miércoles, 16 de octubre de 2013

Putin o la ley es el espejo del alma

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Nos informa el diario El Mundo de una nueva barbaridad perpetrada por Vladimir Putin en esa finca llamada Rusia que rige con mano de hierro. La nueva barbaridad es jurídica y lo es, además de por sí misma, por efecto de la propia inseguridad jurídica que Rusia vive por la presión de los poderes políticos (uso el plural de forma retórica porque no hay más que uno) sobre los judiciales, denunciados como títeres.
La norma, que deberá ser aprobada estos días, según nos señala el diario, hace recaer sobre familias y amigos los efectos de las acciones "terroristas", concepto que en Rusia ya es de por sí amplio. Lo explica así El Mundo:

Rusia se dispone a aprobar una ley que castigue por cada atentado no sólo a los terroristas, sino también a sus allegados. La Duma estatal (cámara baja del Parlamento) ha aprobado hoy martes en primera lectura una ley para hacer pagar a los familiares de los terroristas una compensación por el daño causado. El texto además establece una simplificación de los procedimientos legales para procesar por el reclutamiento o entrenamiento de grupos armados. Actualmente las víctimas del terrorismo sólo pueden denunciar a los que perpetraron los ataques.
La parte más controvertida de la ley es la que abre la puerta a sancionar a gente cercana a los terroristas: familiares, amigos o incluso personas en general "cuya vida, salud o bienestar sean valoradas por el agresor". Ello deberá ser fundamentado con pruebas que apunten a que las propiedades fueron adquiridas fruto de los réditos económicos de los ataques terroristas. En realidad todo dependerá de los servicios secretos, el FSB, que podrán exigir a las familias de los terroristas pruebas sobre el origen de sus propiedades. Si no las documentan de manera suficiente, un tribunal podrá vender esos activos. Dada la amplia discrecionalidad con la que se aplica la ley en Rusia, la reforma permite en la práctica castigar a todos los conocidos de los terroristas.*


Un ejemplo más de esa "justicia sin justicia" que Rusia practica ante el aplauso bárbaro de una parte de la población que idolatra a ese viril dirigente, cuyo camino hacia la gloria política es no mostrar que le tiembla la mano ni tan siquiera después de dar la bofetada.
En un país en el que los jueces son marionetas por la cuenta que les trae y con unos servicios secretos capaces de cualquier cosa, una ley como esa no es más que una institucionalización de la venganza, un ojo por ojo extensivo a todos aquellos que tengan conexión familiar o simple amistad. El hecho de que la carga de la prueba recaiga sobre el acusado de connivencia y no sea de los servicios secretos o fiscales probarlo, es una puerta abierta a la arbitrariedad infame de atacar a los terroristas en la piel de los que no lo son. Para un mínimo sentido de justicia tras la medida, debería ser el Estado quien demostrara que cualquier posesión que se cuestione es fruto directo del terrorismo. La finalidad del terrorismo no suele ser el lucro, aunque en algunas zonas del mundo se disfracen de terroristas (¡hay que tener mal gusto!) los que no son más que ladrones y asesinos, que parecen adquirir cierta relevancia a los ojos de las poblaciones cuando dicen actuar en nombre de causas políticas y derechos.


El hecho de que se puedan embargar las cuentas o propiedades de personas simpatizantes o simples amigos —¿tendrán que probar también la enemistad?— además de los familiares —¿hasta qué grado de parentesco se es embargable?— supone un avance en la intimidación del Estado a sus ciudadanos y la muestra de esa mano dura que tanto placer dar a algunos.
Junto a este noticia nos llega otra de Rusia que confirma ese avance del autoritarismo y la intransigencia. Esta vez las víctimas no son los gays ni ningún grupo punk encerrado por molestar a Putin y a las jerarquías eclesiásticas que le aplauden. Euronews nos resume el caso de la detención del azerbaiyano al que se responsabiliza de los disturbios xenófobos de hace unos días:

Zeinálov está acusado de haber apuñalado y matado a un joven ruso de 25 años. Esta muerte no sería más que una noticia en la sección de sucesos si no fuera porque con ella se desató el pasado domingo en Byriuliovo, un barrio moscovita, una ola de violencia racial sin precedentes en los últimos tres años.
Al grito de “Rusia para los rusos”, varios miles de personas atacaron comercios y una central de abastos, en la que trabajaban inmigrantes del Cáucaso y Asia Central. Al día siguiente, la policía entró en el mismo mercado, que ahora ha sido clausurado, y detuvo a 1.200 inmigrantes. El jefe de policía de Biryuliovo ha sido destituido por estos sucesos.**


No queda claro si la destitución se ha producido por no hacer nada en los ataques al mercado, por haber detenido a los 1.200 inmigrantes —que eran las víctimas del ataque— o por ambas cosas. Cabe la posibilidad también , tal como están las cosas, de que a alguien le haya parecido que "son pocos detenidos" y haya pedido más eficacia y contundencia.
Los disturbios son una especie de demostración de los efectos de la ley que va camino de la aprobación: uno actúa y los otros lo pagan. Lo que hizo Zeinálov ha tenido consecuencias "solidarias" con todo aquel que no fuera ruso y que estas huestes nacionalistas —la nueva "Santa Rusia" de Putin— han considerado "amigos" y, por tanto, responsables. Por eso esta ley es deleznable por su intención misma, la venganza.
Las imágenes que hace unas horas nos han facilitado del "inmigrante" azerbaiyano Orján Zeinálov son el montaje más burdo que he visto en mi vida, unas imágenes fascistas hasta límites nauseabundos, destinadas a satisfacer a los bajos instintos de un público que ha convertido la política en pornografía y a su líder, Vladimir Putin, en el Nacho Vidal del poder, haciendo buenas las relaciones entre una cosa y otra que algunos apuntaban.


El vídeo es tan burdo que hasta la bofetada que un guardia le propina al detenido, llevado a un bosque otoñal para reproducir la caza de la alimaña en la naturaleza, carece de la verosimilitud suficiente. Todas las imágenes nos muestran a los "actores" dándole al público lo que espera de esta película ridícula de los acontecimientos. No es más que una sucesión de actos humillantes con los que se pretende evidenciar la "sub humanidad" del detenido, convertido en prototipo de "delincuente racial". El artificioso montaje y puesta en escena es de tal teatralidad que nos hace dudar de todas sus imágenes, que intentan mostrarnos la peligrosidad del delincuente y el poderío de las fuerzas que le detienen. Todo trata de apuntar a una peligrosidad que justifica los medios empleados, fuerzas especiales, helicópteros, etc.  Asquea la imagen del detenido tumbado en el suelo del coche mientras el policía que le vigila "le da golpecitos en el lomo" como si estuviera tranquilizando a un animal, al perro poco habituado al viaje y al que hubiera que calmar.

Hace poco menos de un mes, una diputada del partido de Putin, ex triple campeona olímpica de patinaje artístico, Irina Rodnina, escandalizó al mundo —menos a todos aquellos rusos a los que les encantó y gentes que se les parecen— retuiteando una fotografía trucada de Barack y Michel Obama mirando fijamente un plátano que les "ofrecía" una mano provocadora. El hecho motivoó la protesta del embajador norteamericano en Moscú. El racismo se extiende con el "buen ejemplo" dado por los dirigentes. Si se consiguen votos o notoriedad por estos caminos sencillos, ¿qué necesidad hay de más? Con este tipo de actitudes ejemplares es explicable el auge de la intransigencia y la violencia sobre cualquier grupo que se aparte del cano eslavo que tiene Putin en mente.
Rusia está preparando sus "juegos olímpicos" a conciencia, desde luego, y Vladimir Putin sigue su inexorable camino hacia el Nobel de la Paz, que solo le disputa, según irónica confesión del rival interesado, Basar al Asad. 
La opción que queda es apoyar, al menos moralmente, a aquellos rusos —que los hay— que tienen el valor de demostrar al Zar de todas la Rusias que no están de acuerdo con él y sufren en piel propia las consecuencia. Que, al menos, no se sientan solos.

* "Rusia prepara una ley para castigar a familiares y amigos de los terroristas" El Mundo 16/10/2013 http://www.elmundo.es/elmundo/2013/10/16/internacional/1381875516.html?a=d2087677e36cb31e4f06785a369e370d&t=1381907906&numero=

** "Detienen al presunto autor del asesinato que desató disturbios raciales en Moscú" Euronews 15/10/2013







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