viernes, 12 de julio de 2013

Quien tiene un amigo tesorero no tiene un tesoro o el dinero ocioso

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Ha dicho el señor Bárcenas al Juez Ruz que "no le gusta que el dinero esté nunca ocioso"*, según nos cuenta el diario El País. Lo del "dinero ocioso" es una de esas cosas que repiten sin cesar los ricos, como si se tratara de un hijo un poco vago. Es lo que te cuentan los del banco cuando te llaman a casa: «Tenemos que hablar, que tiene usted "ocioso" el dinero de la cuenta», Y parece que es que el niño o la niña no te hacen los deberes y el tutor del colegio quiere hablar contigo.
Se ha enfadado mucho el señor Alfonso Alonso, el portavoz del PP, cuando todos los grupos le han pedido que el presidente del Gobierno se dé una vuelta por el Parlamento a contestar preguntas y dar explicaciones sobre el ex tesorero. Alonso llama directamente a Bárcenas "delincuente" y se ahorra lo del "presunto" porque no están los tiempos para delicadezas. Convierte a los que le piden explicaciones en "abogados de un delincuente" y dice que los ha secuestrado. Se hace con eso un mal favor porque el Presidente no puede eludir por mucho tiempo la comparecencia. No se sabe muy bien qué espera Mariano Rajoy, aunque es lógico que trate de estirar los tiempos hasta que el ex tesorero haya jugado sus bazas y haya aflorado más información. Lo malo es que los amigos tesoreros suelen tener informaciones molestas en cantidades suficientes como para producir un chorreo continuo y persistente. Al presidente le suele gustar la táctica de "el tiempo lo cura todo", va con su carácter, pero me temo que esta vez no va a funcionar, que no hay milagro que rectifique esto.

Anda el presidente estos días bajo de tono y en un lamento continuo aprovechando cada oportunidad de inaugurar algo para lanzar el reproche de que es de "eso", de lo serio y productivo, de lo que hay que hablar y no de tesoreros malvados. A los políticos siempre les gusta dar lecciones periodísticas. Pero la vida política es así y de entre los mares de sobresueldos que aparecen cada día, entre dietas y viajes, les interesan especialmente los del partido en el gobierno, que siempre son más apetecibles. La oposición entona la misma canción como si de un coro de niños vieneses, niños poco inocentes, pero bien afinados.
El "caso Bárcenas" amenaza con hacer trizas al Partido Popular, por si fuera ya poco el descrédito de la clase política en general. No entiende la gente que aquel "no me temblará la mano" se reduzca a ir lamentándose, de inauguración a curso de verano, por los paisajes de la "marca España" y diciendo sobre qué deben hablar los medios. Al ruedo se ha lanzado otra vez Esperanza Aguirre que desde que "abandonó la política" no para de hacerla. La diferencia es que antes la hacía mayoritariamente contra la oposición, aunque a ella siempre le ha gustado repartir. En este sentido, la invocación de Bárcenas o "Gürtel" obra milagros, resucitando a las viejas glorias, sacándolas de los retiros.

Nadie más eficaz que un viejo amigo para crearte un problema; si ese amigo es el que te ha llevado las cuentas, tu tesorero, pues peor. En España se lleva hablando de "la financiación irregular de los partidos" desde hace décadas. Es casi un tópico de la vida política española y los partidos políticos siempre la han utilizado para criticarse unos a otros sin entrar de verdad en el problema, porque para ellos, claro está, el verdadero problema es no recibir dinero. La perversa concepción de lo que es la política por parte de algunos hace que estas cosas sean cada vez más frecuentes. El rosario de escándalos al que asistimos atónitos los españoles es algo con lo que hay que acabar, no con silencios, sino con leyes eficaces que nos aseguren que las personas a las que se vota confiadamente merecen esa confianza y no abusan de ella. Este espectáculo tiene que acabarse.
Escribió Thorstein Veblen en su Teoría de la clase ociosa: "Por la naturaleza misma de la cuestión, el deseo de riqueza difícilmente puede ser saciado en ningún caso particular". La percepción por parte de algunos de la vida política como la ocasión de incrementar sus riquezas (o crearlas desde la nada) ya sea mediante sobresueldos y dietas indebidas, la corrupción, la información privilegiada, o por entrar en el selecto club de los que deciden que va a ocurrir, lleva a que la conviertan en una colonia perversa. Es un rechazo general de la clase política el que nos muestran todos los estudios. Los políticos honrados que se quejan de ser metidos en el mismo saco, deberían coger el saco, meter dentro a los que no cumplen los requisitos de honestidad y lanzarlos al río. Pero no lo hacen; se lamentan, pero no lo hacen.

El "caso Bárcenas" es el ejemplo claro de mala elección de alguien para un puesto delicado. El puesto de tesorero de un partido tiene un carácter técnico, pero puede convertirse en una bomba de relojería si quien diseña las finanzas del partido no camina por la senda adecuada y arrastra a los demás, que se dejan llevar. Es un poco tarde para llamarlo "delincuente"; ya lo están haciendo los jueces.
Los problemas de Bárcenas con el "dinero ocioso" y su forma de "activarlo" son solo una parte de la cuestión. Hay otras preguntas distinguibles: la financiación mediante donaciones (de quién, por qué y para qué) y los sobresueldos (quiénes los declararon). Son tres aspectos, más alguno colateral, que tienen cada uno de ellos su entidad y alcance.
La carencia de ejemplaridad —además de la de ineficacia en la resolución de problemas generales— está dejando a la clase política con un pie en el abismo. De esto salimos todos perjudicados y cuanto antes se llegue hasta el final, mejor. A los demás nos dejan la opción de elegir entre el circo romano y el aburrimiento existencial.
Hay algo de obsceno en todo esto, algo que repugna a la vista y al estómago. Es esa especie de fascinación financiera que se respira, ese riquismo, ese realismo monetario frente a un país con millones de parados, de jóvenes a los que se les niega un sueldo digno, de recortes generalizados. Eso es lo obsceno de los sobresueldos, que mientras se preconiza la austeridad y se justifican los mínimos, los que deberían ser ejemplares no lo son. En Suiza están los "activos"; los "parados", aquí.


* " Bárcenas: “No me gusta que el dinero esté nunca ocioso”" El País 11/07/2013 http://politica.elpais.com/politica/2013/07/11/actualidad/1373546231_795305.html





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