martes, 15 de octubre de 2013

El copyright de Dios

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El último día del año 2009, la BBC nos informaba de un extraño contencioso que había sido resuelto judicialmente en Malasia:

Un tribunal en Malasia dictaminó que los cristianos tienen el derecho constitucional a utilizar la palabra Alá cuando se refieren a Dios.
El Tribunal Supremo dijo que la prohibición del gobierno contra el uso de la palabra por los no musulmanes era inconstitucional.
El tribunal emitió el fallo con respecto a una demanda en 2007 entablada por la publicación Herald, que es editada por la Iglesia Católica de Malasia.
Las autoridades insistían en que Alá es una palabra islámica que solo puede ser pronunciada por los musulmanes.
La corresponsal de la BBC en Kuala Lumpur, Jennifer Pak, informa que algunos grupos islámicos sospechan que la Iglesia Católica pretende fomentar la conversión de musulmanes al cristianismo -una medida considerada ilegal en Malasia.*


Nos puede parecer sorprendente la pugna pues es sabido que las tres religiones abrahámicas comparten la creencia en un mismo Dios, que no es otra cosa lo que significa "Alá". Lo malo del monoteísmo —o lo bueno, según se mire— es que no admite lo tuyo o lo mío, sino que es lo que hay.
Recuerdo haber leído un texto de una especialista española en este sentido, señalando que induce a error en nuestros textos el uso separado de "Dios" y "Alá" en los casos del cristianismo (o cualquier otra religión monoteísta) y el islam porque fomenta la creencia en que están hablando de algo distinto, cuando no es así ya que se refieren a una misma realidad, aunque sea divina. Consideraba la autora del texto que era una forma integradora que revelaba históricamente la deriva histórica antes que los elementos de diferencia.


Si los creyentes se limitaran a creer habría menos problemas, pero además de creencias están repletos de prejuicios, que son otras formas de creencia con efectos generalmente negativos. Advierte bien la corresponsal de la BBC, de que esta cuestión, que no plantea generalmente ninguna duda, sin embargo, se complica cuando la religión —y ocurre con demasiada frecuencia— se convierte en cuestión política, que es lo que hace el islamismo. Con demasiada frecuenta el monoteísmo deriva en "propioteísmo", palabra que brindo a la Academia y a su diccionario porque mucho me temo que habrá que usar con frecuencia en el futuro. Con ella pretendo expresar esa apropiación de algo que, por definición, pretendió alejarse del politeísmo convirtiendo en único y universal lo que antes era particular y folclórico, ligado a las costumbres de cada pueblo. Cuando los dioses tenían nombre propio era porque había muchos y había que distinguirlos unos de otros. El monoteísmo, en cambio, resuelve la cuestión: con uno vale porque no hay más.


Los islamistas pensaban que el uso de la palabra "Alá" en las página del periódico Herald eran una maniobra premeditada para inducir a error a los musulmanes y arrastrarlos hasta las garras del catolicismo. En su ignorancia partidista, igualan "dios" y "religión", pues el que "es el que es" rechaza distinciones humanas en el presunto caso de que se ocupe de estas cosas.

Pero aquello que los tribunales sentenciaron con buen juicio —que en Malasia era la forma árabe-islámica la que había servido de referencia en el lenguaje para referirse a la divinidad única— lo han deshecho invirtiendo el criterio, cediendo a la presión política del gobierno y a la de los grupos islamistas en particular que practican, por ley, la del embudo, señalando que va contra la "razón" que alguien pudiera "pasarse" del islam al cristianismo, mientras que es absolutamente lógico —¡cómo iba a serlo!, piensan— que ocurra el hecho "absurdo" y contra natura de que un musulmán se pase a las filas cristianas. El simple rumor, como hemos sabido por casos egipcios, desencadena las iras de multitudes que acaban en enfrentamientos sangrientos.
Aquel fue el fallo, nos contaba ayer la BBC, ayer ha sido revocado:

El nuevo dictamen afirma que el término Alá debe ser exclusivo del islamismo o de lo contrario puede causar revueltas públicas.
Sin embargo, en malayo la palabra Alá es usada por todas las creencias para referirse a sus dioses.
Los cristianos argumentan que han utilizado el término, que entró a la lengua malaya del árabe, para referirse a su Dios durante siglos y que el dictamen viola sus derechos.
Una mujer malaya cristiana indicó que el fallo afectará enormemente a la comunidad.
"Si se nos prohíbe el uso de la palabra Alá quizás tendremos que volver a traducir toda la biblia", dijo a la BBC Ester Moiki del estado de Sabah.**


La pobreza del argumento del tribunal superior malayo —el temor a revueltas— nos muestra ya algo, la imposibilidad de convivir con los islamistas políticos y que allí donde son mayoría la ejercen con la fuerza. Ellos no parten del principio del monoteísmo ni de un respeto que está en el mismo Corán a las demás religiones del "Libro", las "reveladas", que en su visión son etapas históricas del desarrollo de un mensaje único, sino de la apropiación del nombre mismo de Dios, como un derecho exclusivo. "Alá" pasa entonces a ser una especie de "marca", una denominación de origen, que contradice su proclamada "universalidad".
Desde hoy, en Malasia, Dios tiene copyright. Pasa a tener el dudoso honor de ser el primer país que, por decreto, asigna la palabra "dios" a un grupo, dejando a los que creen de otra forma la tarea de inventarse una o sustituirla por unos cuantos asteriscos. No resuelve eso el siguiente paso, que previsiblemente será impedir que pueda ser dicha, algo a lo que aspirarán en breve y que está implícito en la sentencia y en la petición radical. Son los recortes teológicos. Con la resolución judicial en la mano, pasan a ser ilegales todos los textos en los que aparezca la palabra "Alá". Es, así de sencillo, una quema por decreto, la imposición del silencio por los jueces. No creo que en los peores momentos del estalinismo se llegara a tanto. Malasia avanza de esta forma —un paso más— en su radicalización religiosa excluyente. En 2011, como anécdota, se realizó una campaña contra el día de San Valentín por considerar que no era "islámico". Pero las "anécdotas" se van sumando y configuran un escenario fanático e intransigente. En Malasia es cada vez más frecuente este tipo de actos diferenciales y absorbentes de las personas. Se ha ido pasando de un estado que mantenía su carácter laico a uno militante bajo la presión social. Nada queda ya fuera. Ahora se ha ido más lejos que quemar tarjetas de San Valentín.


Hoy se celebra la fiesta del Eid, la "fiesta del cordero" en todo el islam, un acontecimiento que aprovecho para felicitar a mis amigos musulmanes, al igual que ellos me felicitan por navidades sin hacer demasiado caso a aquellos que les lanzan advertencias de que no lo hagan desde los espacios de la intransigencia radical. No sé si es posible el diálogo entre religiones, pero sí creo posible el diálogo entre personas, que solo es posible cuando ambos quieren dialogar. Ahora bien, ¿sobre qué? Pues probablemente de casi todo menos de religión. El problema surge entonces con los que no quieren hablar de otra cosa o, como en este caso, pretenden silenciar a los demás.



* "Si dices Dios, también puedes decir Alá" BBC Mundo http://www.bbc.co.uk/mundo/internacional/2009/12/091231_1515_malasia_alah_wbm.shtml

** ""Alá es sólo para los musulmanes": dice juez en Malasia" BBC Mundo 14/10/2013 http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2013/10/131014_malasia_ala_musulmanes_prohibicion_men.shtml





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