lunes, 1 de julio de 2013

El divorcio egipcio o ella dijo ¡basta!

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Me imagino que dentro de muy poco, cuando las circunstancias lo permitan, alguno de esos buenos comediantes egipcios lo llevará al cine o a los escenarios en algún espectáculo teatral que haga las delicias de todos cuando el recuerdo de estos días y de lo que queda por venir haya pasado. Lo leo en Egypt Independent y me parece que simboliza la situación actual de Egipto: "An Egyptian schoolteacher has filed a lawsuit to divorce her husband after 12 years of marriage, accusing him of beating her up for mocking President Mohamed Morsy."*
Nos cuenta el periódico que el marido, funcionario, de 35 años, no soportaba que ella se riera del Presidente cada vez que aparecía en el televisor. Si Mohamed Morsi cumplió ayer doce meses de faraonato gubernamental, la pareja ha estado discutiendo durante ocho meses sin cesar, meses en los que la violencia del marido crecía, me imagino, en proporción a las burlas que ella le dedicaba al Presidente.

Ella ha dicho ¡basta! Quiere poder expresarse como le dé la gana sin sufrir la violencia de su marido, el leal funcionario, representante del Estado en su casa. Nos dice el periódico: "Her husband admitted to the court that she constantly mocks the president in a provocative way." No sé si eso actúa como atenuante institucional y el marido puede ejercer, además de patriarca pegón, de delegado del presidente y actuar en consecuencia en el ámbito doméstico.
Los fieles del presidente son muy proclives a tener las manos largas. Me he quedado preocupado cuando he visto en un reportaje de la televisión a los partidarios del presidente que corrían portando unas respetables estacas, algunas pintadas de verde, color con mucho simbolismo espiritual pero igual de contundentes a la hora de zurrar. Habrá a quien le parezca muy respetable la garrota para ejercer el diálogo, como ha recomendado el presidente Obama.
Lo mismo que ha ocurrido en el domicilio de esa familia, llevada a la ruptura por el desastroso gobierno del Presidente Morsi durante este año, ha pasado en gran parte de la sociedad egipcia. La Hermandad ha dividido al país con su política partidista, regresiva en derechos y, pretendidamente, sin vuelta atrás.


Pero una parte importante de la sociedad egipcia se ha dado cuenta, como la maestra que recuperará su independencia del serio y contundente marido pro-Morsi, que la Hermandad no solo pretende gobernar sino hacerse con el país, que es algo que excede el mandato de las urnas. Se insiste mucho en el carácter democrático de la elección de Morsi, algo que nadie niega. Lo que no ha sido tan democrático es su comportamiento una vez llegado al poder, deshaciéndose de todo lo que no fuera de su cuerda en un periodo constituyente, acallando todas las voces de la disidencia y ocupando y manejando los resortes del poder. 

Han sido Morsi y los suyos los que han llenado los tribunales de denuncias por llevarles la contraria a ellos o al islam —que viene a ser lo mismo, según ellos—, los que han mandado a cómicos y artistas, a maestros, a las ONG, a los líderes de la oposición, a estudiantes por bailar..., a desfilar ante los jueces, lo que no es un talante muy democrático. En eso se parecen al marido o el marido a ellos. Cuando alguien discrepa, sí, se les va la mano. 
La oposición organizada y la que se va organizando no le dice que sea ilegítima su elección, sino que su comportamiento no ha sido ni eficaz ni demasiado democrático en las instituciones, sino más bien sectario, intimidatorio y excluyente. Pedir elecciones anticipadas antes de que lleve al país más allá del desastre no es un derrocamiento, sino una forma civilizada de pedírselo, con 22 millones de firmas por delante. Si lo hubiera hecho medianamente bien o solo se hubiera equivocado, nadie se lo habría pedido. De eso no hay duda. Pero ha ido más allá del error.
Si el marido funcionario se hubiera limitado a criticar a su esposa por reírse del Presidente, la cosa hubiera quedado hasta democrática. Pero no es eso lo que ha hecho, sino que ha pretendido imponerse mediante la violencia física (y me imagino que con repertorio amplio de otras modalidades) a su esposa, que tuvo que abandonar varias veces el domicilio y refugiarse en casa de familiares.


El problema probablemente es que el marido creerá que ha actuado como "debe hacerlo" un buen funcionario, partidario del iluminado presidente islamista, y marido tradicional: como el poseedor del alma y el cuerpo de su esposa, como su juez y policía, incluso verdugo si es necesario, desde su punto de vista. Morsi ha hecho lo mismo pero con todo el país: ha pensado que era suyo. Habrá muchos como él que aplaudan su acción y consideren que es inadmisible que marido y mujer se rían por cosas distintas, especialmente en cuestiones políticas, que es obligación de la esposa obedecer y seguirle las gracias a él. Pues, mira por donde, le ha salido risueña e independiente, con risa crítica propia.


Son cerca de las doce de la noche cuando escribo esto y, por el canal de tv que tengo de fondo en el ordenador, me llegan los sonidos de los fuegos artificiales que surcan el cielo cairota y los cantos del Tahrir. Las tiendas vuelven a estar plantadas en el centro del mundo. Parece que fue ayer...
Egipto, la esposa, es hoy un poco más libre.




* "Wife faces domestic abuse for criticising Morsy" Al-Masry Al-Youm (Egypt Independent) 30/06/2013 http://www.egyptindependent.com/news/wife-faces-domestic-abuse-criticising-morsy








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