lunes, 24 de junio de 2013

Los olvidos educativos

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Cada vez se nos hace más evidente la complejidad de la idea de "educación", campo de batalla político en el que las víctimas son siempre civiles. Este país es muy dado a discutir sobre ella y muy poco a pensar en su traducción práctica. Seguimos dudando entre meter la vida real en las aulas o meter la cultura en la vida cotidiana. Por dudar tanto, la educación se encuentra en esa tierra de nadie que es la incomprensión de su sentido por parte del que la recibe, aceptador pasivo y olvidador temprano.
La esencia de la educación es tratar de comprender la vida desde el conocimiento necesario y enriquecerla con lo accesorio de la tradición, que es lo que nos da matices. Rivalizando las materias unas con otras, tradición muy española, se olvida que se dan cita todas ellas en la mente de quien las recibe, que ha de salir de las aulas preparado para enfrentarse a la vida y a sí mismo, que no es obstáculo leve. Educar es enseñar lo necesario y a necesitar lo que nos hace más cultos. No es un sistema de compartimentos estancos, sino un despertar de apetencias futuras. La persona bien educada siente el deseo de aprender toda su vida.
Nos traen los periódicos —junto a alguna disquisición aburrida sobre quién tiene la culpa de lo que ocurre en la Universidad— un doblete interesante. Por un lado el ABC nos da cuenta de la introducción de la enseñanza de finanzas en las aulas para evitar que los banqueros y bancarios sigan ofreciendo cosas que desconocemos con una sonrisa, mientras que por el otro se nos da cuenta de las quejas sobre el desconocimiento de nuestros clásicos literarios en la presentación de la colección de la Real Academia de la Lengua.


Nos dicen en ABC:

La historia reciente ha hecho aprender a base de golpes la importancia de tener ciertas nociones de economía a los españoles. De ahorrar, de gastar con responsabilidad. Varias organizaciones internacionales como la OCDE o la Comisión Europea llevaban tiempo alertando a nuestro país para que mejorara la cultura financiera de sus ciudadanos. «Las carencias en este ámbito pueden conducir a las personas a adoptar decisiones erróneas», advertían.
En este sentido, en el año 2008 el Banco de España y la CNMV pusieron en marcha un programa que pretendía introducir conceptos económicos básicos en las aulas. En el último curso hasta 414 centros han participado en un proyecto piloto para impartir una nueva asignatura de economía financiera a los alumnos de tercero de la ESO.*

Algunos explicarán el olvido desde el tradicional desprecio hispano por las cuestiones relacionadas con la práctica del dinero, pero también puede explicarse modernamente desde el distanciamiento de la economía real del sistema educativo. Como en tantos otros campos, en este se produce la reducción teórica desconectada de la realidad, que hace que una vez más los alumnos se sientan distantes de lo que se les cuenta. Este mal de los saberes desconectados es, a mi entender, uno de principales enemigos del sistema de aprendizaje español.


Ningún campo es tan proclive a la desconexión como el educativo. Y esto se produce porque priman los intereses sectoriales antes que los del alumnado y sus necesidades reales. Las materias clásicas se blindan ante la posibilidad de que otras nuevas puedan rivalizar con ellas y generan un "purismo" aislacionista de las materias que evitan así su adaptación a la realidad del día a día. Lo que se genera de esta forma es una parrilla mental en la que las materias quedan tan aisladas como lo están sus manuales y horarios. Justo lo contrario de lo que es la vida real, en la que no existen estas distinciones y la mente necesita jugar con la relación de los conocimientos para interpretar el mundo.

Se hace recaer demasiado la responsabilidad de la crisis educativa en los alumnos, la parte sin voz. Es una forma vil de eludir las responsabilidades de aquellos que diseñan planes y métodos.
Es revelador que haya que introducir la economía financiera como materia práctica en algunas de nuestras escuelas después de que muchos de los padres de esos niños se hayan visto afectados por la letra pequeña, el lenguaje complejo y la mala voluntad explicativa.
Son muchos los países que han visto la necesidad de introducir la comprensión de las finanzas y de la economía real en sus sistema educativos. Lo han hecho de formas muy diversas, desde creando pequeñas empresas con los alumnos hasta metiendo a sus personajes de cómic favoritos a maestros, como el acuerdo realizado entre Visa y Marvel para que Los Vengadores enseñaran el funcionamiento de las finanzas. Hasta la fantasía puede ser buena para aterrizar en la realidad.


En el otro extremo, la queja recurrente de que no se lee a los clásicos, que nos trae el diario El País con motivo de la presentación de la colección de la Real Academia:

Hay aspectos en los que un británico y un español —o un irlandés y un peruano— raramente coincidirán. Ayer Mario Vargas Llosa, recién llegado de Londres y Cambridge, reflexionó con pesar sobre uno de ellos. Había observado que la cartelera del West End incluía una docena de versiones de Shakespeare —once eran producciones privadas— y que los estudiantes de Cambridge eligen obras clásicas para sus representaciones. “En el mundo de lengua española, que tiene una tradición cultural no menos rica que la anglosajona o la francesa o la italiana, los clásicos han perdido el contacto con el gran público y viven confinados entre minorías”, lamentó el Nobel de Literatura. “Un desperdicio”, remachó antes de reivindicar la lectura de los clásicos para entender “de dónde venimos” y, lo que es más importante, “para divertirse”.**


Si alejamiento de lo práctico afecta a la comprensión de las finanzas, el alejamiento de los clásicos no es menor. Sería un error decir que se trata de los clásicos tan solo, que son aburridos, etc. Se trata más bien de la Cultura en casi todas sus formas, aquejadas del mismo mal todas ellas, de la Literatura a la Música, pasando por las Bellas Artes: su mero recitado sin sentimiento estético, su mecanización. Es la falta de sensibilidad cultural la que produce el aburrimiento y no al contrario. Los bueyes van siempre delante del carro.
Los clásicos —como tantas otras cosas— son identificados, por el aislamiento antes señalado, como parte de una fase escolar que se deja atrás. Mal comprendidos por la distancia y la falta de conocimientos que requieren, las obras clásicas se reducen a respuestas estereotipadas y olvidables con el paso al curso siguiente. En el ejemplo inglés, el teatro forma parte de la vida escolar por lo que tiene de cultura y también por lo que tiene de ejemplar: disciplina, responsabilidad, compromiso. Aquí estamos más volcados en cobrar las "extraescolares" o en salir corriendo para llegar a judo, violín o inglés.
La necesidad ha hecho que los profesores de Clásicas hayan promovido muchas veces un mejor acercamiento al teatro en los centros educativos que los de "Hispánicas", que al amparo de su "seguridad" se han adocenado bastante. Hay casos loables como el del Instituto Pedro de Luna, de Zaragoza, con compañías de profesores y alumnos para la representación de los clásicos, que siguen después más allá de las aulas. Crean así el semillero para los estudios de "clásicas" a través del rico teatro y de su puesta en práctica. Eso es enseñar a amar lo que se aprende y a aprender lo que se ama.


Es aburrido por reiterativo e inútil escuchar las mismas discusiones "políticas" sobre la educación. Mientras no exista una reflexión profunda sobre la crisis de la educación, de sus valores y fines, seguiremos dando vueltas en el molino, cambiando de burro, pero con la misma muela. La educación es un espejo en el que no nos gusta reconocernos; pero somos nosotros.

* "Educación para acabar con el analfabeto económico español" ABC 23/06/2013 http://www.abc.es/economia/20130623/abci-mision-lomce-acabar-analfabeto-201306181425.html

** "Clásicos que fueron osados y prohibidos" El País 21/06/2013 http://cultura.elpais.com/cultura/2013/06/20/actualidad/1371756400_659443.html






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