jueves, 29 de agosto de 2013

Piedras en el estanque: Del sueño de King a la pesadilla de Obama

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Mientras se celebran los actos en conmemoración del pacifista Martin Luther King, con el presidente Obama al frente, se prepara una intervención militar de incalculables consecuencias y que los regímenes opositores a su realización califican como catastróficas (Rusia e Irán). A veces el calendario nos juega  malas pasadas y el tantas veces citado estos días "sueño" del doctor King puede verse convertido en pesadilla.
¿Se ha metido Barack Obama en un callejón sin salida él solo? Todo parece indicar que sí. La política exterior norteamericana parece errática, mal asesorada o ambas cosas. Quizá sea la idea de que la política internacional es un "solitario" y no un juego con otros participantes que pueden responder y tener sus propias estrategias. El sueño de que una vez caída la Unión Soviética se produciría el imperio americano es cada vez más complicado de sostener en teoría y en la práctica.
El caso reciente de Egipto —sirva de ejemplo—, con una intensa oleada de rechazo popular a sus políticas, hace ver que las estrategias no son las más adecuadas, que no suma aliados en la zona, sino que los  pierde. Ya señalamos hace unos días que entre las reivindicaciones de Tamarod, desencadenante de la caída de Morsi, estaba la cancelación de la ayuda americana a Egipto. Hoy los líderes del movimiento social piden que se cierre en Canal de Suez a todo barco con material militar que vaya a intervenir en Siria. No es probable que esto ocurra, pero lo importante es la nueva oleada de rechazos y cómo Al Asad los aprovechará, volviendo a su favor lo que siempre ha tenido en contra. El antiamericanismo que se vive en Egipto por el apoyo a Mubarak primero y a Morsi después se desvía hacia este tipo de peticiones alimentadas por la idea de la conspiración estadounidense en la zona, ya bastante viva.

El rechazo que en casi todas partes del mundo suscita la figura de Basar Al Asad —Chávez le tenía tanto cariño como a Gadafi, como buen estadounidense— puede modificarse al ponerlo en el punto de mira norteamericano. En efecto, parece que nada limpia más una trayectoria oscura que el hecho de que Estados Unidos te convierta en su enemigo. El antiamericanismo vende. Puede parecer pueril, pero lo que no había ocurrido hasta el momento —manifestaciones a favor del régimen sirio— sucede ahora, y se convierten en manifestaciones de apoyo ante una posible intervención estadounidense.
Este antiamericanismo explica que, por ejemplo, en febrero se celebrara en Paris una marcha "anti imperialista" y anti globalización" organizada por miembros de la extrema derecha gala en la que se lucían pancartas con los ídolos de este extraña y paradójica manifestación. Los héroes de las pancartas eran una mezcla explosiva: Draza Mihailovic (monárquico y anticomunista, nacionalista serbio), Alexander Lukashenko (dictatorial presidente de Bielorrusia y admirador de Stalin), Vladimir Putin, el fallecido Hugo Chávez y, no podía faltar, Basar Al Asad. Aunque se le pueda quitar importancia a la manifestación, no lo son tanto las uniones que se establecen en las mentes de algunos. Que sea la ultraderecha francesa la que llevaba esas pancartas no deja de ser una ironía reveladora.


Pero más allá de la anécdota de la manifestación parisina, la intervención suscitará rechazos por otro motivos. El estar en contra de una intervención en Siria no convierte a los opositores en seguidores de Al Asad, evidentemente, aunque a veces los sentimientos en este sentido sean pueriles y comiencen a convertirle en un héroe solo por ser atacado por Estados Unidos, algo que no es nuevo como hemos visto.
El haber puesto en marcha una operación, con aliados incluidos, sin haber esperado los informes de los investigadores de las Naciones Unidas no ha sido una maniobra demasiado inteligente, transmitiendo la sensación —que puede ser cierta— de que no importan los mecanismos internacionales, algo que no constituye un buen ejemplo que, se supone, es el objetivo de la intervención. El hecho de que se siga el "procedimiento", en cambio, es esencial para muchos otros países que se niegan a actuar o respaldar la acción sin el aval legal de la ONU. Volvemos a las viejas discusiones sobre los fundamentos del orden internacional.

El plante parlamentario que ha tenido David Cameron es una muestra de lo que puede ocurrir. Ed Miliband, el líder del Partido Laborista británico, ha sido contundente en su aviso de bloqueo de cualquier iniciativa que no pasee por el parlamento y se verá mañana allí. Otros países han manifestado su rechazo, con distintos grados de contundencia, ante una intervención sin respaldo de la ONU. Esa debería ser también una "línea roja" y lo es para muchos, sin que signifique la justificación de un régimen deleznable que actúa con impunidad tras el amparo de Rusia y China, que son quienes se convierten en responsables morales de lo que haga su protegido por los vetos. La política de vetos no soluciona ningún problema y se convierte en una forma de impunidad internacional, como ocurre con el caso de Israel, bajo la protección en este caso de los Estados Unidos. El problema sigue ahí, enquistado, y sin soluciones a la vista. Los protegidos acaban creyéndose inmunes a las sanciones y no buscan soluciones, seguros como están de sus padrinos protectores ¿Para qué negociar si puedes hacer lo que quieras sin riesgos?
Lo dijimos ayer: cualquier iniciativa que no sirva para mitigar el sufrimiento, que no vaya hacia el cese de la violencia, no es solución. Bombardear Siria para que Al Asad y otros sepan que no pueden utilizar armas químicas es un argumento pobre y moralmente discutible en función del dolor y consecuencias de otro orden que pueda causar. Las acciones no son elementos aislados, sino piedras en un estanque. Las ondas se esparcen en todas direcciones hasta llegar a la orilla, que en la Historia no se sabe muy bien dónde se encuentran ni cuándo acaban.


La intervención militar en Libia —sin pisar el suelo, según el mandato— tenía un sentido estratégico: proteger desde el aire el avance de los rebeldes desde el este hacia Trípoli y destruir las defensas para permitirles avanzar. Aunque oficialmente era una operación de defensa de la población, no se le ocultó a nadie que el objetivo era la eliminación de Gadafi, algo que todo el mundo entendió, incluido el propio Gadafi que se había reído de la resolución. 
Pero la intervención ahora —de dos o tres días, se nos dice, como si fuera una reserva de hotel— no tiene como objetivo, en las propias palabras de Obama, el derrocamiento de Al Asad, por lo que no tiene ningún sentido para la parte del pueblo sirio que quiere verle fuera y tranquiliza bastante a los que quieren que siga dentro. El único argumento esgrimido es el del "aviso" a Al Asad y a otros sobre el uso de armas químicas, lo que convierte la operación en castigo, por un lado, y en preventiva por otro. Si el régimen de Al Asad estuviera pronto a caer, el castigo no tendría sentido; y si, por el contrario, estuviera avanzando en sus objetivos, sería una temeridad hacerlo por las represalias posteriores, imprevisibles. ¿Cuál es la situación real? ¿No hay alternativas? ¿Cómo se ha llegado hasta aquí?

El 27 de junio de 2011, la prensa internacional daba la noticia de la emisión de una orden de detención de la Corte Penal  Internacional de La Haya contra Muamar El Gadafi, su hijo Saif al Islam y su cuñado, Abdulá al Senusi, responsable de la inteligencia militar:

En una vista pública, los jueces de la Sala Preliminar explicaron que la Fiscalía ha presentado suficientes pruebas (cerca de 1.200 documentos) como para emitir la orden de detención contra Gadafi y su entorno más cercano, acusados de crímenes de lesa humanidad presuntamente cometidos en Libia a partir del pasado febrero durante las revueltas en ese país magrebí.
La jueza que preside la sala, Sanji Mmasenono, indicó que el arresto de los tres dirigentes libios "es necesario", entre otras cosas, "para evitar que se sigan cometiendo los crímenes".
En la lectura de la decisión, la jueza especificó que "hay base suficiente" para creer que Gadafi y su hijo cometieron asesinatos y persecuciones, entendidos como crímenes de lesa humanidad, "especialmente en Trípoli, Bengasi y Misrata", entre el "15 de febrero de 2011 y al menos el 28 de febrero de 2011".*

En estos días, la Corte Internacional está reclamando al hijo de Gadafi, detenido en Libia, para poder juzgarlo. En Libia quieran, por el contrario, hacerlo allí.
En 2011, en plena crisis de levantamientos de países árabes, Madeleine Albright, la que fuera embajadora en la ONU y posteriormente Secretaria de Estado en el segundo Gobierno de Bill Clinton, publicó en Financial Times un artículo firmado junto a Marwan Muasher, vicepresidente de la Fundación Carnegie y ex primer ministro de Jordania, con el título: " Assad deserves a swift trip to The Hague"**. El artículo comenzaba señalando el contraste entre el tratamiento dado a Gadafi y a Al Asad:

It is time for the international community to take a stand against Syria’s use of violence against its citizens. On Monday the International Criminal Court in The Hague issued arrest warrants for Muammer Gaddafi and two of his closest lieutenants for alleged crimes against humanity. The United Nations Security Council should now direct the ICC to investigate whether Syrian president Bashar al-Assad is guilty of crimes against humanity. The charge: using lethal violence to repress peaceful demonstrations in support of democratic rule. The Arab League should also assume the same principled position on Syria that it took on Libya.**


Del "uso de violencia letal" contra su pueblo hemos pasado, muchos miles de muertos después, al uso de armas químicas, la famosa línea roja, que establece muertos de primera y de segunda, los permisibles y los imperdonables, los muertos propios y la probabilidad de otros más allá de las fronteras. El llamamiento a la "comunidad internacional", como sabemos dos años después, no sirvió de mucho. Al Asad acabó convirtiendo en guerra civil en toda regla el levantamiento inicial, polarizando al país y convirtiéndolo en la violenta punta del iceberg de las relaciones soterradas en el mundo islámico y en la zona. La práctica unanimidad contra Gadafi, un outsider, no se vio reproducida en el caso de Al Asad, con otro tipo de apoyos y negocios. Aquí no se trataba de los intereses del "petróleo", como les gusta a algunos simplificar para explicarlo todo, sino de relaciones muchos más complicadas a varias bandas. La apelación directa de los autores del artículo a la Liga Árabe no era casual. Continuaban señalando en el artículo:

Sanctions and verbal condemnations have failed to halt the machinery of repression. Mr Assad appears to believe that, like his father, he can act with impunity in denying his people’s right to organise politically and to petition peacefully for change. For several reasons, many understandable, the international community is not taking the same stance towards Syria as it did towards Libya. Now, however, it should make clear to Damascus that brutal repression has serious consequences.**


Es en ese "several reasons, many understandable" en donde radicaba y radica la clave de la situación actual, pues son aquellas razones las que han debido de pesar para que Al Asad no haya sido denunciado ante la Corte Penal Internacional y la situación siria se haya mantenido estancada internacionalmente mienytras crecía la violencia.

At present, the international criminal justice system is the best available way of confronting Syria. As a cornerstone of this system, the ICC has already shown the ability to influence official behaviour, both on the part of those who are subject to investigation or indictment, and on the part of other leaders who must decide whether to engage with or isolate leaders under scrutiny. A serious attempt now to direct the judicial panel’s attention to the situation in Syria could cause the government in Damascus to think with greater depth about its interests and, as a result, possibly change course, sparing many lives.**


Lo que se planteaba en 2011 y que no fue posible entonces, tampoco lo ha sido ahora. Los mecanismos de veto aplicados por Rusia, especialmente, de nuevo han frustrado los intentos de advertir a Al Assad de las consecuencias ya personalizadas de sus actuaciones. En enero de este mismo año, 2013, Philippe Sands, en The Guardian, volvía a plantear la cuestión de la Corte Penal Internacional de La Haya:

Against the background of mounting bloodshed and terror, Switzerland has asked the UN security council to refer the situation in Syria to the International criminal court. The aim is to send out an unequivocal message to all parties "to fully respect international human rights and humanitarian law", a warning that would have "an important dissuasive effect".
The request is supported by more than 50 countries from every part of the world, including several countries with firsthand experience of systematic human rights abuses and impunity, like Chile and Libya. Britain and France support the initiative, but have not so far been joined by the three other permanent members of the security council. The Russian foreign ministry objects on the grounds that the initiative is "untimely", and will be "counterproductive" in achieving the immediate goal of ending the bloodshed. China and the United States remain silent.***


El silencio de la tres grandes potencias mundiales tiene sentidos distintos y cada uno revela sus propios intereses. El silencio de todos ellos —por razones distintas— ha permitido que, finalmente, lo que se quería evitar, ocurra. Es la ley de ocurrencia de lo imposible: lo que hacemos para evitar que algo ocurra, lo acaba produciendo. Philippe Sands señalaba que aunque la Corte de la Haya tiene sus limitaciones, la simple remisión habría supuesto un serio aviso para Al Asad y, en especial, habría señalado a Siria que el apoyo de Rusia tenía sus límites. Pero Rusia no solo no lo ha hecho sino que ha abierto una línea de negocios, como ocurre con China, beneficiada igualmente con ese mercado.
En junio The Financial Times entrevistaba al viceministro sirio de Economía, que se mostraba muy confiado y desafiante:

Irán, Rusia y China están apuntalando la economía de Siria, perjudicada por la guerra, con el régimen de Bashar al-Assad  haciendo todos sus negocios en riales, rublos y yuanes.
Los tres principales aliados de Siria están apoyando las transacciones financieras internacionales, entregando US$500 millones al mes en petróleo y extendiendo líneas de crédito, dijo el vice primer ministro de Economía, Kadri Jamil, en entrevista con Financial Times. Él agregó que sus aliados pronto ayudarían con una “contra ofensiva” contra lo que llamó un complot internacional para hundir la libra siria.
Los combativos comentarios de Jamil sobre la profunda crisis económica siria destacan una visión más amplia de garantía del régimen basado en los últimos avances militares y la creencia de que sus mayores partidarios internacionales los están sosteniendo sólidamente. “No es tan malo tener detrás a los rusos, los chinos y los iraníes,“ dijo Jamil al FT. “Esos tres países nos están ayudando en lo político, militar y también en lo económico”.****


Ahora, los que están detrás y los que tendrá al frente abren un nuevo escenario, más amplio del conflicto cuyos intereses son cada vez más complejos. Mientras Al Asad se sienta protegido por sus apoyos, seguirá adelante porque no tiene mucho que perder, como le ocurrió a Gadafi. Ahora el conflicto sirio es difícilmente controlable, por lo que requiere medidas tendentes a no agravarlo y encaminadas a una solución que reduzca el riesgo y que no lo aumente al extenderlo. Desgraciadamente, ese parece ser el camino elegido. No sabemos qué solución es la buena, ni si hay solución más allá de la solución final, la del exterminio del rival en el conflicto. La extraña mezcla de intereses entrecruzados tampoco permite hacer una clara evaluación de los riesgos reales. Lo único cierto es que se ha retrocedido en cuestión de relaciones internacionales desautorizando o volviendo ineficaces las instituciones creadas para evitar esto precisamente; que Rusia y Estados Unidos, como potencias mundiales, se encuentran en una situación que no resuelve nada; y finalmente que China no ha asimilado los compromisos que su posición de potencia emergente conlleva.
Mal momento para recordar los sueños de un pacifista o quizá los más adecuados. Además de recordarlos y celebrarlos, deberíamos de tratar de hacerlos realidad. El sueño de paz debería ser para todos.


* "El Tribunal Penal Internacional ordena el arresto de Gadafi, su hijo y su cuñado" El Mundo 27/06/2011 http://www.elmundo.es/elmundo/2011/06/27/internacional/1309168108.html
** Madeleine Albright and Marwan Muasher "Assad deserves a swift trip to The Hague" 20/06/2011 http://www.ft.com/cms/s/0/e591a260-a1bb-11e0-b9f9-00144feabdc0.html#axzz2dLdYL46d
*** "Referring Syria to the international criminal court is a justified gamble" 16/01/2013 http://www.theguardian.com/commentisfree/2013/jan/16/syria-international-criminal-court-justified-gamble

**** "Irán, Rusia y China estarían apoyando al gobierno de Al-Assad en Siria" Pulso / FT 28/06/2013 http://www.pulso.cl/noticia/portada/ft/2013/06/22-25275-9-iran-rusia-y-china-estarian-apoyando-al-gobierno-de-alassad-en-siria.shtml.  [texto original Financial Times 27/06/2013: http://www.ft.com/intl/cms/s/0/79eca81c-df48-11e2-a9f4-00144feab7de.html#axzz2dLdYL46d ]






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