sábado, 14 de septiembre de 2013

El acelerador ruso y la vía dolorosa

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La prensa y los comentaristas políticos —los políticos mismos— norteamericanos realmente están descolocados por la velocidad de los acontecimientos. Tras el desliz de Kerry sobre el que se ha montado toda esta serie de encuentros vertiginosos todo parece fluido y amigable. Hace apenas unas horas se hablaba ya de un acuerdo cercano. Aunque ayer por la mañana escribía que pronto oiríamos hablar de "negociaciones de paz" nunca pensé que sería esa misma tarde. Es tal la sucesión de los acontecimientos que la Historia parece marcada con postes entrevistos desde un tren de alta velocidad, meros destellos.
Mientras John Kerry parece haber encontrado a su alma gemela en el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, el presidente Barack Obama, condenado a quedarse en casa, muestra en su rostro los efectos del desgaste y la tensión acumulada estos días por la terrible campaña contra él desde todos los frentes.


Es extraña la política. Hace unos pocos días se le recriminaba el haber lanzado a Estados Unidos a una intervención; después se le criticó haber pasado la pelota a los representantes políticos, cuyo proceso ha quedado a mitad de camino; ahora se le critica el acuerdo en sentido contrario porque Estados Unidos —que se ha ahorrado una intervención militar no deseada ni deseable— ha quedado en evidencia y cedido el protagonismo a la Rusia de Putin.

La carta del presidente ruso es motivo de análisis en toda la prensa y ha golpeado a la clase política norteamericana "por debajo de la cintura". El "ego" norteamericano ha sufrido con esa carta que algunos han calificado de "vomitiva". Pero hasta ahora, lo que la carta señalaba se va cumpliendo en la realidad y no hay motivos —más que la tradicional rivalidad de USA y Rusia— para no leerla de otro modo. Desde el escepticismo crónico, se pensó que la función de la carta era ralentizar el proceso para impedir la intervención norteamericana y, en mi opinión, es acelerarlo. Cuanto más se avance en la propuesta, más se alejará el fantasma de un recrudecimiento del conflicto y sus múltiples e imprevisible efectos. Rusia ha cambiado el ritmo. Ahora le interesa la velocidad.
Sigo pensando que la jugada rusa no es "engañar" a los Estados Unidos sino, por el contrario, dar una muestra de su propia "eficacia". El psicodrama colectivo que viven los Estados Unidos contrasta con la sencillez rusa: dicho y hecho. La posición norteamericana —de único juez posible y de clasificación del mundo conforme a su propia visión— es lo que está en cuestión. Y eso no les gusta.


La perspectiva de Estados Unidos de una intervención sin el aval de Naciones Unidas, como planteó el presidente Obama, vuelve el mundo más inseguro porque es hundir la institución misma, que, aunque nos quejemos en ocasiones, cumple una función importante. La perspectiva de la legalidad debe prevalecer porque la acción, por bienintencionada que sea, se convierte en ilegal y eso puede ser invocado por cualquiera. Obama fue más lejos: no quiso esperar siquiera que regresaran los inspectores de la ONU, por lo que el desafío ya no fue solo por el veto del Consejo de Seguridad; fue un ejercicio de soberbia y, especialmente, de suicidio político personal. ¿Qué pretendía? No lo sabemos y para llegar a entenderlo tendríamos que entrar en su mente o en la de sus asesores.
Para alguien que se comprometió a cerrar Guantánamo y "no ha podido hacerlo", al que le están boicoteando hoy mismo el "obamacare" —sus propuestas de sistema de salud pública que son el objetivo de una verdadera guerra de intereses y donde se concentran sus principales enemigos—, que tiene irritados a muchos gobiernos y ciudadanos del mundo por estar espiados, etc., meterse ahora en un conflicto de este tipo por lo horrendo de las muertes de Siria, después de dos años de guerra y más de un millón de refugiados, no sé cómo debe de ser entendido.


Las "buenas acciones" deben seguir buenos caminos y tener también buenos resultados. Una "buena acción" que no resuelve nada y que crea más conflictos y problemas deja de ser una buena acción y se convierte en una locura bienintencionada. Pero la persona que tiene el poder que tiene el presidente de los Estados Unidos no se puede permitir esas ligerezas. Y menos "ligerezas" anunciadas a bombo y platillo, involucrando a las cámaras de tu país y a los demás países en un proyecto cuya finalidad no es "acabar con el tirano al Asad " —que hubiera sido comprensible, al menos—, sino "servir de ejemplo". ¿A quién? ¿No es mal ejemplo intervenir militarmente en un país en guerra sin el aval de la ONU, que es el requisito del derecho internacional?
Creo que el problema de Barack Obama —y con él el de todos los demás, nosotros incluidos— es el intento de demostrar que tiene una fuerza que le han ido recortando por la falta de apoyos internos. Curiosamente, el presidente que fue elegido para dar la vuelta a un país que había padecido la profunda división causada por las acciones de George W. Bush y por la codicia criminal de Wall Street, ha tratado compensar su frustración en la vía exterior tratando de mostrar un liderazgo mientras perdía sus seguidores y apoyos en el interior. Todas las acciones clave de Obama han tenido una resistencia inusitada por parte de los legisladores. Sus iniciativas se han visto frenadas y recortadas. Es a esos mismos legisladores a los que envió su iniciativa militar que ahora se ve anulada por la propuesta rusa. Se ha ahorrado, al menos, una muerte pública y oficial.


Solo es posible haberse lanzado a una aventura de ese calibre y riesgo desde una profunda soledad y aislamiento político. Quizá a Obama le ha pasado como se decía de algún Papa reciente, que prefería viajar con tal de estar lo menos posible en el Vaticano.
Si Obama es engañado por los rusos, será atacado. Si los rusos cumplen sus propuestas y se soluciona la crisis siria y se inicia un complicado proceso de paz y reconstrucción bajo la tutela de Rusia y Estados Unidos, será atacado por haber dejado el liderazgo mundial en manos de los rivales. Comprendo el cansancio que su rostro muestra, lo que hay detrás de su mirada.
Ahora le queda por delante un camino muy complicado en el que tendrá que elegir la discreción política o intentar ganar un protagonismo con propuestas que se convertirá en un deporte político echar por tierra.

La próxima guerra americana tiene dos frentes: los republicanos mostrando la falta de liderazgo demócrata y la de los demócratas desmarcándose de Obama y tratando de ganar posiciones para las próximas elecciones y evitar que el presidente deje bien colocado a un sucesor. Como ya hemos dicho en otras ocasiones, una vía dolorosa que no será tan rápida como la del nuevo plan sirio.







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