sábado, 29 de junio de 2013

El callejón egipcio

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Lo que pueda ocurrir mañana en Egipto está en el ánimo de todos. Ya sea con muertos —los datos hasta el momento hablan de entre cinco y siete— de un lado u otro, el proceso que comenzó con la Revolución del 25 de enero se ha ido frustrando por la miopía y los intereses políticos de los partidarios del antiguo régimen y los pervertidores de la nueva democracia, que apenas puede ser reconocida como tal. La Hermandad Musulmana se planteó las urnas como una guerra a una sola batalla, sin importarle que con sus papeletas entraron muchos votos que no eran suyos, sino de los que querían dar una oportunidad a la democracia apoyando una opción diferente. El perverso sistema diseñado por los militares hizo el resto rematado por la miopía de la oposición, casi idéntica a aquella de la que Mubarak y el régimen habían ninguneado. Enfrentó a dos rivales autoritarios disfrazados de corderos, uno que quería reivindicar el pasado y mantenerlo en lo posible y el otro que aspiraba astutamente a quedarse con el futuro de una tacada.
Coincido con lo expresado ayer en Al-Jazeera por el profesor Abdullah Al-Arian, de la Wayne State University:

Within the opposition, however, only the small contingent of revolutionary groups, led mostly by the nation’s urban youth movement, escape charges of hypocrisy and opportunism. Having consistently stood against the post-Mubarak transition, from the military-sponsored referendum to last summer’s presidential elections, these groups continue to call for the implementation of genuine changes to Egypt’s governing institutions and socioeconomic structures. In that light, the June 30 protest should be viewed in the spirit of the original January 25, 2011 calls for bread, freedom, and social justice.*


Los jóvenes, lo mejor de Egipto, los que se habían enfrentado al régimen y habían dejado sus mártires regando con su sangre las calles, no contaban. Tras su lucha, pronto llegaron los que se situaron al frente, la vieja guardia inoperante de siempre.
Resuenan las palabras escritas por el maestro Naguib Mafuz en El palacio del deseo (1957):

¡Y atención con burlarse de la juventud! Burlarse no es más que uno de los síntomas de la vejez, que los enfermos denominan sabiduría, No es una contradicción admirar a Saad Zaglul, a Copérnico, a Istoult y a Mach al mismo tiempo. Esforzarse por enganchar al Egipto atrasado al tren en marcha de la humanidad es labor tan digna como humana. (450)**

Ese era y es el digno y humano deseo de la generación a la que se bloquea con los viejos hábitos, la que desea un Egipto moderno y en convivencia pacífica, como lo mostró al mundo durante los días de la Revolución, con una reivindicación orgullosa de su origen cimentado en sus logros pasados y sobre todo en los futuros. Es la generación que puede y debe sacar a Egipto del callejón al que entre todos lo han llevado.
El islamismo de la Hermandad ha demostrado dos cosas: que es incapaz de entender la democracia —algo que no entra en sus esquemas mentales por su deseo de dominio absorbente del estado y la sociedad— y, en segundo lugar, que es incapaz de llevar a Egipto adelante para resolver sus carencias y problemas. No es la Hermandad Musulmana la que enganchará a Egipto a ningún tren de progreso, como reclamaba el Kamal de Naguib Mahfuz.
El presidente Obama ha pedido a Egipto que hablen y no peleen. Mucho me temo que no ha evaluado bien la situación o lo dice un poco tarde, que no se puede hablar con los que no saben ni quieren escuchar, como han demostrado suficientemente en este año de reinado sobre las tierras y ciudadanos de Egipto. Se ha visto lo suficiente: su talante y sus modos. Morsi llegó con los votos al poder, después ha ejercido el poder sin necesidad de votos, arrasando instituciones, lanzando contra todo el que discrepaba la artillería disponible.


La Hermanad ha llevado al país a un callejón sin salida, a un punto final en el que, como en todas las peleas, el árbitro espera intervenir para volver a mostrar quién tiene el poder. Muchos egipcios piensan que este año ha sido un paréntesis demostrativo de lo que no quieren que sea su futuro: un rápido descenso hacia las oscuridades y el desastre económico, ante el que la Hermandad se ha mostrado inútil.
Los conflictos están ya en las calles, y desgraciadamente los muertos han comenzado a contabilizarse. Mañana se lanza la piedra al estanque; veremos hasta dónde llegan las ondas y con qué fuerza.
Los organizadores de la recogida de firmas, con el respaldo de 22 millones, han pedido que mañana se lleven a las manifestaciones tarjetas rojas y banderas egipcias. Son las armas de los que quieren un país con menos sectarismo y más justicia, sin dictaduras pragmáticas ni ideológicas, democrático y moderno.
Una vez más: suerte, Egipto..., de corazón.


* Abdullah Al-Arian "King of the ashes in Egypt" Al-Jazeera 28/06/2013 http://www.aljazeera.com/indepth/opinion/2013/06/2013628103951491833.html

** Naguib Mahfuz (2009), Palacio del deseo [1957]. Martínez Roca, Madrid.




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