jueves, 10 de octubre de 2013

La tragedia

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Dice el presidente de la Comisión europea, José Manuel Durão Barroso, que nunca olvidará los ataúdes apilados en Lampedusa, ataúdes de niños, de madres con recién nacidos. No soy yo quién para dudar de la sinceridad de su dolor. Tampoco podrá olvidar él los gritos de "¡asesino!", probablemente injustos en lo personal, que le han lanzado los habitantes del pueblo cuando se han dirigido a visitar a los cadáveres y después a los vivos, a los que consiguieron, por los motivos que fuera —¿qué no es azar aquí?—, sobrevivir. Dos visitas incómodas porque tu miras a los muertos y los vivos te miran a ti. Es un triste mirar y ser mirado.
De los testimonios, nadie más cercano que los buceadores que se sumergen cada día a recoger los cuerpos encerrados en esas bodegas inmundas. Euronews entrevistó a dos de ellos; declaraciones breves, parcas, con el ánimo trastornado. Les ha impresionado verlos con los brazos extendidos, pidiendo ayuda. Uno de ellos ha quedado impactado por una imagen: la del rostro de un ahogados pegado a su máscara al girarse cuando lo tenía agarrado. "Parece que me pedía ayuda", dice. Es difícil sobreponer a algo así, no salir destrozado de esa tumba sumergida para no volver. Deberán vivir con esos recuerdos. Solo el deber humanitario puede ayudarnos ante un horror similar, tratar de devolverles algo de la caridad que se les negó en vida, en donde nacieron, por donde pasaron, desde donde salieron. No quedan muchos más momentos para demostrarles que vivían en un mundo humano, rodeados de humanos.


Barroso y Letta han tenido el valor de ir a dar la cara en nombre de todos. Italia y Europa. Han ido a mostrar ante sus cadáveres el respeto que no se les tuvo la vida. Italia les ha concedido la nacionalidad a los muertos, pero repatriará a los vivos, en cumplimiento de su legislación, que podrán ser sancionados con multas, premios incomprensibles en la lucha por la vida. Quizá logren que alguno lamente no haber quedado en el fondo, cerrando un ciclo absurdo de vida.
No sé cuánto duran los golpes de pecho, pero este problema grave, inhumano, de un mar con dos mundos, no con dos orillas, tendría que ir encontrando algún tipo de solución a un problema que no se plantea por el mal tiempo para la navegación sino por una moderna forma de esclavitud que encuentra acomodo en los rincones de nuestra Europa común.


Esta vez nos toca a los "periféricos", al "sur", a los mediterráneos, en suma, recoger supervivientes en este mar civilizado y enterrar a los que no llegaron. Lo que comenzó con las crisis de Libia y Túnez y los conflictos entre Sarkozy y Berlusconi por saber qué había que hacer con los que llegaban hasta las playas  de Lampedusa, la misma isla a la que siguen llegando hoy ante el hartazgo de sus habitantes, a los que solo les queda abuchear a los políticos de turno y rezar por los muertos. No es malo recordar los términos en los que The Guardian recogía el rifirrafe entre los dos mandatarios estrella de la política europea:

Nicolas Sarkozy and Silvio Berlusconi are expected to call on Tuesday for a partial reintroduction of national border controls across Europe, a move that would put the brakes on European integration and curb passport-free travel for more than 400 million people in 25 countries. 
The French president and the Italian prime minister are meeting in Rome after weeks of tension between their two countries over how to cope with an influx of more than 25,000 immigrants fleeing revolutions in north Africa. The migrants, mostly Tunisian, reached the EU by way of Italian islands such as Lampedusa, but many hoped to get work in France where they have relatives and friends.*


No es un ejercicio trivial de memoria. Es solo una constatación de un hecho, de una situación. El panorama sigue siendo desolador en este problema que se deja reposar hasta que se pasan los efectos sociales de las desgracias. Lo único que hemos conseguido es establecer un floreciente negocio de contrabando humano sin derecho a reclamaciones, una nueva forma de tráfico de personas, los que huyen de guerras y miserias. Todo el mundo tiene derecho a ganar con las guerras, pero siempre pierden los mismos.
Las respuestas a las crisis de Libia y Túnez fueron, por parte de Italia, mandar a Europa a los recién llegados y la francesa cerrar el "espacio Schengen", levantar las fronteras para protegerse de los invasores. Tampoco hemos hecho mucho los demás.


La idea de Europa se queda chica ante la del Mediterráneo, algo de lo que pueden prescindir nuestros vecinos del Norte pero que no podemos ignorar los del Sur. Europa quiere inmigrantes selectos, con títulos universitarios, a los que poder emplear allí donde le resulta productivo, pero no quiere asumir las vecindades molestas de la miseria y la persecución política o bélica. Es como el que eleva el volumen de la música para no escuchar discutir a los vecinos.
No sé cuál es la solución a este grave problema. Hay quien dice que tratarlos "bien" conlleva un efecto llamada; los hay que los apalean o matan, como los crímenes xenófobos de Grecia; o los hay, más sutiles, que se limitan a no destinar más recursos a patrullar esas aguas para que ocurra lo que tiene que ocurrir y ocurre.


Son muchas voces las que han señalado que esto no es más que una concentración escandalosa de muertes frente al goteo diario del que nadie se ocupa. No les falta razón, pero así funcionamos, a golpe de titular. No nos llama el sentido del deber, sino la vergüenza que no se puede ya esconder.
Esos trescientos féretros alineados, en los que la mano del hombre ha impuesto orden tranquilizador buscando la simetría, tratan de ocultar el horrible caos de la muerte conjunta en una lucha brutal por escapar. Los muertos, dóciles, se dejan ordenar en sus ataúdes.
Alguien ha puesto unos osos de peluche sobre los ataúdes blancos de los niños. Flores y unos osos de peluche con un gran corazón rojo bordado en su pecho; la compañía para la eternidad.
Dicen que pasaron tres barcos y no les socorrieron.




* "Sarkozy and Berlusconi to call for return of border controls in Europe" 25/04/2011 The Guardian http://www.theguardian.com/world/2011/apr/25/sarkozy-berlusconi-border-controls-europe





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