lunes, 12 de agosto de 2013

El chef de la casa

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
No sé si han descendido las ventas de juguetes. Desde que a los niños españoles se les ha metido entre ceja y ceja ser cocineros, ya puede que solo quieran microondas en vez de consolas y mangas pasteleras en vez de raquetas, pelotas o muñecas.
Me quedo sorprendido ante la afluencia de niños para los "castings" del concurso televisivo infantil de Máster Chef. Ahora van a por la cantera abriendo las dos grandes vías de promoción nacional: comida y deporte. Los que no tengan condiciones físicas para el deporte de élite, que se dejen de medallas y vayan a por las estrellas Michelin: España, la Vía Láctea de la cocina mundial.
La cocina ha pasado de ser una maldición —"¡no salgo de la cocina!"— a ser el futuro del país, donde corremos el riesgo de que haya más cocineros que comensales, aunque siempre se podrá —como ya hacemos— exportar cocineros al mundo, invadir el planeta, españolizar los estómagos mundiales.


Ya no se espera de nosotros que hagamos las tópicas tortillas de patata, paellas y gazpachos. Se espera, en cambio, que seamos creativos, que hagamos cosas con soplete, de colores raros, con formas retorcidas. El mundo nos mira con ojos envidiosos y con la boca hecha agua.
El éxito del programa televisivo para lanzar a la fama a nuevos chefs, se complementa ahora con el destinado a los niños. Escucho asombrado a los padres que han acompañado a los niños a los castings del programa.

Nunca vi madres ni padres más devotos de sus hijos; jamás escuché canto tan emocionado ante las virtudes, cocineras en este caso, de nadie. Dicen que experimentan desde muy pequeñitos —estos tienen entre 8 y 12— con platos, con sabores y presentaciones. Un padre afirma que su vástago ya batía huevos con apenas unos meses. Le creo. ¿Por qué no? Así  comienzan las leyendas cocineras.
En la web del concurso televisivo nos describen lo que buscan y esperan de ellos:

¿Qué es lo que buscamos?
1. Niños que se entusiasmen con la cocina y con pasar tiempo cocinando
2. Niños que quieran aprender nuevas técnicas y habilidades en la cocina
3. Niños que normalmente cocinen
4. Niños que hayan cocinado solos (aunque con la supervisión de sus padres/adultos)
5. Niños que puedan hacer platos diversos, para que nuestros Jueces prueben de todo
6. Nuestro Jurado busca niños que cocinen bien y cuya comida sepa rica, pero también buscan niños que tengan un gran potencial como cocineros. Esto quiere decir que, a lo mejor, las cosas ahora no te salen perfectas, pero que en el futuro te saldrán seguro
7. ¡Niños a los que las cámaras no les den miedo!

Ilusionados, responsables, imaginativos, mediáticos. ¡Si aplicaran estos requisitos en la política! Tratan de encontrar niños y niñas que se muevan con soltura por platós y fogones. No hay más que ver la ilusión de los que han acudido al primer casting del programa, celebrado en Bilbao, para ver que entusiasmo, el primer requisito, no les falta. Ni a ellos ni a sus padres, a los que les brillan los ojos. ¡A ver si hay suerte y los cogen!

Ya no se trata de "jugar a las cocinitas", de rancio sexismo juguetero; de aquellas réplicas con utensilios más falsos que declaración de tesorero, con "platitos" y "cucharitas" con las que dar de comer a inexpresivas muñecas con índice de  masa corporal inamovible. Se trata ahora de cocinas reales, de alimentos reales, de digestiones reales, de precisión en el punto de sal, de medir las calorías y de ¡ojo con el colesterol!
Los que logren participar en el concurso se convertirán pronto en ídolos infantiles que tendrán sus emuladores en las cocinas del país, lanzado a la degustación casera. Los padres, convertidos en pinches y en sujetos experimentales, tendrán que vigilar su peso no sea que el amor les desequilibre y tengan que echar más horas de gimnasio.
Hasta hace poco, las conversaciones de los padres giraban en los problemas de la comida de los hijos: el rechazo de muchos alimentos, la monotonía de lo que les gusta, etc. Ahora el panorama cambia. Proponles bacalao o acelgas, que se lo comerán gustosos si ha sido el plato televisivo del programa de la semana o si ha aparecido en el blog cocinero que sigan.


Ya hay un gran negocio montado sobre la cocina infantil, un negocio que va desde los cursillos y talleres de cocina para niños a los libros de recetas para que las hagan en casa; desde delantales de su tamaño a herramientas menos peligrosas que las habituales en la cocina. Los libros sobre cocina para niños abundan ya en todas las editoriales y pronto saldrán los programas de televisión en DVD con fascículos —si no han salido ya— para que los niños reproduzcan en casa sus recetas favoritas paso a paso. Videojuegos, aplicaciones para tablets..., hay de todo para los que sienten la llamada temprana del los fogones.


Hemos pasado del agrio debate sobre el "tupper" en los colegios a montar talleres extraescolares de cocina; del "no traigas comida" al "trae tu receta favorita". País extremo este, con memoria de pez; veleta constante con justificación para todo, según sople el viento. Y ahora el viento es cocinero, probablemente a falta de otras muchas opciones de futuro. El futuro está en los fogones y no en los altos hornos. 
¿Para cuándo un concurso de jóvenes inventores o científicos, por ejemplo?








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