jueves, 4 de abril de 2013

Nuestra alfombra roja

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La imputación de la infanta Cristina es un episodio delicado, pero probablemente necesario una vez puestos y a estas alturas. De no hacerse así, quedará la sospecha de su inocencia y la certeza de que los miembros de la monarquía son intocables. Si posteriormente todo queda en nada, habrá quien se queje y siga dudando, pero se habrá pasado por los juzgados, al igual que han pasado presidentes autonómicos, diputados y ex ministros y solo ha ocurrido lo que tenía que ocurrir en cada caso. Que el juez señale que se ha producido la imputación para "despejar dudas", creo que va en ese sentido, el de la responsabilidad institucional. Lo importante para todos es que las instituciones funcionen como deben hacerlo en un Estado de Derecho y que la justicia llegue hasta donde deba llegar, que es siempre el esclarecimiento de los hechos. La mayoría de las opiniones dadas coinciden en esto. Algunos hablan de un "triunfo del Estado de Derecho" pero me parece un tanto excesivo por una cuestión casi estética. Las instituciones funcionan y los triunfos son para el deporte u otras actividades competitivas y aquí no debe competir nadie porque cada condenado, sea quien sea, nos afecta colectivamente.
Recoge el ABC las palabras del magistrado:

«Hallándonos en la recta final de la instrucción, no parece procedente que ésta se ultime gravitando la más mínima sombra de sospecha sobre la intervención que haya podido tener y si fuere otra la valoración que su versión arrojara, se depuren las responsabilidades que procedan»*


Y esto es sensato. Las cabezas de las instituciones, desde la patronal a los sindicatos, de los partidos a la SGAE, del Poder Judicial a la Academia Gallega de la Lengua, van pasando por los juzgados a dar explicaciones, coherentes o fantásticas, según los casos. Nuestra particular "alfombra roja" es ahora la puerta de los juzgados, donde hacen guardia los medios de comunicación, consultando sus anotaciones para ver a quién le toca cada día no se vayan a equivocar de "trama", "operación", etc. Que la justicia funcione es bueno; que tenga que hacerlo todos los días, escándalo tras escándalo ya no lo es tanto. Hablamos de juicios "mediáticos". Es un error; no es cuestión de los medios. Es la sociedad misma la que se sienta en los banquillos. Y eso es lo que se debería transmitir; menos el "espectáculo" y más nuestro compromiso y voluntad de que esto cese y cambie. Hay que dar menos trabajo a los jueces vigilando mejor.

Las palabras de Hollande ayer contra su ex ministro de finanzas y sus cuentas sin declarar fueron rotundas: "nos mintió a todos"; la salida del presidente alemán, lo fue igualmente. Si no se atajan, los problemas crecen. En España tenemos las urgencias saturadas. Pero tiene que resolverse; tenemos que aprender cómo defendernos de nuestros propios males y problemas. Esto debe ser una vacuna, un compromiso colectivo. Una situación como esta, prolongada o institucionalizada a la italiana, una sangría institucional permanente, no es un futuro deseable.
Salimos de la dictadura y estaba mal visto señalar o hablar de los problemas que se acumulaban, de los defectos que dañaban al sistema y de los incumplimientos que debilitaban su credibilidad, porque hacerlo era "minar" la democracia. Hoy, en los países europeos atacados por los virus de la corrupción, las oscilaciones son hacia movimientos caóticos, como en Italia, o hacia un aumento de los fascismos, como en Grecia. Ninguno de los dos caminos llevan a la gobernabilidad responsable, con sentido del "estado" y de la "sociedad", que son dos cosas distintas. No basta vivir en una democracia; hay que cuidarla y fortalecerla de forma constante.


Hay que ser y querer ser cívicos, cultos, prósperos, en resumidas cuentas, mejores. Son aspiraciones permanentes y no objetivos de contables, determinados en euros. No hacen falta "líderes carismáticos" sino personas inteligentes, comprometidas con sus principios y con la sociedad; personas capaces de "recortar" a los corruptos de sus partidos, de denunciarlos. Nos sobran "técnicos" y engominados y nos faltan personas sensatas; nos sobran comunicadores y necesitamos personas con criterio que tengan algo que decir. La política democrática necesita de pericia y sensibilidad, de ideas y principios. Ni vocacionales sin preparación, ni profesionales sin vocación. Y la vocación es servir, el compromiso con todos. Sobran bocazas y falta diálogo.


Creo que no hay que dejar de aspirar a la gobernabilidad y a la convivencia, a la justicia y a la solidaridad. Eso se consigue con responsabilidad, civismo y sentido de  solidaridad entre todos. Cualquier cosa que vaya en otra dirección, de la apatía a la violencia, es negativa y no nos sacará del agujero. No digo de la "crisis", porque entiendo que la crisis es un episodio circunstancial y desenmascarador de nuestras debilidades y patologías sociales y políticas acumuladas.
Necesitamos vernos con claridad para poder rectificar; no vale la tentación cosmética sobre nuestra alfombra roja de la vergüenza. Luz, taquígrafos... y ¡acción! Y que sea lo que Dios quiera y la Justicia vea.

* "El juez imputa a la Infanta Cristina para "despejar cualquier duda" sobre Nóos" ABC 3/04/2013 http://www.abc.es/espana/20130403/abci-juez-imputa-infanta-cristina-201304031652.html



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