viernes, 13 de septiembre de 2013

Los traductores traicionados

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Lo vi —creo que este mes de agosto— en The New York Times. Era un reportaje realizado sobre la integración de aquellas personas que habían servido como traductores e intérpretes a las tropas norteamericanas en países como Iraq o Afganistán. Nos mostraban cómo habían podido cambiar sus vidas al salir de sus países y ser acogidos en los Estados Unidos. Algunos habían montado pequeños negocios otros habían sido contratados por empresas que agradecían el servicio que habían hecho a sus tropas. No siempre todos tienen la misma suerte. En otras ocasiones —el mismo The New York Times ha tratado varias veces el problema— quedan abandonados a su suerte.
Es una obviedad decir que esas personas se han jugado la vida al ponerse al servicio de las tropas extranjeras como intérpretes y traductores locales. Ellos y sus familias, claro, que quedan expuestos a todos aquellos que los ven como traidores y futuros condenados a una violenta represalia. Aquel que recorre las calles y campos de Iraq o Afganistán acompañando a las tropas se convierte, aunque sea acompañando a médicos y enfermeros militares, se convierte en muerto inmediatamente. No han estado traduciendo a Rubén Darío, sino jugándose la vida para que los soldados españoles pudieran tener contacto con la población.


Ahora leo en el diario El Mundo que los intérpretes afganos que acompañaron a las tropas españolas en sus misiones por las ciudades, los que les ayudaron a salvar el muro del lenguaje y que les habrá permitido salvar muchas vidas de las personas que hemos mandado allí reclaman un trato similar que no les deje al borde de la ejecución sumaria.
El diario publicó un artículo a primeros de mes, recuerdan, en el que se avisaba de la situación de "indefensión" en la que quedaban los intérpretes tras el repliegue de las tropas. El diario —buena iniciativa, Mónica Bernabé— señala:

Tras la publicación del artículo, el Ministerio de Defensa ha intentado justificarse diciendo que ofreció un "programa de acogida" a los traductores, que incluía trasladarlos a España, pero que ninguno de ellos solicitó ayuda. Fuentes militares en zona de operaciones han asegurado este viernes a ELMUNDO.es que "si el programa existe, nunca les llegó su contenido".
El coronel jefe del contingente español en Badghis, José Luis Murga, tampoco mencionó la existencia del programa en una entrevista con EL MUNDO el pasado 23 de agosto. En este vídeo los traductores afganos hablan ante la cámara para también desmentir la versión de Defensa. Asimismo se pueden ver imágenes de cómo trabajaban y su rol crucial en la labor de las tropas españolas en Afganistán.
Los traductores afganos presentaron una carta en la embajada española en Kabul el miércoles para pedir ayuda. En concreto, los intérpretes solicitan un salvoconducto para viajar a España y pedir asilo político, o un visado especial de carácter humanitario para salir del país.

Creo que es de estricta justicia devolver de alguna manera la ayuda y el quemado de naves que estas personas han hecho al acercarse a las tropas españolas y acompañarlas públicamente como intérpretes. El ejemplo del programa norteamericano de integración es elocuente.

Creo que la petición de "asilo político" es poco para quienes abandonan su país por haber ayudado y que la responsabilidad española va más allá. Si se deja a estas personas fuera de cualquier cobertura, España habrá dado un paso más en su creciente mezquindad institucional en muchos aspectos. Que no se ampare nadie en recortes de ningún tipo porque estos afganos, a los que se deja a su suerte junto a sus familias, se han "recortado" ellos mismos la vida al ayudarnos y además con su trabajo han contribuido a reducir el número de bajas españolas en ese conflicto al facilitar sus tareas.
Hace mucho tiempo pregunté —al vacío, claro— por qué el empresario más corrupto de la era de Mubarak tenía nacionalidad española y quién se la había concedido. La concesión o el estatus de refugiados de estos afganos no la debería cuestionar nadie. Incluso el Ejército —no serán muchos— podría sacar algún provecho no desconectándose de ellos si los utilizará para su propia escuela de idiomas contratándolos como profesores de esas lenguas.
Al acogerles y devolverles algo de la vida que pierden, España no estará inventando nada; solo cumpliendo una obligación moral. Todos los ejércitos del mundo saben que si abandonan a sus intérpretes a su suerte, los próximos lugares a los que vayan tendrán que ir con los idiomas aprendidos.
Siempre se habla del "traductor" como traidor; en este caso es al contrario. Es el traductor el traicionado.
Hay una iniciativa abierta** —yo acabo de firmarla— para los que quieran sumarse a esta petición de estricta justicia. Me imagino que dado que todos nuestros políticos, presidentes y ministros de un partido y otro, visitaron Afganistán como apoyo a las tropas españolas allí, no tardarán mucho en ponerse de acuerdo en atender esta solicitud y no quedar como un país mezquino. 
La "marca España" también cuenta en Afganistán.




* "Los traductores afganos de las tropas españolas piden ayuda en la embajada" El Mundo 13/09/2013 http://www.elmundo.es/elmundo/2013/09/13/espana/1379062755.html






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