miércoles, 15 de mayo de 2013

Los límites del retoque y el fotoperiodismo

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Muchos comentarios sobre el premio fotográfico Word Press de este año. La polémica surgió cuando algunos comenzaron a manifestar sus dudas sobre la "realidad" de la foto, que muestra un entierro en Gaza.

La foto del año es la del funeral de la niña Suhaib Hijazi, su hermano mayor, Mohamed, y su padre, Fuad, muertos en un ataque aéreo israelí que destruyó su casa, en la franja de Gaza, en noviembre pasado. Los tíos paternos llevan los cadáveres de los niños, a los que sigue el cuerpo del cabeza de familia. La madre estaba en la UVI.*


He corregido mi frase anterior: donde he escrito "muestra" había escrito inicialmente "representa el dolor". Las diferencias entre "mostrar" y "representar" son las que se debaten de alguna manera con la foto sobre la mesa. Dicen los comentaristas que la foto es "tan perfecta" que "no parece real". Es un comentario muy generalizado que ha llevado a dos posiciones críticas, la de los que consideran que la "perfección" de la representación la convierte en "falsa" y la de aquellos que la consideran "trucada". Los primeros aceptan que la foto sea "real" —ha sido tomada tal cual—, pero que ha sido embellecida posteriormente mediante unos "retoques" que la alejan del concepto de "fotoperiodismo"; los segundos son los partidarios de la "teoría de la construcción" y apuntan a que la foto no fue tomada así, sino que surge de la composición realizada con varias fotos (tres) superpuestas. Los primeros no cuestionan lo reflejado, sino que critican los retoques desde un concepto "purista" de la foto periodística; los segundos van a la mayor y hablan de "realidad inexistente".

Si la foto fuera un trucaje, no habría mucha discusión. Ante las denuncias, Word Press ha hecho examinar el archivo original —el que sale directamente de la máquina— y ha concluido que no está trucado, que se corresponde con la foto premiada. Los debates deben ir, pues, en el otro sentido, el de la Perfección y el Periodismo. Partimos de lo que está frente a la cámara, recogido con criterio de oportunidad e interés —que es lo que hace el fotoperiodista—, y que recibirá un tratamiento posterior hasta unos límites razonables, que son los que hay que dilucidar.
En su blog especializado "La foto", en el diario El Mundo, Ángel Casaña, redactor jefe de Multimedia en el periódico, escribía ayer:

Desde el minuto uno, la foto pasó a segundo plano para dar paso a una discusión de hasta donde la debe estar permitida la postproducción en fotoperiodismo.
Y existe una especie de consenso, leyes no escritas en las tablas. Se supone que postproducción -hoy con photoshop- se puede aceptar hasta el punto de lo que se conseguiría en el antiguo laboratorio analógico. Sin embargo, esa es una respuesta muy laxa. Se supone que no se puede añadir ni restar nada en una foto: una mano mal colocada, una lámpara que rompe el cuadro... Pero lo cierto es que el famoso programa de postproducción fotográfica puede convertir una foto normalita, incluso mediocre, en una buena imagen.**



El límite que Casaña señala como laxo, el del laboratorio analógico, es una convención, una convención romántica sobre la "forma de trabajo", una la valoración del trabajo de laboratorio frente al trabajo de ordenador. El criterio tiene algo de valoración degenerativa del recorrido del propio arte: la fotografía analógica, con sus procesos químicos, era más "autentica" que la fotografía digital que permite la falsificación de no ya de la realidad sino del "arte" del fotógrafo. Hay una idealización del laboratorio, algo heroico, frente a los tiempos actuales. Parte del mérito del arte fotográfico se basaba en el revelado y el positivado en el laboratorio. El juego de productos, tipos de papel, tiempos de exposición, etc., convertían lo que era un "negativo" —una exposición que podía ser revelada de diferentes formas— en una "fotografía", en un positivo sobre papel de diferentes tipos. La foto final era el resultado de esa labor creativa, de manipulación, de decisiones constantes en el laboratorio. El uso de la "diapositiva" permitía la obtención de un positivo directo y un tratamiento y un proceso de manipulación diferentes. La foto es siempre el resultado de procesos y decisiones.


Pero la fotografía no solo muestra, sino que también representa. A veces no nos gusta  lo que muestra o representa y se altera. Un caso conocido es el que se produjo con motivo de la reactivación de la conferencia sobre la paz en Oriente Medio, en septiembre de 2010 en la Casa Blanca, en la prensa egipcia. La manipulación de la fotografía que mostraba a los participantes caminando en grupo, dejaba al presidente egipcio, Hosni Mubarak, en un lateral y quedando rezagado respecto al resto de los líderes —Barack Obama, los representantes de Israel y Palestina y el rey Abdullah de Jordania— sigue siendo hoy motivo de burla por lo absurdo del intento. El aparato gubernamental manipuló la fotografía desplazando al cansado y envejecido dictador de un lateral al frente del grupo.

La fotografía "mostraba", pero también "representaba". Poner a Mubarak al frente del grupo, lo convertía en el líder mundial tras el cual caminaban —si lograban alcanzarle— todos los demás líderes. Los millones de egipcios que vieran esa foto comprenderían el liderazgo mundial de su dictador. Hoy las dos fotos se suelen representar juntas en Egipto como prueba de la manipulación, del servilismo y de la vanidad de los dictadores. No contentos con oscurecerse las canas, los viejos dictadores tienen que estar siempre al frente. Es el extremo de la manipulación de la fotografía con una intencionalidad, no estética, sino política. No es una cuestión de "brillos" y "sombras", sino de "egos" y "poder".
Una foto manipulada también nos muestra la "realidad": la corrupción de quienes la trucaron. En esa foto manipulada al extremo, podemos ver más "verdad" que en todas las fotos que Mubarak se hizo en su vida. Comprendemos con ella el extremo de la corrupción y de hasta dónde se llega en los sistemas serviles en el culto al poderoso.

El debate sobre la foto de Wordpress se mueve en los límites del retoque y tiene que ver con el concepto de periodismo, la forma de transmitir y los lenguajes admisibles. El que sea acusada de "perfección" nos indica que el debate apunta a nuestras ideas básicas sobre la información y el papel que juega en ella lo estético. ¿Puede ser la perfección un impedimento para la credibilidad? En el ámbito de lo estético, la "credibilidad" puede ser accesoria, pues no tiene porqué estar la obra ceñida a la realidad, ser resultado de la imaginación creativa. En el ámbito de la información, en cambio, la "credibilidad" lo es todo, pues su perfección estética está siempre al servicio de lo que ocurre, por más que esto pueda ser interpretable en muchas ocasiones. El fotógrafo, en este caso, ha usado los retoques de luz para resaltar el dramatismo de la situación. A la imagen inicial se añade, a través de su trabajo posterior, su concepto dramático de la situación traducido en luces, sombras y contrastes. Muestra y representa. Actúa sobre su espectador. El fotógrafo señaló: "Me golpeó una marea de dolor en aquel callejón"*. Ha aplicado la misma metáfora del lenguaje a las imágenes, ha querido "traducir" su reacción, el dolor, lo que la cámara no siente pero la fotografía quiere mostrar.
Es interesante observar que la reacciones negativas han oscilado entre los que la creen falsa y los que la creen demasiado perfecta para ser una obra de fotoperiodismo. La comisión que ha revisado la foto señala que los "límites del retoque" no se han sobrepasado, que la foto es la foto por más que el instante que nos muestra haya requerido después muchas horas de trabajo de "posproducción".

Muestra del fotógrafo ruso "rosarioagro" de retoque del retrato

Quizá haya que empezar a cambiar el concepto del trabajo del fotógrafo y valorar la totalidad del proceso, el que se inicia con su intuición del momento —espacio y tiempo—, del estar ahí en el momento adecuado, y sigue después ante un ordenador. Lo que no sirve de nada es ignorar que los procesos son hoy otros, que el arte fotográfico dispone hoy de técnicas y recursos de los que antes no disponía y que todos ellos se emplean. "Premiar" es reconocer un trabajo y hoy ese trabajo es distinto.
La pregunta no es tanto la que se hace Ángel Casaña en el titular de su blog, "¿hasta dónde llega la mentira?", sino ¿dónde comienza la verdad? Ni las "palabras" son las "cosas", ni las "imágenes" los "objetos". Nuestro destino es navegar entre ambas.

* "“Me golpeó una marea de dolor en aquel callejón”" 15/02/2013 El Paíshttp://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/02/15/actualidad/1360934946_309936.html
** Ángel Casaña (blog La foto) "World Press Photo: ¿hasta dónde llega la mentira?" El Mundo 14/05/2013 http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/lafotodelasemana/





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