener en cuenta que no es un problema de números sino de principios y de tendencias y proyecciones futuras. El racismo y la xenofobia ha estado en Europa y forman parte de su herencia, pero Europa se crea para combatir sus propias tendencias destructivas, para superar sus guerras, desgarros y errores pasados. Y para eso hace falta crear algo más que un espacio de libre circulación. Hacen falta ideas con las que circular. Y están ahí también en la tradición y la Historia de Europa. Deberíamos saber, por ejemplo, quién Erasmo de Rotterdam antes de ponernos a discutir sobre las dotaciones de las Becas Erasmus.

Nos sobra análisis y nos falta voluntad pedagógica y compromiso con los principios básicos. Falta la enseñanza cívica. Europa se pierde por inercia, por creer que se hace sola y es irreversible. Tremendo error. No deberíamos dar por hecho que Europa es irreversible, porque eso sería el fin. Pero lo verdaderamente preocupante, por encima de la reversibilidad, es el "tipo de Europa" en el que se puede vivir. Decir que los insultos son "cosa" de Francia o Italia o Grecia es equivocarse porque, en esto, son cosa de todos. De otra forma no es concebible qué es ser "europeo". El aumento del racismo o el simple aumento del descaro con que se manifiesta y la tolerancia con que se contempla es un problema "nacional" primero y "europeo" después.
La mentalidad de que en la Eurocámara e instituciones europeas se les puede frenar es suicida porque donde hay que frenarlos es en los países mostrándoles claramente lo vergonzoso para todos de sus actitudes. Se suele creer —y en eso nos engañan los analistas y los números— que el racismo y la xenofobia son consecuencias de las crisis económicas. No es cierto; están ahí antes. No aparecen con las crisis económicas sino con las crisis de valores. Las crisis económicas solo les dan "argumentos" para echar a su propio fuego.


Los insultos a las ministras italiana y francesa no son consecuencias de una crisis económica sino de una suma de misoginia y racismo que se usa políticamente para dirigir los odios de unos y las frustraciones de otros. Las escuelas del racismo son muchas y preocupantes. El peor remedio —y le damos la razón al Editorial de El País— es la indiferencia o pensar que son "asuntos internos". En Europa, políticamente, no hay "asuntos internos" en lo referido a los valores de convivencia, a los Derechos Humanos. No puede haberlos; son cosa de todos.
Como en tantas ocasiones, se da demasiada prioridad a la cuestión económica y se desatienden otras esenciales que requieren otro tipo de medidas, éticas y educativas sobre todo. Creo que hemos llegado ya a una generación que ha olvidado " por costumbre qué significa "Europa, por levantarse cada día siendo "europeo" sin preguntarse qué significa eso. La falta de sentido es lo más fácil de rellenar por otros.
A falta de políticos con valor, amplío "mis ministras" solidariamente y me adhiero al grupo de todos los que protestan, en cualquier rincón europeo, contra este racismo que usa las crisis económicas para salir de su tumba. De las crisis económicas se sale; de las de valores no.



* Editorial "Peligrosa tolerancia" El País 19/01/2014 http://elpais.com/elpais/2014/01/18/opinion/1390073558_100993.html

** "El extremismo crece en la Unión Europea pero no arrolla" El País 19/01/2014 http://internacional.elpais.com/internacional/2014/01/18/actualidad/1390064937_150820.html




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