sábado, 25 de mayo de 2013

Refundaciones

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
¿No ha sentido usted la tentación de "refundarse"? Pues debe ser el único. "Refundarse" es casi una moda, una tendencia, un "trending topic", que dicen en twitter. Si no lo ha hecho todavía, hágalo cuanto antes porque "el que se refunda primero, da dos veces", que dice el refrán actualizado. Algunos lo escriben en la agenda: "miércoles, 12 h.  - refundación".
Con el titular «En busca de la 'refundación'», el diario El Mundo nos cuenta:

Un grupo de militantes del PSOE ha creado la plataforma Socialismo y Ciudadanía, que aspira a la "refundación" del partido, su regeneración ética y un cambio de proyecto político y modelo organizativo mediante una especie de 'Suresnes del siglo XXI'.
La plataforma será presentada oficialmente hoy en Segovia y entre sus promotores se encuentran el exsenador por Granada Luis Salvador y el exdiputado por Sevilla Luis Ángel Hierro, que quiso presentarse a dirigir el PSOE en el último congreso federal aunque no logró los avales necesarios para hacerlo.*


Creo yo que no es tanto un problema ideológico —lo tienen todos los partidos—,  sino de comportamientos y actitudes. A uno no lo llevan a los tribunales por "problemas ideológicos"; a uno lo llevan por robar, prevaricar, corrupción, tráfico de influencias, etc., que son cosas que no se discuten en los congresos sino en los tribunales.
Yo sigo con mi teoría de que hay que "salvar la política y condenar al delincuente". Lo contrario es malo y arriesgado. Hay que distinguir los "errores políticos" de los "delitos cometidos por políticos". Incluso se podría precisar más: los delitos cometidos desde sus puestos y responsabilidades políticos. Los políticos, los partidos, son falibles, se equivocan en sus decisiones y lo pagan en las urnas, perdiendo apoyo popular. Para eso están preparadas las democracias. Los sistemas democráticos —con daños variables— sobreviven a los malos gobernantes y a sus malas decisiones. 

El fundamento democrático es la alternancia entre partidos y la posibilidad de que aparezcan otros, si los existentes no cumplen las expectativas de los votantes. La democracia se fundamenta en la existencia del error, no lo niega, lo asume como natural de la condición humana. Es un sistema pragmático, que establece la forma de librarse pacíficamente de los malos gobernantes. Incluso obliga a librarse de los buenos, regulando el número de mandatos. Las crecientes burlas de la limitación de mandatos en muchas partes del mundo, ya sea modificando la constitución o creando ingeniosos relevos entre matrimonios, padres e hijos o a la rusa, acaba generando corrupción por inmovilismo. La renovación es saludable per se; evita muchos males.
Los partidos —los mayoritarios principalmente, pero no son los únicos— han acabado como estructuras monolíticas precisamente por su falta de debate y control internos. "Debate" y "control" son dos instancias distintas, pero en la medida en que el debate es también sobre la idoneidad de las personas para cumplir los objetivos y compromisos, el control aumenta. Cuando uno debe estar dando cuenta de lo que hace, tiene más cuidado.


La ley del silencio ante los errores o delitos no ha sido una buena política para nadie; ni para los partidos, ni obviamente para los electorados. Desde que se decidió que lo importante era la "imagen" y no los "hechos", que los actos se tapan con los escándalos de otros y se olvidan en el tiempo, la política inició su declive. El resultado es el actual: una explosión de escándalos en cadena.
El Mundo recoge algunas de las propuestas de los "refundadores":

Entre otras medidas, apuestan porque la selección de cargos internos y candidatos se realice mediante el voto directo de la militancia sin avales previos e incluso, donde proceda, acompañado también por el voto de los simpatizantes. Aplicar de manera efectiva la no acumulación de cargos y salarios, la limitación de mandatos o la transparencia de las cuentas del partido son otros de sus planteamientos.*

Todas estas cosas son obvias y es penoso que la refundación tenga que llegar a estos niveles. Mas que una "refundación" es una "desconstrucción" del modelo actual, de todas sus cortapisas defensivas para evitar la fluidez y los debates. Pero hay que ir más allá de la selección interna, que es esencial. Hay que ir a las propuestas "externas".
Muchos de los problemas de nuestro país son causados por la mala selección de las personas que los partidos han colocado en los puestos decisorios. No han cumplido con algo esencial: atraer a las personas adecuadas a la política. Los partidos han espantado a mucha gente capaz y honesta por sus propias prácticas y mecanismos selectivos internos para colocar a los "fieles sectarios". Nuestra situación de crisis no se debe a problemas ideológicos, sino a que muchas de las personas situadas en las instituciones han sido ineficaces —no tenían la capacidad de resolver los problemas—, apáticas —no tenían la voluntad de resolverlos— o delictivas —han abusado de sus cargos—. Ya sean inútiles, indiferentes o delincuentes, estaban puestos ahí por la maquinaria de sus partidos o el dedo de sus dirigentes. Prescindo de hablar de aquellos que cumplieron con sus cargos eficaz y  honestamente, que también los hay. Muchos probablemente.


Los debates ideológicos son una parte, pero no garantizan las actuaciones posteriores de las personas. Los candidatos a ciertos puestos debieran pasar por revisiones más estrictas y escrupulosas que la mera elección en un congreso o asamblea. Mientras los partidos sean maquinarias, las únicas luchas, por mucho que se disfracen de ideológicas, son luchas por el control del "aparato", que es quien tiene el poder de "colocar" las piezas en los tableros locales. Lo que está muy claro es que no han sido capaces de proponer a las personas adecuadas. Esto no es especulación, sino primera plana. Los escándalos actuales son sus obras o su responsabilidad. También hay que "recapacitar", no tapar los desconchones con dos brochazos.
"Refúndense" cuanto quieran todos los partidos, cambien los discursos y caras, pero si no se "rediseñan" para que las personas que proponen a la sociedad sean más eficaces y honestas, servirá de muy poco. Eficacia y honestidad son dos cosas distintas, pero en la política deben ir juntas. Hay eficaces deshonestos y honestos inútiles. Tratemos de reunir y garantizar ambas virtudes. Y los amigos para el mús.

* "En busca de la 'refundación'" El Mundo 25/05/2013 http://www.elmundo.es/elmundo/2013/05/23/espana/1369297399.html

 


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