miércoles, 10 de abril de 2013

Putin se divierte

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Las campañas y acciones del gobierno ruso contra todo aquel que le lleve la contraria en sus curiosos criterios —sobre lo que es democrático, los derechos humanos, o el que solo los opositores rusos se mueran por polonio, etc.— se ha centrado esta vez en las ONG, la forma que la sociedad tiene de organizarse para intentar defenderse ante los desmanes.
Las organizaciones civiles que se le oponen padecen registros físicos e informáticos para detectar quiénes reciben apoyos del exterior. Si reciben un céntimo del exterior pasan a ser consideradas "agentes extranjeros" e incluidas en un registro especial a tal efecto. La finalidad es doble: cortar apoyos a los que se les enfrentan y posibilitar el discurso acusador de ser "agentes internacionales" maquinando para derribar a los defensores de los verdaderos intereses del país, que es como se suelen presentar los gobiernos autoritarios y los dictadores.


El discurso autoritario tiende a ser cada vez más "nacionalista", como en el caso de Putin en Rusia, porque en él se concentran los elementos emocionales y paternalistas que permiten el refuerzo del líder y sus medidas. Venderse como defensores de una patria, herederos de unos héroes fundadores, portadores de los valores iniciales, etc., forman parte de esa emocionalidad radical —de las raíces— del discurso político autoritario, que se hace populista. Así, el político o la institución se manifiestan como portadores y defensores de las esencias patrias y acusan a los demás de estar vendidos a potencias extranjeras, de ser traidores a los intereses del pueblo, un pueblo del que ellos tienen la exclusiva defensa. Los gobiernos que carecen de sentido democrático nunca consideran que los demás puedan estar en desacuerdo, simplemente son conspiraciones desatadas por los enemigos, envidiosos de la grandeza del país, del camino que ellos les han marcado. La discrepancia es siempre traición a los sagrados principios de la patria, al pueblo mismo, que debe repudiarlos.

La idea de Putin —y de otros con igual sentido pobre de la democracia— es que si un céntimo viene de más allá de sus fronteras son "agentes extranjeros" y sus actividades consideradas como "injerencias" que pueden ser penadas. Eso viniendo de alguien que dirigió la KGB tiene su lado irónico. Algunas ONG rusas se han negado a prestarse al juego y pueden ser sancionadas con multas millonarias. Para el discurso descalificador es doblemente rentable: las arruina económicamente y señala que tienen algo que ocultar, lo que las convierte en culpables, minando su imagen pública y los apoyos internos.
En su visita a Alemania, un país con una gran presencia, acción y conciencia de las ONG, Putin ha recibido todo tipo de muestras de desagrado por diversos grupos: por la homofobia creciente del régimen, las críticas de las feministas, por su apoyo político y armamantístico al gobierno de Siria, la falta de limpieza electoral y una larga lista de agravios acumulados por sus políticas. 
En su visita a  la Feria industrial de Hannover del brazo de la canciller Angela Merkel, unas activistas del grupo "Femen" se abalanzaron sobre la comitiva sin prendas superiores para protestar contra su presencia en Alemania y sus acciones en Rusia. El diario Clarín, de Buenos Aires, recoge la reacción de Putin tras el incidente:

“Lo disfruté. Sin una acción como ésa se hablaría menos de esta feria”, ironizó Putin en la rueda de prensa posterior junto a Merkel. “No le veo nada terrible”, afirmó, aunque se lo notó incómodo.*



La mujeres se habían escrito, entre otras cosas, en el cuerpo "Fuck dictator". La cara de Vladimir Putin mirando a las activistas de Femen no es precisamente de importarle muchos los rótulos. Forma parte de su personalidad el cultivo de esa imagen "viril". Ese "lo disfruté" en sus declaraciones es su forma de proclamarlo, de insinuar la pena que le produjo que los servicios de seguridad se interpusieran. Su indiferencia irónica ante las protestas forma parte también de la imagen prepotente, autosuficiente que cultiva. En un país de tiburones, la imagen de Putin es siempre la de la fuerza, la imagen del que puede controlar cualquier situación con mano firme.

Cuando la canciller Merkel le ha reprochado en público que venda armas al régimen sirio, Putin ha dicho que él vende armas a un gobierno legítimo, lo cual es otro desprecio a la comunidad internacional y al propio pueblo sirio que padece los efectos de ese armamento. Pero a él le da igual. Le da igual que se encadenen, incineren, canten en las iglesias pidiendo a la Virgen que los libre de él, que muera la gente en siria, etc. El que protesten por donde vaya, como ha dicho, lo disfruta.
Vladimir Putin es quizá el efecto histórico de la figura de Vladimir Gorbachov, su "contra imagen". Allí donde Gorbachov se ganó el respeto del mundo por romper con la tosquedad de los dirigentes soviéticos y por su capacidad de diálogo, Putin vuelve al modelo anterior, al gruñido fuera y la sonrisa en casa. Se siente fuerte.
Seguro que le encanta regresar para reírse con sus subordinados de lo mucho que se indignan con él en Occidente cuando sale de gira. Cada vez que se dé una vuelta por países democráticos tendrá ocasión de disfrutar de nuevo, seguro. 
Curiosamente, la única imagen positiva de Putin encontrable en un país democrático en estos días es la de los que tenían su dinero en Chipre pidiéndole ayuda a él y a su Rusia. Interesante contraste.



* "Putin, sorprendido en Alemania por una protesta de feministas en topless" Clarín (Argentina) 9/04/2013 http://www.clarin.com/mundo/Putin-sorprendido-Alemania-protesta-feministas_0_898110257.html







No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.