domingo, 8 de diciembre de 2013

¡Todos a la caverna! o el sexismo sonriente

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Con cierta periodicidad, nos vuelven a contar lo de las diferencias entre el cerebro "femenino" y el cerebro "masculino", y otra vez con la pretensión de confirmar si los estereotipos sociales sobre "hombres" y "mujeres" se confirman, es decir, si el catálogo de dichos populares son verificados por los descubrimientos científicos. Que los cerebros son diferentes es de una obviedad insultante, ya que ese "homo sapiens" que hemos dibujado no es más que una abstracción con barba, como lo es el "homo economicus", que también tiene barba, casualmente; como también la tiene Dios, por cierto. Demasiadas barbas.
Realmente no sé muy bien si son siempre los mismos estudios los que se citan o que ya solo se financian estudios de este tipo porque van a ser posteriormente citados por los medios de comunicación, uno de los grandes alicientes para la financiación.


En cualquier caso, lo más preocupante es la forma de interpretar y de manejar conceptos entrelazados, unos provenientes de la "cultura popular" y otros llegados de los campos científicos en cuestión. Parece que la idea final es confirmar los estereotipos, una práctica que satisface a los lectores que se ven así ratificados en lo que ellos habían supuesto toda la vida porque lo vieron ellos mismos o porque se lo contaron sus abuelas, por ejemplo. Se saca la conclusión así que somos todos muy listos, que las cosas son como son y no pueden ser de otra manera, porque lo que antes se pensaba que "era así" ahora la Ciencia lo demuestra.
En el artículo del diario El Mundo se hace repaso de diversas investigaciones realizadas a lo largo del planeta que parecen confirmar todas lo que ya sabemos. Podemos leer, por ejemplo:

Neurocientíficos estadounidenses investigaron el año pasado por qué los hombres parecían tener más facilidad para procesar información abstracta que las mujeres, por ejemplo, a la hora de leer mapas. Para ello, pidieron a grupos de ambos sexos que analizaran un complejo diagrama y dibujaran cómo quedaría si le dieran la vuelta. El resultado fue que los hombres lo hicieron más rápido que las mujeres. Más tarde, bajo el escáner, se comprobó que los varones desplegaban una mayor actividad en cuatro áreas del cerebro asociadas a la toma de decisiones, el enfoque en una sola tarea, y la visualización. Según Richard J. Haier, neurólogo pediátrico, los hombres son mejores que las mujeres en determinadas habilidades de visualización espacial. Esta podría ser la causa de que el número de damas en la ciencia, que es de un 50% de media, sobre todo en ciencias de la vida, se reduzca al 95% en ingeniería, matemáticas o física, tal y como explica el neurólogo español David Pérez. En cualquier caso, la ventaja que tienen los varones para leer mapas podría desvanecerse si tuvieran que hacer algo más al mismo tiempo. El mayor número de conexiones en el cerebro femenino permite a las mujeres afrontar más desafíos a la vez. Hay estudios que señalan que ellos tienen la misma capacidad pero simplemente se ponen de peor humor enfrentados a la situación.*


En el párrafo recogido —titulado "El gran conductor", sin que se especifique si se trata de coches, de masas o de corriente eléctrica— se puede comprobar esa habitual mezcla extraña de datos y conclusiones. Siempre parecen sancionar el orden existente que sería el mejor de los mundos posibles. En ese afán explicativo más allá de los datos, se incurren muchas veces en interpretaciones dudosas que tienden a marcarnos las líneas de la eficiencia social dentro de esa aspiración a la perfección del diseño de nuestra vida. Cada uno a lo que mejor le va, parece ser el mensaje que se transmite.
Lo que los experimentos nos transmiten es que hemos hecho un mundo diferenciado y que esas diferencias han sido consideradas determinantes dentro de un círculo vicioso. El ejemplo de la lectura de "mapas" es uno de los más citados siempre porque la gente entiende eso de que "las mujeres se pierden más" y que los hombres llegan antes a los sitios porque son capaces de imaginar recorridos con más facilidad. Se invoca aquello de que ellas se quedaban en la cueva al cuidado de los churumbeles mientras que ellos partían a la caza del bisonte seguros de regresar con las presas que servirían para alimentar a las familias. Es una explicación sencilla y a ver quién dice que no.


De ser cierto, no quedaría excusa alguna a que —por ejemplo— el plano del Metro de Madrid se haya vuelto más abstracto de lo que era, eliminando las referencias al espacio real, lo que permitía calcular las distancias entre estaciones y los lugares más próximos a tu destino. Las líneas ya no se corresponden con los recorridos; solo son la distancia entre dos marcas, no entre dos lugares. Con los mapas actuales, es más difícil realizar este tipo de cálculos: ¿están desarrollados por hombres "abstractos"? ¿Perjudican a las mujeres "concretas"? ¿Diseñan los hombres mapas discriminatorios?
En general, el mundo cavernícola sigue siendo la referencia detrás de nuestros datos y estudios: tras la ingeniería actual, la fabricación de flechas de piedra; tras nuestros modernos GPS, la orientación del cazador. Da cierto miedo sacar consecuencias paralelas al mundo actual por temor a ser acusados de sexistas, algo que efectivamente suelen reafirmar las conclusiones de algunos en la larga cadena que va del experimento al salón de la casa donde el hombre abstracto reposa su día de caza.

La conclusión final del párrafo de la que las mujeres pueden hacer varias cosas a la vez —¿una ventaja o una maldición?— y que existen estudios que demuestran que los hombres poseen la misma capacidad pero que "se ponen de mal humor" si tienen que hacerlo es el típico ejemplo de estas cosas. ¿Han preguntado a las mujeres de qué humor están cuando tienen que hacer varias cosas a la vez? ¿Se ha preguntado alguien si la división de tareas no supone que el hombre realizaba "un" oficio y la mujer se ocupaba de "todo" o casi todo lo demás? Probablemente no. Es un ejemplo típico de la mezcla que suele hacerse en estos textos.
Gran parte de nuestras habilidades cerebrales se deben a nuestro entrenamiento diario y este está fijado por la costumbre, que es lo que decide qué hacemos y qué no hacemos, con el visto bueno o la reprobación social. Se nos permiten hacer ciertas cosas, otras se nos prohíben mediante la costumbre: eso no se hace. La sociedad refuerza ciertas acciones, que quedan marcadas como masculinas o femeninas, de ahí el empeño de la educación no sexista, de no repetir los estereotipos para poder salir de ese "destino social" que tiene poco de cerebral.


Pero donde se suelen reunir todos los tópicos confirmados es en el terreno emocional. La larga tradición de que el hombre es la "razón" y la mujer la "emoción", que el hombre es la "idea" y la mujer la "naturaleza" se lleva al extremo en estos estudios. Nos cuentan en la síntesis del diario:

Más complicado que interpretar mapas puede resultar para un hombre entender las emociones de quienes le rodean, incluso de sus propios hijos. Investigadores italianos han certificado científicamente otro de los estereotipos entorno a los hombres, más concretamente en relación al subgrupo de padres primerizos. Los mismos a los que muchas madres achacan falta de reacción ante las necesidades de sus retoños. Para establecer si esta poca reactividad es pura dejadez o responde a factores neuronales, escanearon los cerebros de hombres y mujeres que oían el llanto de un niño hambriento. Y descubrieron que cuando llegaba a oídos de la mujer, la actividad en dos zonas del cerebro se reducía inmediatamente; concretamente en las áreas donde divagamos, donde dejamos el pensamiento a la deriva, y hacemos planes o soñamos despiertos. De esta manera se desactivan las partes que pueden distraer la mente, lo que permite a la madre pasar a la acción inmediatamente. En los hombres, sin embargo, como anunciaba el estereotipo, no se daba dicha desactivación. Aun así, hay una manera de hacerse perdonar esta incapacidad por parte de las mujeres: haciéndolas reír. Las féminas son capaces de olvidar todo si un hombre les ofrece una de las cualidades que más aprecian, el sentido del humor. La Universidad de Medicina de Stanford, California, ha detectado que la risa provoca en las damas una mayor actividad en las regiones del cerebro en las que se registran sensaciones como el aprecio a otra persona.*


¿Hay mejor abogado defensor que los genes? Por fin queda "certificado científicamente", señala el artículo, que no es "dejadez" escurrir el bulto, que no levantarte si el niño llora es simplemente que "no se te desactiva" tu capacidad soñadora. ¡Qué bonito! ¿Y lo de la sonrisa? "Las féminas son capaces de olvidar todo" si un hombre —¿por qué no una mujer?— las hace reír. A los hombres les gustan las medallas y honores; a las mujeres que las hagan reír. Eso explica porqué el voto femenino suele ser más fiel que el masculino, supongo.

Habrá quien sostenga que la Ciencia es la Ciencia y que sus resultados son los que son y que no tienen porque gustarnos nada. Pero no deja de ser curioso que siempre que se dan estos datos se dan como un destino inevitable, como algo que no tiene arreglo y que mejor no perder tiempo y dinero en intentar corregirlo. Eso va de la segregación educativa a la discriminación laboral, metas poco respetables que para algunos "naturalistas sociales" son el fin de sus acciones.

«Hombres y mujeres han pasado 100.000, 200.000 años, desempeñando roles y funciones diferentes en las diferentes sociedades que han existido, que básicamente han sido las mismas hasta hace 30 o 40 años: el hombre salía a cazar fuera del poblado, y la mujer se quedaba en él con el resto de mujeres y niños», explica el neurólogo David Pérez, presidente de la Fundación Cerebro. «Esto ha hecho que el hombre sea más agresivo y menos convivial, y la mujer más apta para socializar y estar rodeada de personas».


Esto sirve para explicar, por ejemplo, los ultras futbolísticos y los harenes, las patrullas de vigilantes y los conventos de clausura, los verdugos y las enfermeras. Mandar el mensaje de que hasta hace treinta o cuarenta años el mundo era "natural" y que ahora no se siguen esas pautas, es reducir el mundo a la máxima simpleza, un mensaje tópico y peligroso que se enmascara bajo el barniz de lo científico y que muchos interpretan como una confirmación del status quo. ¿Para qué cambiar la naturaleza, lo que es así? ¡Todos a la caverna!
El mensaje de lo "complementario" es el final del proceso de adoctrinamiento científico. Cada uno tiene sus funciones específicas en el orden natural y no hay que deshacer el equilibrio. «[...] las diferencias entre el cerebro de hombre y mujer resultan tan sorprendentes como lo bien que se complementan, explican los científicos.» Que se lo expliquen a los millones de mujeres maltratadas, violadas, acosadas repartidas por todo el mundo, que se lo cuenten a ellas; que les expliquen que los hombres son así —¡qué se le va a hacer!—, violentos, insensibles emocionales, abstractos e imaginativos, mientras que a ellas les ha tocado el complemento armónico: víctimas, exceso emocional, apego a lo concreto, sean pañales o cazuelas.



Mientras no asumamos que nuestra evolución nos ha llevado a ser seres culturales, y que esto implica precisamente nuestra capacidad para modificarnos a través de nuevas formas de convivencia, de voluntad y de conciencia de libertad, que nos alejamos de nuestros destinos violentos, de mera reproducción y supervivencia, mediante el Derecho, el Arte, la Ética, la Cocina, la Medicina, etc., de todo aquello mediante lo que podemos convertirnos en seres de cultura, estaremos tirando piedras a nuestro propio tejado. Lo que aprendemos de nosotros mismos debe servir para corregirnos y mejorarnos, no para condenarnos a una vida cerrada que nuestra propia evolución nos abre.
No, pese a lo que afirma con rotundidad  el titular del artículo, "Hombre/Mujer somos dos mundos aparte" (algo que cualquier talibán aceptaría sin problemas), vivimos en el mismo mundo. Y cuanto más hagamos por comprenderlo, mejor.



* "Hombre/Mujer somos dos mundos aparte" El Mundo 8/12/2013 http://www.elmundo.es/cronica/2013/12/08/52a3332961fd3dbc0a8b456a.html

 




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