viernes, 10 de mayo de 2013

El hombre que llegó muy alto o filosofía de la ineptitud

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Se ha teorizado sobre casi todas las ideas claves que entendemos que son los motores de nuestras sociedades: el valor, la rebeldía, la imaginación... Pero creo que va siendo hora de aceptar que debemos explicar muchos fenómenos desde ideas menos positivas como la "ineptitud". Mucho de lo que ocurre no es tanto el resultado de nuestros aciertos, sino de nuestros errores. Choca con nuestros deseos de "control", con nuestra idea de "eficacia", pero debemos aceptarlo: la ineptitud es también un elemento importante que determina nuestra situación y las evoluciones de esas situaciones. No nos gusta, pero está ahí determinando nuestras vidas. La ineptitud es lo contrario de lo inevitable. Precisamente es lo que podría haberse evitado pero la ineptitud ha hecho que se ignoren, no se apliquen, etc. las respuestas adecuadas. Lo inevitable es el camuflaje y parapeto retórico de los ineptos, que abundan cada vez más.
Llevamos ya una temporada con la "ineptitud" como término constante en nuestros medios. Uno de los más evidentes es el de la Policía de Cleveland, de la que todos se preguntan cómo habiendo sido avisados múltiples veces de que en aquella casa "pasaba algo raro" fue incapaz de detectarlo. La prensa habla directamente de "miopía". En Euronews nos lo resumen así:

Las muestras de alegría de familiares y allegados tras su liberación se alternan con las críticas a la policía, que, en varias ocasiones visitó la vivienda donde estuvieron retenidas tras recibir llamadas de vecinos alertando de que allí ocurrían cosas extrañas, como que había una mujer desnuda y encadenada gateando en el jardín, o que había una mujer y una niña pidiendo auxilio tras los cristales. Según parece, los agentes visitaron la casa y se marcharon sin hacer nada después de que nadie les abriera la puerta.*


Es cierto que la Policía suele estar acostumbrada a ver de todo, pero lo que llaman "cosas extrañas" en el texto clama al cielo. La ineptitud es evidente. Muchas veces esta forma negativa viene dada por el uso de "protocolos", formas que sustituyen la inteligencia por el manual de instrucciones en cada caso. El problema es que no todos los casos vienen en los manuales. Aquí habrán aplicado el "protocolo de llamadas vecinales", en donde el siguiente punto es llamar a la puerta y preguntar a los propietarios si "todo está en orden". Si los propietarios, como es el caso, no abren, el protocolo dice que se vayan y les dejen el marrón al siguiente turno si vuelven a llamar. O algo similar. Los vecinos que ven "una mujer desnuda y encadenada gateando en el jardín" usan también su propio protocolo: llamar a la Policía. Como ese protocolo es una extensión del de la Policía, esas pobres mujeres han sido víctimas dobles: de sus captores y de la estupidez acumulada en las "normas de procedimiento". Ellos han sido buenos "vecinos de manual": avisaron a la Policía cuando vieron algo raro. La cuestión es que no dejaron de verlo durante diez años


El uso de protocolos parece que exime de "iniciativas individuales" peligrosas, de protagonismos exhibicionistas. La organizaciones hoy no quieren personas inteligentes, sino obedientes. Inteligentes, los justos y bien pagados, que suelen ser los jefes y los que diseñan los protocolos, empresas dedicadas a esto y por lo que les pagan una pasta. Los demás a seguir el camino marcado.

Los ejemplos del Madrid Arena aquí, por citar solo un caso, son una muestra más de la "ineptitud" de los servicios al completo, donde da pena escuchar las llamadas grabadas de los responsables de las distintas áreas. Pena y vergüenza. Las organizaciones son estructuras funcionales y los individuos las piezas del tablero que siguen las reglas establecidas y los movimientos permitidos. Todo por el "conducto reglamentario" hasta que llegue al "inepto" correspondiente que lo guarda en un cajón o lo interpreta mal.
De algo más que de "ineptitud" se sospecha en los crímenes racistas que durante diez años ocurrieron en Alemania. Asesinatos cometidos con el mismo arma, con sujetos extranjeros. La incompetencia es tan grande que la intuición de que la maquinaria alemana de investigación no haya establecido ninguna correlación en los hechos ocurrido es sorprendente.
El Periódico señala:

En diálogo con periodistas extranjeros en Berlín, [Sebastian] Edathy detalló tres causas que impidieron frenar a los asesinos: falta de cooperación entre los 36 organismos de seguridad nacionales y regionales de Alemania, "menosprecio masivo" del peligro que representaba la extrema derecha y el hecho de que la policía se aferrara durante años a la teoría de la mafia de inmigrantes.
Edathy admitió que en este punto funcionaron prejuicios racistas y citó a un alto mando policial explicando que no había pistas sobre la supuesta mafia porque "ocultar la verdad a la policía forma parte de la mentalidad turca". "Ese hombre nunca debió llegar a ser policía", lamentó el experto.**

Sebastian Edathy (SPD)

Tiene toda la razón Sebastian Edathy, pero el hecho es que llega.  La opinión de Edathy está fundamentada; es el "presidente de la comisión de investigación creada por el Parlamento para aclarar los fallos de la investigación y depurar responsabilidades". Lo que nos negamos a creer es que esté ahí precisamente por su ineptitud, como un problema de mentalidades de las organizaciones en las formas de selección de personal, de diseño y comportamiento. "¿Torpeza o racismo?" se pregunta el titular de El Periódico. ¿Son incompatibles?


Tras el 11-S, Estados Unidos revisó su política de agencias ante los graves fallos de seguridad, reduciendo su número para mejorar su coordinación. El atentado de Boston dejó al descubierto fallos de protocolo. Tenían muchos datos y no supieron qué hacer con ellos. Alemania tiene 36 organismos de seguridad, según se señala en la información. Cuanto más complejo es un organismo, más fácil es que se produzcan fallos y más difícil que sean detectados. Esta combinación es letal. Como toda "máquina organizativa" —y eso es parte del problema— existe porque es rentable en términos de eficacia general, es decir, funciona "casi siempre". El problema es cuando no lo hace.


La cuestión, como señala Sebastian Edathy, está en que "ese hombre que nunca debió llegar a ser policía" no solo llegó a serlo sino que llegó muy alto. Las alturas de la política, de la economía, de la seguridad, etc. están llenas de personas que aplican recetas porque la mayoría de las veces funcionan, nos dicen. No están ahí por su flexibilidad, por su capacidad de adaptarse a nuevas circunstancias, sino por mantener políticas, recetas y protocolos obedientemente.
La "austeridad", por ejemplo, es una receta, lo que marca el protocolo —es "hacer lo que debemos hacer y que nadie lo dude"—. Hasta que deja de serlo, en cuyo caso se aplica el nuevo protocolo.


* "Críticas a la policía de Cleveland por su miopía ante las pistas de la “casa de los horrores”" Euronews 08/05/2013 http://es.euronews.com/2013/05/08/criticas-a-la-policia-de-cleveland-por-su-miopia-ante-las-pistas-de-la-casa-de-/
** "¿Torpeza o racismo? La Inteligencia alemana, ciega ante los neonazis" El Periódico 03/05/2013  http://www.elperiodico.com.gt/es/20130503/elmundo/227776/





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