sábado, 16 de noviembre de 2013

Alemania y sus sabios

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La crisis es una escuela en la que todos los días aprendemos algo; es una especie de asignatura en la que se fusionan teoría y práctica y en la que los apuntes te los tatúan en la piel. ¡Qué razón tenían con aquello de la letra y la sangre!
Lo que estamos comprendiendo bien es la forma del sistema, cómo está todo interrelacionado. Hemos aprendido — al menos, me gustaría que esa lección la hubiéramos aprendido, si bien no estoy seguro de ello— que un país para funcionar bien no debe hacerlo a tirones y de forma desarticulada, que la política, en realidad, es el arte de la armonía, del crecimiento armónico. España no lo hace y tampoco lo hace demasiado Europa.
Se está hablando mucho estos días de las observaciones que se han hecho a Alemania sobre su superávit, algo que ofrece un ejemplo de la diferencia entre "ir bien" y crecimiento armonioso al estar integrada en una unidad superior, Europa. La situación se describe en los siguientes términos, según la resume RTVE:

Alemania, por primera vez, se incluye entre los países cuya economía es sometida a un análisis detallado por parte de la CE, debido al superávit comercial que ha mantenido por encima del 6% de su Producto Interior Bruto (PIB) desde 2007, uno de los indicadores que se tienen en cuenta en este proceso.
El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, apunta que la situación alemana "no es un desequilibrio, pero es necesario analizarla en profundidad para ver si tiene efectos negativos en el resto de la eurozona". Añade que hay que estudiar si "Alemania, la potencia europea, puede hacer más por Europa".
Barroso ha valorado que Alemania "es la gran ganadora del mercado interno europeo, por su industria y su tecnología" pero que ahora tiene que "abrir su mercado de servicios, porque será bueno para la competencia, los consumidores y el mercado único".
El comisario de Asuntos Económicos, Olli Rehn, ha subrayado que Alemania debe impulsar la demanda interna para ayudar a los países de su entorno, pero que si no se produce un aumento de la competitividad y se sigue por el camino de las reformas, el aumento del consumo alemán no beneficiará a Europa sino a terceros países como China.*


Podemos pensar que el hecho de que se beneficie a terceros países, como ha indicado Rehn, sea una maniobra doble y que a Alemania no le preocupe demasiado beneficiar a China y sí en cambio que le surjan competidores en el seno de la Unión Europea que cuestionen su liderazgo y maneras. O podemos pensar, en el otro extremo, que simplemente va a lo suyo y que los demás deben amoldarse a sus ritmos sin que le preocupe más que en la medida en que deba financiar los desequilibrios de los demás. El crecimiento antieuropeísta en Alemania a través de partidos que piden su salida del euro para dejar de financiar vagos periféricos va en este sentido de que a Alemania le iría mejor fuera del euro. Quizá sea el equilibrio necesario para compensar las ideas de que a Europa le iría mejor con una Alemania fuera del euro, como algunos también sostienen, señalando que la economía alemana es demasiado poderosa y específica como para que nadie la armonice, condenando a los demás a plegarse a sus designios.

Hay dos datos que no aparecen en la información que completan el cuadro alemán en el marco europeo: Alemania es el único país de la eurozona que no tiene salario mínimo y, en segundo lugar, invierte más dinero fuera de la UE que dentro.
Cuando se acusa a Alemania de no estar haciendo más por el equilibrio europeo se está cuestionando, por ejemplo, que los salarios no se hayan movido, por lo que el consumo alemán está estancado en vez de ser un elemento de dinamización de la producción de los países de la zona que verían salida a sus productos en un mercado tan poderoso como el alemán.
La obsesión de Alemania por la inflación es proverbial y está marcando el desarrollo de toda Europa ya que frena el consumo. Los sueldos alemanes son escandalosamente a la baja aunque su economía pueda ir mejor que la del resto o simplemente bien. Muchos trabajadores alemanes, como señalan muchos indicadores, están instalados en la pobreza de los minijobs. En el mes de agosto podíamos leer un ejemplo claro de esto en el diario El Mundo, que se preguntaba cuánto deben bajar los salarios cuando los alemanes nos "recomiendan" hacerlo:

[...] para ello debemos acudir a los Job Center, lo que serían en Alemania las oficinas del antiguo Inem y que, en un país donde no hay legislado salario mínimo, es donde se cuecen los denominados 'salarios bajos', en las negociaciones directas entre empresas y parados.
Una agencia de viajes del barrio berlinés de Reinickendorf ofrecía la semana pasada un puesto de secretaria a tiempo completo con una remuneración de entre 700 y 800 euros mensuales.
Olaf Möller, el presidente de la Agencia Regional de Trabajo, que hace de conector e intermediario público entre la oferta y la demanda, consideró semejante oferta "ofensiva e inmoral" y ordenó retirarla del sistema informático, aunque para entonces el Job Center había enviado ya cartas a una docena de parados sugiriendo que se presentasen a la convocatoria de la plaza, uno de esos consejos que, en caso de ser desoídos, le puede costar a uno la prestación del paro en Alemania.
Este caso ilustra la línea roja que los alemanes no parecen estar dispuestos a cruzar en cuestión de salarios bajos y también el nivel salarial que Alemania ha mantenido inamovible en los últimos 10 ó 15 años.**


Los sueldos bajos mantienen lógicamente un nivel bajo de consumo interno, por lo que la inflación se mantiene controlada o puede llegar a ser negativa, como está ocurriendo en algunos países como España. Sin un límite que suponga el "salario mínimo" que pueda ser regulado, los sueldos se estancan y caen formando —como ya ha ocurrido— unas inmensas desigualdades que van creciendo: unos reciben cada vez más y otros cada vez menos. Es un juego peligroso que va en contra de la armonía y que se puede volver contra Alemania en cuanto que se llegue a un nivel en el que no pueda controlarlo. Pero Alemania ata también otras piezas a través de sus inversiones fuera de la UE, con lo que no corre el riesgo de que sea adelantada por sus posibles competidores en la UE.
Se da aquí la frecuente paradoja de que "Alemania" y los "alemanes" pasan a ser cosas distintas y que los economistas, según su color e intereses, se decantan por una o por los otros. En este sentido, los "sabios" de los que Merkel se ha rodeado para que la asesoren en política económica no hacen sino reforzar sus políticas anteriores dándolas por buenas:

Los 'cinco sabios' rechazan frontalmente propuestas como la introducción de un salario mínimo interprofesional, principal condición a la que ha supeditado el Partido Socialdemócrata (SPD) su participación en una gran coalición con Merkel.
Bajo el título de "Contra una política económica retrógrada", los sabios lanzan asimismo duras críticas hacia todo propósito de subir impuestos -como también defiende, aunque con menor fervor, el SPD- y rechaza incluso que se intente limitar reglamentariamente el aumento de alquileres, otro de los puntos que negocian los dos grandes partidos. Apartarse de la línea emprendida con las reformas estructurales de la Agenda 2010 implicará nuevas cargas para las generaciones venideras, concluye el informe. Los esfuerzos del nuevo gobierno deben orientarse a lograr una "arquitectura estable para la zona euro", lo que implica mantener el ritmo de las reformas emprendidas y el rumbo de la consolidación.***


Es una pena que los cinco sabios alemanes sean alemanes. A lo mejor si solo fueran sabios sin más, opinarían de otra forma, incluso más sabia. Esto de la "sabiduría", ya sabemos, va por barrios y hay barrios ricos y barrios pobres. Pensar tanto en la "generaciones venideras" puede tener el pernicioso efecto de que no "lleguen" nunca, algo posible con el envejecimiento de la población alemana, que no tiene dónde vivir por los altos alquileres ni hijos que mantener por los bajos salarios, auténticos inhibidores de la procreación cuando no de la simple sexualidad por estrés. Los "sabios chinos", por ejemplo, se han preocupado de que vengan las generaciones venideras autorizando un segundo hijo; nosotros practicamos la política del hijo único a base de recortes de metros cuadrados en las casas y de ceros en las nóminas. Se puede ser sabio de muchas maneras.


Cuando los sacrificios de hacen crónicos —como los minijobs o, mejor, los minisueldos—se convierten en cargas de las que unos se benefician y otros las padecen. En el fondo es la destrucción de un edificio social que ya sea porque no gustara a unos, porque otros no supieron gestionar o porque era inviable —escoja lo que menos le irrite— tardará varias generaciones en reconstruirse. 
Es una pena que los sabios estén para estas cosas, para mal arreglar desastres y no para prevenirlos. Cabe también dudar sobre si su sabiduría no estará trucada y que pinten el futuro con una mano mientras lo desvelan con la otra. Tampoco nos queda claro si son los sabios los que hacen poderosos a los países o si solo los países poderosos se pueden permitir el lujo de tener sabios dignos de entregar sus conclusiones a cara descubierta. Ser sabio en España, por ejemplo, es más arriesgado; especialmente si tus vaticinios no coinciden con los alemanes.



* "España recibe el tercer aviso de Bruselas por sus desequilibrios y Alemania el primero por superávit" RTVE 13/11/2013 http://www.rtve.es/noticias/20131113/espana-recibe-tercer-aviso-bruselas-desequilibrios-macro-alemania-primero-superavit/790902.shtml
** "¿A qué llaman los alemanes 'salarios bajos'?" El Mundo 08/08/2013 http://www.elmundo.es/elmundo/2013/08/08/economia/1375949706.html

*** "Los 'cinco sabios' recomiendan a Merkel no subir impuestos y no establecer un salario mínimo" 20 minutos http://www.20minutos.es/noticia/1975259/0/cinco-sabios-alemania/angela-merkel/subir-impuestos-salario-minimo/#xtor=AD-15&xts=467263




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