sábado, 14 de diciembre de 2013

De otra pasta o gomina y azar

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Si no se puede aplicar el ingenio en beneficio de la Humanidad, se acabará aplicando en su detrimento. Es una especie de Ley que viene a decir que hay gente con ideas y otros sin ellas, pero que el que las tiene las puede tener buenas o malas. Expresiones españolas como "este no tiene una idea sana" hacen referencia a ese reconocimiento de la productividad intelectual junto a una tendencia inexorable a emplearlas mal.
Cuando un país no tiene un escenario claro para ideas productivas, empiezan a abrirse paso las delictivas. No podemos dejar de tener ideas. "La ocasión hace al ladrón", afirma otro de nuestros dichos que conectado con "la ocasión la pintan calva" nos revela que un país en el que las ideas buenas no se abren paso, las malas lo hacen a raudales. Y en España, según parece, las buenas ideas hace tiempo que van por carreteras secundarias, mientras que las malas vuelan por autopistas de peaje, pero de las de "paga el último", que es al que le toca comerse el marrón, otra expresión coloquial que viene al caso. Las buenas ideas se meten en maletas rumbo a lugares donde sepan apreciarlas, mientras que las malas se quedan aquí, en donde no puedan descubrirlas.

El fraude del "emprendedor" madrileño —José Luis Aneri— que falsificaba cursos de formación es revelador en este sentido. La teoría de que todo es una "oportunidad" para un emprendedor, incluidas crisis, terremotos, epidemias o tsunamis, porque todos mostrarán carencias que pueden ser cubiertas, ha hecho mella en la mentalidad de algunos listos que se lo han tomado al pie de la letra. Está claro que en un país con cinco millones de parados, la materia prima son los parados, nuestro "petróleo", nuestro "uranio" enriquecedor, nuestro "gas natural", hasta los exportamos con nuestras bendiciones. El paso de ver a los parados como un "problema social" a verlos como una "oportunidad personal" es sencillo de dar para estos emprendedores sin escrúpulos. Ellos están hechos de otra pasta, como también se dice coloquialmente y, en este caso, una doble verdad, la de la subvención.
El desmantelamiento del Estado, al grito teórico de "¡esto no funciona, reduzcámoslo!". tiene un doble efecto: vuelve a la administración ineficaz al reducirla y hace proliferar delincuentes que se aprovechan de las conexiones que establecen con los políticos responsables del desguace, ya sea a través de intereses comunes o por una eficaz capacidad de seducción vendiéndoles lo que esperan escuchar. La privatización constante y la reducción administrativa hace que sea cada vez más difícil controlar lo que se privatiza, que crece, mientras que el control mengua. Eso aumenta los estímulos a estos emprendedores desaprensivos, que ven cada vez más fácil realizar sus tropelías y estafas desde el análisis de los números y estadísticas. Un auténtico efecto llamada al fraude.


El diario El País, tras describirnos el funcionamiento del fraude de los alumnos reales multiplicados informáticamente para que parecieran ejércitos estudiantiles, señala:

Según fuentes del caso, era difícil pillarlo porque al tratarse de una plataforma virtual, si alguien intentaba investigar más profundamente, solo veía que había gente conectada haciendo los cursos.
Aneri se valió de la tecnología y de la falta de control de la Comunidad de Madrid en los planes de cursos de teleformación para realizar su estafa a las asociaciones que recibieron el dinero del organismo regional. Estas deben ahora mucho dinero a la Comunidad, que les reclama cantidades de hasta 300.000 euros. No pagarlas puede suponer el embargo y, en algunos casos, la desaparición de algunas de las asociaciones.*


El modélico emprendedor desaprensivo sabía que no necesitaba un fraude de larga duración, sino tan solo el "pelotazo", reunir el dinero suficiente para desaparecer. Luego que le echen un galgo. La velocidad del fraude es infinitamente menor que la de su detección. El delincuente trabaja siempre con blancas y al que investiga le toca reunir las pruebas, que ya se ha encargado el emprendedor de esparcir y camuflar para ganar el tiempo suficiente. Los fraudes continuados son, por el contrario, los de aquellos que tienen que vivir grupos enteros y reciben dinero amigo, como ha ocurrido con el dinero para formación en Andalucía y otros lugares. Como en las sopas, las hay instantáneas y de fuego lento y remover con cucharón. El de Aneri, ha sido de Blitzkrieg.
En el caso de este fraude —que ha sido doble, a la administración que daba el dinero y a las asociaciones que confiaron en el sinvergüenza para que les gestionara las subvenciones y les organizara los cursos— la detección se ha logrado porque al emprendedor le falló una de las cosas más difíciles de simular: el azar.


Según nos cuenta el diario, los inspectores detectaron que apenas había absentismo entre los alumnos y que todos cumplían siempre los requisitos establecidos para completar su formación, algo que es difícil que se logre con cifras reales, que reflejan desde una gripe a un esguince de tobillo, de una defunción a una baja por contratación.

[...] fuentes de la investigación observaron que había un patrón en el sistema de Aneri. Se trataba de una falsificación masiva de datos a través de su plataforma digital. Ese patrón es tan regular y perfecto que no es humano. Es decir, los falsos alumnos de Aneri cumplían todos los requisitos de la convocatoria para ser considerados alumnos finalizados. Por ejemplo, se exige que los estudiantes hayan realizado, al menos, el 75% de los ejercicios. Los alumnos reales de otras convocatorias suelen ajustarse a ese porcentaje. Pero los esforzados alumnos virtuales de Aneri rellenaban todos el 100% de los ejercicios. También todos solían conectarse a la plataforma digital de Aneri en las mismas horas y todos tenían más o menos el mismo número de conexiones. Todos esos alumnos virtuales tenían números de NIF reales.*

El mundo del emprendedor fraudulento era demasiado "perfecto" para ser real: ni un enfermo ni un vago. Las cifras eran demasiado impecables. Para ser perfecto hubiera tenido que reflejar un mundo imperfecto, algo que a los humanos no nos cuesta mucho crear, pero si reproducir. Informáticos y matemáticos saben lo complicado que es realizar algo verdaderamente aleatorio. Los inspectores lo vieron, pero el pájaro ya había volado. Los empresarios de las asociaciones —pertenecientes a la patronal madrileña, CEIM— engañadas por el emprendedor volátil deberán hacer frente ahora a las amenazas de embargo y devoluciones, pues ellas eran las solicitantes de los fondos de formación. Parece que, en este caso, la administración se enteró antes que la iniciativa privada.


La fotografía de Aneri que nos muestra El País es muy significativa: las llaves, los billetes de cien euros sujetos con un clip, el paquete de tabaco alejado, los post-it dentro de la agenda, el bolígrafo, las carpetas ordenadas y los papeles justos sobre la fría mesa metálica, los rotuladores ordenados por los colores, el reloj junto a ellos... Mirad sostenida y un esbozo de sonrisa controlada. Nada fuera de su lugar, ni el pelo engominado está donde no debe. Todo se extiende regularmente hasta cubrir la mesa. Es un frío controlador. No es de extrañar que no haya sido capaz de capaz de fingir el azar.
Nos queda también el retrato verbal del estafador, digno de esa imagen del artificial triunfador —no están mal once millones de euros— que tanto se ha prodigado por estos lares, en los que han prosperado las fábricas de gomina y las corbatas fosforito:

“Solo había un empleado con acento del este que iba por la mañana y se iba por la tarde. Al tal Aneri no se le ha visto el pelo por aquí”, asegura el comercial. Esta persona dijo conocer al empresario desde hace tiempo. “Es un tipo que llama la atención por la calle. Viste muy elegantemente: traje entallado, buenas corbatas, zapatos muy brillantes, moreno de rayos UVA, pelo engominado... Parecía más Tony Montana [el protagonista de Scarface], que un ejecutivo”, bromeó.*


Lo dicho, Pepe, amigo: allá donde te encuentres, ten cuidado con el sol. Los que sois de otra pasta, también os quemáis. Descansa unos días de las preocupaciones que seguro te han dado tus 19 empresas registradas, dedicadas muchas de ellas a la formación de parados —gente sin iniciativa, no como tú—, y sobre todo descansa de esa dedicada a la "certificación de la profesionalidad". Te lo mereces.


* "Un programa informático rellenaba los cursos ‘online’ que cobraba Aneri" El País 14/12/2013http://ccaa.elpais.com/ccaa/2013/12/13/madrid/1386969651_545377.html





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