domingo, 19 de mayo de 2013

La corrupción y el ADN

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La edición digital del diario El Mundo de hoy se pregunta desde el puesto principal de su edición digital: "¿Somos un país de corruptos?".  La pregunta es pertinente por el ascenso al segundo puesto de la "preocupación por la corrupción", el segundo de los males tras el "paro". Los expertos, nos dice el diario, están de acuerdo en que no.

"Los españoles perciben que somos un país de corruptos", explica Javier Noya, investigador del Real Instituto Elcano y director del Observatorio de la Marca España. Aunque el juicio es más duro en casa que en el extranjero, en países como Reino Unido y Alemania empieza a hacer mella el flujo de noticias desde la piel de toro, multiplicando la desconfianza hacia lo español.
¿Está la corrupción en el ADN nacional? No, coinciden los expertos.
Para empezar, "en el caso español, si comparamos las percepciones de la corrupción y las experiencias personales de los ciudadanos hay una gran disonancia", precisa Víctor Lapuente, especialista en temas de administración pública y corrupción del Instituto para la Calidad de Gobierno de la Universidad de Gotemburgo (Suecia). A diferencia de lo que ocurre en otros países, como Grecia o Rumanía, la vida diaria no está mediatizada por el pago de sobornos o corruptelas en servicios básicos, como la educación, la sanidad o la seguridad ciudadana. En las bajas esferas estamos 'limpios'. El problema no es la corrupción administrativa, sino la corrupción política.*

Lo primero que le sorprende a uno es la cantidad de expertos que hay en "corrupción", cómo han proliferado este tipo de instituciones evaluadoras. Al evaluador de la "marca España" le fastidia que se vea perjudicada la "marca" y le basta un caso sonado para que eso ocurra; en cambio al experto en la "calidad de gobierno", lo que le preocupa es lo que el ciudadano se encuentra, con publicidad o sin ella. Los primeros se mueven por la "imagen"; los segundos por lo institucional y cotidiano. Son terrenos distintos porque no están hablando de lo mismo.
The New York Times coincidía no hace mucho en esta apreciación esencial. España no es un "país corrupto" es un país "con corruptos", que es diferente. El foco lo ponen en los niveles en los que se pierde el control y en el ejercicio conjunto de dinero, política y suelo:
Unlike in Greece, corruption is not a way of life in Spain. Most Spaniards go about their daily business without ever paying a bribe. But experts say that the concentration of power in the hands of regional and municipal officials and their ties to the local savings banks created ideal conditions for corruption in the construction boom years.**

La mejor noticia —el vaso medio lleno— es que hay más de mil seiscientos casos abiertos por corrupción que afectan del concejal de ayuntamiento a la Casa Real, pasando por todas las escalas intermedias. Es una corrupción donjuanesca, que pasa de los ayuntamientos más humildes a los palacios más lujosos. La mala noticia sería que siguieran haciendo todos lo que les da la gana, en silencio e impunemente. Hay que saber distinguir los problemas del mal funcionamiento del motor del coche de la incompetencia del conductor que lo lleva. Se puede uno estrellar por cualquiera de las dos cosas, es cierto, pero en el plano institucional es muy distinto. Es más fácil cambiar de conductores. Los motores funcionan si se conduce bien y se cuidan como deben. Hay que elegir mejor los chóferes y que sepan del cuidado de los coches.
Lo que sí ha quedado claro es que es la clase política, en connivencia con las otras esferas del poder, está fallando estrepitosamente, Creo por dos motivos: primero, porque se han extendido y controlado los demás sectores sociales, "politizándolos" y extendiendo su "amiguismo", minando la independencia de las instituciones, lo que ha mermado su capacidad de reacción; y segundo, los partidos políticos no saben librarse de sus defectos ni de los monstruos que crean, son incapaces de regenerarse porque crecen y seleccionan mal sus propios responsables.


Los dos aspectos son importantes. Hay que recuperar la independencia institucional y regenerar los partidos para que dejen de interferir en esa independencia. No son casuales las maniobras y bloqueos con las que los partidos políticos se han entrometido con un campo esencial, el Poder Judicial. Son los jueces los que están haciendo las "limpias" político institucionales que los legisladores se han visto incapaces de realizar porque no les ha interesado, sencillamente. Les iba bien así.
La vida interna y externa de los partidos políticos es un nido de relaciones, muchas de ellas poco limpias pero que por temor a sacar a la luz, que aproveche a los enemigos de casa y de fuera, se deja crecer hasta que estalla y lo inunda todo.
Por el artículo del diario pasan las voces de expertos en oscuridades y transparencias, en psicología social, en gobernanza, etc. Esto de la corrupción se está pareciendo a la formación de los parados, un negocio cuya materia prima crece. De todas las opiniones presentadas, me quedo con esta:

"Haría falta sin lugar a dudas un pacto nacional contra la corrupción y una serie de medidas básicas: reducir el poder de los partidos políticos y hacerlos más responsable frente a los ciudadanos, reducir la politización de la Justicia, mejorar la labor del Tribunal de Cuentas, establecer un sistema de denuncias...", repasa Villoria, miembro del Consejo de Dirección de Transparencia Internacional.*


Solo me muestro escéptico con lo del "pacto nacional". No están maduros para afrontar su propia responsabilidad y culpa. Necesitan un gran descalabro para reaccionar. Los que han llegado arriba lo han hecho recorriendo el camino de la jungla de los partidos, han pasado por pruebas y más pruebas en las que la selección natural les ha hecho "llegar, ver y vencer". Si las maquinarias de los partidos produjeran personas honestas, tendríamos personas honestas. No digo que no las haya, pero desde luego no son tan avispadas como para enterarse de lo que se cuece en el despacho de al lado, a la vista de los 1.600 casos de corrupción existentes en los juzgados. Y los que llegarán. Será doloroso, pero es necesario. Por el bien de todos y de las próximas generaciones que no pueden heredar estos desastres. Para limpiar este país no hace falta pedir permiso, como para otras cosas, a Angela Merkel, podemos hacerlo nosotros. Podemos invertir todo lo que queramos en limpieza en cada rincón. Es bueno, muy bueno que "nos preocupe" la corrupción; lo preocupante sería lo contrario.


Para que la corrupción prospere no es necesario, como hace El Mundo, preguntarse por el "gen de la corrupción" en el ADN; basta con hacerlo por los de la miopía, la cobardía y el conformismo. Es bueno que la gente se vaya animando a denunciar; es bueno que los jueces intervengan hasta donde haga falta. Es escandaloso, sí, y no gusta a los de la "marca". Pero eso no tiene mucha importancia. Cuando un corrupto es condenado es la mejor promoción de la "marca" y además mejora de la calidad de vida democrática.
Aunque haya salido al día siguiente con la fianza de dos millones y medio, esta semana ha dormido en la cárcel un banquero. No todos los países pueden decirlo. Ese es el camino.

* "España, ¿un país de corruptos?" El Mundo 19/2013 http://www.elmundo.es/elmundo/2013/05/17/espana/1368783277.html

** "Small-Town Mayor’s Millions as Exhibit A on Graft in Spain" The New York Times 4/05/2013 http://www.nytimes.com/2013/05/05/world/europe/in-lean-years-after-boom-spains-graft-laid-bare.html?pagewanted=2&_r=1&hp&





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