lunes, 29 de abril de 2013

Las grietas

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Nada resulta tan representativo del capitalismo globalizado como el derrumbamiento del edificio dedicado a la confección textil en Bangladesh.
El miedo a entrar en un edificio agrietado por parte de los trabajadores fue "contrarrestado" por la amenaza de despidos por parte de su jefes inmediatos. El miedo a perder el empleo y el hambre y la miseria son aliados perfectos para conseguir que el trabajo se entregue a tiempo a las empresas que lo harán llegar a lujosas y modernas tiendas o a almacenes populares situados en el centro de nuestras ciudades.
Al consejo sobre no preguntar demasiado por el origen de nuestras comidas, engordadas o regadas con productos destinados a otros usos, se suma el consejo de no preguntar por la procedencia de nuestras camisas, pantalones o cualquier otra prenda. No hay que preguntarse tampoco por la madera de nuestros muebles o por el origen de los diamantes que adornan anillos y collares. Habría que hacerse un sinfín de preguntas cada día sobre lo que tocamos, comemos, vestimos..., sobre lo que ya no se produce aquí porque resulta más barato hacerlo en otros lugares lejanos y cuyos procedimientos la terminología de la cursilería económica camufla. Es simple explotación; cuando alguien puede ser amenazado para entrar en un edificio agrietado es ya esclavitud.


El caso de Bangladesh tiene todos los agravantes de las cosas que no nos gusta saber cuando hacemos actos tan automáticos y cotidianos como abrocharnos un botón de la camisa. Bangladesh: el lugar más barato del mundo para la producción textil. Tan barato que hasta países como China, que asumía hasta hace poco parte de esa producción, nos cuentan, envía allí sus pedidos conforme mejora su nivel de vida. Porque se necesita un sitio con mucha miseria para producir barato, muy barato. Mayores ganancias, mejores precios, peores salarios: el secreto de la economía.
El sistema de subcontratas actúa como un descenso por las capas del "ego" consciente hasta perderse en la inconsciencia de un "ello" fantasmagórico y cruel, reprimido, que quiere olvidar lo miserable de sus actos. Psicopatología de la vida económica cotidiana: olvida el origen de lo que compras, reprime el sufrimiento y la miseria con lo que está hecho.


Este tipo de globalización cruel no beneficia más que a los desalmados de cada lugar por los que va pasando. Se necesita mucha miseria; hay que encontrar a los que finalmente realizarán esos trabajos por tan poco salario. El propósito no es —como tienes que escuchar— que esos países prosperen, sino más bien lo contrario: convertirlos en las factorías universales, en los lugares en los que se fabrica todo en medio de la pobreza más absoluta, a destajo, pisoteando cada día las normas más elementales que los fabricantes dicen respetar para tranquilidad de sus clientes.

Mientras desindustrializamos nuestros países con la excusa de que hay que fabricar más barato para ser más competitivos, llenamos nuestros países de tenderos, de vendedores finales de esta cadena cuyo mantenimiento se basa en pagar muy poco en origen para que se vayan dejando márgenes a los que venden y revenden multiplicando escandalosamente el precio de origen hasta llegar al precio final.
Nos dicen que nosotros debemos "diseñar", "investigar", hacer I+D+I para dejar en manos de terceros esos trabajos que salen mucho más baratos en lugares donde no hay seguridad alguna, donde puedes meter a empujones a 4.000 personas en un edificio agrietado, certificado por funcionarios corruptos que aseguran el día anterior que no se caerá —ya se ha detenido a dos—, con un joven propietario, un "emprendedor", vinculado al partido en el poder, que obtuvo los permisos irregulares para edificar allí, de mala manera, más plantas de las autorizadas con materiales de baja calidad. Desapareció camino de India; finalmente ha sido encontrado y detenido.


Se busca también a un español, otro emprendedor que probablemente un día, quejándose de los muchos obstáculos que le ponía la administración española y del daño que hacen los sindicatos, decidió hacer la maleta irse a esos países en los que estos problemas se solucionan con mucha mano izquierda por arriba y dando cuatro gritos por abajo. Nos cuenta El País:

La empresa Phantom Tac, que el español gestiona con un socio bangladeshí ya detenido, Aminul Islam, ocupaba 2.000 metros cuadrados en la cuarta planta, según su web, del edificio de ocho plantas que se desplomó el miércoles. Unos 3.000 trabajadores, la mayoría mujeres jóvenes, cosían en varias  fábricas de talleres textiles prendas que empresas occidentales como El Corte Inglés, Primark, Loblaw, Bon Marché o Group PWT venden por un puñado de euros.
Es el responsable de la investigación, Kaiser Matubbor, quien, en declaraciones a la agencia France Presse asegura que David Mayor es "el cuarto acusado".
Phantom Tac es una empresa mixta entre la compañía de Bangladesh Phantom Apparels y la española Textile Audit SL, con sede en Reus (Tarragona), donde este domingo nadie contesta el teléfono. La compañía, con capacidad de producir tres millones de prendas al año, asegura en su web que vigilaba las condiciones laborales de sus empleados: "Estamos comprometidos a lograr unas altas condiciones laborales en nuestra empresa. para asegurar que cumplimos ese objetivo, hemos desarrollado un complejo sistema de auditoría que nos permite supervisar y analizar las condiciones diarias en nuestra empresa". Las organizaciones de la red internacional Ropas Limpia sostienen que las auditorías internas de las compañías son insuficientes para garantizar las condiciones laborales en los talleres.
El empresario David Mayor explicaba en 2007 qué le había llevado a crear la empresa mixta Phantom: "La atmósfera amigable para los negocios de Bangladesh me inspiró para crear esta empresa mixta. Nos centramos en los negocios con un propósito social para poder ayudar a esos clientes con [sic] preocupados por estos asuntos además de ayudar a los empleados que están fabricando las prendas", declaró al periódico Daily Star en una feria textil en Dacca hace seis años.*  

La economía global. Sí, es verdaderamente "amigable" la atmósfera de Bangladesh. Deberíamos aprender todos a crear este tipo de entornos de trabajo, tan saludables, en los que la gente es próspera y feliz hasta que se les hunde el edificio al que han sido obligados a entrar por sus encargados. Su "propósito social" es también innegable, ya que el trabajo siempre ha sido una virtud, excepto en aquellos países en los que hay seis millones de parados a la espera de poder comprar prendas traídas desde Bangladesh con lo que quede tras recibir los subsidios de desempleo.
Lo más infame de todo esto es esa retórica hueca que habla de "saludable", de "auditorías", de "condiciones de trabajo", de "clientes preocupados", etc., para neutralizar el escándalo de la explotación. Solo se mira el precio. Es la nueva esclavitud, el nuevo colonialismo, la explotación en todos los niveles. A ellos se les explota; a nosotros nos contamina moralmente, nos convierte en una sociedad enferma por nuestra propia ambición y ceguera. No preguntes; solo mira la etiqueta.
Las grietas del edificio de Bangladesh son nuestras propias grietas morales. Poco a poco, nos hundimos.


* "Detenido en Bangladesh el dueño del edificio donde han muerto 370 personas" El País 28/04/2013 http://internacional.elpais.com/internacional/2013/04/28/actualidad/1367158637_188371.html





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