martes, 4 de junio de 2013

Las salas

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Nos cuentan en un reportaje de RTVE* que el 40% de los españoles viven ya en municipios sin salas de cine. Hay ya varias capitales de provincia que no tienen salas, como Soria, y el día que se emite el reportaje cierra el último de Pontevedra. Cuando paran a la gente por la calle para decirles que un cine va a cerrar, todos muestran la misma cara de espanto: «¿qué va a cerrar el Roxy? ¡No me lo puedo creer!» Pues sí, señora, créaselo. A cal y canto.
La sangría de salas de cine es un mal irreparable. Voy todos los fines de semana al cine de mi pueblo para que no cierre y se pueda mantener. Voy aunque las películas sean comerciales, malas incluso, que las buenas ya me las pongo yo después en casa para recuperarme. Es mi granito de arena. 
No entiendo muchas veces la política que les obligan a seguir ahora con la diversificación de las salas con la misma película (normal, digital y 3D), porque desde que lo hacen, en vez de ir dos o tres veces solo puedo ir una. Las distribuidoras presionan para que pongan las películas así, me imagino. O lo tomas o lo dejas. Las distribuidoras recaudan más (teóricamente) con la misma película, que se pone en más salas, pero los exhibidores recaudan menos porque no tiene mayor oferta.


Pronto vamos a hablar de las salas de cine como se habla de los urogallos, de los linces, etc., de todos esos animales en riesgo de extinción, de los que solo van quedando unos poquitos. Hasta que llegue un día en que un dominguero pase con su coche por encima de la última hembra de la especie y se acabe el cuento.
Son muchos los responsables de esto. Lo primero es la diversificación de las formas de ver las películas desde que en los años cincuenta la televisión le hiciera la competencia. Le hacia la competencia no solo con sus propios espectáculos sino con sus propias películas que se podían ver sin necesidad de ir a las salas. El mundo comercial nos quería en casa recibiendo anuncios. Todos los avances tecnológicos posteriores nos alejaban de ellas, de las salas.


Hace mucho que se perdió la magia de la sala a oscuras. Las nuevas generaciones no son de estarse sentados mirando una pantalla, a menos que sea de ordenador o móvil. Están acostumbrados a otro tipo de ocio, un ocio que no incluye al cine y que se les elabora a la carta, para que no puedan escapar de él. La experiencia máxima que tienen algunos es haber ido de pequeños al cine en familia. Luego hay visitas esporádicas, en grupo, a ver algún estreno de esos diseñados para el público juvenil y poco más. Todo lo que ven, se lo descargan. Es su forma natural, el precio de la convergencia digital. La red es el centro de su vida, su fuente de acceso al mundo. Lo que es bueno para unas cosas no puede serlo para todo.
Distingo el "cine" de las "salas de cine". Mientras podemos tener a nuestro alcance todo el cine que seamos capaces de ver por unos cuantos euros a través de DVD y Blue-ray o cualquier otro servicio, la sala se ha convertido ya en un espacio extraño, distante. Ha perdido el encanto que tenía para otras generaciones ir al cine. Rodeado de cines de barrio, para mí las tardes acaban muchas veces en el cine, viendo programas dobles. Llegabas a casa y podías seguir viendo viejas películas por la noche en el televisor. Los veranos eran duros sin cine, hasta que finalmente pusieron en la urbanización una sala de esas con sillas metálicas, suelo de piedra y te llevas tú el cojín por la cuenta que te trae.


En muchas partes del mundo están proliferando los Festivales de Cine Mudo. Los aficionados se pasan el año trabajando en la restauración de viejas películas que serán estrenadas en estos festivales. Uno de sus alicientes son las sesiones con la música interpretada en vivo. Pretenden reproducir las sesiones de la época, con los músicos interpretando las composiciones que acompañaban a los espectadores durante la proyección. Debe ser una gran experiencia.
Cuenta el director Akira Kurosawa en su autobiografía que fue su hermano mayor quien le introdujo en el mundo de las películas en la época del cine mudo siendo el muy niño, con apenas nueve años. Su hermano escribía textos para los programas de las películas extranjeras. Dice el director japonés:

Por esa época mi hermano dio in gran paso. Ya no solo escribía programas de cine, sino que también se convirtió en narrador profesional de cine mudo. El narrador no solo contaba la trama de la película, sino que intensificaba el contenido emocional con la voz y los efectos de sonido, y proporcionaba descripciones evocadoras de los acontecimientos y las imágenes de las películas (como los narradores de las marionetas de Bunraku). Los narradores más famosos eran estrellas por derecho, únicos responsables de la clientela que tenía un cine determinado. Se formó un nuevo movimiento bajo el liderazgo del famoso narrador Tokugawa Musei. Él y un grupo de narradores de ideología pareja hicieron énfasis en la importancia de la buena narración de las películas extranjeras que eran provechosas. Mi hermano se unió a ellos y aceptó el trabajo de jefe de narración de un cine del suburbio de Nakano, aunque se trataba de un cine de tercera categoría (123)**


Kurosawa realiza una larga lista con las películas "que más le impresionaron" (120)** de la década entre 1919 y 1929, casi todas, señala, por recomendación de su hermano. La primera que señala es "El gabinete del Dr. Caligari", la joya del expresionismo alemán, y la lista sigue con los grandes directores. Kurosawa nació en 1910; tenía por lo tanto nueve años cuando comenzó a apasionarse por un cine que no era en absoluto "infantil", sino el cine que se estaba inventando en todos los rincones cultos de mundo, el cine que había interesado a todas las Vanguardias estéticas, del futurismo al surrealismo. Cine, sin más. Creció con un cine que crecía: Lubitsch, Wiene, Chaplin, DeMille, Ford, Griffith, Borzage, Sjostrom. Niblo, Gance... Cine...

Desde que el cine se hace a la carta, ha perdido gran parte de su misterio, que era descubrir, en mitad de una sala oscura, la vida, las miradas hipnóticas de aquellos exagerados actores, las pasiones representadas, el exotismo de los lugares imaginarios. El mundo era ingenuo y creía en las sombras. Hoy la ingenuidad dura poco y, sobre todo, no es por descubrimiento, sino por programación meticulosa.
Quizá lo que el cine necesita es recuperar el consejo del hermano mayor, olvidarse de la tecnología y recuperar la sencillez; transmitir la pasión por su propia historia, por las viejas películas, enseñar a verlas, a dejarse seducir por esas sombras.


* Vídeo. "Continúan desapareciendo salas de cine" RTVE 2/06/2013 http://www.rtve.es/alacarta/videos/telediario/continuan-desapareciendo-salas-cine/1851409/

** Akira Kurosawa (1998 2ª) Autobiografía. Fundamentos, Madrid.

 



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