martes, 27 de agosto de 2013

Aguas separadas o lo importante es no discriminar

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Erdogan está lanzado. El primer ministro turco acumula conflictos cuya consecuencia más evidente —lo señalan con insistencia muchos medios— será la perdida de posibilidades para ser que Estambul sea la sede de los Juegos Olímpicos, algo que se verá en unos pocos días.
Me imagino que lo que está ocurriendo en la Rusia de Putin con los próximos Juegos Olímpicos de Invierno, con la Ley anti gay y demás medidas discriminadoras, también estará pesando en el ánimo de los que tengan que tomar la decisión final entre las tres ciudades en liza, Estambul, Tokio y Madrid.
La ola de protestas y llamadas al boicot internacional a Rusia se han visto agravadas hoy por los avisos de las asociaciones de Derechos Humanos de  que se acaban de aprobar leyes restrictivas para evitar que se puedan producir manifestaciones en las zonas de los Juegos. El olimpismo deja de ser una fiesta de convivencia y convierte el espacio en el que tiene lugar en una especie de zona carcelaria para evitar que nadie se manifieste.


El autoritarismo de Putin convierte lo que debe ser un festejo universal del deporte y la convivencia en un triste escenario de amenazas y restricciones. Amnistía Internacional en Rusia ha denunciado la pérdida de Derechos de los ciudadanos que vivan en las zonas olímpicas. Putin se ha justificado en alarmas terroristas, pero una cosa es la seguridad y otra el recorte de derechos. El argumento de la seguridad empieza a estar muy manido.
Las alarmas respecto a la candidatura de Estambul para los Juegos están sonando también por la actitud de Erdogan. La reciente aprobación de una legislación para evitar las manifestaciones, cantos, etc., de tipo político en los estadios de fútbol pretende silenciar las crecientes protestas contra sus maneras en Turquía. Pero Erdogan va más allá de las protestas circunstanciales.


El diario El Mundo recogía ayer, bajo el sugerente título "Sueño olímpico de sexos separados", algunas ideas de Erdogan:

El primer ministro de Turquía sigue empecinado en obtener para Estambul la candidatura de los Juegos Olímpicos 2020. Pero, al mismo tiempo, quiere imponer el pudor que sus creencias religiosas dictan en todas las esferas sociales, también en la deportiva. Así, acaba de prometer a los ciudadanos de Rize, ciudad norteña y cuna del líder político, la construcción de dos piscinas aptas para las competiciones olímpicas: una para hombres y otra para mujeres.
"A partir de ahora aquí no habrá sólo fútbol", arrancó Recep Tayyip Erdogan, el domingo pasado, ante una muchedumbre enfervorecida. "Si Dios quiere, habrá baloncesto, canoa y natación", prosiguió el 'premier' turco, luciendo la bufanda del Rizespor, equipo de fútbol recién ascendido a la primera liga nacional. Paradójicamente, el Gobierno acaba de prohibir los eslóganes políticos en las gradas de los estadios a fin de evitar la politización e ideologización del deporte, según sus promotores.
El jefe de Gabinete, del islámico Partido para la Justicia y el Desarrollo (AKP), remató su discurso dominical con una promesa insólita. "Construiremos una piscina para mujeres y otra para hombres. Y, de esta manera, la juventud de Rize se alejará de las malas costumbres", anunció pomposo. Esta última frase tiene su precedente en marzo pasado, cuando Erdogan justificó la nueva y restrictiva ley sobre el alcohol asegurando: "No queremos una juventud que se pille cogorzas diariamente".*



Puede que Dios quiera que haya "baloncesto, canoa y natación" en su pueblo, pero tengo mis dudas sobre que quiera dos piscinas para mantener a la gente alejada unos de otros. La sociedad perfecta que los islamistas, estén donde estén, tienen en mente acaba saliendo a flote. El sueño de piscinas separadas encaja en esa perfección puritana a la que los demás se deben plegar porque están poseídos por la verdad y siempre tienen el "voto de calidad" divino. En el caso de que las piscinas separadas crearan problemas, como muestra una caricatura turca de Erdogan, podrían ser sustituidas por refrescantes manguerazos en calles y plazas. Ya les ha dicho a sus ciudadanos que no consentirá que sus plazas se conviertan en versiones de Tahrir. Y hace lo posible por que así sea.
La posibilidad de unos Juegos Olímpicos en un territorio autoritario y excluyente, segregado,  con limitaciones a la convivencia de las personas, incluso en el agua, estará asustando al Comité Olímpico. La contestación de la propia sociedad turca, poco a poco tomada por el islamismo, irá creciendo y se alimentará con ejemplos como los de Egipto o Túnez, los lugares en los que han plantado cara a la fórmula islamista.



En Egipto, el ánimo anti Erdogan se ha disparado por su apoyo expreso al gobierno de Mursi y los distintos movimientos que ha realizado para el regreso del ex presidente al poder. Nadie ha ido más allá de Erdogan en su furia contra el derrocamiento de su presidente gemelo. Esto ha creado un intenso sentimiento popular de rechazo centrados en el primer ministro turco. El diario Egypt Independent recoge los problemas empresariales desatados en ambos países por las críticas y ataques turcos al proceso abierto en Egipto:

The Egyptian-Turkish Business Council said Turkish businessmen with businesses in Egypt will pressure the Turkish government to take less stringent stances against Egypt and consider their common economic interests with Egypt.                                   
Ties between Cairo and Ankara have deteriorated since the ousting of ex-President Mohamed Morsy by armed forces in July following mass rallies. Turkey is a main opponent of Morsy’s ouster. The two countries summoned their ambassadors after a media war between their officials. They also canceled joint naval training that was slated for October.**


Más allá de la llamada oficial a los embajadores o de las suspensiones de actividades conjuntas, a muchos egipcios no les ha sentado bien ver la manifestaciones organizadas en las dos principales ciudades turcas, Estambul y Ankara, a favor de los islamistas, orquestadas por el partido de Erdogan, compañero de viaje del islamista Partido de la Justicia y la Libertad egipcio. Con Morsi fuera de juego y Túnez en retirada, Erdogan no solo ataca allí donde el islamismo entra en crisis, sino que se siente en la obligación de asumir el liderazgo conjunto, algo que no ha servido de nada, en todo caso para empeorar, como casi la mayor parte de los exabruptos que lanza.

El medio oficial egipcio Al-Ahram es mucho más explícito en la manifestación del rechazo social. Acusa a Turquía de haberse dedicado a difundir las versiones de los acontecimiento de Al-Jazeera y la CNN —con mala imagen hoy por lo que entienden como apoyo explícito al gobierno de Mursi y la Hermandad— y a organizar manifestaciones en sus ciudades, además del hecho —mucho más grave, dicen— de insultar al Ejército. Los últimos ataques se han dirigido contra el Gran Mufti de Egipto y el Imam del Al-Azhar, dos personalidades que representan instituciones esenciales en la vida pública de Egipto y del mundo islámico, algo que no le perdonarán fácilmente los egipcios. Señalan en Al-Ahram:

As a result, the Egyptian people have begun to air their anger at Ankara, having already begun to question Turkish Prime Minister Recep Tayyip Erdogan’s democratic credentials when he unleashed a police crackdown against peaceful environmental rights protesters in Istanbul’s Gezi Park earlier this year.
However, they could never have imagined that Erdogan would be arrogant enough to cast himself as an Ottoman caliph wearing a Western suit and tie. But Erdogan has set his government and its media squarely against the will of the Egyptian people, as voiced in the revolutionary waves of the 30 June Revolution, and this has opened their eyes to the true character of the government in Ankara.
The admiration that many Egyptians felt for the beautiful expanses of Anatolia and the elegance of its cities until just a month and a half ago has now turned into something akin to revulsion. The anger has homed in on a single person, Erdogan, but it has also been expressed by the Egyptian public’s switching off the Turkish television serials that it was once addicted to and increasingly boycotting products made in Turkey.***


En esta ejemplar pieza de retórica oficial, se recuerdan amores y se confirman odios centrados, como se puede apreciar, en la figura de Erdogan al que se llama sin tapujos "califa otomano". Basta con recordar hasta dónde llegó el imperio otomano para entender que el retrato va al fondo de las heridas históricas.
La guerra de boicots comerciales y mediáticos ha comenzado. Si los egipcios, en su irritación, han comenzado a prescindir de las series turcas, el nivel de tensión es elevado, dada la pasión televisiva de los egipcios y el esfuerzo de desengancharse a los culebrones.

Son demasiados frentes los que tiene abiertos Recep Tayyip Erdogan para llegar a conseguir su objetivo olímpico, que siempre va emparejado al reconocimiento internacional. El olimpismo es una mezcla de negocio, sudor y sonrisas para el que este mal clima no es bueno. No solo porque te pueda granjear enemigos en las votaciones decisivas, sino porque se resiente el negocio conjunto ante las perspectivas de lo que pueda ocurrir que enturbie el desarrollo de los Juegos.
El Olimpismo se enfrenta a varios retos serios con sus próximas convocatorias: Rusia los de invierno y los de Río de Janeiro. Pero la cuestión no es tanto la "protesta" como el sentido de las protestas. Lo que Putin hará en Rusia, anulación de derechos civiles de los ciudadanos, va más allá de una conflictiva situación económica en un momento dado. Lo de Erdogan tampoco tiene nada que ver con la situación económica, sino con una mente sectaria y autoritaria. Las prohibiciones de manifestaciones o la forma de tratarlas cuando se producen así lo muestran, como los periodistas encarcelados, de los que Turquía tiene el récord.

Su deseo de hacer piscinas separadas y de mantener alejada a la gente de las "malas costumbres", como él dice, pasan por su definición de lo que son las "buenas costumbres", las únicas posibles. Ya ha tomado medidas en los últimos tiempos, cuando se siente más seguro, contra el alcohol o la segregación en otros ámbitos, de lo que ha dado cuenta la prensa turca con regularidad. El temor ahora es que Erdogan comience a tomar medidas para que la "realidad" se asemeje lo más posible a su visión de lo que es el "orden" perfecto, incluidas las piscinas pecaminosas, de cara a evitar que exista contestación aprovechando el marco olímpico, como Rusia, y vaya más allá en cumplimiento de su ideario islamista sobre lo permisible.
No sé si Recep Tayyip Erdogan estará en el poder cuando se celebren las Olimpiadas que hoy se debaten, pero lo importante es que él se imagina que sí. Quizá los turcos opinen otra cosa y hayan dirigido sus vidas hacia caminos menos restrictivos para ellos y más amigables para con los demás; quizá no tengan ya un dirigente que vive en estado constante de amenaza en cuanto que se le lleva la contraria dentro y fuera del país; un dirigente que echa la culpa de todo lo que allí ocurre a Internet, los medios o las conspiraciones que se tejen en contra de su visión de la sociedad perfecta.
El diario El Mundo termina su información sobre las aplaudidas piscinas separadas señalando que es una "medida sin precedentes" en el camino turco a la perfección:

Sin embargo, la separación acuática de sexos sí ha visto otros experimentos similares. En las playas de Kocaeli, bañada por el mar de Mármara, el ayuntamiento colocó tablones de madera para delimitar una zona para el ocio femenino y otra para el masculino. La polémica desatada acabó cuando un temporal derribó la instalación municipal. En Sariyer, Estambul, la playa de Altinkum ofrece un rincón donde, previo pago, las mujeres pueden disfrutar del sol o darse un baño lejos de las miradas del sexo opuesto.*


Puede que, de aquí a las Olimpiadas en liza, le llegue a Erdogan un temporal que, como ocurrió en la ciudad de Kocaeli, barra las separaciones playeras y sus equivalentes en otros ámbitos sociales de la vida turca. El sueño de las piscinas separadas, de un mundo segregado, no es bueno en sí mismo por más que sea el ideal de Erdogan y los que piensa como él.
La trampa rusa en la que se ha metido el olimpismo, presionado cada vez más por las organizaciones de Derechos para que se boicoteen los Juegos de invierno, muestran que los criterios electivos deben ser otros para el futuro y que no se deben apoyar celebraciones allí donde no se cumplan ciertos requisitos que pueden agravar la situación de las personas —restricción de derechos— antes que mejorarla.
Habría que modificar el famoso lema del olimpismo, "lo importante es participar" y convertirlo en "lo importante es no discriminar" ni por sexo ni por sexualidad, ni por ambas cosas. La idea de que el deporte rompía barreras, traía el progreso, la modernización, etc., se ha transformado en la triste realidad del deporte quebrando derechos o imponiendo voluntades. Y no debe ser así.
En unos días veremos el resultado.

* "Sueño olímpico de sexos separados" El Mundo 26/08/2013 http://www.elmundo.es/elmundo/2013/08/26/internacional/1377524402.html
** "Businessmen pressure Turkey to shift Egypt stance" Egypt Independent 26/08/2013 http://www.egyptindependent.com/news/businessmen-pressure-turkey-shift-egypt-stance

*** "Turning against Turkey" Al-Ahram Weekly 21/08/2013 http://weekly.ahram.org.eg/News/3802/17/Turning-against-Turkey.aspx





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